martes, 11 de agosto de 2026

LOS CAMBIOS DE LA VIDA EN LA LITERATURA Y LA REALIDAD. REFLEXIONES DE UN LECTOR.

 



Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,

estados de gentes que giras e trocas,

tus grandes discordias, tus firmezas pocas,

y los que en tu rueda quexosos fallamos;

fasta que al tiempo de agora vengamos

de fechos pasados cobdiçia mi pluma

y de los presentes fazer breve suma:

y dé fin Apolo, pues nos començamos.


(JUAN DE MENA: Laberinto de Fortuna, copla II)


Recuerdo de forma muy vívida una conversación de hace muchísimos años atrás. No diré de quién se trata por respeto a esa persona y porque es indiferente quién sea para lo que deseo expresar, seguro que le ha pasado a más de uno. El caso es que me resultó imposible conseguir que entendiese el significado del refrán Más vale malo conocido que bueno por conocer. Era incapaz de comprenderlo. ¿Cómo va a ser mejor algo malo que algo bueno? Inútil por mi parte tratar de hacerle ver que, para la persona que lo dice, es mejor porque no sabe lo que está por conocer, eso se sabe después, cuando ya lo conoces. Así que, el mensaje de ese refrán supone una actitud de apariencia sabia, puede que en algunos casos lo sea. Es una invitación a no asumir riesgos por lo que pudiera pasar, porque al hacer cambios hacia alguna aspiración se podría acabar peor que ahora, que se lo digan a la lechera del cuento. Y como lo malo es mejor que lo peor, muchos eligen quedarse con lo malo. Al menos lo conocen, saben cómo reaccionar, las pautas de actuación ante ello y las consecuencias. Pero, si nos atenemos a la literalidad del refrán, que era lo que confundía a mi interlocutor, lo que está por conocer es bueno, y bueno es mejor que malo. Y estas actitudes posibles, el Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy, o el decidir alcanzar un mejor estado de vida, especialmente tras haber sufrido un desastre en lo personal, son eso, actitudes. No hablo tanto de asumir riesgos, y aquí la rueda de la Fortuna va más rápida porque la has impulsado tú, sino al hecho de que el temor, o la costumbre a un contexto que no mereces o podría ser mejor, te impida creer en que lo puedes alcanzar y, por tanto, quedarte inmóvil. 

     Llego al refrán a raíz de mi lectura de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, luego lo detallaré. Pero impulsado también por mis propios acontecimientos vitales. No viene al caso, pero lo diré: a finales de mayo de este año, al fin me liberé de una circunstancia que me tenía aprisionado y angustiado por más de tres años. Lo he celebrado veladamente en las redes, además, y en esa celebración se incluye un poco que mi obra Amae pop blue haya sido un anticipo de fe y ella misma haya profetizado algunas cosas. Queda dicho, vuelvo al artículo. Estábamos en un refrán, el Más vale malo conocido que bueno por conocer.

     Los aforismos, los consejos, las frases lapidarias, los proverbios de cualquier cultura, incluidos los proverbios bíblicos, como la Biblia misma entera tal y como algunos la usan, de guía de vida, nunca fallan ni se contradicen: son un arma verbal adecuada para determinado lance, hay que saber entenderlos, contextualizarlos y usarlos, hay que saber usarlos. Lo mismo sucede con el refranero español, entonces, nuestra mejor fuente de sabiduría, como bien lo sabía Sancho Panza: no existe contradicción entre A quien madruga, Dios le ayuda y No por mucho madrugar amanece más temprano, porque no se deben tomar en sí mismos, sino en su contexto de uso. En su contexto de uso, cada uno es sabio y es acertado: el primero, que es necesario trabajo, disciplina y esfuerzo para que las cosas vayan bien, para que sucedan; el segundo, que la ansiedad no vale para conseguir esos fines ni cuenta como esfuerzo real, no vale para nada. Hasta el ahora polémico por mal entendido Quien bien te quiere te hará llorar es sabio en su contexto correcto, pero, ¡por favor!, su contexto correcto no es el de aceptar como adecuado el maltrato físico o psicológico, no lo entiendas ni uses para eso. 

     El de No por mucho madrugar amanece más temprano conecta, además, con ese Por nada estéis afanosos y el Baste a cada día su propio mal, del Jesús evangélico, sentencias muy efectivas y benéficas si te decides a usarlas. En el caso de Más vale malo conocido, ... su sentido recto es bueno en su consejo, en principio: desconocemos el futuro, no podemos vivir de ilusiones que luego podrían llevarte a la decepción. Aunque, si bien lo miras, te hace perder oportunidades. Es para pensarlo. Este es motivo de este artículo, enfocado en la literatura y también en la realidad de nuestras vidas, fundamentalmente la experiencia de que en ellas acontecerán sucesos y situaciones inesperadas y terribles, y tras ellas se puede decidir quedarnos en cierta conformidad o dar el paso adelante hacia una nueva vida plena, seguramente más plena y consciente que si no hubiésemos pasado por esas pruebas. Aquí, de nuevo, recuerdo a ese Jesús de los Evangelios con su Parábola de los Talentos, porque el que al final es reprendido en juicio divino fue el prudente, el que enterró su talento por no perder lo que se le había dado en custodia, y son elogiados y premiados los otros que los arriesgaron, los pusieron a funcionar y obtuvieron intereses de su inversión. Suena muy manido y muy de frase Facebook buenista, ya lo sé, pero en realidad es eso: ¿te conformas en estar donde estás, ese malo conocido, o reconoces en tu interior que tienes unos talentos que se pueden poner en marcha, una vida más alta que vivir, una misión de vida, como se dice ahora, y te mueves hacia ello? 

     La simbología alegórica y arquetípica del tarot me va a ayudar a dar a entender cuál es el enfoque general de la reflexión que deseo hacer aquí. Cuando mencionamos a la Fortuna y su rueda, los cambios de la vida, no nos los estaría represando tanto aquí el arcano mayor nº 10, La Rueda de la Fortuna, aunque por supuesto está implicadísimo, sino más bien La Torre (arcano nº 16) y la que le sigue, La Estrella, en relación con aquella, como la luz de esperanza tras el desastre, que guía un camino (largo y arduo, por otro lado). Los cambios súbitos, esos rayos que hieren la Torre, lo que considerábamos firme e inamovible, rayos de terribles consecuencias que destrozan los pilares en los que tu vida se sustenta y borran todos sus esquemas. En mi reciente lectura de Las Traquinias de Sófocles lo volví a observar, consternado igual que Deyanira, esto ya había sido contemplado en otras tragedias de Esquilo, en otros textos de la antigüedad. Cuando Deyanira observa a las esclavas recién traídas por Licas como botín de guerra de un Heracles que ha devastado su ciudad, siente una tremenda compasión por esas mujeres, ahora posesión de su marido, especialmente por Yole, y se hace explícito: hasta hace nada, estas mujeres eran libres, con una vida, unos parientes, sus propias preocupaciones y quehaceres, y ¡míralas ahora!, de repente han pasado a ser esclavas, a una vida miserable, y son víctimas, su ciudad fue atacada y reducida a escombros, han visto morir a muchos de los suyos y ahí están, cuando hacía unas semanas atrás sus vidas tenían otro discurrir tan diferente. Y dirás con razón: "Bueno, a ver, es una tragedia, el destino, el fatum". Claro, así es. Pero ¿acaso no sucedía eso en la realidad? ¿Acaso no sucede ahora, ese cambio súbito y desastroso? ¿Te ha sucedido a ti o piensas que eso no es posible?


*


     Muy grande me vendría a mí abordar este tema en un artículo de blog si me dieran su título, así tal cual, y me pidieran que reflexionase sobre ello. Me vendría grande por mis capacidades limitadas, y sería grande, sería infinito. Le he puesto este título porque sé que, aunque sea a vuelapluma, se van a escapar diversos temas relacionados, que de seguro quedarán simplemente apuntados, es inevitable. Pero, a pesar de lo abarcador que es, realmente mi foco de interés es más específico. Es, además, el origen de que esté escribiendo ahora. Surge a raíz de mi lectura de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, de Liseet Mata: hay un momento en esa novela que de lo que se reflexiona en diálogo activa inmediatamente en mi mente un tema que es tópico literario y que nos acontece a la mayoría de nosotros en nuestras vidas. Y no por sabido y escuchado deja de pillarte por sorpresa, desencajándote completamente (y ese es otro tópico, no literario, de la vida, el pensar en nuestra inconsciencia que lo que les pasa a otros no puede pasarte a ti, no te va a ocurrir, incluido el morirte). Se trata de los cambios sobrevenidos, los acontecimientos que se supone que no deberían suceder y suceden, TE suceden, a ti, y tu reacción ante ellos es clave, y no es tan automático como te piensas, puede ser imprevisible tu reacción, y va a demandarte a ti saber qué hacer con ello, y esa decisión, la tomes o no, te lo plantees o no, será una lucha, y en algunos casos pura supervivencia, y en otros casos el inicio del camino hacia tu madurez. Porque tras el cambio que puede llegarte como un terremoto o un derrumbamiento viene el desconcierto, viene el estado de shock, el duelo, la ceguera durante un tiempo hasta que, si tienes suerte o te mueves bien, llegas a ver de nuevo y contemplas: las ruinas, el desastre, lo absurdo de tus reacciones y movimientos internos y externos del momento que, por más que te lamentes ahora de ellos, tal vez fueran inevitables entonces. De eso es de lo que quiero hablar aquí, ni más ni menos. Con una perspectiva desde y hacia lo literario, sí, pero sin ocultar que todo ello se aplica a nosotros, seres de carne y hueso, de cuerpo y alma.

     Y es que, si lo tomase como tema en general de aplicación a obras literarias, esto de los cambios de la vida es prácticamente obligado. No digo que aparezca en todas las obras literarias: no es así, y enseguida comentaré las excepciones. Pero, al menos en la narrativa y el teatro, es una redundancia, los cambios vitales, al menos en un personaje, son necesarios para que la propia obra exista, tenga sentido y también interés en los lectores. Está presente hasta en su estructura. 

