jueves, 6 de agosto de 2026

A TRAGEDIA CADA X: "LAS TRAQUINIAS", DE SÓFOCLES. IMPRESIÓN LECTORA.




Las Traquinias me ha dejado tan conmovido en algunos momentos, especialmente del final de la tragedia, como desconcertado en toda ella, y descolocado en algunas partes en cuanto a lector poco experto en textos de la Grecia clásica y por las expectativas que uno trae de inicio, y eso a pesar de que en cierto modo lo estaba advirtiendo José Vara Donado en su Introducción, y que más o menos estoy informado por varias fuentes de cómo escribía Sófocles. Tan desconcertado, que este desconcierto me ha impedido comenzar como quería, que era con una cita de la propia obra, pues me hace dudar entre dos, si no tres. La tragedia que menos me esperaba es la que más anotaciones me ha hecho tomar en mi cuaderno y tengo que reordenar mis ideas, a ver cómo afronto su impresión lectora, ahora mismo hay una amalgama de ideas juntas y revueltas en mi mente de cuestiones que me gustaría traer aquí tras leerla. Voy a darme un paseo y enseguida vuelvo, un momento...


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      Las Traquinias es la tragedia de dos personajes muy rudimentarios en lo humano, como son Deyanira y Heracles y, sin embargo, recibe su nombre del coro, mujeres de Traquis, que es la ciudad en donde se encuentra la casa de Heracles y donde se sitúa la obra, esa casa. Esto para empezar de algún modo, porque con respecto a la cita inicial no soy capaz de decidirme, y ambas son significativas pero no consiguen abarcar el mensaje general (y complejo) de esta tragedia. Una sería Grande y contundente es la victoria que obtiene siempre Afrodita (p. 112), frase pronunciada por el coro. La otra sería Por eso es que, si uno cuenta con dos días y peor si cuenta incluso con más, es que es un necio, pues no existe siquiera el mañana mientras no pase uno bien el día de hoy (p. 126), esto lo pronuncia el aya. Las referencias a páginas son de la edición de las Tragedias completas de Sófocles de José Vara Donado en Cátedra (27ª edición, 2025. La primera es de 1985). Y, dado que para mí el personaje central es Deyanira, he tenido la sensación de que se trataba de la versión femenina de Áyax en cuanto al carácter, palabras y actos de uno y otra, e incluso en la estructura, ambos se nos quitan de en medio antes de terminar la tragedia, que prosigue con otros.


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     Deyanira es la esposa de Heracles, quien se halla ausente de su casa con sus historias heroicas, que ya veremos que no lo son precisamente, al menos tal y como nosotros concebimos el heroísmo. Es imposible que nos formemos una buena imagen de ellos, especialmente de Heracles. No nos puede caer bien, claro, a nosotros no y a los coetáneos de Sófocles no lo sé, tengo mis dudas. Pecaría de anacrónico si dijera eso, pero es que, aun con todo, da la impresión de que podría haber sido así en según qué aspectos tal y como se expresa Sófocles. Deyanira se nos muestra como tonta, que no estúpida. Quiero decir, tonta por ingenua y también por simple (como Áyax), no por engreída o subidita. La primera cita que puse antes, la de Afrodita, es muy relevante, dado que la motivación sexual es clave tanto en una como en otro, como ya apuntaba José Vara Donado en su Introducción. Según él, se ha discutido, pero tras leer la obra estoy con él: no es el amor, sino el sexo la motivación principal de Deyanira, en este caso, y de Heracles, por supuesto. Pero decirlo así es injusto, dado que la visión del amor y de la vida sexual en aquella época en Grecia es muy diferente a la nuestra, así como los roles de género y las relaciones, y porque parece, al decirse así, que se menosprecia el sexo y no hay por qué, no es indigno, al menos no en el caso de Deyanira, en mi opinión. De ahí la mención a Afrodita, tan nombrada, bajo ese nombre o bajo el de Cipris, en los epigramas eróticos griegos. Es la diosa de la libido, del deseo sexual, dejémonos de eufemismos, aunque no siempre llamar a esto amor lo sea, sea un eufemismo. En esta nuestra época ya nos estamos desprendiendo de ellos al acercarnos a los clásicos, y Vara Donado escribe en los ochenta del siglo XX, que conste. ¡Buf!, ahora me toca explicar esto que he dicho y daros una semblanza del Heracles y la Deyanira que aparecen aquí. Voy a dar otro paseo y regreso, me he metido en un jardín muy grande. Solo diré una cosa para no quedarme con las ganas, porque hace tiempo que quería decir esto y acabo de encontrar el momento: a ver qué nombres les ponemos a nuestros hijos. Hay nombres propios que nos suenan muy bien, da igual que sean bíblicos o de fuentes clásicas. Jezabel, Deyanira, Heracles o Hércules, Dina, Sherezade, ... sonar, lo que se dice sonar, nos pueden sonar a música celestial. Incluso algunos de ellos tienen un significado muy bueno. Pero, por favor, investigad primero quién lo llevó, qué era, cómo era y qué hizo o qué le pasó y luego ya obráis en conciencia, es un consejo, se trata de tu hijo o hija. Que, a lo mejor, quién sabe, le da por leer de mayor, no sé. Bueno, que ahora vengo.


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     Creo que lo mejor será que empiece por resumir un poco el argumento, y lo haré de la siguiente manera: primero, lo contaré desde el punto de vista de Deyanira, y luego desde el de Heracles. Por último, haré otras apreciaciones, si es que no las he volcado todas en los resúmenes anteriores (en cursiva y de color morado si las inserto ahí).


LAS TRAQUINIAS, ENFOCADOS EN DEYANIRA


     En Traquis, Deyanira lleva mucho tiempo esperando el regreso de su esposo, Heracles. Pero tiempo. Y está en un ay; temerosa, no hace más que lamentarse de su ausencia, no solo porque teme por su vida, sino porque lo echa de menos en la cama. Si en esta Grecia es bien sabido que los hombres no solo se acuestan con sus esposas, el caso de Heracles es un nivel más: al fin y al cabo, es el prototipo de lo masculino en ese aspecto, del fuego sexual masculino, el hercúleo Heracles (lo siento, no he podido evitar esa redundancia) se acuesta con muchas, a capricho, por no usar un verbo que ya utilicé demasiado en mi novela. Pero el caso de las mujeres, especialmente de las nobles, es bien distinto y Deyanira es la representante aquí del fuego sexual femenino (esto del fuego sexual no es mío, sino de José Vara Donado en su Introducción). Para eso, entre otras cosas, necesita a Heracles, que a saber dónde está y qué hace. "Chochona", "higona", pronunciado a la andaluza, con hache aspirada, le faltó llamarla el aya cuando le sugiere, con palabras prudentes, que a qué espera entonces para mandar a alguien a que le traiga noticias de él en lugar de ser tan pasiva con eso, tiempo no le ha faltado si tan preocupada está, que mande a su hijo Hilo, que se encuentra por allí y que accede de buen grado cuando su madre se lo acaba pidiendo. Al coro, compuesto de muchachas traquinias, les dice, para confirmar esto que acabo de decir hace un momento del fuego sexual, que sus apasionadas y continuas inquietudes jamás adormecen y que Heracles siempre está en jaleos bélicos de los que los dioses siempre le salvan de la muerte. Dice, en fin, que, al casarse, una mujer se llena de preocupaciones por su marido y por sus hijos; que Heracles le ha dado una carta donde expone cuáles de sus posesiones son para ella y cuáles para sus hijos, como si temiera su muerte; y que por eso se ha despertado tan alterada.

      Entonces aparece un mensajero (no un heraldo oficial), quien le anuncia que Heracles no solo está vivo, sino que viene victorioso y con botín. Licas, el heraldo oficial enviado por Heracles, aparece luego con unas mujeres hechas esclavas y confirma que Heracles está bien. Se retrasa porque está haciendo unas ofrendas por una promesa. Ha destruido completamente el país de procedencia de esas mujeres. Deyanira siente compasión por ellas. Este sentimiento, que después aparece más veces, justifica lo que dije al principio sobre nosotros como lectores y el público de la época, así como la segunda cita que barajaba para el encabezamiento. En este caso, en cuanto al tema de la esclavitud y las calamidades de los asedios y las guerras y los botines, todo ello más que asumido por estas personas, no se soslaya el hecho de que ellos mismos se den cuenta de lo terrible que es, no solamente porque podría pasarte a ti, sino contemplando a los tuyos, a tus propios esclavos, y esto no solo se ve aquí, se ve ya desde Los Persas de Esquilo, no es la primera vez que me lo encuentro, esto de ser capaces de ponerse en la piel del otro, esa empatía. Deyanira las observa y se apena: estas son las mujeres que Heracles se ha reservado para sí al destruir la ciudad de Eúrito. Y si Heracles está tardando tanto en regresar, es porque previamente fue hecho esclavo en Lidia y allí tuvo que estar mucho tiempo, según Licas. No desarrollo esta parte porque me haría demasiado extenso; la historia de Heracles en Lidia, en sus distintas versiones que aparecen en esta obra de Sófocles, sería para contarla aparte. Solo diré, y aquí no os queda más remedio que creerme, que Heracles es un hombre muy vengativo, como se verá al final de la tragedia. Por este motivo, especialmente, por su cólera sin control, decía que no nos puede caer bien. El caso: Zeus lo castigó con la esclavitud en Lidia por haber matado a Ífito a traición, despeñándolo, pero ahora los que se burlaron de él siendo esclavo están muertos, y su ciudad reducida a esclavitud. Aquí el corifeo le pregunta a Deyanira si no se alegra, realmente es un reproche, porque ella no parece manifestar esa emoción que se supone que debe manifestar. Ella responde que sí, que se alegra porque es obligatorio alegrarse, pero que su cara es de preocupación por él: igual que le va bien ahora le podría ir mal después (la Fortuna y su rueda...), y pone de ejemplo a esas mujeres que tiene delante, que han visto cómo su suerte ha cambiado drásticamente de un día para otro: hace nada eran libres, ahora esclavas. Y entonces se fija en Yole, quien por su aspecto parece de buena familia, la más noble, y más se compadece de ella por eso. Le pregunta a Licas quién es, pero Licas dice no saber nada de ella: Yole no habla y ha ido todo el camino llorando. Deyanira no se enfada con Yole por no responder; al contrario, la entiende y pide que se la respete, que demasiado tiene encima en este momento, Deyanira no la quiere importunar. Por muy tonta que sea, que para según qué cosas lo es, al contrario que por Heracles, sentimos afinidad por Deyanira, al menos yo la he sentido de principio a fin de la tragedia, y aún más sabiendo como sabemos de antes, esto no lo he dicho, y sabremos todavía más después, cómo acabó siendo la mujer de Heracles, ya que la pretendía también, de muy jovencita, un río, Aquelao (que son divinidades, acordaos del padre de Dafne), hecho toro, al que se enfrentó Heracles para obtener a Deyanira; esta, en su momento, quedó impactada ("traumada", dirían algunos ahora), por las manifestaciones de lascivia y fuerza bruta tan prototípica e insanamente masculinas, por más que represente aquí al fuego sexual femenino.

