lunes, 25 de mayo de 2026

SUEÑOS DE TINTA. UN RESUMEN DE MI EXPERIENCIA EN UN GRUPO LITERARIO EXTRAORDINARIO.

 

                   

En noviembre de 2024, tras muchos años de silencio en tantos sentidos, me volví a dar a conocer como escritor con la publicación de una novela, Amae pop blue (Volumen I), ¡una novela!, algo tan inesperado en un poeta, algo tan inesperado incluso para mí mismo... Pero no va a ser aquí donde cuente por qué; donde, una vez más, me exprese sobre ella; solamente es para que te pongas en situación, porque de lo que quiero hablarte hoy es de mi experiencia en un grupo literario muy singular, extraordinario: Sueños de Tinta.

     Comencé sabiendo que, una vez publicada, quedaba la segunda parte del trabajo de un escritor: moverla, darla a conocer, un trabajo arduo y que había que cuidar, igual que la propia escritura. Además, esta novela me proyectaba muy distinto a quien había sido hasta entonces, al exterior, a los demás, y al interior, a mí mismo. Me había visto algunos vídeos sobre el asunto, reels en las redes de escritores hablando del tema e incluso entré en el curso de Roger Domingo y su Método MAPEA, el precurso para que te apuntes a su curso, que no critico en absoluto: lo que aprendí ahí me vino bien. Preparé la sinopsis y la carta de presentación, me hice con los correos electrónicos de diversos periódicos para enviarlas, contacté con bibliotecas para ir haciendo presentaciones, hice algunas, ... Tuve el placer de que Judith Rodríguez reseñase Amae pop blue en su blog, rellenitadecrema.blogspot.com, e intensificaba poco a poco mi presencia en las redes mientras iba aprendiendo sobre ellas. Y aprendí mucho, sobre todo de mí mismo, pero también sentí una avalancha abrumadora: de repente, pareció haber una multitud de escritores haciendo mil cosas en las que no habías caído, y mi ritmo se me hacía insuficiente mientras otros aparecían incesantemente en Threads, en Instagram, ... ¡Me tenía que mover más! Pero... ¿de dónde saca tiempo esta gente, omnipresente 24/7? Y el afán era cada vez mayor, y se materializaba en pocos resultados, siempre parecía yo ir a la zaga de los demás, sintiendo un ritmo incesante y yendo a rebufo, de los últimos del pelotón. En concreto, hubo un momento en que me sentí persiguiendo a Santiago Expósito, con el que había trabado amistad y que aparecía en mis redes cada vez que las abría, no siempre me apuntaba a lo que él por no dar la impresión de estar "pisándolo", esto lo confieso aquí, me sentía así, aunque dudo que él lo viera de ese modo y, si lo veía, que le importase. Acabé participando en un debate y luego entrevistado por Leo Flores en su Pulgada de Cuentos en IG y en TikTok, una experiencia muy agradable en la que conocí a otros escritores, y nos leímos mutuamente nuestras obras. Pero eso, que para mí fue un tremendo logro, parecía muy normal en los demás, que seguían rastreando posibles entrevistas así. Tenía que ponerme más las pilas. Estábamos ya en verano.

     Fue en ese plan y con ese sentimiento de extraña culpa que recalé casi a la vez en dos proyectos. Uno, afianzado, fue La Trinchera de los Libros, ahí llegué yo antes que Santiago, algo increíble. Un espacio de divulgación literaria llevado por Samuel Baeza y cuya membresía es muy alta, hay muchísimos escritores españoles ahí. Está en YouTube pero también en Instagram, para mí es enorme, pero el tiempo en el que estuve, que fue mucho, estuve bastante bien. Participé en un par de debates o tres y fui entrevistado por Samuel. Quedé encantado, la verdad. Y el otro grupo fue una propuesta que lanzó María Cespón Lorenzo, no recuerdo ahora si lo vi en Threads o en Instagram, para quien estuviera interesado en formar parte de un grupo de escritores. Yo, hasta entonces, lo que veía era si se quería dejar una recomendación literaria o anuncios de bookgrammers que al final te mandaban sus honorarios por x e y servicios de promoción, estos que se leen veinte libros al mes, parece ser, y hacen dos reseñas al día, hasta entonces no había tenido oportunidad de ver un ofrecimiento así y me apunté, sinceramente, pensando en ese momento que era una más de esas cosas que te ayudan a hacerte visible con una entrevista o en plan club de lectura, de las que veía hasta entonces, pero no: la propuesta fue así, hacer, ser grupo, apoyarnos y estar activos realizando proyectos propios como grupo, una visión que algunos no tuvieron del todo y con la implicación mayor o menor que cada uno pudiera dar. Poco a poco me di cuenta de que esto era ideal. Porque no era una plataforma donde yo iba a ser el escritor de la novela tal que quería promocionar, sino un escritor y lector pleno que se iba a dedicar a escribir y leer, iba a ser parte de un grupo, donde conocería a otros y colaboraríamos juntos. Ese fue su espíritu. Aún recuerdo cómo se pidieron propuestas para tener un nombre y su votación, nos acabamos llamando Sueños de Tinta. Cada uno se expresaba. Un proyecto que duró hasta abril de 2026, con la entrevista que le hizo María a Álvaro Villarrubia. Y terminó porque María es escritora, como todos los demás, no publicista ni entrevistadora profesional, ni bookgrammer ni nadagrammer, terminó porque se quiso. Porque se ha reconocido en muchas ocasiones el gran trabajo de coordinación y cohesión de María, pero solo se intuye el enorme esfuerzo que supone ser el nexo común de un proyecto así, cuando además es muy fácil que muchos se descuelguen de un modo u otro; esa idea de que es grupo y todos somos grupo suena muy bien al principio pero tiene costes. No éramos agregados y que otro empujase el carro: la idea es que todos debíamos tirar de ese carro. 




