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domingo, 6 de septiembre de 2026

"EN ALGUNA OTRA VIDA", DE DAVID J. CALZADO. INTRODUCCIÓN Y "POESÍA PRIMERA". IMPRESIÓN LECTORA.

 


PREÁMBULO PERSONAL

 Puedes saltarte esta sección, sin ningún recato, si lo que quieres es saber de En alguna otra vida, que comentaré en cinco artículos, este es el primero.

Acercarme de una vez a la poesía de David Calzado ha sido una espina que he tenido clavada durante unos seis o siete años. Mi situación de bloqueo ha sido bastante dura en sus causas, entre las que se encuentran, entre otras, la económica y, muy especialmente, la emocional. De un tiempo a esta parte, se me ve muy activo en redes sociales y en el ámbito literario, como escritor y como lector. Seguramente, a fecha de hoy ya habrá alguno que eche de menos un unboxing de los míos, y un simple vistazo a este blog dará cuenta de mi ritmo de publicaciones: aquí, sobre todo, impresiones lectoras y reflexiones varias. Y, precisamente, un vistazo a este blog también hablará de un hiato muy llamativo, un silencio de años por aquí que no es otra cosa que un reflejo de ese bloqueo, si es que la oscuridad y la ausencia tienen capacidad de reflejar algo. Internamente, esta oscuridad que, como un agujero negro, me absorbía energía y vida por momentos, me impulsó de una manera bastante extraña a escribir y, más tarde, publicar a coste cero por mi parte, una novela, aprovechando también el insomnio inmisericorde que padezco y que ahora ya soy capaz de mitigar poco a poco. Convivir con la tristeza, la soledad creciente, la culpa y, sobre todo, con un miedo perenne que enciende a diario la alarma de emergencia, no ha sido fácil; no he tenido más opción que priorizar batallas y mirar a otro lado ante eventos y comportamientos diarios de lo más normales que a mí me fueron vetados durante un tiempo muy prolongado y que, desde fuera, seguramente se habrán atribuido a un carácter desapegado o a una forma de ser demasiado distante o indiferente y no a mi sostenimiento en la cuerda floja de una psique en modo supervivencia.

    Más cerca del presente, también es que yo me emperré en comenzar por el principio con la obra poética de David Calzado, una decisión que ha retrasado más tener sus versos ante mis ojos. Y esta vez no ha sido por esta manía mía de pasar por lo anterior antes de llegar a lo siguiente; yo suelo ser incapaz de saltarme los preliminares, prólogos, introducciones y estudios previos de los libros que me leo, actitud que ayuda a desestimar la sugerencia de saltarme las palabras previas a esta obra, que el propio David Calzado hace, en Sobre esta poesía reunida, siendo mi interés por escuchar la voz de este autor el motivo principal para desoírla. En realidad, el título de su primera obra publicada, Planto de Gilgameš, ha sido el único motivo. ¿Y podría haber sido de otra manera? La cultura sumeria, tan estudiada por mí, esa gramática sumeria de Lara Peinado, el Gilgamesh de la edición de Mitchell y en sí mismo, arrastran mis ojos hacia ese poemario. ¿Cómo no, con ese título? De hecho, las alusiones a Sumer se dan cada cierto tiempo en mi novela, Amae pop blue; para empezar, en el título de sus segundas partes, Algunos viajes por el nam-tar, y si te fijas en la portada de su segundo volumen, verás tatuados en el brazo de la guitarrista caracteres cuneiformes. En otro blog, llamé la atención sobre el paralelismo y contraste entre Adán y Eva y Enkidu y Shamhat; en algunos de mis poemas tenéis a Humbaba o la Lilith sumeria. El caso, entre mi amor por los cabezas negras y su cultura, y que encima Planto de Gilgameš era difícil de conseguir, pues mi decisión de empezar por él se hizo más intensa: doble magnetismo, tener una edición “rara”, descatalogada, y el Poema de Gilgamesh de trasfondo. Se intentó, y ese intento llevó a una espera a la postre infructuosa. Así somos los Aries: impulsivos y con la necesidad de hacer las cosas solo a nuestra manera.

    Ahora, ¡al fin!, tengo en mis manos En alguna otra vida, que reúne sus cuatro primeras obras, todas las publicadas hasta 2022. Ya sabéis que, más que reseñar, traigo a este blog mis impresiones lectoras. Lo llamo así porque son eso: este blog es personal, ¡mirad cómo he empezado!, y traigo, por tanto, mis impresiones. En realidad, este nombre de impresiones lectoras, no del todo eufemismo de reseñas, lo provocó una "reseñadora profesional" que se quejaba en Instagram del mal uso que daban tantos a esa palabra. Era tan técnica en sus motivos que le di la razón pero, al mismo tiempo, se activó ese mi Unamuno interiorizado que sale en casos así: si él, ante críticas similares, llamó nivolas a sus novelas y drumas a sus dramas, pues yo llamo impresiones lectoras a mis reseñas, y ya vamos listos.

    Dado que En alguna otra vida reúne varias obras, no me ha parecido adecuado redactar una sola impresión de ella. Me parece más apropiado respetar cada trabajo poético y dar mi impresión de cada uno por separado. Así que, hoy, comentaré En alguna otra vida en general y después los poemas que hacen de apertura, Poesía primera. Nos centramos, entonces, y nos preparamos para mi deseado Planto de Gilgameš, mi siguiente lectura de la poesía de David Calzado que ya he comenzado. De alguna forma, en lo que hace a estas entradas de blog, inicio una serie. Si he esperado tanto para al fin leer a David Calzado, la lectura pausada y libro a libro de manera independiente me las va a hacer aún más deliciosas.


EN ALGUNA OTRA VIDA


    En alguna otra vida, de David J. Calzado (Editorial Alegoría, 2022), reúne su trabajo lírico hasta ese año. Aparecen sus obras ya publicadas previamente (Planto de Gilgameš, de 2011; Cuaderno de costa, de 2016; Malas artes, de 2017), precedidas por su Poesía primera, que comentaré más abajo, y culmina con la primera publicación de Los espinos (2022). Su subtítulo, Poesía reunida (2000-2022), nos da cuenta del carácter de un libro muy elegante en su edición, de aparente sencillez con bastante detalles muy cuidados por Alegoría, reflejo, sin ninguna duda, de su contenido. No todo es poesía en la acepción más común del término, la prosa poética y los aforismos tienen cabida aquí, pero sí es todo poesía en realidad, si bien se mira. Una poesía muy selecta y depurada, que además trae la emoción de poder contemplar todo un proceso de evolución poética en un solo libro. 

    Voy a recalcar, como aviso, que lo que hago aquí es dar impresiones personales de mis lecturas, una advertencia que en el caso de la poesía se hace más necesaria que en el resto de géneros. Imagino que en mi expresión puedo tener cierta pose de experto, y no lo soy; comentar poesía entraña bastantes riesgos, soy consciente; algunos por omisión, al no percatarse uno de claves, tendencias, significaciones o intenciones, y también fallos de interpretación. Un riesgo que se transforma en temor si sabes que el propio autor puede estar leyendo esto. Además, si bien es cierto que he tratado de leer con sosiego, con reposo de ánimo, y con tiempo, y de manera reiterada cada poema, es patente que es necesario eso mismo más adelante en otras tantas ocasiones para llegar a ciertas cotas de profundidad de una poesía como la de David Calzado. Por eso no quiero que se pierda la perspectiva de que estas son palabras de un lector que gusta de la poesía y ha leído con ánimo de disfrute y nada más, y viene aquí con ánimo de expresar ese gozo, y nada más.

    Lo que llevo leído hasta ahora es Poesía primera y buena parte de Planto de Gilgameš, aparte del irresistible hojeo inicial, un ojeada también lenta y pausada, con paradas por llamadas de atención en esa aleatoriedad. Y mi impresión general acerca de su poesía, a la espera de mi artículo final donde hablaré de toda la obra con más conocimiento de causa, es que me encuentro ante unos poemas, de un lado, de referencias personales no del todo desveladas (no explicadas, asomadas) y, de otra, con capacidad concentrada de estimular sensaciones, percepciones e interpretaciones de la vivencia, pensamiento o emoción, o todo ello junto, así como el manejo de la sugerencia, de modo que su mejor lectura es pararse en cada poema un tiempo. Por ejemplo, y esta es sugerencia mía, leerlo, cerrar los ojos y dejar que evoque, volver a leerlo. O bien volver a él pasados varios días para permitir que te susurre. A esto me refería en el unboxing cuando mencioné que era poesía de calidad, sin que con ello la niegue a la poesía de impacto, más explícita o de cualquier otro tipo ditinta a la de calado.