     Es cierto que una narración y una obra dramática pueden tener diferentes estructuras (lineal, in media res, in extrema res, de puzzle, como en Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, con final abierto, sin final ninguno, ...), pero, al fin y al cabo, con todos sus elementos o con parte de ellos, en ese orden o desordenados, el esquema de PLANTEAMIENTO-NUDO-DESENLACE es el que opera en la mayoría de los textos que desarrollan una historia (no hay por qué excluir la lírica de estas reflexiones, pero nos desprendemos de la poesía en este artículo por motivos prácticos y de claridad expositiva). Y en ese esquema, el Planteamiento es el estado inicial de las cosas. Y ese estado debe cambiar; si no, no hay historia que contar entonces. Bien pensado, o metafóricamente pensado, si llamamos Planteamiento al estado actual de nuestras vidas, ¿no es lamentable que queramos vivir en un perpetuo planteamiento? En fin, el hilo liso y recto del nuestro vivir en el tiempo, o el de los personajes, se tiene que enredar. Un problema, una circunstancia, algo que resolver, que conquistar, de lo que librarse, que desenmarañar, acontece, porque el hilo se ha hecho, no madeja, sino un verdadero enredo, un nudo que desanudar. Suele venir con ilusiones y sobre todo angustia, entre otras emociones. Y suele requerir esfuerzo. El Nudo es lo que ocupa más espacio de la historia, lo que capta y mantiene el interés. Y luego llega el final, si es que llega, al que llamamos Desenlace, porque el Nudo se ha desenlazado o desanudado ya. Así que, desde este punto de vista, digamos, estructural, el tema de este artículo parece consustancial a la propia obra literaria, y el artículo en sí se hace irrelevante entonces. Más que en lo literario, tal vez nos interesaría como imagen de nuestra vida, de nuestra historia personal. Si la contemplamos así, las preguntas serían: ¿Estoy en un planteamiento o en un nudo? Si estoy en un planteamiento, ¿soy consciente de que lo es o creo que es una situación que perdurará de forma recurrente para siempre? Si estoy en un nudo, ¿cómo lo estoy queriendo resolver, cómo lo asimilo, hacia qué desenlace creo que llegaré y cuál desearía?, ¿o me quedo aquí, me instalo en este nudo y no me muevo, como esa zona de confort de la que tanto se habla? Pues estas dos últimas preguntas son las que nos llevan al motivo central de este artículo.

     He dicho antes que hay excepciones, y las hay, tanto en la literatura como en la vida. Con respecto a esta, estaríamos hablando de esa persona cuya vida ha sido siempre igual, de una estabilidad pasmosa. Todo va como debe ir. Rara avis, diría yo, pero no soy nadie para negar que exista: ahí están, por ejemplo, los que hablan del ikigai y de esas localidades japonesas donde, al parecer, nada cambia y todo el mundo está conforme y feliz, y viven muchos años. Seguramente pensamos que es lo que nos va a pasar, lo que nos debe pasar, al inicio de nuestros pasos en este mundo, y también opera como ideal de normalidad, como ideal en sí. Esto, desde un nudo que se está iniciando, está en la base del capítulo 1 de mi novela, Amae pop blue, y aparece recurrentemente, generalmente de forma atormentada, en muchos otros, como un debate interior muy sentido y que se nos llega a mostrar como falso debate; sería el amae perdido y que se desea recuperar, o se supone que se desea recuperar, usando esa palabra japonesa muy en general, sin ser estricto en su significado. También, por otra parte, si sales del nudo es posible, y por supuesto deseable y esperable, que el desenlace te lo ofrezca, que acabes en un amae (¡ojalá!) seguramente nuevo, tu nueva estabilidad, pero ahí está la pregunta: ¿saliste del nudo igual que entraste, como se preguntan algunos amigos de Rodrigo al hablar de su relación con Paula, en mi novela?, es decir, echas la vista atrás y... ¿es este estado de estabilidad, y perdón por la redundancia, el que esperabas para ti hace no sé cuántos años? ¿Es mejor, ahora que lo ves en perspectiva y después de haber pasado por todo lo que has pasado, o anhelas el que debía haber sido y te lamentas? ¡Uy, uy, uy, todo lo que me estoy adelantando solamente hablando del Planteamiento-Nudo-Desenlace de obras literarias! A ver si me centro.

     Las excepciones en literatura no son muchas. Para nosotros, es difícil concebir una historia con interés en la que no sucede nada sustancial. Tal vez la novela pastoril, lo bucólico, que nos remite a la Edad de Oro y el locus amoenus y el beatus ille, podría ser un buen representante, aunque alguna cosa sucede. Pero, en fin, un relato podría tener su interés en descripciones bellas, o en contarnos acontecimientos cotidianos que, en su lectura, nos transmitan paz y ternura, por ejemplo, y suponer aquello una fuente de placer lector, sin duda. Es decir, puede haber libros de ficción donde no haya problemas. También están aquellos donde el problema se evita, se da una salvación que deja las cosas tal y como estaban. Los abubillos, de Ruth Román, una novela que considero la dulce antítesis de Amae pop blue, y que tanto me ha gustado, porque además es muy entretenida, es el ejemplo que se me viene en mente, aunque es imposible que sea así en estado puro, ni Los abubillos ni ninguna, algún cambio se produce, hasta en los cuentos infantiles, no los clásicos, los de ahora para niños muy pequeños, y todos los relatos de transcurso plácido y final feliz. De pasada podría mencionar a Tolkien, que parece encaminado a estar ahí a los ojos de los que no se han aproximado mucho a su obra; se les hará más maduro y profundo cuando se den cuenta de que los personajes no salen como entran, evolucionan y se transforman en base a lo que viven, el cambio es constante en la obra de Tolkien tomada como un todo y en cada historia o episodio.


*


   Mientras leo Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, de Liseet Mata, voy descubriendo al personaje de Laia. Entre tantos temas, su historia personal es uno de ellos. Con una vida estable en su país, se le viene encima el desastre vital que debe afrontar. Y no es fácil, la cantidad de cambios con los que debe lidiar Laia es abrumador, hundirían a cualquiera, y no son distintos a los que muchos de nosotros, muchos y muchos y muchos, sufrimos o hemos sufrido. En esta obra se observa muy bien el proceso, un proceso que, al leerlo, me enternece y me toca en las entrañas, y mis motivos tengo. Por la protagonista de la obra, que carga con dos hijos a sus espaldas y mucho dejado atrás; por la autora, porque al leer piensas que tal vez sea una vivencia propia; y por mí mismo, con dos hijas a mis espaldas también. Primero todo es lucha: estás en una situación que te tiene en alerta, tienes que resolver, que sobrevivir, y estás lleno de angustia, dudas, desesperanza, y en esas circunstancias luchas. Luego puede venir el salir del problema, aunque sea poco a poco, y tener que reiniciar, con dificultades todavía, y te haces muchas preguntas, y echas de menos, lloras y lloras, y no ves clara la remontada de tu propia vida en condiciones ya. Y lo que viene después depende en gran medida de ti, y no es fácil. Puedes quedarte anclado en el pasado, y de por vida, o dar un difícil y lento paso adelante. En este punto, instalado en el Capítulo V, Amboise, de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, Liseet llega al tema de las creencias limitantes. En determinado momento, se llega a decir que todos pasamos por procesos de transmutación mental, pero algunos se conforman, se instalan en la comodidad de una vida miserable. Aquí recordé a Baroja en El árbol de la ciencia, cuando Iturrioz dice aquello de que el esclavo no se rebela porque tiene el espíritu de esclavo, que las prostitutas no abandonan esa vida, ni ven que tiene salida, ni se imaginan viviendo de otra forma porque tienen el espíritu de la prostituta, ahora no me voy a molestar en buscar la cita exacta, pero imagino que todos la recordaréis. Ese estado de conformidad, de asunción mal entendida, que te dejará siempre ahí. Después, en Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, se continúa afirmando que cambiar significa un esfuerzo similar a derrumbar una casa y levantarla de nuevo, y aquí más de acuerdo no puedo estar con Liseet, intelectual, emocional y espiritualmente hablando. Y luego señala a que hay personas que se aferran a lo malo conocido, lo que me hizo recordar el famoso refrán. 

     En el caso de esta novela, podría aplicarse perfectamente a la madre de Laia. Bien es cierto que la pérdida de un hijo es un bofetón de la vida del que es difícil recuperarse, pero la actitud del padre es diferente, y ella tenía más hijos. Sin dejar de recordarlo, podría haber decidido, pasado lo más fuerte del duelo, querer seguir adelante, seguir viviendo de verdad, aun con esa carga a las espaldas, esa herida tan dolorosa, y su actitud afecta muy negativamente a sus otros hijos, que no son pocos, y sus infancias. Pinzado en la vida, por ejemplo, se queda Felipe, que se menciona en algunos capítulos de Amae pop blue, bien que su caso es muy extremo y todos lo llegamos a entender y compadecer. Está en un estado de automatismo tal que nos hace pensar que su estado de shock es de duración permanente, hasta el punto de que es Manolo, y no él, quien debe llorar en su lugar. Pero este es un caso extremo. La pérdida de un hijo es algo muy serio en el que tampoco deseo meterme aquí, pero es, al fin y al cabo, uno de esos reveses que lo cambia todo y redirige tus pasos de forma obligada. Bien eso, bien una pérdida económica o de empleo, un divorcio mal asumido, una traición, una desilusión, un desastre natural, lo que sea, sí, nos sobrevienen cambios no deseados y luego se puede decidir qué hacer con ello. Y hay personas que deciden permanecer en su caos considerado normalidad. Decidir lo contrario es el paso difícil del que hablaba antes.  




domingo, 9 de agosto de 2026

NUEVAS HISTORIAS A PARTIR DE OTRA CREADA: ¿UNA TENTACIÓN A EVITAR? CONFESIONES DE UN ESCRITOR

 