     Cuando se va a marchar Licas, el mensajero le viene a decir a Deyanira que Licas miente, o al menos está ocultando información o la ha distorsionado. Le revela que en realidad Heracles arrasó la ciudad y la zona porque le pidió a Yole a su padre, el rey Eúrito, para tener una relación con su hija y este se negó. En su cólera, mata a Eúrito y reduce a cenizas la ciudad, hasta sus cimientos. Yole no ha venido en calidad de esclava. En ese instante, Deyanira se lamenta, y por un momento transforma su compasión por Yole en desprecio. Presionado por el mensajero y ella misma, Licas lo confirma. Lo que dice Licas es esto: a Heracles le entraron ganas de poseer a Yole (lo dice así, tal cual); para conseguirla, destruye Ecalia; que le ha ocultado esa información, no por mandato de Heracles, ¡qué va!, sino por iniciativa propia, porque sabía que eso la heriría, para no dañar su corazón; y, por último, que trate bien a Yole, porque ese Hércules, tan fuerte y tan invencible, está completamente rendido a ella. En ese momento, Deyanira piensa que está acogiendo al enemigo en su casa, refiriéndose a Yole, y el motivo es más físico que otra cosa: Y ahora somos dos mujeres las que esperamos los abrazos de un hombre bajo la misma manta (p. 113). Porque Deyanira es muy consciente de que poco tiene que hacer en esa competencia, y así lo expresa: Yole es más joven y, por lo tanto, más deseable para Heracles. Aunque repite mucho, eso sí, que no está bien que monte en cólera contra ella. Esto, una vez más, me hace empatizar con ella: en cuanto a su humanidad, me parece una mujer para ser elogiada.

     Si quiere ser ella la que esté compartiendo manta con Heracles, va a tener que recurrir a algo que, según ella misma, está mal, ella no lo ve nada bien en general, pero en este caso es necesario; se justifica ante el coro de lo que tiene determinado hacer, un acto hasta cierto punto legítimo si tenemos en cuenta que ella es la esposa de Heracles y que tiene derecho a desear y disfrutar del cuerpo y el fuego de su propio marido. Porque, aunque uno haga cosas deshonrosas, siempre que se hagan en la sombra, jamás se caerá en el deshonor (p. 115), llega a decir. Su medio es la hechicería, y tiene un recurso muy potente guardado en un cofre para realizarlo. Y, ahora, pues os tengo que contar por encima la historia de Neso, el centauro. La obra hace flash-back (analepsis).

     Cuando Heracles consiguió a Deyanira, se la lleva de su ciudad. Deben atravesar un río, así que un centauro que los acompaña, Neso, la pone en sus hombros. A este centauro se le califica de bruto varias veces. Debía de serlo, porque en mitad del vadeo no se le ocurre otra cosa que manosear a Deyanira (le mete mano, vaya). Inmediatamente, Heracles, llamado también el mozo de Zeus (es hijo de este y de Alcmena), ... Heracles le lanza una flecha a Neso que le hiere mortalmente en el pecho. Antes de morir, le confiesa a Deyanira que, si toma coágulos de su sangre, esta sangre será un filtro amoroso muy potente: untado en un tejido, el que se lo ponga no podrá resistirse a estar con ella. Y esto lo tiene Deyanira en un cofre, un túnica empapada de la sangre de Neso. Y ahora, después de tantos años, entiende que puede usarla para que su marido la elija a ella.

     Así que, pronta le da a Licas un manto impregnado de la sangre de Neso y otros ingredientes, metido en un cofre (pues no debe darle la luz del sol hasta llegar a su destinatario), con instrucciones muy precisas para que llegue a Heracles como regalo, para que se lo ponga para hacer sacrificios. Y Licas le asegura que las seguirá al pie de la letra. Y entonces el coro canta. ¡Que llegue de allá codicioso, en extremo, de amor, / tras haber sido empapado con toda la unción de la concupiscencia / de acuerdo con la profecía del bruto Neso! (p. 117).


     Y ya por fin aparece la tragedia, en el sentido popular de la palabra, y también lo que más nos puede llevar a pensar que Deyanira es tonta en el sentido al que aludía al principio, especialmente por sus consecuencias. Aparece ahora Deyanira lamentándose delante del coro de que, tal vez, haya llevado las cosas demasiado lejos. El coro, las muchachas traquinias, que le habían apoyado con todo esto del manto, le preguntan por qué, la cosa no es tan mala, ¿no? Y es que, para untar el manto con el mejunje de centauro, Deyanira ha usado a modo de brocha un mechón de lana. Una vez enviado Licas con su regalo, se ha dado cuenta de que ha dejado ese mechón embadurnado al sol y ha visto el efecto de la luz en él: ha acabado fulminado. Y entonces ata cabos. ¿Y si Neso le mintió? Se da cuenta: no es un filtro de amor, la intención del centauro era matar a quien le había matado. Algo que, por cierto, al final de la obra sabremos que se profetizó, que a Heracles lo mataría alguien muerto. Y entonces Deyanira declara que, si Heracles muere, ella también morirá:  ... pues teniendo que oír impertinencias la vida resulta insoportable a una que prefiere, antes que vivir, no haber nacido, si de nacer nace perversa (p. 119). Unas palabras que, para mí, son una mezcla de culpa, ingenuidad y estupidez. La respuesta del corifeo es que En última instancia, el enfado de la gente con las personas que han cometido un error sin intención es blando, y ése es el que va bien en tu caso (ibíd.), tratando así de atenuar la culpa y ese temor de Deyanira y, de forma un tanto tímida, evitar su suicidio, pero que a la vez pone de relieve su ingenuidad.

     Entonces llega Hilo, con palabras muy duras hacia su madre. La noticia que trae es la que ella temía, y acusa a su madre de haber matado a su padre (que no ha muerto aún). La acusa y reniega de ella, en base a lo que ha visto y a las explicaciones de Licas in situ acerca de que el manto que se puso Heracles para oficiar sacrificios procedía de ella. Además lo traen, traen a Heracles y ella lo va a ver en su agonía. Deyanira, a la que le duele ver a su hijo así con ella y sus palabras, en lugar de defenderse, se va sin responder a Hilo. 

     Entre lamentos, el aya informa que Deyanira ha muerto. Se ha suicidado clavándose un cuchillo en el costado. Lo hizo llorando, sentada en el lecho de Heracles (el aya lo vio todo, a escondidas, sin hacer nada realmente por evitarlo, y lo cuenta de una forma que es para leerlo, es muy conmovedora esta escena y la que seguirá). Su desconsuelo, su lamento, es que esa cama ya no será nunca más su lecho nupcial: ¡... nunca ya me volveréis a acoger como esposa en este lecho! (p. 126). El aya, en lugar de impedirlo por sí misma, lo que hizo fue avisar a Hilo de las intenciones de su madre. Este, que había llegado a decir ante el coro, con una ironía muy agria, ..., y ojalá que el placer que está propiciando a mi padre lo reciba ella (p. 122), se encuentra a su madre muerta en el suelo y se derrumba, y se produce una escena que me ha removido, estremecedora: Hilo se acuesta junto a su madre muerta y se lamenta, entiende que sus palabras han llevado a su madre a ese fin y se queda tumbado junto a ella. Y esta es la historia de Deyanira.


LAS TRAQUINIAS, ENFOCADOS EN HERACLES

     No vamos a repetir todo lo que sabemos de él cuando hemos resumido enfocados en Deyanira: lo de cómo la hizo su esposa, lo que estaba haciendo en Lidia, su deseo por Yole, ... Todo eso es así, así que aquí espero ser rápido. 

     De momento, cuando, en plenos sacrificios, empieza a sentir los terribles efectos del manto que lleva, con mucho dolor, convulsiones y caídas sucesivas al suelo, le pide explicaciones al fiel Licas, fiel a Heracles y a Deyanira, y él se las da: solo ha seguido las instrucciones de su esposa. A pesar de ello, Heracles se carga a Licas, y a lo bestia, que es su estilo para cargarse a la gente. Luego, moribundo y rabiando de dolor, pide que le lleven a su casa y lo hacen. Entran Hilo, un anciano y un cortejo que transporta a Heracles, de crudo carácter, según este anciano al mandar callar a un Hilo que se lamenta, eso del lloriqueo no le va a hacer gracia ninguna a su padre, mejor estar calladitos. 

