sábado, 27 de diciembre de 2025

IMPRESIÓN LECTORA: "LA HORA DEL AMOR", DE CARMEN DE BURGOS

 



En general, podría decir que soy muy clásico en cuanto a mi trayectoria como lector. Y, además, me ha gustado siempre picotear de aquí y de allá mientras enfrentaba gozoso a un Cervantes, un Goethe o una Murasaki. Siempre he querido pensar que pivotaba sobre un Miguel de Unamuno al que estoy volviendo y del que, aun con todo, me quedan obras pendientes. Si lo contemplo bien, y siendo muy sucinto, puedo decir que comencé con el espíritu de la Generación del 98, Juan Ramón Jiménez y clásicos barrocos; luego me dejé fascinar por Borges, Papini, Cortázar al tiempo que Bécquer permanecía y dejaba que entrasen poetas y narradores de experimentación; y me fui ladeando poco a poco a la poesía clásica japonesa y obras orientales imbuido del espíritu de Okakura a la vez que exploraba a Tolkien. He dicho sucinto: todo es más complejo. Aún me recuerdo en el gimnasio con la toalla y la enorme edición de los poemas completos de Herrera, bajo musculosas y fibrosas miradas extrañas que me resbalaban bastante. Me costó entrar en el 27, porque el 98 era como el límite superior en el tiempo en lo que hace a la literatura española, ni te cuento todo el mogollón de después de la Guerra Civil, un gran desconocido para mí, si he de ser sincero, en el que ahora me adentro. Ese hueco lo suplía con literatura hispanoamericana. En fin, es solo una visión muy general, una autocrítica también, tal vez. Siempre he leído lo que me ha venido en gana, si he de ser sincero, y como tiene que ser.

    Algo así como un sueño idílico era verme a mí mismo explicando a una clase la Generación del 98, como hicieron conmigo en 2º de BUP. Lo he hecho, varias veces, pero no ha sido lo mismo, el tiempo avanza, las generaciones (de alumnos) son diferentes. O tal vez no tanto, creo que en mi clase fui el único que disfrutaba de esas lecciones, si lo medito bien. El caso: abordar esos temas de literatura que de memorieta deben aprenderse mis queridos y agobiados alumnos de 2º de Bachillerato es, un poco, la dicción de una nómina de frustraciones lectoras. ¡Alfonso, tienes tanto pendiente que leer...! Y a lo de toda la vida se añaden nombres y títulos "nuevos". Por ejemplo, las escritoras; por suerte, cada vez aparecen más. Me refiero del 27 hacia atrás. ¡Las mujeres! En la búsqueda siempre fallida de trucos para tener éxito en la PAU, una consigna es: "Los andaluces", aquí en Andalucía, claro; y otra: "Las mujeres", que ahora se reivindican más y es más políticamente correcto sabérselas y aparentemente pueden estar más seleccionadas como motivo de pregunta en un examen. "Hay que sabérselas, no os olvidéis". Pero, lejos de esa frivolidad práctica, me llama la atención, porque es como ir descubriendo tesoros enterrados. Lo que pasa es que la novedad, del tipo que sea, puede cambiar la visión establecida, la estructura de los temas, el concepto de los grupos literarios que se estudian y sus claves. Y ellas, entre otros factores, son una novedad, lo siguen siendo. De Las Sinsombrero y la Generación del 27 no digo nada, al menos no aquí, porque al fin y al cabo ellas, la gran mayoría de la nómina, participaron de las inquietudes y los procesos de ellos, incluso de las relaciones humanas, y me da la impresión de que están en la misma sintonía, así que el hecho de que las incluyan, los que lo hagan, como miembros de ese grupo, del Grupo del 27, no será una cuestión que discuta yo. Pero sí me parece algo diferente en el caso de la Generación del 98. Al menos de momento, mientras vaya aún disipando la niebla de mi ignorancia con el abordaje a sus libros, a los de las escritoras coetáneas de Baroja y Azorín. Elementos en común, incluidas inquietudes intelectuales, tienen que tener unos y otras si comparten época y avatares, eso está claro, pero la Generación del 98, como grupo literario, tiene, a mi parecer, unas características más restringidas, y tampoco creo que a ellas les importase un pimiento que se diga ahora que pertenecen o no pertenecen a ese grupo tan particular, salvo que fueran como aquellas que prefieren que las llamen mejor juez que jueza, mejor la letrado que la letrada, espero explicarme. Total, que a la lista clásica de los escritores del 98 se añaden ahora unos nombres femeninos, bien como parte integrante, bien como corriente paralela, entre los que se encuentra el de Carmen de Burgos. Como profesor me es tan fácil como para los alumnos, por desgracia ni unos ni otros necesitamos profundizar demasiado y mucho menos haber leído, y puedo ser exigente: nombres, títulos de obras representativas, características muy, muy básicas, y adiós, muy buenas.