     Se han hecho muchas cosas en estos meses, se han visto muchos proyectos culminados. Los principales fueron las entrevistas en directo por Instagram (@maria_novelista_), que luego se publicaban también en YouTube; esas Tertulias de Tinta de cada miércoles que ahora echo de menos, de cada miércoles y algunos viernes y sábados, en las que María conversaba con un autor, tan distintos unos de otros, de géneros tan diversos, ... Pues imaginaos a María preparando una entrevista semanal, con lectura previa de su obra. Y tuve el honor de poderla entrevistar yo a ella; lo he dicho, María es escritora. El otro proyecto muy importante fue la publicación mensual de Voces Errantes, una revista literaria digital gratuita en Heyzine (los primeros números están ahora en el blog de María Cespón e imagino que acabarán todos ahí).

     Es una revista impresionante desde el primer número al último, de muchas páginas. No solo hay entrevistas y reseñas (de las reseñas nos encargábamos María y yo, y esto supuso para mí incrementar mi frecuencia de lecturas y acercarme a obras actuales de muy diversos géneros). También hay reflexiones, recomendaciones, artículos de opinión literaria, textos propios de cada autor participante (relatos, microcuentos, poemas, ...) y las dinámicas, en las que varios autores teníamos que crear en conjunto un texto. Empezamos con un poema colectivo, después por lo general María nos emparejaba para que hiciésemos algo diferente a lo que estábamos acostumbrados. ¡Y de verdad que fueron muy dinámicas! Para empezar, tenías que poner en marcha tu creatividad para colaborar en una historia de determinado tipo o en un poema; para seguir, te tenías que poner de acuerdo con tu compañero. ¡Eso fue fantástico!

      Pero se hizo mucho más. Por ejemplo, mentorías, para apoyar a autores noveles o que querían publicar pero no sabían aún cómo. O las masterclasses, Voces Maestras, las inauguré yo con una doble masterclass de poesía que me obligó a recordar muchos conceptos y a leer mucha poesía, eso es impagable. Ahí están, junto a las Tertulias de Tinta, con participación de Macarena Expósito y de Juan Andrés Moya. 

     Sueños de Tinta ha sido toda una experiencia integral.  En lo literario a mí me ha hecho reactivarme y crecer mucho. En lo humano, he conocido a muchos escritores y nos hemos acompañado; os estoy muy agradecido a todos. Especialmente a María: tanto en lo literario como en lo humano. María, muchas gracias por tu amistad, un verdadero tesoro inesperado. 

     De forma muy resumida, muy contenida, he contado mi experiencia en Sueños de Tinta. Me sirve de introducción para dejar constancia en un artículo posterior de mis aportaciones literarias en Voces Errantes, pero no lo he escrito por eso. Lo escribo y publico porque deseo contar la experiencia y también deseo dejar testimonio de su existencia, de su paso intenso y lúcido por el panorama literario actual. Y también es un homenaje, al grupo y a María Cespón Lorenzo, a la que menciono con agradecimiento. Además, no diré mucho, pero al menos menciono que no ha sido solo una labor de cara a lo externo. Se ven los resultados ofrecidos, muchos, tremendos en muy poco tiempo, pero también ha habido actividad no visible para los demás entre nosotros. Gracias a ese movimiento entre bastidores me he dado cuenta de la mezcla de trigo y paja que hay en todo aquello que mencionaba al principio. Ya no tengo ningún afán por querer estar visible de esa manera, ese afán que puede acabar ahogándote, incluso las ganas de leer. Sueños de Tinta me ha apartado de un ego que podría haberse inflado en lo meramente superficial y a un tiempo ha incrementado mi valor como escritor ante mis ojos. Lo que yo me llevo es, sobre todo, la pertenencia, la actividad, la participación activa, la experiencia de saber qué sí y qué no, perspectiva y amistad. 


                   

       





No hay comentarios:

Publicar un comentario