POESÍA PRIMERA


    En alguna otra vida comienza con Poesía primera. No se trata propiamente de un poemario, sino de un total de seis poemas que "fueron publicados exentos en los libros colectivos Cualquier tiempo pasado fue (Igriega, 2001) y Aquí y ahora (Cronopio, 2008)", según nos revela el propio autor (p. 9). Al tratarse este libro de un volumen de poesía reunida, son por lógica las composiciones que deben aparecer en primer lugar al seguir un orden cronológico (al menos de publicación). Pero, dejando aparte esta razón tan obvia, funcionan como una verdadera apertura, contribuyendo así a que En alguna otra vida posea identidad propia. Sabemos que estamos ante los versos de un poeta joven, que funcionan como punto de partida y operan como presentación del autor aún en el zaguán, un autor selectivo y con un estilo marcado y consciente, elegante y sensible. Un estilo muy personal en el que se aprecia el influjo de Cernuda.

    Si en los dos primeros poemas y en el quinto la experiencia amorosa se proyecta a la de vivir, la de ser o, más bien, estar siendo, tanto esos mismos poemas como los otros tres nos traen impresiones y una multiplicidad de significados simultáneos en el uso medido de las palabras. No se puede afirmar que el amor no se halle en los poemas tercero, cuarto y sexto, pero entonces se estaría sugiriendo de manera muy sutil.

    Son seis poemas exquisitos, donde tanto la luz como el mar se hacen muy patentes, así como el sentir del tiempo en el presente (las estaciones, los momentos del día, los instantes o los ritmos). La luz llega muy blanca, y contrasta con la oscuridad o con lo gris. Me ha parecido que esa oscuridad se halla en lo interno, envuelta por una luminosidad cálida y fresca a un tiempo. Por otro lado, tienen la capacidad de hacer aparecer lo más cotidiano sin pérdida de esa exquisitez formal y conceptual, sonora y emotiva.

    En definitiva: poemas en conjunto de tono plácido en su apariencia, que revelan al trasluz inquietudes, contrastes, percepción de vibraciones externas e internas. Así empieza David Calzado su andadura poética, con versos evocadores de alta dotación de significados, un manifiesto de los pies en la tierra de quien ya sabe volar. 


 

    

    

jueves, 13 de agosto de 2026

LA LITERATURA EN LA MÚSICA: "CATCH THE RAINBOW", DE RAINBOW. LITERATURA Y MÚSICA.

 



Mucho dije en su momento de la aparición de la música en obras literarias, por apetencia sobre todo, pero asimismo porque hablaba de mi novela. En la mía, Amae pop blue, su presencia es constante: no solo porque su protagonista, Rodrigo, es bajista, y porque en el Volumen II vamos a contemplar la formación de dos bandas, una de indie, liderada por Mara, y la otra de rock, Materia Oscura, al que pertenecerá Rodri, sino porque las referencias y alusiones a canciones y grupos impregnan la obra (de The Moody Blues a Triana, de Saxon a Wings, de Stone Temple Pilots a Alice in Chains, de Skunk Anansie a Muse, de Camel a Metallica), y no es la única. He ofrecido en listas de reproducción de YouTube abiertas la banda sonora de Amae pop blue, las canciones que suenan. Otros escritores van más allá y aportan un código QR para escucharlas en Spotify. Y tampoco somos originales, si no, recuerda ese jazz permanente en Rayuela de Cortázar. Y os digo más: no solo es eso. Es el ambiente al escribir, la inspiración que produce a un poeta y narrador para comenzar, pulir o envolver sus textos, llega a ser inefable.

      Pero en este artículo, y los de su serie, voy a la inversa, ya que se trata de un camino bidireccional. Me apetece mucho comentar cómo está presente la literatura, de tantas maneras, en la música, más allá de que las letras de las canciones son de por sí textos literarios, por lo general de género lírico. No entraré en lo más obvio para todos, fundamentalmente porque soy un verdadero inexperto y porque no faltan voces que traten de ello: la música clásica, con las tragedias griegas y el Don Juan en primera línea. Yo creo que la mayoría pensaríamos en ópera si nos dijeran eso de la literatura en la música. En mi caso, iré a lo que me gusta y de lo que sé un poco: el rock. Y, antes de ello, al ser este mi primer artículo de la serie, querría dejar aquí constancia de una experiencia que ya comenté en otra ocasión, y no soy el único que la ha vivido: las evocaciones de las canciones en inglés, u otro idioma, cuando uno no tiene ni idea de inglés o de esa otra lengua.

     Ahora ya no me pasa, claro. Mi nivel de inglés no es que sea alto, pero entiendo más o menos las letras de las canciones y, además, tengo a mi disposición la posibilidad de acceder a ellas y su traducción de manera rápida y cómoda. Pero hubo una época en este país, que en mi caso se remonta a mi adolescencia y primera juventud, en la que no tenías mucha idea de qué se estaba cantando y te daba igual. La propia música, la fuerza o dulzura de la voz, los cambios de ritmo, el énfasis en determinadas palabras o frases y vocablos sueltos que pillabas en tu poco conocimiento del inglés hacían que el tema musical te evocase historias, sensaciones, estímulos, conexiones con tus vivencias y deseos o temores, escenas y escenarios. Luego serían adecuados o no al contenido real de la canción, pero esos significados se los dabas tú en tu escucha, y, sinceramente, yo lo veo como una ventaja, tenía mucha potencia para estimular mi imaginación.

     En el caso de Catch the rainbow, de Rainbow, que descubriría allá por finales de los noventa, es obvio el tono melancólico, no hay más que escucharla. Luego, si tiene un mensaje esperanzador o no, si ese Come the dawn que sí entendía, era algo positivo o negativo, no lo podía saber, yo a ese tema lo doté de una significación emotiva que para mí siempre será así. El título, Catch the rainbow, que también entendía, podría apuntar a que sí, que se abría paso a una esperanza: no solo por su significado bíblico de una nueva vida tras el desastre, sino más bien por tratarse de un fenómeno lúcido tras la tormenta que aparece como algo a alcanzar, podría representar las ilusiones. No se alcanzará, seguramente, es como eso de atrapar el horizonte o bajar la luna para regalarla. Y, ya digo, la melancolía de la música y la voz tampoco transmiten un optimismo a reventar, si es que no lo hace para nada. Pero sí tal vez que pudiera ser bueno ir a por él, o tener un valor simbólico de que habría un nuevo amanecer. Ahora sé que no es así. Y ahora sé lo vinculado que está a determinados cuentos medievales y a la lírica de esa época. Y eso del amanecer tampoco lo obviaré en este artículo. 

     Somos animales diurnos. La luz suele representar el orden, la bendición, la verdad, mientras que la oscuridad suele representar el caos, las dificultades, el miedo y la incertidumbre (por no hablar de la propia muerte y su sueño eterno). Por eso, el amanecer suele ser símbolo de una nueva esperanza. La noche, la noche oscura del alma, los malos momentos, los peligros, se empiezan a desvanecer con la primera luz del alba, que anuncia la llegada de un sol tan esperado. Sin embargo, esta polaridad de luz positiva y oscuridad negativa no se ve siempre así. La noche es también símbolo de las ilusiones, la creatividad, la imaginación y... el amor. Y es muy típico en la literatura ver el amanecer como ese momento que no se desea que llegue, porque con su venida se acabó la noche de pasión y encuentro de los enamorados. Y esto va desde lo más romántico a lo más erótico (muchos de los epigramas eróticos griegos lo mencionan y lo maldicen). Se hacía referencia a relaciones ilícitas en un sentido que a nosotros hoy en día se nos escapa. Sí, los adulterios y los cuernos, pero también los encuentros de dos enamorados que, por edad o exigencias sociales, no deben ser vistos juntos. Los matrimonios eran concertados, no solían ser nunca por amor; los flechazos de Cupido, siempre activo, hacían que muchos encuentros tuvieran que darse de noche, a escondidas y en secreto. En otras ocasiones, simplemente las obligaciones del día ponían fin a la dulzura nocturna. El alba, esa primera luz del día, era anunciadora del fin por esa vez de ese anhelo tan fogoso e imparable en los corazones enamorados que había podido expresarse en nocturnidad. Esto es un tópico literario que da lugar a subgéneros poéticos: las alboradas o canciones del alba, en diferentes idiomas y épocas. 

      Catch the rainbow se enmarca en esta segunda simbología del amanecer; la primera, en verdad, es para dar el bofetón de realidad. Lo que sucede de noche es lo que ambos desean. La llegada del amanecer los pone en su sitio y les recuerda que su sueño, su necesidad de estar juntos, sus ilusiones de verse como pareja y proyectar una vida en común, es una ilusión vana que no llegará a suceder. Es como tratar de atrapar el arcoíris. La luz del sol, sí, representa el orden aquí, un orden social que destroza los sentimientos que tienen los protagonistas de esta historia; la noche, cierto caos de ilusiones vanas. Viene el amanecer. Se acabó pensar que se hará realidad el deseo. Por tanto, fijaos, eso de la realidad y el deseo siempre nos remite a Cernuda..., el Catch the rainbow se vincula, en su mensaje y las emociones que transmite, a esas canciones del alba de tradición literaria en tantas culturas y países. Pero, además, la historia que se cuenta en su letra sería todo un cuento medieval, o ambientado en la Edad Media. Una historia, en general, que hasta en la actualidad se reproduce, con diferentes finales, en novelas de fantasía y también romántica, especialmente el de ambientación más o menos histórica o de época. 