     Así que, con mi terrible ignorancia consentida, me compro La hora del amor en la Feria del Libro de Sevilla de 2025, el día que fui a firmar mi Amae pop blue, en la caseta de Aliar Ediciones, simplemente porque es de Carmen de Burgos y, ¡hombre!, hacía poco que la nombrábamos en clase. Era forzoso, me estaba llamando, sin saber de qué iba, era un nuevo mini reto planteado allí, leer a Carmen de Burgos un poco al tuntún, como a mí me gusta, sin premeditación ni orden. 

     Este libro es una novela muy corta que se lee fácilmente en nuestros días, a pesar de ser de 1916, y ha sido todo un descubrimiento para mí. Es que ni siquiera me leí lo poco que se dice en la contraportada y la solapa, lo acabo de hacer ahora, su sinopsis, los breves apuntalamientos biográficos. Pues, entonces, normal que me sorprendiera. Lo primero, lo he dicho, que se pueda leer sin problemas por cualquier lector del siglo XXI, la mayor parte de su vocabulario y forma de estructurar frases y párrafos no es inconveniente. Al contrario, en ese sentido, el del lenguaje, Carmen de Burgos me ha parecido una adelantada. También por su temática, que sigue siendo, como en toda la historia, muy de actualidad, y que no me esperaba.

     A ver, se llama La hora del amor, un nombre, por cierto, muy poco atractivo a priori, parece así una novela rosa pastelona, aunque tiene todo el sentido, te das cuenta al comenzar a leer; pues con ese título, creía que iba a leer una novelita romántica. Y en cierto modo es así, el amor de pareja está, idealizado además, aunque vivido por el alma noble de Margarita, con una amado que haría las delicias idealistas de muchas; yo diría que esta historia de amor enmarca la novela, pues está más presente en su principio y su final. Eso que se dice del feminismo de De Burgos se nota, se dicen cositas que, aunque ahora nos parecen bastante normales, te sorprenden que se dijeran en esa época. En cuanto a esto, y como lectura ingenua, me ha gustado bastante esa mezcla de anhelos prototípicos femeninos en cuanto a lo romántico y la aparición de una mayor autonomía en pensamiento y acción de la protagonista y la exposición de su punto de vista de la vida y de todo. En ese sentido, entiendo que se diga que escribió novelas cortas para mujeres. La toma de riendas por parte de las mujeres, y no solo en lo sentimental, que aparece en La hora del amor, sin renunciar a expectativas de amante y amada muy típicas, imagino que debió gustarle a las lectoras de su momento. 