Seguramente a muchos escritores, especialmente de narrativa, les pase lo que a mí. Uno acaba su novela, en mi caso Amae pop blue, y se da cuenta de que muchos personajes secundarios podrían tener su historia aparte. También determinadas situaciones y circunstancias que se mencionan de pasada o aparecen como elementos de cohesión narrativa o de apoyo, o que aportan interés a la obra, o sustentan el porqué de según qué, tienen un potencial de desarrollo posterior o podrían generar interés en los lectores o, el más poderoso de todos los impulsos, desearías escribirlo, te apetece en gran manera. Por no hablar del pasado o el futuro de tus protagonistas o de otros personajes. Y eso que, en mi obra, se dan muchas opciones y se ofrecen diferentes finales alternativos. De hecho, fue algo así lo que hice en diciembre de 2024, al redactar, como regalo a mis lectores que visitaran mi página web amae-pop-blue-webnode.es un capítulo navideño, que podría situarse entre el 18 y el 19 de la Primera Parte de mi novela. Lo hice como curiosidad, dado que de la Navidad apenas mencioné nada en la obra (no era necesario), ya que precisamente estábamos celebrando esa festividad y Paula y Rodrigo se encontraban en pleno apogeo de su relación en diciembre de 2017 y enero de 2018. Fue eso, una curiosidad. Acababa de publicar el Volumen I y estaba muy entusiasmado con mis personajes, aparte de que releía sus páginas, ya en físico, una y otra vez y seguía impregnado, completamente empapado, de la voz del narrador y el vaivén y carácter de Amae pop blue. La cuestión es que hacer esto a mayor nivel lo veo como una tentación, una tentación a evitar. 

     De toda la vida lo que he escrito ha sido, fundamentalmente, poesía. También narraciones cortas: fragmentos, ideas sin terminar, cuentos, microrrelatos. Y reflexiones. Amae pop blue tiene un origen muy misterioso y sorprendente, que no puedo explicar aquí en este momento porque eso necesitaría su artículo aparte. Yo mismo me sorprendí al verme redactar, terminar y publicar una novela, ¡una novela!, y extensa, y tan especial y significativa, y en un tono y con un desarrollo que nunca habría pensado que yo crearía. Cobró su propia vida, mis personajes se hicieron autónomos y el narrador me llevó a mí muchas veces en lugar de yo a él. Creé una novela, bastante atípica, y asimismo todo un universo con ella. Era una especie de misión escribirla y publicarla, y así ha sido. Me siento especialmente orgulloso de ella porque, siendo pura ficción, tiene mucho de mí ahí. Ya digo, no es el lugar de explicarlo, quedaría pendiente hacerlo más adelante, tal vez. Mi idea como escritor al presente, aparte de promocionar y hacer llegar Amae pop blue a todos los lectores posibles, mira hacia adelante y hacia atrás. Hacia atrás porque, ahora que muchas pruebas personales han sido superadas, me veo como devuelto a la vida y muy activo, y mi deseo es pulir mi poesía, los diferentes trabajos poéticos que tengo, y moverlos, porque ese es mi sitio, ya lo he dicho, me considero poeta. Hacia adelante porque, además de escribir poemas nuevos, tengo entre manos la creación de una novelette de carácter diferente a Amae pop blue (de momento la llamo Elara, ya veremos qué título le pongo al final) y un thriller, un género muy ajeno a mí y mis intereses. Puede que las escriba o no, o escriba otras cosas, pero persistir en crear historias surgidas de Amae pop blue creo que me encasillaría en un género y un estilo, ¡tan particular como es!, y eso es algo que no deseo. Entiendo que me anquilosaría, porque además los temas y el tono son muy particulares. Podrían salir historias que, eso seguro, me entusiasmaría escribir pero que podrían ser una reiteración un tanto pesada para el lector, o esperable, quién sabe. Por eso lo veo como tentación a evitar.

     Fijaos si es potente el tema que, en el caso de Elara, que en principio iban a ser siete relatos y seguramente acabará siendo una pequeña novelita, mi propósito inicial era escribir de forma muy distinta a Amae pop blue. Aparte de que me obliga a un mayor esfuerzo de documentación al ubicarse la historia en Cantabria y el País Vasco, lo cierto es que mi intención primera era seguir a David Mourão-Ferreira, que aconsejaba escribir narraciones de una forma muy distinta a la que indica Cortázar, eso de meterlo todo en la novela, que fue la que traté de seguir para Amae pop blue, con Rayuela muy en mente en ese sentido. Sin embargo, por lo que observo según lo que llevo escrito, no lo he conseguido del todo. Será una historia distinta, pero arrastro costumbres de Amae pop blue al escribir; espero que Elara sea, al menos, una especie de paso intermedio hasta conseguir ese propósito. La fuerza succionadora, centrípeta, casi de agujero negro, de una novela que me llevó tres años escribir, aún se nota.

     No estoy diciendo con ello que esté mal hacerlo, caer en esa tentación de escribir obras que derivan de otra preexistente. De hecho, grandes escritores lo han hecho y lo hacen. Algunos tienen un personaje con el que crean diversas novelas en las que siempre aparece (Hercules Poirot en el caso de Agatha Christie, o el detective Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, por poner dos ejemplos muy reconocibles, aunque hay tantos...). También es verdad que quienes hacen esto, una de dos, o es ese mundo literario creado el que quieren vivir con exclusividad o casi exclusividad (Tolkien es un caso muy reconocible, lo prefiero de ejemplo mil veces antes que a Corín Tellado), o lo hacen porque han tenido éxito y saben que venden así (Harry Potter no sé si sería uno de ellos, me imagino que sí, y aquí Corín Tellado estaría mejor ubicada). Aquí vienen las secuelas, las precuelas y las sagas. De hecho, en las dos posibles historias que pondré de ejemplo después, se trataría de precuelas. Este no sería mi caso, mi intención para mi labor literaria no es esa, al menos no de inicio y hasta ahora (Nunca digas "De este agua no beberé" ni "Este cura no es mi padre", a ver, la tentación es la tentación, y se pasa bien si caes en ellas, por lo general). Pero, si bien es verdad que leo, y releo, y releo Amae pop blue, y me entusiasma, y observo mil posibilidades en ella, no quiero verme preso ahí, perder mi centro, como se dice ahora. Además, un poco lo he hecho ya en la misma obra, puesto que muchos personajes secundarios, muy secundarios, algunos simplemente mencionados, así como relaciones, parentescos y situaciones, que aparecen de pasada en la Primera Parte, cobran mayor entidad y tienen cierto desarrollo en las Segundas Partes. Silvia, una más del grupo de amigos de Capi, es el mayor ejemplo, pues va a ser capaz de ponerse en primera línea, como personaje principal, en las Segundas Partes, e incluso coprotagonista en algunas elecciones posibles.

     Ahora, si fantaseo con esa idea, tengo muchísimas opciones, no he dicho por decir que he creado todo un universo con mi novela. La nómina de personajes secundarios es inmensa, y además muchos de ellos forman parejas y grupos. Podría desarrollar sus historias. La misma Marisa, que he mencionado hace poco en Instagram al tratar de personajes femeninos, apunta al charlar con Rodrigo a una historia vital que podría dar lugar a un buen realto. Y Marisa es un botón de muestra. Pensando en los personajes secundarios, que son tantos, la idea que se me viene en mente sería crear cuentos y publicar un libro con ellos, vinculándolos directamente a Amae pop blue. Los protagonistas tampoco se quedarían atrás. Paula, por ejemplo. Su pasado, sería una historia interesante. O lo que pasa con ella una vez acabada la obra, e igual Mara, por mencionar a dos. Pero si dejamos de lado a los personajes en sí, está claro que, de tantas muchas, hay dos situaciones o historias mencionadas y también sugeridas, según en qué, que tienen muchos elementos y puntos de interés para poder desarrollarse en narraciones extensas e incluso llegando a la categoría de novela. Ya veréis como ambas historias tienen que ver con el pasado de los personajes implicados, así que se trataría de precuelas.

      Una de ellas, la historia que más clama por un desarrollo completo y que ya me proporciona un andamiaje muy estable, es la del Círculo de los 21: su formación, su desarrollo, sus actividades y su disolución. Y además sí que me apetecería mucho desarrollarlo. Es posible que lo haga, si no interfiere con otros intereses, sé que me lo pasaría muy bien escribiendo su historia, aunque fuera solo para mí y no se publicase nunca. 

      El Círculo de los 21 aparece en Amae pop blue, al principio, como algo muy misterioso y que, por ello, inquieta mucho a Paula. Es tan curioso, y a un tiempo tan importante para el desarrollo de la personalidad de Rodrigo, que tiene su propia historia en sí misma. Ya el hecho de ver cómo se conocen los miembros del grupo, las actividades tan diversas que proponen y cómo las llevan a efecto, es todo un relato. 

     De hecho, conocemos a algunos miembros de ese círculo. No a muchos. Del total de veintiuna personas que lo componen, de momento tenemos a un Rodrigo desde sus dieciséis hasta sus veintiún años y, por lo tanto, muy diferente a ese Rodrigo que observamos, en evolución, desde el capítulo 11 de Amae pop blue (es el capítulo donde empieza de verdad su desbloqueo vital y transformación, un poco, aunque sea solo un poco, a la manera del Siddharta de Hesse con Kamala, por no ser aún más exagerado y compararlo con Enkidu y Shamhat). Será un Rodrigo muy distinto, y no solo por la edad: en ese momento le pilla muy bien en su casa, y por lo tanto los personajes de sus padres y de Rut, su hermana, se verán de otra manera, y su relación con él será más dulce, más entrañable, más propiamente familiar y amable. Y, además, podría ser que por entonces ya esté apareciendo el que será cuñado de Rodrigo: David, Sancu (San Cuñado); podría ser no, seguro, si Rut es mayor que Rodri claro que aparece. Y, además, le pillamos terminando el Instituto y entrando en la Politécnica, que se menciona en el capítulo 1 y luego muy de vez en cuando en otros posteriores. Y al aparecer la Politécnica de Sevilla podrían, si yo quisiera, tener de personajes también a Marcos y Manuel, e incluso escribir el episodio en el que sus compañeros le regalan su primera gorra, la azul, que luego generará la negra. Y es muy probable que ya vaya a conocer a algunos de los que después serán parte de su grupo de amigos de más adulto, que se está empezando a gestar ya en esa época: seguramente veríamos a Talía; a Soraya y a Nico muy distintos a como son en Amae pop blue (más alocados y haciéndose pareja), y seguramente a Salva y a Adaia, así como otros amigos que luego desaparecen, como Curro Leo, Cosme y alguno más que se llega a mencionar. Y por fuerza también tiene que aparecer Violeta, por una referencia que hice en el Volumen III y en la que acabo de caer, podríamos conocerla al fin, ya en los últimos capítulos.