     Canción melancólica y romántica, de 1975, la letra es de Ronnie James Dio. En un ambiente medieval, trata de la historia de amor entre un mozo de cuadras y una dama de la corte. Ella se escabulle de noche para encontrarse con él, un tanto como la amada del Cantar de los Cantares, y se acuestan en las cuadras, en un lecho de paja. Y aunque ambos están ilusionados en poder llegar a ser pareja de verdad, la realidad se impone y terminan separándose. Claro. De ahí el título del tema: lo que anhelan, de lo que hablan por la noche, esa ilusión, es lo mismo que atrapar el arcoíris, no se hará realidad. Las imágenes son sugerentes en ese sueño compartido: cabalgar sobre el viento, dirigirse hacia el sol, navegar en barcos maravillosos. Hasta que la canción da un giro para mostrar que todo eso es vanidad ilusoria, no sucederá en la realidad, de ahí ese triste y reiterado Come the dawn. Toda una historia, todo un cuento lírico-narrativo.


     

miércoles, 1 de julio de 2026

"ORFEO NO QUIERE VOLVER", DE JOSÉ MANUEL PÉREZ MARÍN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Orfeo no quiere volver, de José Manuel Pérez Marín (2026), se compone de veintitrés poemas que, en mi impresión subjetiva, se respiran. Se trata del tercer poemario de un filólogo clásico y asesor de El País en relación a ese mundo grecolatino, de ahí que sus versos puedan permitirse anclarse, evocar, revocar o revolcar diferentes historias mitológicas de la Grecia clásica y también a imágenes de una Roma esplendorosa que igual ya está en ruinas al acercarnos a ella. También le permite disponerse como este o aquel autor griego o romano, o tomar igual voz epigramática que ecos de diferentes composiciones de la Antigüedad clásica. Pero cuidado: no son recreaciones (non solum ... sed etiam...). Se trata de un poemario personal, que refleja el mundo interior de un autor que lanza sus versos a viajar, lo mismo por mar que por el inframundo. Yo los he ido notando muy sinceros, muy sentidos, muy vibrados, como cuerdas de su lira interior. Hasta conseguir las famosas conexiones de las que últimamente hablo mucho, a veces por referencias a otros textos, a veces por coincidencias que, tal vez, se deban a que ambos somos seres humanos.

     Como veis, ya empiezo impresionista, y es que os doy eso, mi impresión. Realmente se trata de una obra de extensión breve, ponerme a analizarla sería, no destriparla sin remedio, sino tal vez desmembrarla. Y es que tampoco es necesario. En su Prólogo, Francisco García Jurado hace lo que te encuentras en muchas obras poéticas, va poema a poema dando su semblanza y resaltando lo más significativo, desde sus conocimientos profundos sobre literatura y el mundo clásico. Y yo, como lector, he obrado como suelo cuando me topo con estos regalos: primero leo el poema, dejo que entre, que encuentre su camino hacia mí; luego, leo el comentario del especialista, y termino de comprender. Generalmente así es suficiente y así es cómo he ido poema a poema. A veces, eso sí, vuelves a un poema concreto; ya mi siguiente lectura de estos versos será en curso continuo o con paradas para contemplar panoramas. 

    Realmente, son poemas de alta calidad, literaria y humana. Dejo ahora apuntadas algunas apreciaciones más personales, entre otras que podría hacer. Para empezar, que estoy muy de acuerdo con Francisco García Jurado cuando escribe que "Busca expresar un universo propio mediante imágenes atemporales": así es. Todos los poemas me han gustado mucho, sí, pero voy a seleccionar. El segundo, Sine vindicta, me pareció muy bueno, delicioso, de principio a fin, sobre todo ese fin. Lo digo en sí mismo, como poema, porque todavía no podía ser consciente de qué anunciaba en la cadena de poemas, el tono que ya imprimía  José Manuel ahí, su irradiación al resto de la obra.

       Al llegar a la página 40 tuve que detenerme. Me sorprendí a mí mismo al ver que había traspasado una especie de meta volante al llegar a Troya no nos llora, porque había entrado en una oleada de versos ardientes ya en el poema anterior, Ecos de Roma, ¡versos encendidos, amor apasionado!, para tomar la voz de Petrarca y mi mito preferido de todos (¡ay, Dafne!) en Un poeta laureado (y mi canto, en lugar de poseerte / te eternice en ramas de fuego y sombra). Para ir asentándonos en el amor clásico, el amor puro, el verdadero, y aprender que en el amor no hay que mirar atrás, como hizo Orfeo (Katábasis del amor). Precisamente el poema siguiente, Amor clásico, con ese recurrente Déjame..., que es más que una mera anáfora, ya me estaba inundando con pequeñas ondas que hacían de espejo para reflejar también lo que hay dentro de mí; y entonces, ¡toma en la frente!, llega la Aurora incondicional con su amor puro, aquí está, el puro: el idealizado, del que tanto sé e incluso creo que me he doctorado. Y después, el escalofrío de todo, lo ideal y lo físico hecho uno en No leemos y escribimos poesía: ...que el deseo no necesita templo / para volverse sagrado, / que basta un nombre susurrado en la penumbra / para que el Olimpo tiemble (p. 51).

     Bastantes poemas dejan el sabor de los mitos: melancólicos, tristes, realistas en la asunción del destino; de desamor, desilusión y abandono, de dolor.

    Soy Aries, me rige Marte, soy directo: mi poema, de entre todos, sin duda es Noches áticas. Y es que, encima, aparece aquí la Rayuela de Cortázar. Como tomo apuntes, os voy a decir qué he puesto en mi cuaderno junto al título de Noches áticas: he pintado un corazón, ya está. Suficiente.

     El último poema, Cuerdas desafinadas, es más que un colofón. Al fin y al cabo, el mito de Orfeo y Eurídice, ¿qué acaba por enseñarnos? ¿Mueves cielo y tierra, consigues lo imposible para justo al final...? Pediste a los dioses una segunda oportunidad, /pero ni los dioses rehacen / lo que el miedo rompe (p. 64).

martes, 2 de junio de 2026

"VOCES ERRANTES", REVISTA LITERARIA DIGITAL. MIS APORTACIONES.

 



Ya es junio. Con la vista hacia adelante, afronto una nueva etapa personal y creativa. La reciente publicación del volumen II de mi novela Amae pop blue, el VENDAVAL, me ha vuelto a conectar con una mayor presencia en redes sociales, y os digo la verdad: no es la mera necesidad de promoción, encuentro bastante alegría en crear contenidos, es una forma de sumergirme de nuevo en mi propia novela. Tampoco es que haya estado quieto en este breve paréntesis anterior, y no me voy a explayar explicándolo aquí porque ya lo he hecho en bastantes ocasiones. Ahora voy a cumplir con un propósito anunciado. Tal vez, en un futuro, recuerde con nostalgia y derrame impresiones más generales de la etapa ya cerrada en la que la actividad en el grupo literario Sueños de Tinta supuso tanto. Antes de que eso suceda, vuelvo la vista a Voces Errantes con una intención muy clara: dejar constancia de mis aportaciones en ella, tal y como dije en algún reel de Instagram y en un reciente artículo aquí en este blog. Una revista literaria digital muy trabajada y cuidada que se publicaba mensualmente por Heyzine y que ahora puedes encontrar, sus seis números, en el blog de María Cespón Lorenzo, quien inició, coordinó, sostuvo y publicó cada uno de ellos.

     No está de más que vuelva a decir que, en lo personal, para mí lo más importante fue siempre aportar a un conjunto y formar parte de un equipo, y en cuanto a los resultados, al producto, cada número de una revista con la que colaboraba en toda su integridad. No me habréis visto nunca en todos esos meses desde noviembre de 2025 hasta abril del presente año destacar las páginas donde aparecía lo mío, algo que hubiera sido, entiendo, bastante legítimo, sino publicar en mis redes el enlace a la revista e insistir poniéndola en mis historias, alentando a su lectura al completo, como revista, sin focalizar en mí. Y no es que ahora vaya a hacer eso que no hice, no es ese el espíritu. Es algo más sencillo, si eres escritor seguramente me entiendas. Se trata de que en esa revista aparecen creaciones mías, fundamentalmente poemas, relatos y microcuentos. Creaciones propias que se han publicado y que merecen de su creador que las resalte, como padre suyo que es. Sé que el hecho de que se hayan publicado en una revista no es obstáculo para que se puedan mover de nuevo de otra forma, si acaso merecieran la pena. Pero para mí son mis aportaciones a Voces Errantes, yo las doy por publicadas ahí, y por tanto creo que, como hijas de mi mente creativa, merecen que también hable de ellas, no todo conmigo es Amae pop blue.