     Aunque el tema principal es la angustia por el afrontamiento de unas deudas que se agrandan cuanto más se intentan solucionar, la trampa de la hormiga-león, la usura y toda su sordidez, esas aguas abisales habitadas por criaturas rastreras a las que debes acudir, la persecución angustiante de esas euménides, que debes llamar así, como lo hará algún personaje aquí, porque son necesarias, o al menos eso se debate, te salvan y te ahogan. ¡Tan actual! Vienen a causa de la viudez de la protagonista, y el hecho de que quiera ocultar esas penurias, esa angustia, a su amante, va a provocar que tenga que afrontarlas ella por sí misma, con ayuda de una amiga al final, y la medio amiga de esa amiga. El dinero, su valor, la agonía, son descritas muy al vivo, y también el daño moral, de culpabilidad y en la autoimagen, el autoconcepto, reacciones, tristeza que no se puede confesar, ... Lo tan material horadando lo que realmente es importante, bloqueando posibilidades, carcomiendo la sencilla felicidad posible. Entiendo bien de ese tema, seguramente tú también; en lo personal, me fue una serendipia encontrarme con esta narración, venida como anillo al dedo. Si he de ser sincero, creo que será de esas obras que, sin considerarla una gran novela (puede que la califique de liviana o facilona, la verdad), la guardaré en mi recuerdo como un regalo de mi destino, quién sabe si una señal o un consuelo, aunque sea el de los tontos. Por supuesto, la recomiendo, claro que sí. 


viernes, 26 de diciembre de 2025

A TRAGEDIA CADA X: "PROMETEO ENCADENADO", DE ESQUILO

 


Imagen de Dimitris Vetsikas en Pixabay


Llego al fin al Prometeo encadenado con una mezcla de pensamientos y emociones que van mucho más allá de la alegría de no acabar este 2025 sin haberme terminado las tragedias de Esquilo conservadas, de las cuales esta es la última. No soy absolutamente nadie para discutir su autoría, así que simplemente aprovecho para dejar constancia de esta duda por parte de sus estudiosos, o esta discusión, más bien. En definitiva, me acabo sus tragedias completas en la edición de Alsina Clota en Cátedra, cuenta pendiente menos. Esta sección en mi blog, la de A tragedia por semana, un ritmo que no pude mantener con mis muchos trajines, comenzó con una mezcla de animarme a terminar este libro que recoge las tragedias de Esquilo y la emoción de las conferencias de Eva Tobalina sobre la tragedia griega. Obviamente, sería titánica, prometeica, la tarea de querer leerme, no digo todas las tragedias que caigan en mis manos, sino siquiera una selección de ellas de todos los tiempos, pero sí está en su base la decidida lectura de los tres grandes clásicos griegos, así que espero que los Reyes Magos me dejen a Sófocles y Eurípides como un gran regalo el día 6. Intercalaré otras más modernas y terminaré la sección cuando así lo sienta.

      La mezcla de pensamientos y sentimientos de la que hablaba al principio tiene que ver con el rastro de esta obra en mi memoria, que al fin leo. Y es que Prometeo, el encadenado, es una vieja mención en mis recuerdos. Mi segunda y más viva aproximación, que no alcance, a ella, viene de la mano de Byron, del fervor por lord Byron del grupo creativo Obsesión y su Metamorphosis, y esa biografía del poeta que hizo Maurois, que yo leía ávido a mediados de los noventa en la colección Crisol en mi primer año en la Politécnica, y su estela que me llevó a profundizar algo más en él y en el romanticismo inglés. El poema Prometeo, de Byron, y las referencias al Prometeo liberado (Prometheus Unbound) de Percy B. Shelly están en mi memoria de forma difusa, pero permanente. Y esta, a su vez, da un salto atrás, hacia un chico de Instituto que era yo y que, en la biblioteca pública de Sevilla, simultaneaba sus intentos de comprender el spin de los electrones con el teatro de Unamuno y, por tanto, con su Raquel encadenada