     Aparte de Rodrigo, por la primera parte de Amae pop blue sabemos que tiene que formar parte de este grupo un profesor universitario. También una tal Verónica Aparcero, quien escribe la novela Infamia. Sabemos que solo hay tres mujeres en el Círculo, así que Verónica sería una y Ainhoa, mencionada en Parálisis, en el Volumen III (ya la conocerás), sería otra. Por tanto, solo me faltaría dar identidad a la tercera. Y asimismo conocemos a Justo, que aparece también en el Volumen III, baterista de la banda de rock alternativo que forman, por lo que, quitando al profesor universitario, que habría que desarrollar, tendría que crear ex novo a dieciséis personajes, de los cuales al menos uno debe ser albañil y otro deportista, si no son el mismo.

     Además, y esto es importantísimo, si Mara, que aparece desde el mismo capítulo 1, conoce a Rodrigo de antes, en su pasado musical, de cuando formaba parte de la banda Vuelta a la insania, está claro que lo conoce de esa época, la del Círculo de los 21. Por lo tanto, el Círculo de los 21 como historia me permitiría también desarrollar el personaje de Mara, que es tan particular. También es cierto que en Bajo los destellos de la luna rosa, del Volumen I, se menciona a dos personajes un tanto perturbadores como son Chimo y Salomé, amigos de los padres de Rodrigo; Salomé es la que acaba de animar a un Rodrigo de dieciséis años a que se integre en el Círculo. Claro, aparecerían, y con ellos todo lo que van a generar en su casa, como se menciona sin muchos detalles en Amae pop blue. Ellos en sí tienen ya su propia historia en potencia.

     No me digáis que no tengo ya elementos para crearle al Círculo de los 21 su propia narración. De todas las posibilidades que me da Amae pop blue, esa es la que más me llama la atención. La potencialidad del Círculo de los 21, tal y como aparece en mi obra, es impresionante, da pie a toda una precuela ya compleja de por sí. Para mí, como creador de esos personajes que han tomado su camino y sus decisiones (ellos son así no porque yo haya querido tanto, o lo haya pensado previamente tanto, ellos son muy independientes), para mí, tan metido como estoy en Amae pop blue por momentos, sería gratificante y estimulante escribirlo. No creo que me interese como escritor, pensando especialmente en la trayectoria que deseo tener, publicar una historia así, como dije al principio, pero tentación potente sí es. Tal vez lo escriba para mí, me estoy poniendo los dientes largos a mí mismo al escribir este artículo.

     Otra opción muy interesante, no me digáis, es todo el tinglao que se traen entre manos Carmen, Olga y Desirée con sus rituales y sus retos. Conocer cómo llegan a juntarse, cómo entran en el mundo orientalizado, místico y ocultista, cómo empiezan a interesarse por las infusiones y a fabricar rituales, y cómo los mueven, también nos trasladaría a unos años de juventud de principio de etapa universitaria y a lo largo de toda esa vida estudiantil (las empezaríamos a conocer con 18 años). Conoceríamos a otros personajes secundarios de Amae pop blue de los que sabemos poco (Talía, Marta, Claudio) o nada (Gema, Blanca), y con  la posibilidad curiosa de que apareciera Rodrigo de pasada, como un personaje muy secundario y ajeno a su historia, dado que Desirée y Carmen también estudian en la Politécnica, que volvería a aparecer. Y todo eso de sobres para arriba, sobres para abajo, los retos y los rituales, pues también da mucho juego.

      De hecho, debo decir que Elara, cuya historia no tiene nada que ver con Amae pop blue, es un poco hija de ella. Su primera aparición fue muy accidentada y casual. Trataba yo en agosto de 2025 de hacer un vídeo de los escenarios del paseo de Paula y Rodrigo del capítulo 16, desde las Setas de la Plaza de la Encarnación hasta el Hotel AACR Museo. Lo hice a duras penas, locutando yo la lectura de ese episodio con un sonido horroroso mientras pasaban las diapositivas que componían el vídeo. Como ese paseo sucede en diciembre de 2017, había un gran problema: el sol. El calor de agosto, la gente y sus ropas, la luz, ¿y el ambiente de Navidad, la iluminación de las calles? Así que, en esa locución, me inventé rápido a dos personajes, mientras grababa, Álvaro y Elara, amantes que venían del norte de España a Sevilla, que se habían leído Amae pop blue e iban a reproducir el paseo de mis protagonistas y luego lo que pasó en la habitación de ese hotel (eso no lo conté, claro). Así que un poco es verdad que Elara es hija de Amae pop blue.


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     El contenido de este artículo aparece de forma paralela en parte del vídeo nº 2, Creando Amae pop blue, de mi canal de YouTube, Universo Amae pop blue, os he dejado el enlace en el propio título del vídeo, pinchad ahí y os lleva a ese vídeo. 

    

     

     

"EN EL NOMBRE DEL HIJO", DE JUAN ANDRÉS MOYA MONTAÑEZ. IMPRESIÓN LECTORA.



 

Si algo sabía previamente, antes de leer siquiera la primera frase de En el nombre del hijo, es que me encontraba ante una novela muy cuidada, muy trabajada, compleja en lo estructural y con muchos detalles. Solamente hojeando, por lo que ya de inicio esta novela se plantaba ante mis ojos como un misterio en sí misma. Aparte, que al haber leído previamente ISHQ. El color de las granadas, de este mismo autor, la expectativa de un lenguaje embriagador y de, al menos, una historia bien ensamblada y contada, era más que pura intuición. 

     Ya leída, y en cierto modo analizada, puedo decir sin tapujos que En el nombre del hijo es una novela negra impresionante, impactante y me atrevería a decir que un imprescindible del género ya, una afirmación que está respaldada por las muchas críticas positivas que está teniendo desde que se publicó, por Durii Editorial, en 2025, hace nada. Si eres amante de la novela negra, es un imprescindible, pero aún más: si eres un amante de la novela, sin apellidos, En  el nombre del hijo también es un imprescindible. Porque trasciende los límites del género sin salirse de él. Quiero decir, contiene elementos muy bien llevados que hacen que, sumergidos en la sordidez de los acontecimientos y las dificultades de la investigación, la apreciemos como obra literaria prescindiendo del género: un lenguaje exquisito y variado según las situaciones o el personaje que se expresa; tres tramas, al menos, entrelazadas; pasajes líricos y de tensión-distensión, así como apuntes hacia temas morales, filosóficos, psicológicos, entre otros, que te dejan pensando; una caracterización y evolución de personajes, tan distintos entre sí, que son una delicia per se en la lectura; profundidad y ligereza narrativa según conviene; y humanidad, en el sentido no solo de no soslayar el hecho de que sus personajes deben ser, y lo son, seres humanos y no prototipos, sino en la conexión interna en muchos de ellos (pensamientos, temores, emociones, ...), entre sí y hacia nosotros, los lectores. Es una novela, en fin, donde la conexión genera todo un tejido: es una novela de conexiones en muchos sentidos, conexiones entre las tramas que se desarrollan, conexiones entre los personajes, conexiones con referentes externos a la novela, como épocas y lugares, acontecimientos, costumbres, datos, referencias a otros textos, y digamos ya que hiperconectado al conectar contigo mientras lees.

     Situada en España, esta historia se ubica en varias localidades, entre las que destacan fundamentalmente Almería y Madrid, y en varias épocas, especialmente finales de los 50 y finales de los 80 del siglo pasado. En aquella Almería de los cincuenta se están produciendo una serie de asesinatos sucesivos que no parecen tener relación, sin un modus operandi del asesino que le pudiera caracterizar, si es que es solo uno, sobre todo porque no parece haber un motivo que pudiera vincularlos. En la investigación de estos casos participan varios policías, entre los que se halla Alejandro Santano, un joven madrileño destinado a Almería, recién estrenado como policía. Este será uno de los coprotagonistas de la novela. Seguimos el curso de la investigación casi siempre desde sus ojos, y también desde sus entrañas. De otra parte, Javier, periodista que trabaja en Madrid en los años ochenta, hace un descubrimiento acerca de sí mismo que lo descoloca, recibe una confesión en un momento delicado, y acaba con una caja en sus manos y muchos interrogantes acerca de su propia persona. Para desvelarlos, para desvelarse a sí mismo, hará una investigación supuestamente periodística que le lleva, primero, a Almería, y luego a ponerse en contacto con un personaje clave. Su historia, la de Santano y la del asesino van a ir convergiendo de manera magistral; y a punto he estado de decir que también las de las víctimas y las de otros personajes. 