     Sí, Heracles aún vive, y viene rabiando de dolor, tanto que le pide a Hilo que le mate con una espada por compasión. En esta parte final, Heracles habla mucho, a pesar de su estado. Maldice, y mucho, a Deyanira, mientras le pide a su tío Hades que le dé una muerte rápida. Describe su dolor, que ha llegado a los pulmones. Ordena a Hilo que traiga ante él a su madre, a Deyanira, porque él estará como esté, pero fuerzas no le van a faltar para matarla y así de paso contemplar por la muerte de cuál de los dos sufre más Hilo, a ver si es digno hijo, aunque luego ruega a Zeus que acabe ya con él de una vez, así es su sufrimiento. Y, mientras dice todo eso, relata sus hazañas, sus famosos trabajos, para resaltar que al final le ha matado una mujer, su mujer, ¡qué ironía! Y aun en ese estado de dolor y delirio, solo piensa en dar muerte con sus manos a Deyanira. A duras penas Hilo consigue al fin informarle de que, si le ha matado su madre, ha sido por error (erró al anhelar una cosa buena, p. 132), y se lo explica, de modo que Heracles entiende que quien en el fondo le ha dado muerte ha sido Neso (la profecía se cumplió). También le informa Hilo de que Deyanira se ha quitado la vida. Ya menos airado, solicita la presencia de sus otros hijos y de su madre Alcmena, pero no están en Traquis. Entonces le hace jurar que cumplirá sus deseos: que él mismo, Hilo, con sus brazos y ayudado de amigos, le arroje vivo en una pira en llamas en el pico más alto del monte Eta, que al hacerlo ni se le ocurra llorar (¡por Dios!), y que se case con Yole. A lo primero y lo último Hilo se opone de inicio: ¿arrojar vivo al fuego a su padre y casarse con aquella que, para él, es la causante de todos estos males? Y digo yo: ¡pobre Yole también! Pero, tras dialogar más, al final accede a los deseos de su padre.


OTRAS APRECIACIONES MÍAS Y APUNTES A TEMAS A DESARROLLAR


1. No acabo de acostumbrarme mucho a Sófocles, después de pasar por los serios Esquilo y Unamuno. Ni se me ocurriría decir que introduce elementos cómicos en una tragedia, lejos de mí afirmar tal cosa, pero desde luego, y de ello ya estaba informado, es muchísimo más variado y rico que Esquilo en diversos elementos, como ya dejé apuntado en Áyax. Y el uso del lenguaje y el manejo de situaciones y de cómo los personajes las narran es uno de ellos. Por ejemplo, la verdad es que me ha hecho gracia el motivo por el cual el heraldo oficial no llegó pronto a Deyanira (p. 102), de tal modo que otro se le adelanta, el mensajero, muy listo él, para obtener beneficios. Y es que, al llegar Licas a Traquis para informar a Deyanira, es rodeado, agobiado y hasta acosado por el gentío, ávido de noticias. O la ironía del mensajero refiriéndose a Licas en la p. 108, cuando le revela la verdad sobre Yole.

2. De la mujer resaltaría tanto... Y no es exclusivo ni de esta tragedia ni de Sófocles, claro. Aparecen como aparecen en muchos textos porque esa era su realidad en esa época (inevitable, de nuevo, acordarme de Lechuza blanca sobre Argos, de María Luisa Regalado, ya sé que me acordaré de esta obra cada vez que lea obras griegas clásicas, ya lo sé). Para empezar, nunca mejor dicho en Las Traquinias, la mujer como botín de guerra y el carácter de su esclavitud. Ya no puedo recordar en qué obra erudita o manual leí, fue hace mucho tiempo, que en el mundo antiguo se mataban a los hombres y se hacían esclavas a las mujeres, fundamentalmente para que trabajasen la tierra y sirviesen en las casas. A los hombres, que eran guerreros, se les temía porque se te podían volver en contra, a las mujeres no. Esto, hasta que ya la sociedad se articula de modo que es más o menos seguro tener esclavos también. La mujer es una propiedad legítima como botín de guerra, y esto está asumido por todos, incluidas las esposas y concubinas. No hay más que recordar, por poner un ejemplo ya traído a este blog, Las Coéforos de Esquilo, o volver a esa Clitemnestra reivindicada por María Luisa Regalado en su obra mencionada Lechuza blanca sobre Argos. Eso incluye, no hace falta que lo diga, que por supuesto su dueño se va a acostar con ellas cuando le venga en gana, o darlas a otros para eso, como María Luisa Regalado llega a apuntar. Esta novela, Lechuza blanca sobre Argos, es muy ilustrativa en cuanto a la vida de encierro que llevan en el gineceo las mujeres, las limitaciones que tienen aunque sean reinas, que desconocen cómo es su propia ciudad al no permitírseles salir, e incluso gran parte de sus palacios y casas. De ahí que se diga, en Las Traquinias, ... salí a la calle a hurtadillas... (p. 113).

3. Me callo aquí con respecto al alcohol porque quiero hacer un artículo sobre este y la literatura.

4. Aquí vuelvo a un asunto ya mencionado pero que me parece muy relevante, y es el hecho de que, al leer en este caso tragedias clásicas griegas, se observa cómo los autores resaltan el horror que supone la desgracia de acabar siendo esclavo, al igual que, en otras tragedias, el hecho de que asalten tu ciudad. Por más que en esa época se asuma como derecho de botín y algo "natural", ellos mismos lo resaltan como horror ante un público coetáneo, por más justo que fuera el casus belli y más extranjeros que fueran esos esclavos. Se tiende a la compasión con respecto a ellos. Por muy normal que fuera en la época, por muy asumido que estuviera, ellos mismos lo contemplan como una desgracia, parece que quieren remover sentimientos de compasión en el público. Y éstas que ves aquí, otrora afortunadas, tras topar con un género de vida sin atractivo alguno, se encaminan hacia ti... (p. 105), y estas son palabras de Licas a Deyanira, hay que leer lo que responde esta al corifeo cuando le reprocha no alegrarse de la victoria de su marido, justo ahí en esa página 105, me entró una enorme compasión, y cómo se dirige a Yole.

5. Como hemos visto, el suicidio y la eutanasia son temas de interés que aparecen en esta obra.


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     Soy tozudamente cronológico a la hora de leer obras completas y antologías. A las puertas de llegar, al fin, a las tragedias más renombradas de Sófocles (Antígona y Edipo, rey), el desconcierto que me ha producido la lectura de Las Traquinias, fijaos, me ha llevado a la impresión lectora más extensa que he hecho hasta la fecha. Me lo he currado, no digáis que no.


sábado, 25 de julio de 2026

"HISTORIAS HOSPITALARIAS. CUANDO LAS PAREDES HABLAN", DE DANIEL GUERRERO BONET. IMPRESIÓN LECTORA.

 




Historias hospitalarias. Cuando las paredes hablan, de Daniel Guerrero Bonet (Círculo Rojo, 2024), es un conjunto de breves narraciones de hospitales y de vidas que resisten, se salvan o se van. A modo de microrrelatos (la mayoría no supera la página), el cariz y el matiz de cada uno es diferente: a veces te dejan conmovido, especialmente por ese final tan de microcuento que bien sabe manejar Daniel Guerrero; otras veces, se trata de un panorama emocional, una descripción de hechos o de reacciones. Lo que más me impresiona de este escritor, y aquí no iba a ser la excepción, es su visión humana en un tono narrativo que parece neutro, no excesivamente emocional en su expresión porque no lo necesita, en su narrar ya está cercano, se nos hace cercano a los personajes y sus vivencias y a nosotros, esa voz..., la voz de un observador, observador de personas. En esta su segunda obra, Daniel Guerrero, enfermero de profesión, además de periodista, puede narrar con propiedad, con la experiencia de quien ha vivido y convivido día tras día con pacientes de todo tipo y con compañeros de todo tipo.

     La obra se subtitula Vivencias de los que sufren y de quienes las comparten, y así es como se articula el libro en sus dos partes. La primera, Vivencias de los que sufren..., comprende treinta textos, treinta historias de dolientes de diferentes afecciones y con muy distintas personalidades, reacciones y modo de afrontar la vida y las circunstancias que les ha tocado padecer, porque aquí, como en la siguiente parte, el escrutinio psicológico, el perfil humano, parece lo más importante en el núcleo de su contar. Sinceramente, aunque, de esos treinta, hay algunas narraciones un tanto más livianas, digamos que anecdóticas, la mayoría son historias conmovedoras, que además, claro, te parecen reales, si es que no lo fueron, así que son aún más conmovedoras. Daniel Guerrero empieza fuerte con sus dos primeros relatos (Púrpura y Cansado y tranquilo), porque, si bien son dos historias muy distintas, la primera estremecedora, comparten lo que parece que va a ser un personaje más atravesando su obra, junto con la muerte y su sombra: la soledad. 

     Hablo de lo que más me ha llamado la atención a mí, son mis propias impresiones lectoras. En esta parte de la obra, además de la soledad del paciente, me quedo con la impresión de este mismo enfermo observando lo que otros le hacen. Con batas verdes o blancas, con mascarillas, él o ella es el objeto pasivo de sus actos, de los procesos que inician y continúan en su cuerpo, para los que debe colaborar (cosa que no siempre hace), y lo observa y lo procesa. Y, sobre todo, me quedo con las diferentes personalidades y circunstancias vitales de cada personaje, que provocan reacciones distintas ante el sufrimiento físico (y a veces social, relacional), el acto médico o el necesario estar en un hospital, así como la forma de dialogar y comunicarse con el personal que lo atiende. 

     No todas las historias, en esta parte y en la siguiente, te hacen empatizar con el personaje. Como en la vida, en los hospitales hay de todo en cuanto al paisaje humano. Así, El pretexto de la desconfianza podría decirse que va un poco al revés que la mayoría de las historias. Y si antes dije que muchas son historias conmovedoras, lo cierto es que algunas son realmente desoladoras: Tuvo mala suerte me dejó descorazonado al terminarla. 

     En fin, lo acabo de decir y lo he dicho varias veces, pero es que es así: son historias conmovedoras, pero no por ningún innecesario alarde lingüístico o por artificios verbales, sino por las historias en sí: solo contarlas, así, tal cual, conmueven. Y, claro, el último de esta sección, El paciente agradecido, lo hace.