      La obra comprende desde el encadenamiento de Prometeo por Hefesto en una roca del Cáucaso hasta la declaración de Hermes del advenimiento diario del águila que le comerá el hígado vez tras vez. Recordemos que el mito, tan antiguo, es bien conocido por el primer público de la tragedia, así que esta va a situarlos en un pequeño pasaje de la historia y sería un regodeo intelectual escuchar los diálogos explicativos que a nosotros nos descubren tantas cosas. Tras su encadenamiento, Prometeo conversará con las Oceánidas, con Océano y finalmente con Io, hasta la llegada de Hermes, quien le reclama que le confiese qué boda pondrá en peligro el predominio de Zeus sobre los dioses, secreto profético que se niega a declarar. Los vaticinios sobre Io y su propio destino en sus parlamentos con ella y el coro son, para mí, lo más jugoso. Trasponer el significado de la obra a otros planos simbólicos (como que Prometeo pueda ser figura de Cristo o que se tome como símbolo de rebeldía, como hizo el Romanticismo, que resucitará el interés por Aquiles, dicho sea de paso), son hasta cierto punto sensibles, ya que Zeus no es ni el diablo ni el Dios judeocristiano. Desde ese punto de vista, como opositor al "padre" de los dioses, que desea y profetiza su caída, igual podría considerarse un anti-Cristo o su profeta, dependiendo del lugar simbólico que otorguemos a titanes y dioses que queramos darles. Por supuesto, como seres humanos que somos, al menos en nuestro siglo y algunos anteriores, simpatizamos con aquel que se compadeció de nosotros y nos regaló el fuego a costa de su propio sufrimiento.

      Voy a lo anecdótico o peculiar en mi lectura porque, claro, ¿qué puedo decir yo que no se haya dicho de Esquilo? Como hace años, en mi primera lectura de Los Persas, me llamó mucho la atención hybris y Ate, así que ver cómo se menciona Ate en la última ha sido como el cierre de un círculo. Aunque aquí no funciona igual. A Prometeo se le acusa de hybris (soberbia) y se le anuncia que a por él irá, en consecuencia, Ate llegado el momento, pero él es un titán, y no cualquiera, y él es el clarividente. No creemos que en Prometeo haya pecado de hybris, si habla de lo que sabe y no desea someterse a Zeus, desdeñando las oportunidades de liberarse cediendo a su voluntad. Me voy a las frases, unas pocas.

      Por ejemplo, cuando el corifeo le pregunta el motivo de su castigo, él comienza con estos dos versos: Para mí es doloroso hablarte de ello / mas también doloroso me es callarlo, una introducción que, en palabras o en pensamiento, nos podría valer a muchos en nuestras vidas. 

      Muy cercano a él, por motivos que no vienen al caso desvelar aquí, me siento cuando decide evitar el mal a otros a pesar de sufrir él el suyo: ..., que, aunque sufro, / no deseo por ello que otros sufran / por mi causa. Y menos al caso aún sería desvelar por qué he subrayado este fragmento: Te contaré lo que saber deseas / muy claramente y sin tejer enigmas, / con un lenguaje simple, como es justo / hablar a los amigos; ... Y muy inspiradora me resulta esta expresión: con el toque sereno de su mano, / con un simple contacto. Esta otra, En vano me importunas, cual si dieras / consejos a las olas me encanta, mucho más allá de que pueda recordarnos a nuestro Habla, cartucho, que no te escucho de cuando éramos pequeños. Y contradictorio para nosotros el Errar es para el sabio vergonzoso del corifeo.

     En fin, sé que no tengo razón, porque Hermes está cumpliendo su función de mensajero de Zeus, pero como es también patrón de comerciantes y ladrones, y regente del signo de un Géminis con su gran don del habla, pues, ¡qué queréis!, me ha hecho gracia que aquí no sea capaz de convencer a nadie con sus palabras, muy duras de principio a fin, eso sí.

      Ate se menciona casi al final, y enlaza con el Ate de casi el principio de Los Persas, cerrando de ese modo esta cadena esquílea.

lunes, 15 de diciembre de 2025

A TRAGEDIA CADA "X": "LAS EUMÉNIDES", DE ESQUILO

- ¿De modo que no conoces a nadie?

- Sí, conozco a una euménide.

- ¿Cómo?

- Es un nombre del que yo me valgo para designar a las usureras.