      Dividido en seis secciones de desigual extensión, más un epílogo, cada parte recibe un nombre bíblico: la última se llama Apocalipsis; las anteriores reciben el nombre de un libro del Pentateuco, pero no por orden. No es aleatorio, tiene sus motivos, al igual que el nombre de cada capítulo, que coincide por lo general, aunque no siempre, con un capítulo bíblico. Y es que, como decía al principio, esta obra tiene muchos ingredientes, está colmada de detalles y conexiones y plantea diferentes retos al lector, es una novela profunda si tú quieres que lo sea, si la lees con ojos de investigador. Además, está muy sólidamente documentada. Con respecto a estos grados de lectura profunda, he ido subiendo a mi canal de YouTube (Universo Amae pop blue) diversos vídeos comentando mi "leyendo" de esta novela, son vídeos donde expongo con tranquilidad cómo ha sido mi experiencia de lectura profunda de En el nombre del hijo y en los que se tocan aspectos como su estructura, las referencias bíblicas, la caracterización de personajes, el lenguaje y los temas de interés que aparecen, entre otros. Os dejo a continuación los enlaces.

Vídeo de Introducción: En el nombre del hijo y mi proceso lector.

Vídeo 1: Impresión de lectura profunda, partes 1 y 2 (Génesis y Levítico).

Vídeo 2: Deuteronomio es la tercera parte de la novela y esta es mi impresión.

Vídeo 3: En el nombre del hijo. Números y Éxodo. Lectura profunda.

Vídeo 4: En el nombre del hijo, de Juan Andrés Moya. Apocalipsis y Epílogo. Mi leyendo y conclusiones.


sábado, 8 de agosto de 2026

"MEMORIAS DE UNA ALQUIMISTA. A TREINTA DÍAS DE LONDRES", DE LISEET MATA MARTÍNEZ. IMPRESIÓN LECTORA.

 



PRODESSE UT DELECTARE


Existe un tipo de literatura que, además de manifestarse como tal y generar su propio mundo ficticio o lírico, tiene asimismo el propósito de transmitir conocimientos, y ello sucede así en todos los tiempos, incluidos estos. De hecho, en este blog podréis encontrar más de una impresión lectora de obras con este fin añadido. Este es el caso de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, de Liseet Mata Martínez (Aliar Ediciones, 2024). La propia autora, en su nota final, nos explica acerca de sus motivaciones y proceso de escritura de la fascinante historia de Laia que anidó en su mente en escenas durante mucho tiempo hasta llegar a contárnosla, apoyada en elementos biográficos en algunos casos, en la imaginación en otros, y conectando con nosotros, los lectores, con nuestros pensamientos (que tienen la capacidad de dar forma a la realidad), sabedora de que, al leerla, la hacemos nuestra y seguramente le otorguemos otros significados. Apela a la conexión, a las distintas conexiones internas y externas que se producen a diferentes niveles: Somos mucho más que cuerpo y mente, y en verdad espero que el lector encuentre en estas páginas una guía que lo conduzcan hacia esa realidad de sí mismo, que ahora ha olvidado (p. 270).

     La historia del transcurrir de sus siete capítulos es la de Laia, aunque no solo la de ella. En cuanto narración ficticia, vamos de la mano de Laia en su recorrido vital, desde un presente en el que es una mujer adulta ya, con dos hijos (Emma y Lucas), y una familia extensa que por momentos tenemos delante, acompañándola e intercambiando palabras y compartiendo tiempo con ella, como sus hermanas Margaret y Valeria o sus padres, en varias localizaciones (Canarias, Londres, ...), hasta llegar a redefinir su hogar y a un tiempo acabar enfrentándose a su mayor reto. A través del flash-back (analepsis), y en menor medida el flash-forward (prolepsis), tal y como nosotros concebimos el tiempo, lineal, vamos conociendo su infancia, sus vicisitudes e inquietudes anteriores, sus pruebas y la superación de barreras. Como su autora, Laia es una venezolana de origen que tiene que abandonar su país y en condiciones muy complicadas debe salir adelante. Pero no solo son barreras y pruebas de este tipo, económicas y emocionales: las más importantes son mentales y, sobre todo, espirituales. Laia debe acabar de conocerse a sí misma en plenitud. Por eso, la figura de John es clave. Estos flash-backs, estos saltos temporales, se van haciendo poco a poco, generalmente a través de conversaciones, el diálogo es muy relevante en Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres. También a través de pensamientos, reflexiones y recuerdos expresados. Y es que estos saltos no son solo temporales en nuestro concepto de cronología. El tiempo es mucho más amplio aquí, y se producen también saltos dimensionales.

     Su título es muy adecuado, y se presta a varias interpretaciones, seguramente todas correctas. Ya aquí te invito a que te leas la novela para hallar su sentido. Porque acompañar a Laia en este tramo de su camino es aprender junto con ella acerca de la trascendencia de lo observable, del ser y de la realidad tras la realidad: la metafísica y la filosofía, la alquimia, el hermetismo, la gnosis, la ley de la atracción, las regresiones, la transmutación, el estado de conciencia, el yo (incluido el superior), son varias direcciones, entre otras muchas, a las que no solo se apuntan, sino que se recorren en sus inicios dados a nosotros como lectores, aunque lo hacen los personajes. Y el poder de la palabra, que es creadora. Aparte, hay una historia de amor, y todo está conectado. No puedo resistirme a poner esta cita, en relación con el inicio del romance y su conexión con el ser y todo lo que llevo dicho. La pronuncia Emma, la hija de Laia, dirigiéndose al enamorado: Yo pienso que en el momento en que ella finalmente sintió que merecía ser feliz, que merecía ser amada, apareciste tú (p. 203). Y, por cierto, mencionando ahora las conexiones y antes un poco de su estructura narrativa, en lo estructural me ha parecido delicioso el juego de espejos, por llamarlo de algún modo, que encuentro en el capítulo VI (El decreto). Existe, ahí te das cuenta, un ...y viceversa que tiene que ver con lo onírico y no puedo decir más, pero que acaba articulando la estructura de esta novela de manera muy original. Su final es completamente abierto, implícitamente ya nos emplaza a la lectura del segundo libro de la trilogía de Memorias de una alquimista, en este caso En el borde del tiempo.

     Podría decir muchas más cosas, ¡por supuesto!, muchísimas. Es la segunda ocasión en que me la leo, y esta vez las anotaciones cuadruplican las de la primera lectura. No son en balde, aunque esté cerrando ya esta impresión lectora. Mi objetivo al hacer esta segunda lectura no solamente era volver a disfrutarla y refrescarla en mi mente, sino asimismo reparar en detalles que se me hubieran podido escapar y volver a sumergirme en el mundo de Laia, para pasar más en sintonía a la lectura de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo, el segundo de la trilogía, que se ha publicado recientemente, porque además, creo que ya lo sabéis, tengo el privilegio de acompañar a Liseet en su presentación en la Biblioteca Pública del Estado, en Las Palmas de Gran Canaria, el próximo 18 de septiembre. 

     Subjetivamente, que es así como es mi blog, podría decir también bastantes cosas. La primera, por ejemplo, que muchos de los temas que toca ya los conocía, lo que como lector me ha permitido seguirla bastante bien y, además, situarme en la perspectiva de qué descubrirán aquellos lectores que desconozcan los temas que se tratan. Por supuesto, otros temas han sido nuevos para mí, y no solo los tan elevados, por lo que suscita mi interés de querer profundizar en ellos. Digo no solo los elevados porque, a modo de ejemplo, ha sido un placer dar los paseos que da Laia por un Londres que me es completamente ajeno. 

     Otro elemento subjetivo tiene que ver con mi conexión personal con varias partes de esta novela. No me refiero ahora tanto al conocimiento transmitido como con lo que se deja ver, a veces de manera sugerida, de las dificultades de Laia, y gran parte de sus razonamientos y forma de asimilar las pruebas a las que le enfrenta la vida. Es así, bien porque yo también me veo reflejado ahí, bien por anhelo (especialmente en lo familiar). Esto, en mi caso, ha ayudado a que Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, resuene más conmigo.

      Y lo último que diré a este respecto es que, aparte de querer investigar sobre temas que desconozco o no he profundizado en ellos, ha provocado que quiera escribir reflexiones, que seguramente volcaré en este blog, sobre determinados aspectos literarios y vitales, ha despertado mi mente y suscitado a mi imaginación reflexiva y creativa. 


He vuelto a disfrutar de una novela que, como ya sé que esperáis por cómo me he expresado, os recomiendo, es fabulosa.

jueves, 6 de agosto de 2026

A TRAGEDIA CADA X: "LAS TRAQUINIAS", DE SÓFOCLES. IMPRESIÓN LECTORA.




Las Traquinias me ha dejado tan conmovido en algunos momentos, especialmente del final de la tragedia, como desconcertado en toda ella, y descolocado en algunas partes en cuanto a lector poco experto en textos de la Grecia clásica y por las expectativas que uno trae de inicio, y eso a pesar de que en cierto modo lo estaba advirtiendo José Vara Donado en su Introducción, y que más o menos estoy informado por varias fuentes de cómo escribía Sófocles. Tan desconcertado, que este desconcierto me ha impedido comenzar como quería, que era con una cita de la propia obra, pues me hace dudar entre dos, si no tres. La tragedia que menos me esperaba es la que más anotaciones me ha hecho tomar en mi cuaderno y tengo que reordenar mis ideas, a ver cómo afronto su impresión lectora, ahora mismo hay una amalgama de ideas juntas y revueltas en mi mente de cuestiones que me gustaría traer aquí tras leerla. Voy a darme un paseo y enseguida vuelvo, un momento...


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      Las Traquinias es la tragedia de dos personajes muy rudimentarios en lo humano, como son Deyanira y Heracles y, sin embargo, recibe su nombre del coro, mujeres de Traquis, que es la ciudad en donde se encuentra la casa de Heracles y donde se sitúa la obra, esa casa. Esto para empezar de algún modo, porque con respecto a la cita inicial no soy capaz de decidirme, y ambas son significativas pero no consiguen abarcar el mensaje general (y complejo) de esta tragedia. Una sería Grande y contundente es la victoria que obtiene siempre Afrodita (p. 112), frase pronunciada por el coro. La otra sería Por eso es que, si uno cuenta con dos días y peor si cuenta incluso con más, es que es un necio, pues no existe siquiera el mañana mientras no pase uno bien el día de hoy (p. 126), esto lo pronuncia el aya. Las referencias a páginas son de la edición de las Tragedias completas de Sófocles de José Vara Donado en Cátedra (27ª edición, 2025. La primera es de 1985). Y, dado que para mí el personaje central es Deyanira, he tenido la sensación de que se trataba de la versión femenina de Áyax en cuanto al carácter, palabras y actos de uno y otra, e incluso en la estructura, ambos se nos quitan de en medio antes de terminar la tragedia, que prosigue con otros.