     La segunda parte, ...y de quienes las comparten, es más breve, contiene doce historias. Aquí el foco está en los que acompañan o se implican con los enfermos, por lo general personal sanitario. Su inicio es sencillo, Compañeros matutinos parece un relato, más bien, para introducirte en este nuevo enfoque. Así, desde la placidez rutinaria, se pasa ya al sufrimiento desde el otro lado, en el caso del segundo relato, Hematemesis, el de un médico y su propia conciencia. A partir de aquí, desfilan administrativos, celadores, enfermeros, médicos y familiares, cada uno con su historia interior y su trayectoria vital, con sus propios sufrimientos (a veces, también de salud), con sus soledades y sus incomprensiones. No es cuestión de destacar ningún relato por encima de los demás, pero bueno, de esta sección, y en opinión muy personal, me quedo con dos por motivos muy diferentes. Primero, Superado y olvidado, porque se sale de la tónica de todos los demás relatos y se ofrece una visión negativa de un personaje rancio que pertenece a otra época, sería un contrapunto. Y, segundo, y ahora en serio, Los hijos: es de los más contundentes, sin duda, y deja un buen mensaje final del que deberíamos apropiarnos sin necesidad de vivir en primera persona lo que se narra. Pero, ya digo, no es cuestión de destacar unos sobre otros. Una compañera desgraciada o El cuidador incapaz de cuidarse te dejan ese sabor, de nuevo, de la complejidad de la vida y de cómo nos relacionamos los seres humanos entre nosotros.


     Historias hospitalarias. Cuando las paredes hablan, en definitiva, es una obra que deja posos en el interior del lector. Su lectura es sencilla, se puede leer en poco tiempo si se desea, pero no es superficial en ningún extremo, y ya su propio título te lo deja claro. Solo alguien que ha vivido entre las cuatro paredes de un centro hospitalario día tras día podría componer un libro así, y nosotros, los que no, somos unos privilegiados por poder leerlo.






viernes, 10 de julio de 2026

"LOS ABUBILLOS", DE RUTH ROMÁN FERNÁNDEZ. IMPRESIONES LECTORAS.

 



Los abubillos, de Ruth Román, es un libro encantador, que resalta con una luz natural que solo existe en esos lugares de autenticidad sin dobleces, y que trae un respiro con un aire saludable que notas cuando al fin te desplazas a ese sitio, llegando a ser incluso terapéutico. Para disfrutarlo, solo basta con dejarte llevar con el corazón dispuesto a su fluir, sin más. Combina muchos elementos, más de los que quiere aparentar, entre los que destaco ahora la inteligencia emocional, el humor en guiños y la claridad de ideas en los personajes principales, que son conscientes de lo que tienen y son capaces de valorarlo. Publicado en 2017, está disponible en Amazon, tanto en tapa blanda como en Kindle (Los abubillos). Su lectura es ligera, como es de esperar si tenemos en cuenta el propio propósito de la novela, y por supuesto para todas las edades a partir de 13 años. Ya he comentado varias veces que a mí me ha hecho sonreír desde la primera página hasta la última y que me ha hecho reír en muchos episodios.

      Lo que ofrezco en esta entrada de blog acerca de esta novela es lo siguiente:

1. Su sinopsis y mi impresión lectora.

2. La reseña de mi hija Clara, de 13 años precisamente.

3. Su inesperado contraste con mi novela Amae pop blue, como manera de profundizar más en sus significaciones.


SINOPSIS Y MI IMPRESIÓN LECTORA


Abubilla del Camino es un pueblo cuyos habitantes viven en armonía con la naturaleza y unos con otros. Sin embargo, por un malentendido y una inflexible burocracia, los abubillos deben enfrentarse a la inminente construcción de una carretera que atravesará la localidad y romperá su estilo de vida. Sus originales movilizaciones para impedirlo y todas las vivencias y relaciones entre ellos, con sus peculiaridades, conforman una historia donde la fraternidad, la satisfacción por la sencillez y la honestidad, la amabilidad y el amor por su propio pueblo se imponen a toda ambición externa y a las malas intenciones. De entre sus varios personajes, conocer en acción a Edelmira, Coro y Sandalio, con sus particularidades tan marcadas, nos hará sonreír a veces y pensar otras. Narciso, un perro muy decidido, es otro personaje importante. El buen ánimo y la buena educación se respira en Abubilla, sus ganas de disfrutar de los placeres sencillos de la vida, el estar juntos. Mientras todo se desarrolla, el cine, el teatro y la música se hacen presentes, y también suceden algunos fenómenos extraños, paranormales.

     La novela empieza dinámica, con el relato de diferentes sucesos y la presentación de distintos personajes que dan entrada al verdadero locus amoenus que es Abubilla del Camino. También se transmite una ligera sensación de realismo mágico en la puesta sobre la mesa de acontecimientos sucesivos y en el perfil de personajes, un toque de realismo mágico que se reafirma con una foto.

     El lenguaje es fresco y resuelto, sazonado con gracia y en ocasiones ironía, con descripciones muy al vivo, como por ejemplo la tensión al conducir por parte de un personaje. La novela rezuma vida, deja que la imaginación no tenga límite y demuestra un dulce sentido del humor. Este sentido del humor en no pocas ocasiones se manifiesta en el contraste de visión acerca de un mismo asunto. Hay color en los propios nombres de los personajes.

     Cuando llevas avanzado un poco el relato, te das cuenta de que la amabilidad está por todas partes. Incluso en momentos complicados, se tienen gestos amables con aquellos que se consideran antagonistas o en plena tensión, y por supuesto entre los abubillos y sus invitados. Una de las cosas que ha hecho que mi sonrisa se transformara en carcajada es ver cómo, a las primeras de cambio, los abubillos montan una fiesta, y sobre todo cómo Coro, por lo general, está siempre ofreciendo bizcocho y limonada. Yo creo que es esta amabilidad que rebosa sus páginas lo que me hace decir que la lectura de Los abubillos tiene un efecto terapéutico: una dulce terapia mental, como dulces son los pasteles de Coro, como la música de Salvador a la guitarra. Especialmente gracioso me ha parecido el capítulo XIII (Lalo Lillo) y muy reveladores los nombres de las bandas y los artistas que se barajan para un festival de música. La aparición de nuevos personajes muy perfilados en su personalidad, como Elia o Ignacia Comino, van añadiendo más color.

     Por supuesto, no os voy a contar el final. Y como creo que se me ha notado mucho cómo he disfrutado de esta novela, terminaré diciendo que también se nota que la autora, a la que, según intuyo, debe de gustarle la decoración, disfrutó lo suyo redactándolo.


LA RESEÑA DE CLARA (13 AÑOS)


      Los abubillos es un libro entretenido, a mí me ha gustado, sobre todo por el sentido del humor que hay en una historia tan amable y optimista.

      Mi personaje favorito es, ¡cómo no!, Narciso. Y, dentro de los personajes humanos, Coro, por su iniciativa, su carisma y sus sueños.

     El episodio que me ha resultado más emocionante ha sido el último (XX, El dolor de tobillos), por la acción y cómo acaba.

¿Se lo recomendaría a alguien? Sí, a gente sencilla y sensible, que ame a los animales y a la naturaleza.

¿Me gustaría vivir en Abubilla? Por supuesto, por la amabilidad de sus vecinos y su entorno natural.

¿Y cómo ha sido la experiencia de leerlo con mi padre? Ha estado muy bien leer de forma alternada, párrafo él, párrafo yo, y he aprendido palabras que desconocía.





PROFUNDIZO EN SUS SIGNIFICACIONES POR CONTRASTE CON MI NOVELA AMAE POP BLUE.

     He llegado a calificar recientemente a Los abubillos como la dulce antítesis de Amae pop blue. Esta afirmación no es gratuita, llega como una revelación en mi leer la obra de Ruth Román y, al pararme a analizarlo, descubro sus motivos, y este hecho me ha entusiasmado a otro nivel. Este análisis me ha permitido conocer mejor la obra de Ruth Román y reflexionar en aspectos de la mía, hasta el punto de llegar a pensar, incluso, en llevarlo a mi canal de YouTube, Universo Amae Pop Blue. Iré desgranado lo principal, desde lo más superficial a lo más profundo:

1. Amae pop blue se publica en 2024 (Volumen I), pero su acción se sitúa desde finales de 2017 y durante 2018. La elección de ese periodo temporal no es casual ni azaroso. Además de su valor simbólico, los primeros borradores se escribieron en esas fechas y quedaron durmientes en dos cuadernos que rescaté mucho después. Por su parte, Los abubillos se publica, precisamente, en agosto de 2017. La acción no tiene una ubicación temporal concreta, por lo que es bastante legítimo considerarla con unas fechas probables entre 2016 y 2017. Desconozco el proceso de escritura de Ruth Román a este respecto, quiero decir, no sé si fue redactar e inmediatamente publicar o lo tenía guardado en un cajón durante varios años hasta decidirse darlo a conocer, pero ya me llamó la atención ese año de 2017. No sé, me hizo ilusión pensar que, mientras los abubillos se movilizaban en defensa de su pueblo, Rodrigo estaba llegando a ese estado vital que poco después se removería, y de qué manera. En fin, esto realmente es lo de menos, dije que iría de lo más superficial a lo más profundo.

2. Hay detalles de contraste muy evidentes. Por ejemplo, los escenarios: naturales, rurales en cierto modo, en Los abubillos, y los urbanos casi siempre en Amae pop blue. No es solo el entorno, sino lo que implica en el transcurso del tiempo, las relaciones y la visión de las cosas. Esto se simboliza muy claramente en las aves que representan a cada novela. En el caso de la obra de Ruth, la abubilla, un ave muy llamativa y bella con una cresta que es su rasgo distintivo, y que simboliza tanto en tan diferentes culturas, que se muestra así, en su belleza y muy diferenciada del resto de aves, muy reconocible, por lo general en entornos más naturales (donde yo vivo a veces se las ve, pero bien es cierto que el enorme parque que tengo al lado, que conserva zonas de olivos, ayuda a que estén por aquí). Por mi parte, el gorrión es el ave representativa de Amae pop blue, adaptado al entorno urbano, no especialmente llamativo, común. Sencillo, sí, no puede hacer ostensiones, pero un buscavidas dentro de su sencillez, igual que el alma sencilla, ingenua, de Rodrigo, se tiene que adaptar, mejor o peor, a un entorno de agitación interna y externa.