     Y, claro, ya que estoy inventariando en cierto modo, aprovecho para dejar constancia de otras aportaciones: me refiero a reseñas de libros y asimismo a creaciones conjuntas con otros autores (las dinámicas). Hago el repaso, el inventario, y me doy cuenta de todo el trabajo en tan poco tiempo. No solo mío: miro por encima entrevistas, artículos, reflexiones y creaciones de cada uno de los participantes. Y me sigo maravillando, me maravillo aún más, si cabe. Y tantas páginas... Un trabajo ingente para su editora y motor, María Cespón; un prodigio único que no se volverá a repetir, ni se puede replicar.


                   


     Bueno, aquí está lo mío:


CUENTOS Y RELATOS

1. EL GATO: Breve narración con aire melancólico y lírico donde el clima es un factor determinante (Voces Errantes nº1, noviembre 2025).

2. HISTORIA DEL MALHADADO VÍCTOR DE SALEZÁN: Relato. ¿Pueden entenderse unos segundos como toda una inmensidad? ¿Puede generar vida la abstracción a lo inminente? (Voces Errantes nº 2, diciembre 2025).

3. UN CUENTO DEL ANOCHECER: Relato. Elvira y Samuel afrontan su final, y no como seres humanos cualquiera (Voces Errantes nº 3, enero 2025).

4. LA ESPIRAL. Un relato que te hará bajar y subir escaleras, aparentemente onírico (Voces Errantes nº 4, febrero 2026).

5. CARTA ABIERTA. El protagonista dialoga con un tú ausente (Voces Errantes nº 4, febrero 2026).

6. HISTORIA DE UN DESPEÑADO. Surrealista... ¿o no? (Voces Errantes nº 5, marzo 2026).

7. LOS SERES-LUZ. Sobre irradiaciones (Voces Errantes nº 5, marzo 2026).

8. ANÉCDOTAS REFLEXIVAS. Breves y literarias (Voces Errantes nº 6, abril 2026).

9. DOS FORTUNAS DE REPENTE. Relato en dos partes y el dinero, su carencia y su tenencia, de por medio (Voces Errantes nº 6, abril 2026).


MICRORRELATOS Y OTRAS BREVEDADES

Voces Errantes nº 3, enero 2026

1. Confuso despertar.

2. Peluchín.

3. Libertad.

Voces Errantes nº 4, febrero 2026

4. Tres textos en prosa muy, muy breves.


POEMAS

Voces Errantes nº 2, diciembre 2025

1. Dos bambúes.

2. Sueño inconfesable.

3. Más allá.

4. Si...

Voces Errantes nº 3, enero 2026

5. Terrible pena.

6. La niña del triciclo.

7. Limpieza.

8. Sé morderme la lengua.

Voces Errantes nº 4, febrero 2026

9. De tres cosas sabe el navegante

10. Un soneto para ti

11. Reencuentros

Voces Errantes nº 5, marzo 2026

12. Hogar en las cuevas

13. Hacia el sueño

14. No sé si supiste cómo te vi esa noche

Voces Errantes nº 6, abril 2026

15. Sonidos naturales (poema para niños)

16. Eco de Livio Andrónico

17. Para buscarte

18. Lo confieso, mea culpa

19. Sensatez y locura


CREACIONES CONJUNTAS (DINÁMICAS)

1. LA AÑORANZA. Poema encadenado a ocho voces. Junto con Liseet, Ramiro, Maikel, Daniel, Pepa, Luis Miguel y María (Voces Errantes nº 2, diciembre 2025).

2. VOCES DE BARRO. Novela por entregas junto con María Cespón Lorenzo y Lucian Thornveil, en varios números a partir del de enero de 2026.

3. PASIONES ESCONDIDAS. Relato erótico junto a Toñi Magdalena (Voces Errantes nº 5, marzo 2026).

4. HISTORIA DE INÉS. Relato histórico y lírico, junto con Juan Andrés Moya (Voces Errantes nº 6, abril 2026).


MIS RESEÑAS

NÚMERO 1. Noviembre de 2025.

1. Poesía es... ¡apretar los puños!, de Santiago Expósito Amaro. Poesía. 

2. Yo, monstruos, de Santiago Expósito Amaro. Poesía.

3. La marca del silencio (Las huellas del pasado, 1), de Lucian Thornveil. Novela de misterio (thriller).

4. Lazos de sangre, de María Cespón Lorenzo. Una novela que te lleva en busca de los orígenes de Asha, su protagonista, con La India de trasfondo: viaje interno y externo.

5. Piel de cordero, de María Cespón Lorenzo. Thriller... espectacular.

6. La penumbra del eclipse, de José Luis Burgos. Novela psicológica.

NÚMERO 2. Diciembre de 2025.

7. Memorias de una alquimista, de Liseet Mata Martínez. Novela de revelaciones progresivas y búsqueda.

8. El canto del Fénix, de Liseet Mata Martínez. Poesía.

NÚMERO 4. Febrero de 2026.

9. Al abrigo y la luz del haiku. Un camino hacia la conexión, de Paula Mendoza, Teresa Moreno y Ana Rozen. Poesía: haiku.

10. Cuentos minúsculos que se asoman a realidades sorprendentes, de Daniel Guerrero Bonet. Cuentos.

11. La hija del viento, de María Cespón Lorenzo. Novela alegórica y espiritual  reconfortante y edificante. Inolvidable el personaje de Gruñona.

12. Tuwa, de María Cespón Lorenzo. Novela espiritual a diferentes ritmos de tambor chamánico, muy transformadora. Y muy reveladora.

NÚMERO 5. Marzo de 2026.

13. Baile de lenguas, de Itahisa Alfageme. Novela erótico-romántica.

14. Ishq. El color de las granadas, de Juan Andrés Moya. Novela apasionada y lírica en el contexto del Imperio Mogol. Lloré al final, catarsis completa.

15. La condesa muerta, de Eba Martín. Thriller.

16. Querida bestialidad, de Alicia Zapata. Poesía (de la mejor que he leído hasta ahora).

NÚMERO 6. Abril de 2026.

17. Entre la tierra y el cielo, de María Cespón Lorenzo. Su primera novela espiritual, y realmente una historia de amor, del verdadero amor.

18. La luz de Anaga, de Raquel Hernández. Novela negra.

19. El rumor de la madera, de José Luis Burgos. Un thriller crujiente...

20. Solo cenizas, de Fátima Tirado. Novela de ubicación-desubicación personal de la protagonista, entre runas y climas.

21. Entre Sísifo y Siri, de Alicia Namber. Reflexiones y diálogos novelados.


MASTERCLASS DE POESÍA: En el número  4 (febrero 2026), se publicó en Voces Errantes la masterclass de poesía en dos partes que tuve el enorme placer (¡pero enorme!) de "impartir" en Plumas Maestras.


sábado, 2 de mayo de 2026

"NATURALEZA INVERTIDA", DE SONIA ARIZA BORRERO. IMPRESIÓN LECTORA.


 

El 17 de febrero de este mismo año tuve la ocasión de estar en la presentación de Naturaleza invertida (Talón de Aquiles, 2025), poemario de una Sonia Ariza a la que conocí ese día. Tuvo como maestro de ceremonias a mi compañero David Calzado, un poeta, entre otras muchas cosas, del que espero poder hablar pronto por aquí y, la verdad, lamento mucho no haberme acercado a su obra antes, me refiero a la de David; hasta finales de 2024 no he vuelto a ser persona con cierta integridad y me ha costado mucho todo hasta entonces. Desde aquella presentación en el IES Juan Ciudad Duarte de Bormujos, del que fue ella alumna en 2º de Bachillerato, no he tenido ocasión de acercarme en condiciones a los treinta poemas de Naturaleza invertida hasta ahora y, una vez acabada mi primera lectura, quiero ahora ofrecer mi impresión de este libro tal y como lo suelo hacer por aquí, de manera un tanto subjetiva. Os dejo a vosotros que indaguéis acerca de la autora, tan afín a las artes escénicas y la comunicación, y ella me disculpará si soy uno más que destaca su juventud al comentar su libro. Si lo hago, es por motivos más míos que suyos, y en ningún caso se trata de ninguna clase de simpatía contraproducente, ni debe condicionarte a la hora de acercarte a su poesía, que tiene que considerarse en sí misma, y así haré en la mayor parte de este artículo. Naturaleza invertida es un poemario redondo, cerrado y con vida propia. Vaya esto por delante, porque la coincidencia casi fortuita entre la recepción de esta obra y mi labor sobrevenida de pasar uno por uno mis poemas de cuando yo tenía una edad parecida a la suya para una nueva edición me traslada a muchas emociones y vivencias, y nuevas coincidencias, que no puedo soslayar, y algunas son inexplicables. Por ejemplo, y de manera aleatoria, la disposición tipográfica de los versos, que resalta Nina Hernández en su Prólogo (p. 11), a mí no me pasa desapercibida, porque fue, no un recurso, sino un fluir potente en la expresión que siempre he usado y en mis veinte de manera mucho más frecuente y sentida. No se trata de una extravagancia, ni de una forma de llamar la atención, ni un adorno, ni mucho menos: jamás lo usé así y, por lo que observo, Sonia Ariza tampoco. El aspecto visual del poema con versos aparentemente desencajados, repentinamente centrados o puestos más a la derecha de lo que les correspondería, o que empiezan justo debajo de determinada palabra, no es ningún capricho: no solo tienen una significación en su lectura, hay algo mucho más profundo ahí, es en el propio acto de escritura, y aunque por lo general no son planificados, sí se sienten en esa posición, el poema no es el mismo si se alinean de manera convencional. Esta maestría de sentimiento posicional, si se me permite el término, de la correcta ubicación del verso, o el medio verso, o de la última palabra de un verso, ya está en el primer poema homónimo de Naturaleza invertida (p. 15). Podría equivocarme, claro, pero no sé por qué, tengo cierta convicción de que el sentir de Sonia Ariza al disponerlos de esa forma se parece al mío: ese resalte no es solo intuitivo, está impulsado por todo un sentido difícil de explicar, pero muy relevante para la comprensión estética y emotiva de los poemas en donde aparece, que en Naturaleza invertida no son pocos. Esto tan visual, además, tiene repercusiones sonoras, y es trascendente en poemas de esta naturaleza, que expresan sentimientos y sensaciones íntimas que se guardarán en la memoria de la poeta para siempre. 