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     Deyanira es la esposa de Heracles, quien se halla ausente de su casa con sus historias heroicas, que ya veremos que no lo son precisamente, al menos tal y como nosotros concebimos el heroísmo. Es imposible que nos formemos una buena imagen de ellos, especialmente de Heracles. No nos puede caer bien, claro, a nosotros no y a los coetáneos de Sófocles no lo sé, tengo mis dudas. Pecaría de anacrónico si dijera eso, pero es que, aun con todo, da la impresión de que podría haber sido así en según qué aspectos tal y como se expresa Sófocles. Deyanira se nos muestra como tonta, que no estúpida. Quiero decir, tonta por ingenua y también por simple (como Áyax), no por engreída o subidita. La primera cita que puse antes, la de Afrodita, es muy relevante, dado que la motivación sexual es clave tanto en una como en otro, como ya apuntaba José Vara Donado en su Introducción. Según él, se ha discutido, pero tras leer la obra estoy con él: no es el amor, sino el sexo la motivación principal de Deyanira, en este caso, y de Heracles, por supuesto. Pero decirlo así es injusto, dado que la visión del amor y de la vida sexual en aquella época en Grecia es muy diferente a la nuestra, así como los roles de género y las relaciones, y porque parece, al decirse así, que se menosprecia el sexo y no hay por qué, no es indigno, al menos no en el caso de Deyanira, en mi opinión. De ahí la mención a Afrodita, tan nombrada, bajo ese nombre o bajo el de Cipris, en los epigramas eróticos griegos. Es la diosa de la libido, del deseo sexual, dejémonos de eufemismos, aunque no siempre llamar a esto amor lo sea, sea un eufemismo. En esta nuestra época ya nos estamos desprendiendo de ellos al acercarnos a los clásicos, y Vara Donado escribe en los ochenta del siglo XX, que conste. ¡Buf!, ahora me toca explicar esto que he dicho y daros una semblanza del Heracles y la Deyanira que aparecen aquí. Voy a dar otro paseo y regreso, me he metido en un jardín muy grande. Solo diré una cosa para no quedarme con las ganas, porque hace tiempo que quería decir esto y acabo de encontrar el momento: a ver qué nombres les ponemos a nuestros hijos. Hay nombres propios que nos suenan muy bien, da igual que sean bíblicos o de fuentes clásicas. Jezabel, Deyanira, Heracles o Hércules, Dina, Sherezade, ... sonar, lo que se dice sonar, nos pueden sonar a música celestial. Incluso algunos de ellos tienen un significado muy bueno. Pero, por favor, investigad primero quién lo llevó, qué era, cómo era y qué hizo o qué le pasó y luego ya obráis en conciencia, es un consejo, se trata de tu hijo o hija. Que, a lo mejor, quién sabe, le da por leer de mayor, no sé. Bueno, que ahora vengo.


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     Creo que lo mejor será que empiece por resumir un poco el argumento, y lo haré de la siguiente manera: primero, lo contaré desde el punto de vista de Deyanira, y luego desde el de Heracles. Por último, haré otras apreciaciones, si es que no las he volcado todas en los resúmenes anteriores (en cursiva y de color morado si las inserto ahí).


LAS TRAQUINIAS, ENFOCADOS EN DEYANIRA


     En Traquis, Deyanira lleva mucho tiempo esperando el regreso de su esposo, Heracles. Pero tiempo. Y está en un ay; temerosa, no hace más que lamentarse de su ausencia, no solo porque teme por su vida, sino porque lo echa de menos en la cama. Si en esta Grecia es bien sabido que los hombres no solo se acuestan con sus esposas, el caso de Heracles es un nivel más: al fin y al cabo, es el prototipo de lo masculino en ese aspecto, del fuego sexual masculino, el hercúleo Heracles (lo siento, no he podido evitar esa redundancia) se acuesta con muchas, a capricho, por no usar un verbo que ya utilicé demasiado en mi novela. Pero el caso de las mujeres, especialmente de las nobles, es bien distinto y Deyanira es la representante aquí del fuego sexual femenino (esto del fuego sexual no es mío, sino de José Vara Donado en su Introducción). Para eso, entre otras cosas, necesita a Heracles, que a saber dónde está y qué hace. "Chochona", "higona", pronunciado a la andaluza, con hache aspirada, le faltó llamarla el aya cuando le sugiere, con palabras prudentes, que a qué espera entonces para mandar a alguien a que le traiga noticias de él en lugar de ser tan pasiva con eso, tiempo no le ha faltado si tan preocupada está, que mande a su hijo Hilo, que se encuentra por allí y que accede de buen grado cuando su madre se lo acaba pidiendo. Al coro, compuesto de muchachas traquinias, les dice, para confirmar esto que acabo de decir hace un momento del fuego sexual, que sus apasionadas y continuas inquietudes jamás adormecen y que Heracles siempre está en jaleos bélicos de los que los dioses siempre le salvan de la muerte. Dice, en fin, que, al casarse, una mujer se llena de preocupaciones por su marido y por sus hijos; que Heracles le ha dado una carta donde expone cuáles de sus posesiones son para ella y cuáles para sus hijos, como si temiera su muerte; y que por eso se ha despertado tan alterada.

      Entonces aparece un mensajero (no un heraldo oficial), quien le anuncia que Heracles no solo está vivo, sino que viene victorioso y con botín. Licas, el heraldo oficial enviado por Heracles, aparece luego con unas mujeres hechas esclavas y confirma que Heracles está bien. Se retrasa porque está haciendo unas ofrendas por una promesa. Ha destruido completamente el país de procedencia de esas mujeres. Deyanira siente compasión por ellas. Este sentimiento, que después aparece más veces, justifica lo que dije al principio sobre nosotros como lectores y el público de la época, así como la segunda cita que barajaba para el encabezamiento. En este caso, en cuanto al tema de la esclavitud y las calamidades de los asedios y las guerras y los botines, todo ello más que asumido por estas personas, no se soslaya el hecho de que ellos mismos se den cuenta de lo terrible que es, no solamente porque podría pasarte a ti, sino contemplando a los tuyos, a tus propios esclavos, y esto no solo se ve aquí, se ve ya desde Los Persas de Esquilo, no es la primera vez que me lo encuentro, esto de ser capaces de ponerse en la piel del otro, esa empatía. Deyanira las observa y se apena: estas son las mujeres que Heracles se ha reservado para sí al destruir la ciudad de Eúrito. Y si Heracles está tardando tanto en regresar, es porque previamente fue hecho esclavo en Lidia y allí tuvo que estar mucho tiempo, según Licas. No desarrollo esta parte porque me haría demasiado extenso; la historia de Heracles en Lidia, en sus distintas versiones que aparecen en esta obra de Sófocles, sería para contarla aparte. Solo diré, y aquí no os queda más remedio que creerme, que Heracles es un hombre muy vengativo, como se verá al final de la tragedia. Por este motivo, especialmente, por su cólera sin control, decía que no nos puede caer bien. El caso: Zeus lo castigó con la esclavitud en Lidia por haber matado a Ífito a traición, despeñándolo, pero ahora los que se burlaron de él siendo esclavo están muertos, y su ciudad reducida a esclavitud. Aquí el corifeo le pregunta a Deyanira si no se alegra, realmente es un reproche, porque ella no parece manifestar esa emoción que se supone que debe manifestar. Ella responde que sí, que se alegra porque es obligatorio alegrarse, pero que su cara es de preocupación por él: igual que le va bien ahora le podría ir mal después (la Fortuna y su rueda...), y pone de ejemplo a esas mujeres que tiene delante, que han visto cómo su suerte ha cambiado drásticamente de un día para otro: hace nada eran libres, ahora esclavas. Y entonces se fija en Yole, quien por su aspecto parece de buena familia, la más noble, y más se compadece de ella por eso. Le pregunta a Licas quién es, pero Licas dice no saber nada de ella: Yole no habla y ha ido todo el camino llorando. Deyanira no se enfada con Yole por no responder; al contrario, la entiende y pide que se la respete, que demasiado tiene encima en este momento, Deyanira no la quiere importunar. Por muy tonta que sea, que para según qué cosas lo es, al contrario que por Heracles, sentimos afinidad por Deyanira, al menos yo la he sentido de principio a fin de la tragedia, y aún más sabiendo como sabemos de antes, esto no lo he dicho, y sabremos todavía más después, cómo acabó siendo la mujer de Heracles, ya que la pretendía también, de muy jovencita, un río, Aquelao (que son divinidades, acordaos del padre de Dafne), hecho toro, al que se enfrentó Heracles para obtener a Deyanira; esta, en su momento, quedó impactada ("traumada", dirían algunos ahora), por las manifestaciones de lascivia y fuerza bruta tan prototípica e insanamente masculinas, por más que represente aquí al fuego sexual femenino.