3. Pero lo realmente significativo es el punto de partida y las situaciones que viven unos personajes y otros, así como la forma en que deben moverse y resolver, y el tono. En Los abubillos se parte del equilibrio social y emocional (en paz y armonía) y sus personajes tienen que movilizarse contra un cambio no deseado que pone en peligro ese equilibrio. Por el contrario, en Amae pop blue se parte de un desequilibrio que acepta el cambio aún más desequilibrado. El interior y la trayectoria de mis personajes están revueltos, a veces a punto de explotar, mientras que en los de Ruth Román hay una aceptación armoniosa tipo ikigai. Los abubillos son felices, plenos, en su aceptación de cómo es cada uno y a qué se dedica, en sus roles dentro del pueblo y entre ellos, en su entorno: esto es, a mi forma de ver, el ikigai. Es decir, está intacto y es pleno y satisfactorio su amae (sentimiento de pertenencia grupal y de relaciones consigo mismos y con los demás, dicho grosso modo, porque exactamente el amae no es eso), en cada personaje de Abubilla está muy asentado. Mientras que el motivo principal del desasosiego profundo inicial de mi protagonista, Rodrigo, y el de varios otros personajes de mi novela, es precisamente que ese amae se ha caído, se ha roto, ha explotado (amae pop), no existe y ha dejado un vacío. Este concepto ya puede luego concretarse en diferentes oposiciones. Dejo aquí algunos ejemplos:

a) El enfoque en la individualidad que no impide la pertenencia a grupos, en Amae pop blue, frente a un protagonista colectivo, que no impide las diferencias individuales y su aceptación, en Los abubillos.

b) Heridas traídas, en Amae pop blue, frente a heridas a evitar, en Los abubillos.

c) Relaciones estables y conformes (de pareja, familiares y sociales) en Los abubillos, frente a relaciones rotas o tormentosas en Amae pop blue.

d) El liderazgo femenino estabiliza en Los abubillos (con muchas comillas eso de "liderazgo femenino" aquí, puesto que es en realidad el carácter y las funciones de cada cual lo importante en esta obra) mientras que gran parte de las mujeres que interactúan con Rodrigo (no todas, también es verdad) son en esencia desequilibrantes o, siendo estables, hacen que el protagonista u otros se tengan que replantear las cosas.


Hay más, pero yo creo que esto es suficiente para justificar que Los abubillos sea la dulce antítesis de Amae pop blue. Y esto a mí me entusiasma, es como descubrirse uno la sombra o la imagen de un mensaje revelado en negativo (donde blanco, negro; donde negro, blanco).

jueves, 9 de julio de 2026

A TRAGEDIA CADA X. "ÁYAX", DE SÓFOCLES. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Leo a Sófocles en la edición de José Vara Donado (Tragedias completas; Cátedra, Madrid, 1985; 27ª edición de 2025). Es una edición que combina verso y prosa. Aunque se discute, parece que Áyax es la primera tragedia conservada de Sófocles, con la novedad de un tercer actor aún vacilante y un tanto a la sombra de Esquilo todavía. La acción comienza, para nosotros, in media res, que no para el público original, perfectamente conocedor de la historia mítica de la guerra de Troya y sus héroes. Como se ve, pertenece al ciclo troyano o micénico y, como digo, empieza ya contextualizado, a saber: la armadura de Aquiles, ya muerto, debe darse al guerrero más valiente y capaz. Sin embargo, en lugar de ir a parar a las manos de Áyax, acaba en las de Ulises por astuto y, seguramente, por una deliberación amañada. Este gesto enfurece a aquel, que se ve ofendido en su honor. El público sabe, y en la obra se observa, que Atenea tiene predilección por Ulises y animadversión hacia Áyax. Para este guerrero, el honor lo es todo y la diosa, realmente, comete injusticia caprichosa sobre él. Todo esto lo desarrolla José Vara Donado en sus explicaciones previas a la tragedia, así que no me extiendo más aquí, y paso directamente a lo que es, propiamente dicha, mi impresión lectora, en la línea de este blog, subjetiva, personal. Aunque, antes de ello, me gustaría dejar apuntadas dos cuestiones.

      La primera, que me sorprende el uso del nombre Ulises en lugar de Odiseo en esta traducción. Reconozco mi ignorancia y he supuesto, desde que leí a María Luisa Regalado con su Lechuza blanca sobre Argos, que puede considerarse Ulises la españolización, de procedencia latina, de Odiseo, ella también usaba el antropónimo latino en lugar del griego, y era el único caso en que así hacía. Los demás son todos helenos (por ejemplo, Ares, no Marte). Realmente, tampoco es que sea importante este detalle, pero sí que me llama la atención.

     La segunda, el propio editor pone sobre la mesa la discusión acerca de si la insolencia de Áyax en un par de ocasiones, al manifestar verbalmente no necesitar a los dioses en actos bélicos, esa soberbia, es o no el motivo de la inquina de Atenea hacia él, y la verdad es que bien pronto aparece este tema, en la primera escena, cuando Atenea aconseja a Ulises: ... no digas jamás tú ninguna bravata arrogante a los dioses ni te enorgullezcas porque valgas más que otros por la fuerza de tus brazos o por la inmensidad de tus cuantiosas riquezas [...]. Los dioses aman a los sensatos y detestan a los malvados (pp. 45, 46). Está claro que para los dioses olímpicos es el peor de los pecados (bueno, y para los cristianos también se supone que debería serlo, ¿no fue ese el pecado original, querer ser igual a Dios?, y no tanto las aprensiones sexuales, pero, en fin, ese es un melón abierto en otro sitio). Estoy convencido de que esta arrogancia es la hybris, que tanto apareció en Esquilo, pero sigo reconociendo la ignorancia que tengo en filología clásica, yo lo estaba dando por hecho mientras leía. Es que esto de hybris y Ate a mí me hizo pensar mucho en su momento.


                                         *



¿Dónde está Teucro?, se preguntaba Tecmesa (p. 70), y es que parece faltarle todo auxilio a Áyax incluso ya muerto, prototipo de la fuerza y el valor frente a la astucia e inteligencia práctica de Ulises, aunque, para ejecutar su propósito, sí fue aquí astuto Áyax en el uso intencionado de palabras ambiguas para dirigirse a su esposa y a sus compatriotas salaminos (el coro). ¿Tal vez la inclusión de un cuarto actor habría podido salvarlo, pudiendo así Teucro coincidir con su hermano en escena? Pero en realidad Áyax se salvó de este modo, y vuelvo a las palabras de José Vara en su Introducción a esta tragedia: ... no toda obra de Sófocles persigue la felicidad, sino la salvación (p. 39). Porque, sí, sucedió lo que tenía que suceder, que a la inocencia no le va bien este mundo (ibíd.). La tragedia se divide en dos partes o tensiones cargadas de mucha emotividad y dramatismo. En la primera, contemplamos a un Áyax enloquecido por Atenea, que cree haber dado muerte a los principales griegos, por la ofensa de la armadura de Aquiles, incluidos Menelao y Agamenón, cuando en realidad ha destrozado el ganado de los aqueos, que se ha llevado a su tienda, lo cual le condenará posteriormente a morir por lapidación, ya es más que un rumor por todo el campamento de los griegos apostados frente a Troya. José Vara hace notar cómo el episodio del Quijote donde nuestro ingenioso hidalgo se lanza a luchar contra un rebaño de ovejas es eco de este suceso. Vuelto en sí, viendo cómo, una vez más, su honor está por los suelos tras sus actos tan ridículos y humillantes, trama su suicido, el cual ejecuta. La segunda parte es la lucha dialéctica entre Teucro y los atridas (Menelao primero y Agamenón luego) acerca de si se le debe dar sepultura o no. El argumento para prohibirlo es que los enemigos no se merecen ese don y a Áyax se le considera como tal, especialmente porque su intención había sido acabar con todos ellos. Lo de "lucha dialéctica" es más bien un eufemismo: se trata de una discusión en toda regla, con intercambio de amenazas e insultos hirientes. La aparición de Ulises al final, el más aborrecido de Áyax y viceversa, pone fin a la disputa: convence, más o menos, a Agamenón para que tenga su entierro y se reconcilia con Teucro y los suyos. 


     Había oído hablar mucho del contraste entre Esquilo y Sófocles, y desde luego lo he notado muchísimo en mi primer acercamiento a las tragedias de este, a pesar de ser la más primitiva, al parecer. Menos sobrio y mucho más dinámico, Sófocles es bastante más expresivo que Esquilo, mucho menos comedido, digamos. Usa más recursos escénicos: aparte de ese tercer actor añadido, por ejemplo, puede dividir al coro en dos semicoros o hacer que Atenea aparezca siendo vista por unos y no por otros. También es más rico en recursos lingüísticos, lo cual incluye la intensidad emocional más elevada en los lamentos, la ironía, la ambigüedad y el insulto elaborado. Si yo soy capaz de notar esto, sin mucho conocimiento y tras la lectura de una traducción, no me extraña que impactase en el público coetáneo, debió de ser toda una revolución (como filólogo hispánico, no puedo dejar de acordarme de Lope de Vega en este sentido, salvando muchísimas distancias). 

     No sé por qué, estoy siendo muy técnico y muy ceñido al texto hasta aquí. Y eso es impropio. Porque, ya lo comenté en otro artículo, estoy tratando con tragedias clásicas, más que estudiadas y comentadas por voces expertas a lo largo de siglos, por eso mi propósito es no ser descriptivo, y lo he sido hasta ahora. Mi objetivo es dar mi impresión personal, así que destacaré muy a lo personal algunos aspectos a modo de botón de muestra. 