     También me gusta mucho cómo maneja el símbolo, lo hace ya desde el mismo título de su poemario. Que, más allá de su correcta significación, te parece advertir de un mundo patas arriba. No sé si has tenido la experiencia, por lo general de niños, de estar bañándote en el mar, que te venga una ola inesperada y, sumergido, por menos de un segundo, ser incapaz de percibir bien tu postura y perder la noción del arriba y el abajo. Pues bien, esa sensación es la que me transmite este poemario en conjunto. Ariza te lleva de un lado a otro en el sondeo de sus profundidades interiores, en la pulsión de sus emociones y de sus convicciones y todo aquello a lo que se aferra para no caer, tal vez por eso ella habla de un vaivén, de un subir y un bajar repentino a modo de montaña rusa. Y creo que esto lo transmite muy bien. En la práctica, no sé si ella misma sabe o se ha dado cuenta de que te acerca y te aleja, que guarda distancia, te atrae a su interior y luego vuelve a preservar su espacio vital, y que una de las "técnicas" que más aprecio en sus versos es esa capacidad de no llegar a lo terrible con sus palabras, hay una especie de contención que consigue, precisamente, dejarte con la sensación de lo contundente, lo impactante, ya filtrado, asumido, en cierto modo perdonado, y que eso, precisamente, consigue hacerte percibir mucho mejor el impacto y, sí, compartir contigo algo, aunque sea un poco, de tristeza, como lágrimas recordadas. Te presenta, en los valles de ese vaivén, la sequedad de unas lágrimas que no sabes si fluyen aún, si tienen réplicas; te planta ante los ojos, en las cimas, la ilusión y la alegría de su experiencia y de su yo con una modestia que las resalta. Y pueden aparecer ambas sensaciones en un mismo poema. Otra vez un ejemplo: es muy potente, muy emotivamente potente, el Aunque que se repite al principio de los tres primeros versos de Itropavotse (p. 38), y te recuerda la fuerza expresiva de las conjunciones en poesía, como el Si en muchos poetas; aquí es aún más triste al ser un Aunque, también habla de superación, hasta cierto punto. Se destila melancolía en tantas ocasiones... ¿Cómo no alinearme con el contenido de los versos de Sonia Ariza? No yo, el Alfonso de cuando escribía versos con dieciocho, veinte, veintitrés años. Lo que parece dolor se viste de superación, pero es una superación real que no esconde todo el tránsito hacia él. La ambigüedad poética juega aquí a favor.

      Este poema al que he hecho alusión no es el único que maneja la anáfora. Sonia Ariza, en Naturaleza invertida, es proclive a ella, y la usa muy bien, con todo el sentido del diálogo emotivo con un tú ausente o del monólogo interior. No hay resumen posible, pero si quisiera esenciarlo, me iría a Analógica de un impulso (p. 42): la libertad se halla en el presente, el concepto del ahora, y desde esa libertad se contempla el recuerdo. Un acontecimiento solo es recuerdo si es pasado mental, el presente da sentido al pasado, el hecho de saberse pasado te libera. Esto es complicado, claro, como la vida misma. En todo caso, el acto de escribir no es mecánico. Yo también he escrito en servilletas y doy fe de que el hecho de escribir y su producto final, que está vivo, que crece, que mengua, es metáfora e imagen de lo inexplicable, como inexplicable serán las nuevas significaciones que tomará para la propia autora en el futuro, cuando ella misma tome conciencia y vaya descubriendo poco a poco que sus versos expresaban mucho más de lo que ella misma sabe ahora, de lo que ha creado. No lo digo porque sí, sino porque me está pasando a mí mismo con mis propios versos. Es pura creación poética. Estos versos no serán recuerdos, tendrán siempre un presente que late. 

      Todo lo dicho hasta aquí lo manifiestan de manera poderosa los dos primeros versos de Cuando te tengo delante (p. 48), que para mí reúne de manera concentrada todo el núcleo de Naturaleza invertida. No hay lucha: la ha habido. O eso es lo que quiere decirse Sonia a sí misma y a nosotros. La consciencia trata de poner orden en las corrientes subterráneas de lo vivido y dotarles de un sentido. Se es consciente de lo experimentado y se toman decisiones de qué hacer con ello. Te viene a decir que dolió: sabes, igual que ella, que aún duele, pero se sigue adelante mientras ya las heridas van cicatrizando. Y se hace a través del honrar. Este poema es todo un honrar, no es mera asunción. Y está muy bien, pero que muy bien, que el siguiente poema sea Todos los idiomas del amor (pp. 49, 50), que es una verdadera caricia: así, justo así, en ese orden, aunque algunos lo consideren invertido.

     En definitiva, son versos muy maduros: hay mucha madurez en todos los sentidos, y no solo porque exponen un proceso de maduración interna en cuanto al contenido. La conclusión es tan bella como las mariposas y los cactus; la inversión de la naturaleza expuesta es una perspectiva y puede que, como El Colgado en el tarot, el que esté bocabajo seas tú, y que esa postura te ayude a la reflexión completa, al ver la realidad de otro modo.     

domingo, 8 de marzo de 2026

"QUERIDA BESTIALIDAD", DE ALICIA ZAPATA GIRÓN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


INTRODUCCIÓN

Hace apenas ocho días que vio la luz el número de marzo de este año de la revista digital Voces Errantes, y en ella aparece mi breve reseña sobre este impresionante poemario que es Querida bestialidad, de Alicia Zapata Girón (Editorial Páramo, 2023). Claro, para ti es muy reciente, es de este mes; para mí, con mis aportaciones para el número de abril pendientes de revisión, ya ha pasado un mes desde que escribí esas palabras sobre estos poemas en el formato que requiere una revista literaria de estas características. Y es todo cierto, lo que digo allí: que tenía muchas ganas de tener en mis manos Querida bestialidad. Tenía pinta de que me iba a gustar y así fue. La verdad, lo adquirí porque tenía esa intención, de reseñarla para Voces Errantes. Tras acabar su lectura y su reseña, sabía que iba a leérmelo de nuevo, de manera más pausada, y así ha sido. Lo lógico, tal vez, sería dejar pasar el mes para volcar de nuevo mis impresiones por escrito, que me mueven a querer hacer un análisis de esta obra, poema a poema, algo que, por supuesto, no haré, para alivio de la autora y de los lectores de este blog, pero sí doy una impresión lectora más extensa ya, al calor de unos versos que aún se encuentran acogidos en mí.

CARACTERÍSTICAS E IMPRESIÓN GENERAL

     Querida bestialidad resuena con verdades: verdades personales y generales, verdades poéticas en el uso del idioma muy particular, con juegos con el lenguaje que no son meros formulismos ingeniosos ni malabarismos impresionantes o impresionistas, aunque la impresión, en el buen sentido, sí se halla presente. Yo, a veces, he creído encontrarme con una voz impresionada, o post-impresionada. Alicia Zapata maneja muy bien el tiempo de cada poema, expresa certera y gratamente, sorprendentemente, las palabras, en su significación, en sus significaciones más bien, en las variantes de una posición junto a otras que la cambian por completo. 

     Te sientes, por otro lado, una especie de acompañante lejano. No un observador imparcial, porque sí te hace implicado en la recepción de su voz, pero sientes una soledad (Siempre se abandona al que va acompañado, p. 21) y un paso a paso en su transitar por momentos, por lugares, por decepciones, por descubrimientos. Los poemas se agrupan en tres secciones: Goteras, Licencias y contornos, y Verde es el olor de la verdad.