     Cuando se va a marchar Licas, el mensajero le viene a decir a Deyanira que Licas miente, o al menos está ocultando información o la ha distorsionado. Le revela que en realidad Heracles arrasó la ciudad y la zona porque le pidió a Yole a su padre, el rey Eúrito, para tener una relación con su hija y este se negó. En su cólera, mata a Eúrito y reduce a cenizas la ciudad, hasta sus cimientos. Yole no ha venido en calidad de esclava. En ese instante, Deyanira se lamenta, y por un momento transforma su compasión por Yole en desprecio. Presionado por el mensajero y ella misma, Licas lo confirma. Lo que dice Licas es esto: a Heracles le entraron ganas de poseer a Yole (lo dice así, tal cual); para conseguirla, destruye Ecalia; que le ha ocultado esa información, no por mandato de Heracles, ¡qué va!, sino por iniciativa propia, porque sabía que eso la heriría, para no dañar su corazón; y, por último, que trate bien a Yole, porque ese Hércules, tan fuerte y tan invencible, está completamente rendido a ella. En ese momento, Deyanira piensa que está acogiendo al enemigo en su casa, refiriéndose a Yole, y el motivo es más físico que otra cosa: Y ahora somos dos mujeres las que esperamos los abrazos de un hombre bajo la misma manta (p. 113). Porque Deyanira es muy consciente de que poco tiene que hacer en esa competencia, y así lo expresa: Yole es más joven y, por lo tanto, más deseable para Heracles. Aunque repite mucho, eso sí, que no está bien que monte en cólera contra ella. Esto, una vez más, me hace empatizar con ella: en cuanto a su humanidad, me parece una mujer para ser elogiada.

     Si quiere ser ella la que esté compartiendo manta con Heracles, va a tener que recurrir a algo que, según ella misma, está mal, ella no lo ve nada bien en general, pero en este caso es necesario; se justifica ante el coro de lo que tiene determinado hacer, un acto hasta cierto punto legítimo si tenemos en cuenta que ella es la esposa de Heracles y que tiene derecho a desear y disfrutar del cuerpo y el fuego de su propio marido. Porque, aunque uno haga cosas deshonrosas, siempre que se hagan en la sombra, jamás se caerá en el deshonor (p. 115), llega a decir. Su medio es la hechicería, y tiene un recurso muy potente guardado en un cofre para realizarlo. Y, ahora, pues os tengo que contar por encima la historia de Neso, el centauro. La obra hace flash-back (analepsis).

     Cuando Heracles consiguió a Deyanira, se la lleva de su ciudad. Deben atravesar un río, así que un centauro que los acompaña, Neso, la pone en sus hombros. A este centauro se le califica de bruto varias veces. Debía de serlo, porque en mitad del vadeo no se le ocurre otra cosa que manosear a Deyanira (le mete mano, vaya). Inmediatamente, Heracles, llamado también el mozo de Zeus (es hijo de este y de Alcmena), ... Heracles le lanza una flecha a Neso que le hiere mortalmente en el pecho. Antes de morir, le confiesa a Deyanira que, si toma coágulos de su sangre, esta sangre será un filtro amoroso muy potente: untado en un tejido, el que se lo ponga no podrá resistirse a estar con ella. Y esto lo tiene Deyanira en un cofre, un túnica empapada de la sangre de Neso. Y ahora, después de tantos años, entiende que puede usarla para que su marido la elija a ella.

     Así que, pronta le da a Licas un manto impregnado de la sangre de Neso y otros ingredientes, metido en un cofre (pues no debe darle la luz del sol hasta llegar a su destinatario), con instrucciones muy precisas para que llegue a Heracles como regalo, para que se lo ponga para hacer sacrificios. Y Licas le asegura que las seguirá al pie de la letra. Y entonces el coro canta. ¡Que llegue de allá codicioso, en extremo, de amor, / tras haber sido empapado con toda la unción de la concupiscencia / de acuerdo con la profecía del bruto Neso! (p. 117).


     Y ya por fin aparece la tragedia, en el sentido popular de la palabra, y también lo que más nos puede llevar a pensar que Deyanira es tonta en el sentido al que aludía al principio, especialmente por sus consecuencias. Aparece ahora Deyanira lamentándose delante del coro de que, tal vez, haya llevado las cosas demasiado lejos. El coro, las muchachas traquinias, que le habían apoyado con todo esto del manto, le preguntan por qué, la cosa no es tan mala, ¿no? Y es que, para untar el manto con el mejunje de centauro, Deyanira ha usado a modo de brocha un mechón de lana. Una vez enviado Licas con su regalo, se ha dado cuenta de que ha dejado ese mechón embadurnado al sol y ha visto el efecto de la luz en él: ha acabado fulminado. Y entonces ata cabos. ¿Y si Neso le mintió? Se da cuenta: no es un filtro de amor, la intención del centauro era matar a quien le había matado. Algo que, por cierto, al final de la obra sabremos que se profetizó, que a Heracles lo mataría alguien muerto. Y entonces Deyanira declara que, si Heracles muere, ella también morirá:  ... pues teniendo que oír impertinencias la vida resulta insoportable a una que prefiere, antes que vivir, no haber nacido, si de nacer nace perversa (p. 119). Unas palabras que, para mí, son una mezcla de culpa, ingenuidad y estupidez. La respuesta del corifeo es que En última instancia, el enfado de la gente con las personas que han cometido un error sin intención es blando, y ése es el que va bien en tu caso (ibíd.), tratando así de atenuar la culpa y ese temor de Deyanira y, de forma un tanto tímida, evitar su suicidio, pero que a la vez pone de relieve su ingenuidad.

     Entonces llega Hilo, con palabras muy duras hacia su madre. La noticia que trae es la que ella temía, y acusa a su madre de haber matado a su padre (que no ha muerto aún). La acusa y reniega de ella, en base a lo que ha visto y a las explicaciones de Licas in situ acerca de que el manto que se puso Heracles para oficiar sacrificios procedía de ella. Además lo traen, traen a Heracles y ella lo va a ver en su agonía. Deyanira, a la que le duele ver a su hijo así con ella y sus palabras, en lugar de defenderse, se va sin responder a Hilo. 

     Entre lamentos, el aya informa que Deyanira ha muerto. Se ha suicidado clavándose un cuchillo en el costado. Lo hizo llorando, sentada en el lecho de Heracles (el aya lo vio todo, a escondidas, sin hacer nada realmente por evitarlo, y lo cuenta de una forma que es para leerlo, es muy conmovedora esta escena y la que seguirá). Su desconsuelo, su lamento, es que esa cama ya no será nunca más su lecho nupcial: ¡... nunca ya me volveréis a acoger como esposa en este lecho! (p. 126). El aya, en lugar de impedirlo por sí misma, lo que hizo fue avisar a Hilo de las intenciones de su madre. Este, que había llegado a decir ante el coro, con una ironía muy agria, ..., y ojalá que el placer que está propiciando a mi padre lo reciba ella (p. 122), se encuentra a su madre muerta en el suelo y se derrumba, y se produce una escena que me ha removido, estremecedora: Hilo se acuesta junto a su madre muerta y se lamenta, entiende que sus palabras han llevado a su madre a ese fin y se queda tumbado junto a ella. Y esta es la historia de Deyanira.


LAS TRAQUINIAS, ENFOCADOS EN HERACLES

     No vamos a repetir todo lo que sabemos de él cuando hemos resumido enfocados en Deyanira: lo de cómo la hizo su esposa, lo que estaba haciendo en Lidia, su deseo por Yole, ... Todo eso es así, así que aquí espero ser rápido. 

     De momento, cuando, en plenos sacrificios, empieza a sentir los terribles efectos del manto que lleva, con mucho dolor, convulsiones y caídas sucesivas al suelo, le pide explicaciones al fiel Licas, fiel a Heracles y a Deyanira, y él se las da: solo ha seguido las instrucciones de su esposa. A pesar de ello, Heracles se carga a Licas, y a lo bestia, que es su estilo para cargarse a la gente. Luego, moribundo y rabiando de dolor, pide que le lleven a su casa y lo hacen. Entran Hilo, un anciano y un cortejo que transporta a Heracles, de crudo carácter, según este anciano al mandar callar a un Hilo que se lamenta, eso del lloriqueo no le va a hacer gracia ninguna a su padre, mejor estar calladitos. 

     Sí, Heracles aún vive, y viene rabiando de dolor, tanto que le pide a Hilo que le mate con una espada por compasión. En esta parte final, Heracles habla mucho, a pesar de su estado. Maldice, y mucho, a Deyanira, mientras le pide a su tío Hades que le dé una muerte rápida. Describe su dolor, que ha llegado a los pulmones. Ordena a Hilo que traiga ante él a su madre, a Deyanira, porque él estará como esté, pero fuerzas no le van a faltar para matarla y así de paso contemplar por la muerte de cuál de los dos sufre más Hilo, a ver si es digno hijo, aunque luego ruega a Zeus que acabe ya con él de una vez, así es su sufrimiento. Y, mientras dice todo eso, relata sus hazañas, sus famosos trabajos, para resaltar que al final le ha matado una mujer, su mujer, ¡qué ironía! Y aun en ese estado de dolor y delirio, solo piensa en dar muerte con sus manos a Deyanira. A duras penas Hilo consigue al fin informarle de que, si le ha matado su madre, ha sido por error (erró al anhelar una cosa buena, p. 132), y se lo explica, de modo que Heracles entiende que quien en el fondo le ha dado muerte ha sido Neso (la profecía se cumplió). También le informa Hilo de que Deyanira se ha quitado la vida. Ya menos airado, solicita la presencia de sus otros hijos y de su madre Alcmena, pero no están en Traquis. Entonces le hace jurar que cumplirá sus deseos: que él mismo, Hilo, con sus brazos y ayudado de amigos, le arroje vivo en una pira en llamas en el pico más alto del monte Eta, que al hacerlo ni se le ocurra llorar (¡por Dios!), y que se case con Yole. A lo primero y lo último Hilo se opone de inicio: ¿arrojar vivo al fuego a su padre y casarse con aquella que, para él, es la causante de todos estos males? Y digo yo: ¡pobre Yole también! Pero, tras dialogar más, al final accede a los deseos de su padre.