     El personaje de Tecmesa me ha parecido conmovedor. También chocará a más de uno cómo lo trata su marido, cómo se especifica el papel subordinadísimo de la mujer y cómo llega a ser esposa de Áyax y, siendo consciente de ello, que también pueda decir que lo ama (ya es inevitable acordarme de María Luisa Regalado con su maravillosa Clitemnestra de Lechuza blanca sobre Argos cada vez que aparezca algún personaje femenino), pero, si nos choca como realidad en sí, era la que había y lo sabemos.  Por eso, por ese carácter que sabe estar en el sitio que se le asigna y a un tiempo tener iniciativa y gran expresividad, me gusta como personaje, y por sus intervenciones, sensatas y emotivas a la vez. Ella misma le dice a los marineros salaminos (el coro) una frase que le dirigió su marido para que no preguntase más sobre lo que hacía: "Mujer, a las mujeres el silencio les procura distinción" (p. 51). Una frase que me lleva, inevitablemente, a mi propia novela, puestos a ser subjetivos, ante la resolución consciente de Olga y Carmen con Rodrigo en el capítulo 40, cuando están realizando un ritual y tomando té: el porqué adoptan esa actitud ante él, siendo en este caso dos mujeres del siglo XXI, tendrás que averiguarlo tú, está en Amae pop blue, volumen II (p. 63). Eso mismo también explica el tono de voz de Olga en el capítulo 86 y sus limitaciones a la hora de comportarse.

     Tremendas me han parecido las palabras de Tecmesa, precisamente, dirigidas a Áyax: En esta situación, ¿quién más que tú podría hacerme de patria? (pp. 57, 58). La frase en sí, como lapidaria; pero también en el sentido que tiene en el texto. Es decir, me ha encantado en sí, recordando inevitablemente a la vez el reverso de Unamuno al llamar matria a su esposa, pero también como expresión concentrada, como la moneda con dos caras, de amor por él, de un lado, y de necesidad y dependencia, de otro, pues si Áyax se suicida el destino de Tecmesa puede ser terrible sin su amparo ya. 

      También tremendas son las palabras ambiguas del propio Áyax: Pues yo voy allá a donde debo ir (p. 63). Una frase que, a nosotros, por fuerza, nos evoca a las de Jesús yendo al Calvario. Al fin y al cabo, en ambos casos se trata de la asunción de un terrible destino decidido por uno mismo.

miércoles, 1 de julio de 2026

"ORFEO NO QUIERE VOLVER", DE JOSÉ MANUEL PÉREZ MARÍN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Orfeo no quiere volver, de José Manuel Pérez Marín (2026), se compone de veintitrés poemas que, en mi impresión subjetiva, se respiran. Se trata del tercer poemario de un filólogo clásico y asesor de El País en relación a ese mundo grecolatino, de ahí que sus versos puedan permitirse anclarse, evocar, revocar o revolcar diferentes historias mitológicas de la Grecia clásica y también a imágenes de una Roma esplendorosa que igual ya está en ruinas al acercarnos a ella. También le permite disponerse como este o aquel autor griego o romano, o tomar igual voz epigramática que ecos de diferentes composiciones de la Antigüedad clásica. Pero cuidado: no son recreaciones (non solum ... sed etiam...). Se trata de un poemario personal, que refleja el mundo interior de un autor que lanza sus versos a viajar, lo mismo por mar que por el inframundo. Yo los he ido notando muy sinceros, muy sentidos, muy vibrados, como cuerdas de su lira interior. Hasta conseguir las famosas conexiones de las que últimamente hablo mucho, a veces por referencias a otros textos, a veces por coincidencias que, tal vez, se deban a que ambos somos seres humanos.

     Como veis, ya empiezo impresionista, y es que os doy eso, mi impresión. Realmente se trata de una obra de extensión breve, ponerme a analizarla sería, no destriparla sin remedio, sino tal vez desmembrarla. Y es que tampoco es necesario. En su Prólogo, Francisco García Jurado hace lo que te encuentras en muchas obras poéticas, va poema a poema dando su semblanza y resaltando lo más significativo, desde sus conocimientos profundos sobre literatura y el mundo clásico. Y yo, como lector, he obrado como suelo cuando me topo con estos regalos: primero leo el poema, dejo que entre, que encuentre su camino hacia mí; luego, leo el comentario del especialista, y termino de comprender. Generalmente así es suficiente y así es cómo he ido poema a poema. A veces, eso sí, vuelves a un poema concreto; ya mi siguiente lectura de estos versos será en curso continuo o con paradas para contemplar panoramas. 

    Realmente, son poemas de alta calidad, literaria y humana. Dejo ahora apuntadas algunas apreciaciones más personales, entre otras que podría hacer. Para empezar, que estoy muy de acuerdo con Francisco García Jurado cuando escribe que "Busca expresar un universo propio mediante imágenes atemporales": así es. Todos los poemas me han gustado mucho, sí, pero voy a seleccionar. El segundo, Sine vindicta, me pareció muy bueno, delicioso, de principio a fin, sobre todo ese fin. Lo digo en sí mismo, como poema, porque todavía no podía ser consciente de qué anunciaba en la cadena de poemas, el tono que ya imprimía  José Manuel ahí, su irradiación al resto de la obra.

       Al llegar a la página 40 tuve que detenerme. Me sorprendí a mí mismo al ver que había traspasado una especie de meta volante al llegar a Troya no nos llora, porque había entrado en una oleada de versos ardientes ya en el poema anterior, Ecos de Roma, ¡versos encendidos, amor apasionado!, para tomar la voz de Petrarca y mi mito preferido de todos (¡ay, Dafne!) en Un poeta laureado (y mi canto, en lugar de poseerte / te eternice en ramas de fuego y sombra). Para ir asentándonos en el amor clásico, el amor puro, el verdadero, y aprender que en el amor no hay que mirar atrás, como hizo Orfeo (Katábasis del amor). Precisamente el poema siguiente, Amor clásico, con ese recurrente Déjame..., que es más que una mera anáfora, ya me estaba inundando con pequeñas ondas que hacían de espejo para reflejar también lo que hay dentro de mí; y entonces, ¡toma en la frente!, llega la Aurora incondicional con su amor puro, aquí está, el puro: el idealizado, del que tanto sé e incluso creo que me he doctorado. Y después, el escalofrío de todo, lo ideal y lo físico hecho uno en No leemos y escribimos poesía: ...que el deseo no necesita templo / para volverse sagrado, / que basta un nombre susurrado en la penumbra / para que el Olimpo tiemble (p. 51).

     Bastantes poemas dejan el sabor de los mitos: melancólicos, tristes, realistas en la asunción del destino; de desamor, desilusión y abandono, de dolor.

    Soy Aries, me rige Marte, soy directo: mi poema, de entre todos, sin duda es Noches áticas. Y es que, encima, aparece aquí la Rayuela de Cortázar. Como tomo apuntes, os voy a decir qué he puesto en mi cuaderno junto al título de Noches áticas: he pintado un corazón, ya está. Suficiente.

     El último poema, Cuerdas desafinadas, es más que un colofón. Al fin y al cabo, el mito de Orfeo y Eurídice, ¿qué acaba por enseñarnos? ¿Mueves cielo y tierra, consigues lo imposible para justo al final...? Pediste a los dioses una segunda oportunidad, /pero ni los dioses rehacen / lo que el miedo rompe (p. 64).

miércoles, 24 de junio de 2026

"LECHUZA BLANCA SOBRE ARGOS", DE MARÍA LUISA REGALADO. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Lechuza blanca sobre Argos, de María Luisa Regalado (Con M de Mujer, 2025), es una novela donde la voz de Clitemnestra nos narra su propia vida y los acontecimientos que giraron alrededor de ella. En este sentido, es una obra muy original, al retomar de este modo el ciclo micénico que ya trataron desde diferentes perspectivas, entre otros, los grandes tragediógrafos griegos (Esquilo, Sófocles y Eurípides), desde la mirada y con la voz de un personaje denostado durante siglos y que aquí se reivindica al contar, simplemente, los acontecimientos de su vida y los motivos de sus acciones. Así, podemos decir que se trata de una novela histórica en la parte que hace a lo que sabemos de la Edad de Bronce y la época micénica, el fundamento histórico y arqueológico es muy firme. Y este es uno de sus mayores méritos, a mi entender: tomar la mentalidad y la estructura social y religiosa de una época tan remota y traerla a la ficción, incluso en lo que nosotros llamamos intrahistoria, con sus rutinas, sus temores, sus inquietudes y sus necesidades, e insertarlo de forma natural en una historia muy interesante que te lleva desde el principio hasta el final muy metido en ella. Está muy bien escrita, tanto en lo formal y lo narrativo, como en lo que acabo de apuntar, y esto lo quería recalcar en primer lugar, antes que otros elementos que hacen de esta obra una novela muy atractiva e inmersiva. Clitemnestra, como narradora, no es estridente en absoluto, es de tono sincero y serio de manera constante. Y aunque expresa el horror y la angustia que siente, no se recrea en ello de forma morbosa o afectada en exceso, deja constancia; y en aspectos como los encuentros sexuales lo deja todo dicho de manera elegante sin necesidad de ser explícita, a veces incluso sin decirlo; la atención se capta por medio de los mismos acontecimientos que relata. Se trata de una época que la autora conoce muy bien, y ahí sitúa a sus personajes y los hace cobrar vida. Por tanto, maneja excelentemente las mentalidades, y esta es una cuestión que elogio, pues el hecho de que determinadas cosas fueran así no resta en su obra el cómo lo asumen y procesan los personajes, que no dejan de ser seres humanos. Esta combinación entre la ausencia de ninguna clase de anacronismo y la vibración de la sensibilidad humana me parece uno de sus mayores logros en esta obra, y por eso funciona tan bien para cualquier tipo de lector que desee acercarse a ella. Por ejemplo, ningún personaje se va a llevar las manos a la cabeza por que exista la esclavitud, las mujeres estén en el gineceo con muchas restricciones de su libertad o se deban hacer sacrificios a los dioses, porque eso era así en esa época, pero eso no significa que no les afecte y sean conscientes, ese contraste está muy bien plasmado en esta obra y humaniza a los hombres y mujeres de esa época, se les da voz aun desde su marco cultural. Eso me ha encantado, cómo lo desarrolla y con qué naturalidad María Luisa Regalado en Lechuza blanca sobre Argos.