GOTERAS

     Vibro con versos de expresión inicial de la decepción, los significados que se da esta poeta a experiencias que no se cuentan pero se proyectan, a esas asunciones y ese caminar. También sus definiciones de sí misma y sus sorprendentes y elegantes juegos de palabras y sus vocablos propios, creados por ella misma. Y el mar, en sí y en lo que significa, ¡tanto!, en estos poemas. Y toda su lucidez metalingüística.

     Me estremece todo el mensaje dado en esos intercambios de palabras, de paralelismos donde la pequeña variación marca una tremenda diferencia, un recurso que Alicia Zapata usa con una intención y una claridad excepcionales (Dos vidas paralelas viven: / la de sus vidas sin mí, / la de mi vida con ellos, p. 38). Por lo general, llevan al estremecimiento (como si equivocarme conmigo / no hubiese sido el mejor de mis aciertos, p. 40). 

     No es cuestión de expoliar su obra trayendo aquí sus versos, pero con estos pocos que tratan de ilustrar lo que torpemente trato de decir creo que se atisba algo todo lo que llevo dicho, tanto en el contenido, como en su uso lingüístico: el uso de una u otra preposición, la posición intercambiada de una misma palabra, la antítesis inesperada, la sinestesia original, ...

LICENCIAS Y CONTORNOS

... o la paronimia, un recurso un tanto minusvalorado y que a mí me vuelve loquísimo cuando se usa bien (carencias/querencias), con todo el sentido. La voz de Alicia Zapata sigue sonando calmada y tormentosa, sincera y poética, intérprete de las realidades que ve y que vive, y de metáforas intensas, especialmente de (re)ubicación vital (El único sitio donde quiero vivir soy yo). Y es que en Licencias y contornos la metáfora se hace resplandeciente, abundante, como espigas en un campo fértil, para entender, para encontrarse: Suerte que todo lo que necesito lo llevo dentro. / Así es un gusto compartirme contigo.

     El poema TO:FROM: me parece muy llamativo, pero no te digo por qué, quiero que lo descubras tú. A cambio, mira, un pequeño ramillete de este campo de espigas, perdón por arrancarlas así, para que entiendas mejor esto del uso del lenguaje y el descubrirse (reconocerse, desnudarse): Un marcapáginas se muda / a páginas que no conoce (p. 61); A diferencia de otros, yo siempre muero (p. 62); ... ahora que ya no elijo desconocerme (p. 70). ¡Imagínate estos versos en su poema! ¡No puedes!


VERDE ES EL OLOR DE LA VERDAD

      Y aquí llegamos a la irreversible conexión-fusión con la naturaleza, y un revelador descubrimiento de sí misma. Se confunden de forma consciente geografía y cuerpo, que se hacen metáforas recíprocas. Y el placer de la vida, la vida como placer máximo. Lo que yo intuyo en Verde es el olor de la verdad es la aceptación consciente y la consciencia bien recibida.

     Aparecen impresiones interiores de viajes, que la experiencia impide el retroceso y la verdad huele a verde. ¡Qué encanto de pareidolias sonoras provocadas a propósito, sinestesias con sentido(s)! Y los choques sonoro-conceptuales no paran: Recuerdo cómo es el placer / de querer lo que se tiene (p. 89). Sí, claro, pero no, no es ninguna obviedad que al sur solo se vuelve desde el norte, que muy pocos buscan respuestas que se sabe que no se van a encontrar, despertando un día como despierta un día.





viernes, 30 de enero de 2026

"EL CANTO DEL FÉNIX", DE LISEET MATA MARTÍNEZ



La voz de Liseet Mata es muy particular, suele contagiar entusiasmo y energía. Y el título de este poemario suyo, El canto del Fénix (Azur, 2023), no puede ser más elocuente: es una voz que canta el resurgir, el renacer expresado a través de versos de transformación. Su corazón, ya iluminado, entona el proceso desde su singularidad (así es como se llama el segundo poema, tras el primero de encanto por Andalucía). Y es que los títulos de sus poemas ya revelan el transcurso de su dicción poética: El ego, Empatía, Laberinto, Caleidoscopio, Corazón sin armadura, Persistencia, ... En Creo, al principio de la obra, la autora se reafirma en su presente, La meta reenfoca tras el desenfoque inicial que se le escapaba a su conciencia antigua. Pasa por una Experiencia subliminal (No recordaba el sabor de la renuncia). 

     En este renacimiento cantado, no solo se encuentra su propio ser. Se van dando pasos, y el poema Un paso, precisamente, se dirige al otro: amor, separación, distancia, recuerdo, anhelo, lo que perdura. Sí: la parte central del poemario parece apuntar a un amor disuelto, perdido, recordado y anhelado, anhelado en una posible renovación, como se canta en los cuatro últimos versos de El torbellino. Y hay dolor, dolor superado: No estoy rota, estoy vacía, así empieza Fría tempestad. Liseet no esquiva las turbulencias, es parte del proceso de transformación.

     Su voz poética es directa, lúcida y sincera. Porque además, repito, se enfoca en el presente, siendo el pasado y el futuro ecos, proyecciones que solo apuntalan referencias del ahora. Remito a sus Arenas movedizas. Versos luminosos, sí, que traen a palabras un despertar y un resurgir, un darse cuenta de la auténtica realidad, un rescate inesperado en ese transitar con la brújula estropeada, hasta contemplar la belleza inimaginable a su alrededor, como dice en La quinta sinfonía. Hubo lucha, después aceptación (Supuesta irrealidad) hasta alcanzar esta iluminación.

     Las emociones se entrelazan, se funden, se confunden, en una verdadera sinestesia emocional (Alegría confusa). Aparece el amor, y el deseo, y el significado vital ya en Quiero.

     El recorrido que emprendemos al leer El canto del Fénix no es rectilíneo, de un punto A a un punto B, ni va en zigzag. No es abrupto ni simple: es curvilíneo, un tanto en espiral, cíclico y progresivo a un tiempo. Tampoco es absoluto: recuerdos y preguntas aparecen en su canto a la nueva vida, en poemas como Rompecabezas inconcluso. Así, Mi versión, el último poema, es un cierre de reconciliación con lo vivido, que jugó su papel, tuvo su misión. Y ahora el Fénix, por fin, canta, con voz sinfónica.

sábado, 23 de agosto de 2025

"YO, MONSTRUOS", DE SANTIAGO EXPÓSITO AMARO

 


Yo, monstruos, de Santiago Expósito Amaro, es una obra poética que contiene tres extensas composiciones de versos incesantes y contundentes. La voz de Santiago se percibe en toda su autenticidad (ya la conozco, ya me suena familiar después de la lectura intensa de Poesía es... ¡apretar los puños!). En la contraportada se dice que mira de frente a tres monstruos a través de tres mitos. Bueno, sí, realmente son tres mitos: un mito "mitológico", el de Asterión, el minotauro en su laberinto; un "mito" moderno, de Hollywood, Marilyn Monroe; y un mito popular de todos los tiempos, el alma, esa alma de cada uno que se salva, o se pierde, o va a un Cielo o a un Infierno (¿lo hace?), tal vez se enfrenta a un Juicio Sumarísimo o se queda dando vueltas por aquí. Y, por supuesto, cada mito es desmitificado por Santiago, no por el mero hecho de hacerlo, sino porque se está enfrentando, es decir, poniendo de frente a cada monstruo que lo representa. 
     Es fácil, hasta cierto punto, identificarlos con los tres grandes momentos en que solemos dividir el tiempo, pero con muchos matices.
     Yo, Asterión, es el pasado, pero un pasado remotísimo, el del mito, la historia oída de siempre alentada por los siglos que la deforman, pero desmitificada y traída al yo. 
     Yo, Marilyn, sería el presente, un presente amplio, el presente de nuestro mundo y sus historias y sus fraguas; es, además, el monstruo femenino de sonrisa glamourosa por fuera, infierno por dentro (íncubos, súcubos, ...).
     Yo, ánima, aliento de vida, representaría entonces el futuro..., pero no el de nuestros tiempos, sino el de tu propio ser, y también el de unas almas ancladas en nuestro mundo que nos miran y nos reconocen como a las verdaderas almas en pena que vagan errantes sin sentido, sin saber cómo, por un túnel cuya luz al fondo no es más que un espejismo, y se desmontan todas las falacias tan elaboradas sobre el más allá.
     El ser interior atormentado en el laberinto que es señalado como monstruo por los verdaderos monstruos; el monstruo de la fama malhadada a pesar o a través del reconocimiento social (¿te suena esto?) y el estigma de la feminidad mal entendida, y la monstruosidad del alma en cuerpo que no comprende a los descarnados, que somos todos.
     Se caen las máscaras, se ven los monstruos, pero la hipocresía interiorizada, esa, es el más temible de todos: no acaba de destruirte, porque se ríe viendo tu parálisis, cagado de un miedo que no siempre reconoces.




domingo, 3 de agosto de 2025

MI TRAYECTORIA POÉTICA HASTA HOY



Se me llena la boca de decir que me considero fundamentalmente poeta y, sin embargo, reaparezco como escritor con una obra narrativa extensa, Amae pop blue, tan extensa que es necesario dividirla en tres volúmenes. Vuelvo a publicar después de veinticinco años y lo hago con una novela (Amae pop blue, Volumen I; Libros Indie; Sevilla, noviembre de 2024) que, por supuesto, mantiene el tono lírico en muchos episodios e incluso capítulos enteros (especialmente el capítulo 100, muy diferente y muy aparte del resto de la obra). Además, a modo de la novela pastoril un tanto y, sobre todo, a modo de La novela de Genji, y de tantas y tantas obras de la literatura universal, no precisamente modernas, esta novela inserta poemas aquí y allá, especialmente en su Primera Parte. Algunos están escritos ex profeso, pero en general son poemas redactados con independencia de la novela, que han entrado en ella del mismo modo que muchos de sus fragmentos, como material de construcción. No están ahí a la limón, según me vinieron a la mano, tienen su intención clara y han pasado ciertos filtros, aunque, siendo honesto, no quise ponerlo todo ahí, echar el resto con los poemas, son pequeñas gemas que engarzan bien con el texto narrativo, no he sacado las que considero de más valor del cofre de las joyas.