(CARMEN DE BURGOS: La hora del amor; en la edición de Aliar, p. 61)




Las Erinias, las hijas de la Noche, son unas Furias más antiguas que los dioses del Olimpo. Invocadas por el espíritu de Clitemnestra, perseguirán a Orestes por su matricidio, según una ley divina, ancestral, una moralidad que contradice la voluntad de Apolo al enviar al hijo a dar muerte a su madre para vengar la de su padre, asesinado a su vez por venganza, ... Toda una cadena de causa-efecto trágica y siempre contradictoria al fin, interminable, infinita. ¿Se cortará alguna vez? Esas dicotomías de las que hemos venido hablando, elecciones entre dos opciones, ninguna de las cuales es del todo acertada, ambas son terribles, ambas contradicen alguna ley, divina o ética. Orestes cometió matricidio: ¿no será castigado por ello? Pero lo hizo obedeciendo al mandato de Apolo, ¿cómo contradecir a un dios? Y ahora las Erinias van a acosarlo hasta eliminarlo, un tormento que tal vez nosotros podríamos identificar con la culpa. Y vienen de una profundidad ancestral. 

    Esta tercera y última tragedia de La Orestía, de Esquilo, es divina, humana y solemne de principio a fin, y ofrecerá una solución tras un juicio que tendrá que contentar a todas, o casi todas, las partes en conflicto. Ya comienza con la pitia en el oráculo de Delfos, muy de Apolo esto, un Orestes clamando al mismo Febo para que lo proteja y una Clitemnestra ya espíritu acudiendo a las Erinias para reclamar su justicia, terribles divinidades estas, que a nosotros se nos representan monstruos de pesadilla, capaces de decir Voy a secarte vivo para luego / bajo tierra arrastrarte / y allí habrás de sufrir todo el castigo / que merece tu acción de matricida.

    Palas Atenea será la que medie entre las divinidades, jueza de una causa compleja, y así dirima entre la ley de dioses ancestrales representados por las Erinias, que siguen subyacentes y a veces están en la base de lo que llamamos "sentido común" un tanto inconsciente, y la voluntad de los dioses nuevos, en este caso Apolo, que dirigió los pasos de Orestes para restablecer un orden también divino, más relacionado con el Estado, digamos, la jerarquía que no permitió que el asesinato de Agamenón, esposo y rey, quedase sin castigo. Y, por cierto, como vemos en todas las obras de Esquilo, lo recto y lo justo viene a ser siempre el punto medio, el equilibrio, por eso la diosa establece en este primer juicio de un Areópago recién instaurado: Ni indisciplina excesiva, / pues, ni gobierno despótico, / que tales son los principios / que aconsejo respetar.

    La votación del jurado en las urnas da como resultado un empate. ¿Inocente o culpable? Y mientras se produce la votación, un sustancial intercambio de palabras entre la Erinia (corifeo) y Apolo, que revela la pugna entre lo antiguo y lo nuevo, entre tradiciones ancestrales, tribales, y la instauración de nuevas formas de justicia y proceder, nuevas ideas. Al final, Orestes queda absuelto, puesto que, al darse un empate, el voto de Atenea a su favor se lo concede, a modo de voto de calidad de esta jueza instructora. Y esto podría provocar que las Erinias se volviesen contra la misma Atenas, pues se han contradicho así las leyes antiguas. Las consecuencias, en forma de peste, plagas y desolación, pueden ser terribles para todos los atenienses. El empate, sin embargo, hace que no se les reste la dignidad a las Erinias y lo que representan, en palabras de Palas. La antigua institución debe ser honrada, y la misma Atenas a partir de entonces reservará un lugar de culto para las Erinias, que serán llamadas Euménides ('bienhechoras, benévolas') a partir de ese momento. ¡La victoria es de Zeus, / el dios de la palabra! 