                La religión está muy presente, como es lógico, tanto en la realización de ritos como en la forma de razonar y comportarse los personajes. Pero no aparecen los dioses como tales, como personajes, como lo hacen en la Ilíada, por poner un ejemplo. Está en las creencias, las reacciones, las decisiones y la percepción de la realidad, y los acontecimientos que nosotros consideraríamos sobrenaturales, místicos, del mundo de los dioses o de la espiritualidad aparecen como podrían aparecer en una novela ambientada en el siglo XX, no traspasa esa frontera, y eso es otro valor añadido a esta novela, que siendo una recreación e interpretación de un mito sea a un tiempo una novela realista en el buen sentido.

                Por tanto, Lechuza blanca sobre Argos se trata de una novela biográfica, la narradora es la protagonista y nos cuenta su vida desde el principio hasta el final. El hecho de que no se estructure en capítulos, sino que se cuente de manera seguida sin separación en partes de estructura externa más allá del párrafo, me da la impresión de que es así por imitación de las narraciones, en verso, de las epopeyas, intuyo que la autora ha querido plasmar la historia de Clitemnestra contada por Clitemnestra en un formato escrito adecuado a la época de su narración, en las que se harían de manera oral, o a la época clásica que narraba estas historias de la Edad del Bronce ya por escrito. Los diferentes episodios se marcan con el uso de la negrita para la primera palabra que lo va a iniciar.

                Si he manifestado que esta obra ha caído en mis manos en el mejor momento ha sido porque la he leído después de leer a Esquilo, mientras leo a Sófocles y tras haberme visto muchos y muy interesantes vídeos de conferencias de Eva Tobalina, entre otros, acerca del mundo minoico, micénico, los pueblos del mar, las relaciones entre las diferentes potencias de la Edad del Bronce y la tragedia griega. Eso me ha permitido, sin ser experto, en reparar en diversos detalles que me han gustado mucho y que dejaré apuntados más adelante. Y por eso hablaba en otro lugar de los diferentes tipos de lectores que pueden acercarse a esta obra.

                En primer lugar, la generalidad de lectores. Y es que un lector no tiene por qué saber nada de mitología e historia y disfrutaría muchísimo de esta novela. De hecho, la novela sería su primer acercamiento a esa mitología e historia a la que me refiero, y María Luisa Regalado le estaría poniendo muy buena base. En siglos anteriores mencionar a Egisto, Casandra o Clitemnestra no generaría ninguna sorpresa entre la población culta europea, sabrían quiénes son de inicio. Pero hoy en día ese conocimiento general está desaparecido y va remontando poco a poco; tal vez Aquiles, Helena y Troya sea lo que más les suene. En fin, lo que trato de decir es que no necesitas de esos conocimientos para disfrutar de esta novela como novela en sí misma. Es una novela en la que la tensión narrativa y el interés no se pierden.

                En segundo lugar, estarían los lectores con ciertos conocimientos, como aficionados a la historia, la arqueología y la mitología. Aquí, ya nos podemos dar cuenta de muchos asuntos puestos sobre la mesa más allá del interés y la belleza de esta novela (es bella y desgarradora). Para empezar, su contexto histórico, las fricciones y las relaciones entre culturas, el comercio y su importancia; la alusión a la escritura lineal B, la preponderancia de Micenas sobre otras ciudades que en esta época no son lo que más adelante llegarían a ser, como Esparta o Atenas; la especial idiosincrasia de los cretenses que, siendo considerados del mundo helénico, se les observa al mismo tiempo extraños, con la importancia del toro en su cultura y ecos del mundo minoico extinto, y muy especialmente el hecho de que el panteón griego, el olímpico, se está formando e imponiendo a una religiosidad anterior con la que a veces choca, como bien hace notar Esquilo en las Euménides. Al nuevo orden social de las polis le convenía, pero no se desarraiga así como así, y siempre queda algo. El culto a la Gran Madre, que se manifiesta en diferentes culturas de la época tal cual o bajo diferentes nombres, está siendo desplazada por una religión estructurada de otra manera, con jerarquías y preponderancia de los dioses masculinos, de ahí el choque entre Apolo y la Gran Madre, las normas morales de las estructuras de poder y las del pueblo, de ahí la gran contradicción de Orestes en la tragedia griega ya, conminado por Apolo con orden directa para realizar una acción que contraviene la moral más básica y aún más antigua. En Lechuza blanca sobre Argos me ha parecido ver reflejadas a las erinias en las propias sacerdotisas que van haciendo correr la voz del acto horrible. También podemos observar cómo María Luisa Regalado se tiene que definir por escoger entre diferentes versiones, como por ejemplo el papel de Electra o la presencia o no de Clitemnestra en Áulide.

                El tercer tipo de lector lo tengo que inferir, pero por supuesto que existe, y es el lector experto, no aficionado, dado que la autora es una de ellos. Lo único que puedo decir yo al respecto es que ellos encontrarán más matices de los que yo soy capaz y tendrán una experiencia lectora diferente. Les envidio.

                Que sepáis que estoy escribiendo esta impresión lectora sin mirar mis apuntes, que son inmensos. Todo de memoria, es una verdadera impresión. Lo hago así por la propia naturaleza de este artículo, por su extensión, por el tiempo. Son muchos los detalles, y de diferentes tipos, que se pueden destacar. Mucho diría de la caracterización de los personajes, de resortes psicológicos, de determinados episodios que me han parecido muy bellos, poéticos, y también reveladores, cómo observa una Clitemnestra fuera al fin del gineceo las paredes de un palacio al que no se le ha permitido acceder aun siendo la reina, lo hace como un arqueólogo o visitante de un yacimiento, maravillándose, o de la grandeza de la propia Micenas; me muerdo la lengua para no hablar de relaciones entre hombres y mujeres, del sexo y las esclavas, aparte de las concubinas, y de por qué deduzco que no hay ni hetairas ni efebos; de brutalidad, de honor en su anverso y su reverso, de cómo la visión femenina de esta historia no excluye que los estereotipos también afecten a Clitemnestra a la hora de valorar a los hombres, ¡tantos temas!, cómo se me ha venido en mente la Primera y Segunda Guerras Mundiales cuando se observa que la ausencia de hombres por encontrarse en los campos de batalla permite, e incluso obliga, a que las mujeres ocupen espacios hasta entonces reservados a ellos teniendo que superar ellas mismas barreras mentales. Clitemnestra, la elegida, va a tener que ir luchando en su interior y de forma progresiva hasta darse cuenta definitivamente de cuál debe ser su papel. Y aun con todo, no cae en la misandria; aun con todo, a pesar de todo lo que ha vivido, valora el amor y valora y respeta a los hombres, al menos al que está con ella. Esta parte, cuando lo leas acuérdate, esta parte es muy sutil y sensible.

                En fin, los apuntes ahí quedan, en un cuaderno que ya de por sí se está haciendo muy especial. No descarto volver a hablar de Lechuza blanca sobre Argos en otra ocasión.

                Sería un crimen contarte cómo es el final, y yo no quiero que me persigan erinias y moiras por ese sacrilegio, pero sí, es muy original, de hecho te deja pensando hasta que llegas al final del todo. Y cuando llegas al final del todo te das cuenta de cuánta emotividad te ha transmitido y el poso dejado, por estratos, latiendo aún.

domingo, 14 de junio de 2026

LA FICCIÓN COMO LABORATORIO DE DECISIONES VITALES

 






PREÁMBULO


Soy sincero. La mayor motivación para querer redactar el artículo es personal, ¡y cómo no! Tiene un enfoque relacionado con las obras literarias que poseen mayor atractivo para mí o a las que les otorgo un valor añadido, un extra que me hace considerarlas tesoros únicos, sin que ello signifique que no aprecie y valore otros libros, de los que admiro otros elementos. Es lógico en una persona a la que la introspección, la existencia, la identidad y la autopulsión han sido muy importantes en su biografía y su mundo interno; y que además se inclina a la poesía y se impacta con el teatro leído y los autores de la Generación del 98 (especialmente Unamuno) desde jovencito. También con el motor de inicio que le impulsa a escribir, literatura y no literatura. Esto implica, sí, la escritura como terapia y medio de conocimiento propio, y también la exploración de técnicas de escritura creativa de salida del marco, de giros improbables, siempre llamadas experimentales aunque muchas de ellas tengan siglos de tradición en todos los idiomas y culturas: el juego y lo trascendente se tocan y pueden encontrar en la escritura, en la literatura, su mejor medio de expresión. Y asimismo en el contenido, explícito o paralelo. Pero va más allá de todo eso: existe un tipo de escritura que te pone en frente, como escritor, de lo desconocido en estas expediciones y es solamente escribiendo cuando se descubren caminos vitales y se llegan a conclusiones al poner a uno o varios personajes, o a la voz poética, a vivir en la propia obra. Y en esto, muchas veces, su conexión con la música y su poder evocador es evidente, al igual que la expansión de significaciones a través de la ambigüedad poética bien traída. 

     También está en la base del artículo mi propia novela Amae pop blue, por no hablar de mi obra poética. Pero de Amae pop blue hablaré, si lo hago, al final y de pasada. Seguramente de su estructura de elecciones con diferentes finales y esa experimentación en hacer que un solo personaje, tantas veces agonista, evolucione de maneras distintas según sus decisiones. Y lo dejaré ahí, sabiendo que es lo más superficial. Que en realidad la luz interna de esta obra y su germen va mucho más allá de cuestiones formales y de técnicas narrativas. La literatura no solo ayuda a describir y descubrir lo que sabes que hay, o afirmar un yo, un tú, una historia real, vivida, a la que dotar de significación, también puede llegar a descubrir la verdad detrás de la realidad (Bécquer, por ejemplo), a un darte cuenta, a revelaciones que solo aparecen mientras se escribe.