     Escribo desde muy jovencito. Fundamentalmente, me he pasado la vida escribiendo reflexiones, poemas y breves textos narrativos, generalmente fragmentarios o de inicio de texto. La poesía ha sido, desde siempre, mi mejor medio de expresión. En 1997 publico Extramuros, mi primer poemario; en 1999 el segundo, ¡Ah! Novela lírica, que no es una novela lírica propiamente dicha, sino más bien un segundo poemario con una estructura que sostiene a dos narradores en diálogo poético. Ambas obras fueron editadas por PubliSHER Editorial, de Navalmoral de la Mata (Cáceres). Para mí son muy especiales, fueron la cristalización de un sueño de un joven de veintipocos años. En ese momento ya estaba empezando a tomar cierta velocidad de crucero y me estaba percibiendo con estilo propio y una trayectoria de evolución en desarrollo, y aparecieron más poemas míos en una obra colectiva de la Editorial Jamais, de Sevilla, para mí mucho mejores que los de mis obras publicadas hasta entonces. Mal editadas: al no llevar título, aparecen mis varios poemas ahí como si fueran uno solo, enorme y monstruoso, una amalgama confusa. Al poco, esa editorial cerró, con polémica, lo dejo ahí.

     Pues parecerá paradójico, pero a partir de aquí es cuando soy más fértil en lo creativo. Con demasiadas expectativas en los concursos de poesía y poca capacidad de márketing, de darme a conocer, todos esos años desde los veintimuchos hasta los cuarenta y pocos son un hervidero de creación poética en mí. De la enorme cantidad de textos desde 2003 hasta 2018, extraigo un corpus personal de los que considero poemas bien hechos, a los que denomino ahoganzas. Esos poemas son mis Ahoganzas, una denominación general que engloba a varios trabajos y que trata de definir su tono general que, bien es el melancólico ahogo en la añoranza (del pasado y del propio presente que se sabe fugaz), bien una visión del mundo que supone cierto ahogo en lo irremediable o ahogadillas de irrealidad o de realidad cruda. Al tratar de sistematizar mis poemas, muchísimos, generalmente con el fin de presentarlos a concurso, pronto descubrí que había dos tipos de ahoganzas. Unas eran ahoganzas blancas, enfocadas en la conexión y el diálogo mudo con la naturaleza, lo cotidiano y la ternura de lo entrañable; sin excluir el dolor, el pesar o la incertidumbre, mantienen un tono de reposo, de pausa, de contención y agradecimiento. Otras, sin embargo, eran ahoganzas negras, desesperanzadas a veces, viscerales hasta cierto punto, reivindicativas algo, impactantes, directas. Acabo de encontrar la imagen para cada tipo: entrañas y vísceras, sinónimos denotativos, antónimos connotativos. Eso es: las ahoganzas blancas me salieron de las entrañas y las negras de las vísceras.

      Las blancas acabaron por definir La hora de las libélulas. Esta es ya la obra cerrada y depurada. En un intento artístico de fusión de artes, Rocío Rodríguez le hizo un dibujo a cada poesía. Y teníamos en mente más proyectos: el inverso, es decir, hacer textos yo a sus dibujos, y darle caña a las ahoganzas negras igual que habíamos hecho con La hora de las libélulas. Y todo eso mientras yo ya escribía poemas que no eran ahoganzas y en plena y fuerte crisis personal y vital. En mente teníamos un libreto artesanal. Con el tiempo, a Rocío esos dibujos le parecieron inmaduros y muy mejorables, me los regaló y empezó de nuevo a ilustrarme las ahoganzas blancas. Este proyecto, de momento, está parado. Así que, como dispongo de sus primeras ilustraciones, voy a ir dando a conocer La hora de las libélulas, poema a poema, junto con su dibujo original, en Instagram y Facebook, poco a poco, porque acabo de explotar en mi expresividad creativa y sé que necesito hacerlo. De todos modos, esos poemas están en Wattpad. Espero que el proyecto lo podamos retomar y ver esta obra publicada y con las ilustraciones que Rocío considera mejores. Las de ahora, ella que diga lo que quiera, a mí me encantan, tampoco quiero que caigan en el olvido. Por eso también me animo a publicar en redes.

     2018 supone un verdadero hiato en mi vida, que me ha cambiado completamente. Pero no te pienses que por estar recibiendo una hostia tras otra durante seis largos años, hasta entender de verdad el significado de resiliencia y de paciencia, yo he dejado de escribir. La escritura creativa es parte indisociable de mi vida. Solamente que mis poemas a partir de ese año ya no son ahoganzas. Aún los tengo que agrupar, vuelven a ser muchos, los de 2018 hasta ahora. Pero algún trabajito independiente ha salido ya, a la espera de su depuración y sistematización más tranquila. Se llama ese trabajo Lento vaivén, y son poemas muy próximos en el tiempo y de un mismo tono. Publiqué hace poco en Instagram y Facebook el primero de ellos, el de los horizontes fumados. Cronológicamente cercanos, en mi conciencia ya están muy lejos y perdidos en el tiempo psicológico. Desde hace tres años, todo se me volcó en Amae pop blue y, extrañamente, la escritura de poesía ha estado en fase de letargo, alguna que otra muy esporádica en este último trienio. Simultanearé las de Lento vaivén con las de La hora de las libélulas en  mis publicaciones en redes, por dos motivos básicos, muy humanos: porque ahora estoy encontrando en las redes sociales un medio de expresión que me colma bastante, y también por cierta reivindicación personal, de manifestar al fin quien soy y de animarme a moverlas en proyectos más serios a futuro cercano.

miércoles, 30 de julio de 2025

"LA NOVELA DE GENJI": MI EXPERIENCIA LECTORA Y SUS VÍNCULOS CON "AMAE POP BLUE"


Eso es lo que hago cuando hablo de libros, por lo general: dejar breves apuntes de mi experiencia como lector. Sin importarme que sean muy subjetivos o rayanos con la anécdota personal, o en los lindes de una reseña. Y en el caso de La novela de Genji, al ser un clásico entre clásicos, a la altura de nuestro Quijote, a ese nivel de clásico, primer nivel, pues menos me atrevería a verter sobre esta obra nada más que impresiones personales con gestos de reverencia propios de la época Heian. No tengo rango. Hacer algo más sería incurrir en el pecado de la soberbia, una hybris que seguro que me trae un terrible castigo.