OTRAS APRECIACIONES MÍAS Y APUNTES A TEMAS A DESARROLLAR


1. No acabo de acostumbrarme mucho a Sófocles, después de pasar por los serios Esquilo y Unamuno. Ni se me ocurriría decir que introduce elementos cómicos en una tragedia, lejos de mí afirmar tal cosa, pero desde luego, y de ello ya estaba informado, es muchísimo más variado y rico que Esquilo en diversos elementos, como ya dejé apuntado en Áyax. Y el uso del lenguaje y el manejo de situaciones y de cómo los personajes las narran es uno de ellos. Por ejemplo, la verdad es que me ha hecho gracia el motivo por el cual el heraldo oficial no llegó pronto a Deyanira (p. 102), de tal modo que otro se le adelanta, el mensajero, muy listo él, para obtener beneficios. Y es que, al llegar Licas a Traquis para informar a Deyanira, es rodeado, agobiado y hasta acosado por el gentío, ávido de noticias. O la ironía del mensajero refiriéndose a Licas en la p. 108, cuando le revela la verdad sobre Yole.

2. De la mujer resaltaría tanto... Y no es exclusivo ni de esta tragedia ni de Sófocles, claro. Aparecen como aparecen en muchos textos porque esa era su realidad en esa época (inevitable, de nuevo, acordarme de Lechuza blanca sobre Argos, de María Luisa Regalado, ya sé que me acordaré de esta obra cada vez que lea obras griegas clásicas, ya lo sé). Para empezar, nunca mejor dicho en Las Traquinias, la mujer como botín de guerra y el carácter de su esclavitud. Ya no puedo recordar en qué obra erudita o manual leí, fue hace mucho tiempo, que en el mundo antiguo se mataban a los hombres y se hacían esclavas a las mujeres, fundamentalmente para que trabajasen la tierra y sirviesen en las casas. A los hombres, que eran guerreros, se les temía porque se te podían volver en contra, a las mujeres no. Esto, hasta que ya la sociedad se articula de modo que es más o menos seguro tener esclavos también. La mujer es una propiedad legítima como botín de guerra, y esto está asumido por todos, incluidas las esposas y concubinas. No hay más que recordar, por poner un ejemplo ya traído a este blog, Las Coéforos de Esquilo, o volver a esa Clitemnestra reivindicada por María Luisa Regalado en su obra mencionada Lechuza blanca sobre Argos. Eso incluye, no hace falta que lo diga, que por supuesto su dueño se va a acostar con ellas cuando le venga en gana, o darlas a otros para eso, como María Luisa Regalado llega a apuntar. Esta novela, Lechuza blanca sobre Argos, es muy ilustrativa en cuanto a la vida de encierro que llevan en el gineceo las mujeres, las limitaciones que tienen aunque sean reinas, que desconocen cómo es su propia ciudad al no permitírseles salir, e incluso gran parte de sus palacios y casas. De ahí que se diga, en Las Traquinias, ... salí a la calle a hurtadillas... (p. 113).

3. Me callo aquí con respecto al alcohol porque quiero hacer un artículo sobre este y la literatura.

4. Aquí vuelvo a un asunto ya mencionado pero que me parece muy relevante, y es el hecho de que, al leer en este caso tragedias clásicas griegas, se observa cómo los autores resaltan el horror que supone la desgracia de acabar siendo esclavo, al igual que, en otras tragedias, el hecho de que asalten tu ciudad. Por más que en esa época se asuma como derecho de botín y algo "natural", ellos mismos lo resaltan como horror ante un público coetáneo, por más justo que fuera el casus belli y más extranjeros que fueran esos esclavos. Se tiende a la compasión con respecto a ellos. Por muy normal que fuera en la época, por muy asumido que estuviera, ellos mismos lo contemplan como una desgracia, parece que quieren remover sentimientos de compasión en el público. Y éstas que ves aquí, otrora afortunadas, tras topar con un género de vida sin atractivo alguno, se encaminan hacia ti... (p. 105), y estas son palabras de Licas a Deyanira, hay que leer lo que responde esta al corifeo cuando le reprocha no alegrarse de la victoria de su marido, justo ahí en esa página 105, me entró una enorme compasión, y cómo se dirige a Yole.

5. Como hemos visto, el suicidio y la eutanasia son temas de interés que aparecen en esta obra.


*

     Soy tozudamente cronológico a la hora de leer obras completas y antologías. A las puertas de llegar, al fin, a las tragedias más renombradas de Sófocles (Antígona y Edipo, rey), el desconcierto que me ha producido la lectura de Las Traquinias, fijaos, me ha llevado a la impresión lectora más extensa que he hecho hasta la fecha. Me lo he currado, no digáis que no.


sábado, 25 de julio de 2026

"HISTORIAS HOSPITALARIAS. CUANDO LAS PAREDES HABLAN", DE DANIEL GUERRERO BONET. IMPRESIÓN LECTORA.

 




Historias hospitalarias. Cuando las paredes hablan, de Daniel Guerrero Bonet (Círculo Rojo, 2024), es un conjunto de breves narraciones de hospitales y de vidas que resisten, se salvan o se van. A modo de microrrelatos (la mayoría no supera la página), el cariz y el matiz de cada uno es diferente: a veces te dejan conmovido, especialmente por ese final tan de microcuento que bien sabe manejar Daniel Guerrero; otras veces, se trata de un panorama emocional, una descripción de hechos o de reacciones. Lo que más me impresiona de este escritor, y aquí no iba a ser la excepción, es su visión humana en un tono narrativo que parece neutro, no excesivamente emocional en su expresión porque no lo necesita, en su narrar ya está cercano, se nos hace cercano a los personajes y sus vivencias y a nosotros, esa voz..., la voz de un observador, observador de personas. En esta su segunda obra, Daniel Guerrero, enfermero de profesión, además de periodista, puede narrar con propiedad, con la experiencia de quien ha vivido y convivido día tras día con pacientes de todo tipo y con compañeros de todo tipo.

     La obra se subtitula Vivencias de los que sufren y de quienes las comparten, y así es como se articula el libro en sus dos partes. La primera, Vivencias de los que sufren..., comprende treinta textos, treinta historias de dolientes de diferentes afecciones y con muy distintas personalidades, reacciones y modo de afrontar la vida y las circunstancias que les ha tocado padecer, porque aquí, como en la siguiente parte, el escrutinio psicológico, el perfil humano, parece lo más importante en el núcleo de su contar. Sinceramente, aunque, de esos treinta, hay algunas narraciones un tanto más livianas, digamos que anecdóticas, la mayoría son historias conmovedoras, que además, claro, te parecen reales, si es que no lo fueron, así que son aún más conmovedoras. Daniel Guerrero empieza fuerte con sus dos primeros relatos (Púrpura y Cansado y tranquilo), porque, si bien son dos historias muy distintas, la primera estremecedora, comparten lo que parece que va a ser un personaje más atravesando su obra, junto con la muerte y su sombra: la soledad. 

     Hablo de lo que más me ha llamado la atención a mí, son mis propias impresiones lectoras. En esta parte de la obra, además de la soledad del paciente, me quedo con la impresión de este mismo enfermo observando lo que otros le hacen. Con batas verdes o blancas, con mascarillas, él o ella es el objeto pasivo de sus actos, de los procesos que inician y continúan en su cuerpo, para los que debe colaborar (cosa que no siempre hace), y lo observa y lo procesa. Y, sobre todo, me quedo con las diferentes personalidades y circunstancias vitales de cada personaje, que provocan reacciones distintas ante el sufrimiento físico (y a veces social, relacional), el acto médico o el necesario estar en un hospital, así como la forma de dialogar y comunicarse con el personal que lo atiende. 

     No todas las historias, en esta parte y en la siguiente, te hacen empatizar con el personaje. Como en la vida, en los hospitales hay de todo en cuanto al paisaje humano. Así, El pretexto de la desconfianza podría decirse que va un poco al revés que la mayoría de las historias. Y si antes dije que muchas son historias conmovedoras, lo cierto es que algunas son realmente desoladoras: Tuvo mala suerte me dejó descorazonado al terminarla. 

     En fin, lo acabo de decir y lo he dicho varias veces, pero es que es así: son historias conmovedoras, pero no por ningún innecesario alarde lingüístico o por artificios verbales, sino por las historias en sí: solo contarlas, así, tal cual, conmueven. Y, claro, el último de esta sección, El paciente agradecido, lo hace.

     La segunda parte, ...y de quienes las comparten, es más breve, contiene doce historias. Aquí el foco está en los que acompañan o se implican con los enfermos, por lo general personal sanitario. Su inicio es sencillo, Compañeros matutinos parece un relato, más bien, para introducirte en este nuevo enfoque. Así, desde la placidez rutinaria, se pasa ya al sufrimiento desde el otro lado, en el caso del segundo relato, Hematemesis, el de un médico y su propia conciencia. A partir de aquí, desfilan administrativos, celadores, enfermeros, médicos y familiares, cada uno con su historia interior y su trayectoria vital, con sus propios sufrimientos (a veces, también de salud), con sus soledades y sus incomprensiones. No es cuestión de destacar ningún relato por encima de los demás, pero bueno, de esta sección, y en opinión muy personal, me quedo con dos por motivos muy diferentes. Primero, Superado y olvidado, porque se sale de la tónica de todos los demás relatos y se ofrece una visión negativa de un personaje rancio que pertenece a otra época, sería un contrapunto. Y, segundo, y ahora en serio, Los hijos: es de los más contundentes, sin duda, y deja un buen mensaje final del que deberíamos apropiarnos sin necesidad de vivir en primera persona lo que se narra. Pero, ya digo, no es cuestión de destacar unos sobre otros. Una compañera desgraciada o El cuidador incapaz de cuidarse te dejan ese sabor, de nuevo, de la complejidad de la vida y de cómo nos relacionamos los seres humanos entre nosotros.


     Historias hospitalarias. Cuando las paredes hablan, en definitiva, es una obra que deja posos en el interior del lector. Su lectura es sencilla, se puede leer en poco tiempo si se desea, pero no es superficial en ningún extremo, y ya su propio título te lo deja claro. Solo alguien que ha vivido entre las cuatro paredes de un centro hospitalario día tras día podría componer un libro así, y nosotros, los que no, somos unos privilegiados por poder leerlo.