                                         *


La cita de Carmen de Burgos del principio es una de esas felices casualidades de la que ya hablé hace poco. En realidad, La hora del amor en mis manos fue todo un conjunto de serendipias de las que esta forma parte, pues estaba con Las Euménides cuando esta novelita de Carmen de Burgos vino a mí y eso me dio capacidad para entender bien ese fragmento. Merece su propia reseña, o impresión lectora, y la tendrá, pero no podía dejar de traer aquí ese pequeño diálogo entre Margarita, la protagonista, y Marta, que es la que llama euménide a una usurera. Y es de notarse que la llame así (bienhechora), y no erinia, que es como más bien contempla Margarita a los prestamistas. Margarita está sufriendo el abuso y el acoso implacable de acreedores que la meten en un bucle del que parece imposible salir, convirtiendo su vida en una pesadilla, amparados por leyes que a un tiempo parecen teñidas de injusticias, como las erinias a Orestes. Siendo así tan terrible, aun con todo, a Marta les parecen bienhechores, en el sentido que permiten a los ciudadanos afrontar gastos que les superan y deudas anteriores; para ella, si no existieran, a pesar de su implacable proceder, podría no haber salida a esas situaciones, de ahí que llame a la usurera euménide, con un conocimiento de los clásicos que podría sorprendernos a nosotros, pero no tanto a lectores de principios del siglo XX. Me pareció bastante curiosa y aun tiempo reveladora esta alusión.

domingo, 14 de diciembre de 2025

"TUWA", DE MARÍA CESPÓN LORENZO. IMPRESIÓN LECTORA

 


Lo más importante es quien eres en el presente 

Tuwa, página 145


No hace mucho tiempo, una amiga mía se compró un tambor chamánico. Antes ya había adquirido una flauta nativa americana. Yo mismo fui testigo de cómo aprendía a tocarlos. Para el caso del tambor, algo básico es manejar los ritmos en función del elemento al que está asociado: fuego, tierra, agua, aire. Ahora este conocimiento conecta con una novela: Tuwa, de María Cespón Lorenzo.

 

*

Tuwa es la novela de un renacer, en muchos sentidos de la palabra, el renacimiento de su protagonista, María, quien también es la narradora. Apenas he empezado y ya resuenan ecos, parece haber varias dimensiones que se contienen unas a otras (María-personaje, María-narradora, María-autora), y esto, tal vez, en lugar de una curiosidad o un simple juego de espejos, pudiera ser una de sus claves. Este libro nos cuenta, nos relata, ahora diré qué, pero a un tiempo transmite, quiere conectar desde el principio. Y luego, bueno, los giros: son como se toman algunas curvas cuando se conduce, que antes de tomarlas son inesperadas, y una vez se toman se vislumbra otro horizonte.

                El renacimiento de la protagonista, cuyos vínculos con Dyami se van a ir revelando cada vez más estrechos, se produce a través de viajes. Como lectores, enfrentamos desde el principio un sorprendente viaje a Arizona desde Barcelona. El compañero de María en ese viaje será un libro que parece tener vida propia. Pero yo he dicho viajes, en plural, y es que ese desplazamiento físico a Arizona desde Barcelona tiene un propósito que ni la propia María puede sospechar (…viaje de sanación y renacimiento, p. 110). Se van a dar viajes interiores, necesarios, que irán dando no solo comprensión y luz al personaje, sino que le ayudarán a subir peldaño a peldaño hasta lograr su verdadero propósito de vida desde una base de sufrimiento vital y bucles tóxicos y, hasta ese momento, invisibles para unos ojos cerrados que se irán abriendo poco a poco (Entrega al mundo la mejor versión de ti, dejando tu legado en el mundo; p. 177). La progresión. El despertar.

                En no pocas ocasiones María parece la representante de una humanidad que necesita reencontrarse y sanar: Toda la vida humana tiene un propósito y vosotros os pasáis la vida desconociendo que lo tiene (p. 105). Experimenta un proceso de iluminación (p. 112). También aparecen tragos complicados, como la lucha y la aceptación, tras el convencimiento, de un cambio de visión que podría parecer contraintuitivo a nuestra actual forma de pensar (Oí al fuego reírse...; p. 107).

                Cada ritmo de un tambor conectado a cada elemento, cada entrada a una cueva misteriosa, irán revelando, dando consciencia, encauzando el alma de María. Por supuesto, final sorprendente y pleno de sentido.

                Tuwa, al final, es una novela de amor, si entiendes la palabra amor en su sentido más elevado: Ahora despliega tus alas y sé el amor, no puedes ser otra cosa porque esa es tu esencia. Sigue el sendero (p. 186).

 

 

Puedes encontrar Tuwa en Amazon.