Y más por cómo me la he leído, que realmente no lo he hecho aún. Me leí el primer tomo de la edición del Círculo de Lectores, Vida de Genji I. Esplendor. Ahora estoy con el II, Catástrofe. ¿Y cómo me lo leí? Como si fuera poesía. Disfrutando de sus páginas como si fueran sorbos pausados a una taza de té blanco, llegaba yo al Genji muy con los haiku y, sobre todo, el Kokinwakashu, muy paladeados y en esa sintonía. Lo leí pausadamente, sin importarme en absoluto si seguía bien su trama (o sus tramas, o su trama-excusa) y si recordaba o no quién era quién con un elenco de personajes tan amplio. Al menos, no con la intensidad deseada, disfrutando, eso sí. Sin ansiedad por acabar cada capítulo, que podía hacerlo igual a los quince minutos que una semana después. Lectura ingenua en el más puro sentido, y con ánimo de que su ambiente, y su tono elegante y antiguo y aristocrático y poético, y la voz femenina de Murasaki, me envolviese. Y nada más. Y todo esto en plena producción de Amae pop blue, que no parte de este clásico, no está en sus primeros borradores con el Genji en mente, pero sí que en una sintonía tal que verdaderamente le influye, y se constituye en muchos sentidos en un respaldo bibliográfico, y así aparece en la Bibliografía de Amae pop blue en su Volumen III. Un Genji que, además, aparece en primer plano en Máscaras femeninas, de Fumiko Enchi, otro libro-respaldo del mío que leí en su proceso de escritura. Ambos, Genji y Máscaras femeninas, me daban un respiro, además, cierto descanso. El sexo en Amae pop blue iba a ser muy explícito a propósito, aunque no en todos los casos (depende de la personalidad y el tipo de relación de cada personaje femenino con el protagonista u otros, el sexo igual es muy explícito y detallado que simplemente sugerido según quién). No porque estaba escribiendo una novela erótica: si me hubiera propuesto escribir una novela erótica, jamás la habría escrito así. Iba a ser explícito como rasgo de estilo y como reivindicación de varios asuntos que ahora no voy a abordar. Eso, en una persona como yo, me ponía ciertas barreras mentales al no saber el impacto en lectoras de una cuestión vista con ojos masculinos y narrada con voz y corazón masculinos. Las voces de Murasaki Shikibu y de Fumiko Enchi en lo literario, y las de Barbara Keesling y Sheri Winston en lo teórico y práctico, me acompañaron todo el tiempo, voces femeninas. Obviamente, en el Genji no hay sexo explícito, es sugerido, y a veces ni siquiera eso. Aunque es un no parar, seguro que mucho más que en mi novela, míralo bien. Sugerido, elegante y terrible a nuestros ojos de occidentales de hoy si le quitas su poesía y su contexto y lo contemplas como hechos en sí. Pero este último comentario es tan anacrónico que os pediría que no me lo tomaseis demasiado en serio. 

     La novela de Genji me respaldaba en varios aspectos mientras redactaba mi novela. El ambiente y el género narrativo, fundamentalmente. El Genji es monogatari, no es novela propiamente dicha, de hecho no todos traducen su título así. Es que si lo llamamos cuento nos va a parecer un cuento de excesiva extensión, claro, tenemos ya demasiado acotados esos términos, novela, cuento, que no hay etiqueta de género para esta obra. Es una historia cronológica, sí, con un protagonista y un abundante número de personajes de los que vemos su evolución. Pero aun con todo, no hay una trama unitaria, ni la acción es el elemento clave de esta historia. Es poética y sensible en lo que narra, y añade poesías incrustadas. Cada capítulo sucede a otro, pero podrían leerse sueltos perfectamente. Y todo eso pasa en Amae pop blue, salvando las distancias, especialmente en su primera parte, la más antigua. Y descubro el Genji después de sus primeros bocetos, ¡serendipia! Pero no es el Genji el único, vamos a ser sinceros. Lo he dicho muchas veces, a ver si me oyen los encorsetados de etiquetas de género (literario), me encantaría aliviarles esa apretada presión en sus cinturas: ¿alguien puede decirme cuál es el argumento de El Quijote, y si considera que su argumento es lo más importante de esta obra? ¿Y el de Rayuela? ¿En qué consiste el deleite estético de leerse una novela pastoril? ¿Y tantas obras de la Generación del 98, si exceptuamos a Baroja? Por ahí van los tiros, no me quiero extender más con esto del género. La novela de Genji es para disfrutarla en sensibilidad, es lectura gourmet, se saborea pero no se zampa.

     Y luego el ambiente. Esa sintonía. Más allá de que se mencione la obra en un diálogo entre Marisa y Rodrigo y todo lo que surge de ahí, ya en una de sus segundas partes. El ambiente... El Genji crea un ambiente al leerse, al seguir la voz de la narradora, ese ambiente sí que me envolvió en éxtasis lector y me acompañó en la redacción de muchos pasajes de Amae pop blue.


Nota: La edición en dos volúmenes que he leído (I) y leo (II) es la de Xavier Roca-Ferrer, para Círculo de Lectores; Ediciones Destino; Barcelona, 2007.


martes, 29 de abril de 2025

POESÍA ES... ¡APRETAR LOS PUÑOS!

 


SANTIAGO EXPÓSITO AMARO: Poesía es... ¡apretar los puños! Domiduca Libreros; Madrid, 2024 (yo leo la segunda edición de enero de 2025).

No sé si borracho, un borracho tarda en darse cuenta de que lo está. Digamos que aún mareado por los versos de Santiago Expósito, Kamawookie, en Poesía es… ¡apretar los puños!, constato en ellos que las palabras y la música tienen el mismo efecto redentor. Te salvan, rescatan hasta los peores momentos convirtiéndolos en aprendizaje vital o, al menos, en la cristalización de la perla inesperada.

                Es una bebida que entra bien, con ser fuerte. Las palabras fluyen con contundencia, el ritmo es bueno. Pero es intenso. Se suponía que me lo iba a tomar de a poquito, pero aquí estoy, con la botella ya vacía. En mi particular y subjetiva impresión de este poemario, a mí se me asemeja al bourbon. No deja de ser whisky, sí, pero lleva consigo un sabor dulce.

                Claro, en mi subjetividad, no dejo de maravillarme de la conexión de estos versos conmigo y mi reciente novela. Especialmente por las concomitancias: rock, poesía, amor, frustraciones vitales, retos a salvar, ternura, pasión, sexo, literatura, desolación escondida en la tranquilidad o el optimismo, el disfrute de las supuestamente pequeñas alegrías de la vida entre tanta lágrima (en este libro más sugeridas que otra cosa), lucha. En lo vital, sin embargo, atisbo que hemos llegado aquí por rutas biográficas bien distintas, quién sabe si opuestas, no lo sé.

                Me quedan, lo confieso, dos asuntos importantes con este libro: mirar el contenido de los QR que trae y la relectura más pausada, tras la emoción del enganche. Bien. Eso pasará cuando tenga que pasar.

                Tal vez no sea de justicia una especie de reseña tan, tan personal. Pero no me pongo límites: así es como, en mi borrachera poética, he querido hablar de Poesía es… ¡apretar los puños! Estoy convencido de que otros pueden desentrañar estos versos en análisis menos impulsivos. Incluso yo mismo en otro momento. En la línea que he emprendido sí puedo asegurar que, como el rock, como mi propia novela también, hay mucha más profundidad en forma y fondo en este poemario de lo que a algunos les pudiera parecer, me refiero a los acostumbrados a una imagen predeterminada, a los de la primera impresión. La portada, que a mí me parece genial, es muy acertada, es "como debe de ser", como diría Rosendo en Leño, y refleja muy bien el espíritu del libro, al igual que el título. Una segunda edición no es poca cosa. Es buen bourbon, de los reposados. ¡Salud!


sábado, 22 de diciembre de 2018

Pétalo en lenta caída...



LA PAZ EIRENE

Este es el primer pétalo, blanco con sugerencia rosada, que cae, movida por un aire suave. Es un poema en prosa de Shalom: 

Tumbada, tirada, ¿dormida? Me encuentro recostada en la arena fina, suave, pegajosa y molesta. El mar a lo lejos. Hermoso. Al fondo solo un infinito recorre una delgada línea que une el cielo y el abismo ahogado, perdido y lindo. Llueve, el cielo llora, triste, me cubro de sus lágrimas y dejo que me limpie del terror y dolor. Limpia, en paz, por fin descanso.





Mi observación de la trayectoria de este pétalo tan bello es el siguiente (perdonadme mi torpeza, no he encontrado palabras mejores):

La profundidad de lo que era e iba a ser ha sido inundada: no volverá a verse su hermosura, su brillo, queda todo sepultado. Sobre este mar guardián y destructor a un tiempo, se extiende el cielo. Y el cielo no se puede inundar. Está sobre nosotros como una expectativa de futuro y en él habita lo inconmovible, lo verdaderamente real. Y ella lo ve, aun tumbada, tal vez dormida, porque ella misma es el firmamento.
     Tal vez sin saberlo.

     Se echa sobre la arena de la playa. Esto siempre es agradable. El tacto de la arena es agradable, es fina, es suave; se transforma, no obstante, sin darse uno cuenta en pegajosa, te embadurna transformada en barro. Está uno así, tranquilo, y de repente siente una molesta suciedad. Esta no se cae por sí misma, no se aparta de ella, forma parte de ella agarrada a su epidermis. A lo lejos, se oye el mar. Un mar en lejanía de belleza insondable, inexpresable, hipnótico.
     Hasta que el llanto quiere venir. Viene al fin, al cielo no le ha sido indiferente este firmamento de carne embadurnada, sufriente y silenciosa. Y rompe. También silencioso al principio. Se derrama sobre ella y queda limpia. El mar suena de fondo, sigue haciéndolo, con un paraíso en su profundidad que ya no volverá. Pero a él también va toda esa arena que estaba sobre ella. Y aparece en el firmamento la eirene, la paz de la limpieza necesaria.


     Rocío Rodríguez Sánchez también lo observó. Su visión del texto queda plasmada en un minicómic de dos páginas, esta es la segunda:




Texto poético: Shalom
Minicómic basado en este texto: Rocío Rodríguez Sánchez
Texto de la entrada y comentario al poema: José Alfonso Bolaños Luque