     Pero es que la reivindicación, precisamente de esas motivaciones y de esas técnicas, es también la razón de que hoy esté escribiendo esto. Me considero un lector bastante versátil y muy disfrutón de las buenas obras literarias: me adapto a su intención, su forma, su género y su época. Leo, entiendo, disfruto con las buenas novelas de investigación, o históricas, o clásicos del Realismo literario, no tiene que pasar nada misterioso, existencial, bello o trascendente para que me parezca un buen libro, un buen poema. Pero esto no excluye en absoluto lo anterior, y por eso no alcanzo a comprender a los dogmáticos de su propio gusto personal, o ajeno, que canonizan y demonizan a partes iguales, dando parabienes y excomuniones con tanto desparpajo vestidos de adustez y un rigor que alcanza al mortis. No son capaces de reconocer que no lo entienden, no les llega, no va con ellos y ya está, se arrogan inapelabilidades de criterio. Generalmente me hacen reír interiormente, ¡se repite tanto en la historia...! Y está mal que lo reconozca, y si tengo que pedir perdón, lo pido, pero, en fin, he dicho "interiormente": observar el morado en las caras de aquellos que se asfixian por su propio corsé pasado de vuelta hace gracia, a ver. 

     Y cuidado: no hay exclusiones. La literatura es un ámbito muy amplio y muy acogedor. La mayoría de las dicotomías que se suelen plantear son falsas o fácilmente resolubles, es como eso de Ciencias vs. Letras, suele ser falaz. Si una obra es buena, es buena, en su género, si es que lo tiene, y con sus intenciones y características. Y es absurdo el desprestigio que se intenta desde un lado hacia el otro, solo porque no cuadra con tus gustos o tus entendederas. Los falsos mitos hay que desmontarlos, es como esto de que una obra de fantasía no puede ser literatura en condiciones dicho por parte de aquellos que prefieren lo realista, y que disfrutan y ponderan títulos... ¡muy buenos, por supuesto! No alargo este preámbulo más, lo dejo aquí y entremos en materia.


COMENZAMOS CON PREGUNTAS


     No seré yo el primero ni el segundo que se hace preguntas como estas: ¿Por qué imaginamos vidas alternativas?, ¿hasta qué punto somos la suma de decisiones concretas?, ¿la identidad es una esencia o una historia que nos contamos?, ¿puede una novela servir para explorar futuros posibles? Cuestionarnos esto nos conecta con la literatura, la psicología cognitiva, la filosofía existencial y la teoría narrativa (me centro en la narrativa).


¿POR QUÉ IMAGINAMOS VIDAS ALTERNATIVAS?


     La mente humana no está diseñada únicamente para recordar el pasado, sino para anticiparse, prever y simular futuros. Esto es lo que caracteriza al lenguaje humano del resto de los lenguajes. Los animales pueden expresarse, tienen sus lenguajes, unos códigos que son incapaces de tratar del futuro, de hipótesis y de lo que pudo haber sido. Por no hablar de que se trata de nuestra manera de pensar, pensamos con palabras, e imaginamos con palabras.

     El neurocientífico Daniel Gilbert sostiene que una de las funciones más distintivas de la conciencia humana es la capacidad de realizar "viajes mentales en el tiempo". No vivimos solo en el presente: recreamos de muy diversos modos el pasado y proyectamos constantemente escenarios hipotéticos. Y la literatura es una extensión cultural de esa capacidad biológica.

     Cuando Emma Bovary imagina una vida distinta, cuando Pierre Bezújov en Guerra y paz fantasea con otros destinos posibles o cuando los personajes de Borges se enfrentan a bifurcaciones infinitas, lo que estamos viendo es la dramatización de un mecanismo mental universal. Borges lo expresó magistralmente en El jardín de senderos que se bifurcan:

El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros.

     Y la ciencia (la física, por ejemplo) no es ajena a ello. No solo por su contribución a futuros mejores con respecto a generaciones anteriores gracias a sus avances, sino asimismo en sus abstracciones, teorías e hipótesis: la relatividad espacio-tiempo, los agujeros de gusano, los universos paralelos, ... No imaginamos vidas alternativas porque seamos insatisfechos. Las imaginamos porque necesitamos evaluar posibilidades. Y la ficción es un simulador evolutivo. Como escribió el crítico Jonathan Gottschall en The Storytelling Animal:

Las historias son simuladores de vuelo para la vida social.

     Leemos para ensayar decisiones sin sufrir sus consecuencias reales. También, como yo mismo puedo constatar, para vivir lo no vivido o lo que no se va a vivir, o no se quiere experimentar en el fondo. Y también para observar pasados alternativos.


¿HASTA QUÉ PUNTO SOMOS LA SUMA DE DECISIONES?


     Mucho más de lo que nos gusta admitir. Y eso es algo que trata de mostrar las Segundas Partes de mi novela Amae pop blue, observando las consecuencias de las decisiones de Rodrigo, su protagonista, quien también se cuestiona todo ello. De hecho, sumergido en la vorágine de una de sus sucesiones de elecciones de decisión, él mismo concluye que el destino, el nam sumerio, más que una línea recta es un plano, un mapa de elecciones. No puedes elegir el mapa, el menú que te ha tocado (el nam) pero sí las rutas a elegir de él, tu movimiento en tu nam: el nam-tar (Amae pop blue, Volumen II, cap. 86, pp. 438, 439).

     Tendemos a construir relatos retrospectivos que presentan nuestra vida como una secuencia lógica. Sin embargo, basta examinar cualquier biografía para descubrir la enorme influencia del azar, los avatares sobrevenidos y las decisiones tomadas, muchas veces con incertidumbre o con falta de información. Tolstói observó en Guerra y paz que la historia humana no avanza por grandes planes racionales, sino por la convergencia de miles de causas mínimas imposibles de prever. Nassim Nicholas Taleb ha desarrollado esta idea mediante la teoría del "cisne negro": acontecimientos improbables que terminan determinando toda una existencia. Piensa en Kafka. Si su padre hubiera sido menos autoritario, si hubiera gozado de mejor salud o si hubiera conocido a otras personas en determinados momentos, probablemente no existiría el Kafka que conocemos.

     Pero tampoco somos meramente víctimas del azar. Aquí me resulta más convincente Paul Ricoeur. Ricoeur defendía que la identidad humana surge de la interacción entre lo que nos sucede y cómo interpretamos lo que nos sucede. No elegimos todas las cartas. Pero sí participamos en la narración de la partida.


¿LA IDENTIDAD ES UNA ESENCIA O UNA HISTORIA QUE NOS CONTAMOS?


     Aquí nos podríamos extender tanto con la filosofía y la psicología... El yo aparente, el yo real, el autoconcepto, ... Todo apunta en alto grado a que se trata de una historia que nos contamos a nosotros mismos. O, más exactamente, una historia que intenta convencer a una esencia que quizá ni siquiera existe. David Hume ya sospechaba que el yo era una ilusión narrativa. Cuando buscaba una identidad permanente dentro de sí mismo, solo encontraba percepciones cambiantes. Dos siglos después, el psicólogo Jerome Bruner llegó a conclusiones similares:

Nos convertimos en las narraciones autobiográficas mediante las cuales contamos nuestras vidas.

     La literatura ofrece ejemplos constantes. Don Quijote es Alonso Quijano contando una historia sobre sí mismo. Jay Gatsby es James Gatz reinventándose mediante una ficción personal. Incluso Raskólnikov en Crimen y castigo intenta habitar una narrativa según la cual pertenece a una categoría superior de seres humanos. La pregunta no es si vivimos dentro de relatos. La pregunta es si esos relatos nos permiten vivir mejor o peor.

     Nietzsche escribió:

No hay hechos, solo interpretaciones.

Quizá exageraba. Pero captó algo fundamental: la identidad no es un objeto que descubrimos; es una interpretación que actualizamos continuamente.


¿PUEDE UNA NOVELA SERVIR PARA EXPLORAR FUTUROS POSIBLES?


     Claro que sí. Y no solo futuros posibles, también pasados posibles, presentes posibles. Y en muchos casos, mejor que la filosofía. Al fin y al cabo, la filosofía también usa el lenguaje con movimiento centrífugo, se refiere a la realidad que desea describir, por muchas abstracciones que use. Sin embargo, la literatura, con esa función poética del lenguaje como prioritaria, posee una fuerza centrípeta que le permite crear sus propios mundos y, en él, la experimentación es total.

     La filosofía suele trabajar con abstracciones. La novela trabaja con seres humanos con vida propia en ella. Cuando Sartre quiere explicar la mala fe, necesita desarrollar conceptos. Cuando Tolstói quiere mostrarla, le basta con crear a un personaje. Martha Nussbaum ha defendido precisamente esta idea:

La novela es una forma de conocimiento moral.

     La filosofía nos ayuda a pensar. La ficción nos permite experimentar. Por eso muchas intuiciones filosóficas llegan con mayor fuerza a través de la literatura. Dostoievski exploró las consecuencias del nihilismo antes de que muchos filósofos formularan teorías sistemáticas sobre él. George Orwell imaginó mecanismos de control político cuya vigencia sigue creciendo décadas después. Margaret Atwood ha anticipado debates contemporáneos sobre biopolítica, género y poder. Y Ursula K. Le Guin convirtió la ciencia ficción en un laboratorio antropológico para examinar sociedades alternativas.

     La novela posee una ventaja decisiva. No pregunta únicamente qué es verdadero. Pregunta cómo se sentiría vivir dentro de esa verdad, y esa diferencia es enorme. Como decía Italo Calvino:

La literatura busca el conocimiento mediante un camino indirecto.

     La filosofía diseña mapas. La ficción permite caminar por el territorio.

     

ENTONCES...


     La ficción existe porque los seres humanos somos criaturas narrativas que intentan comprender quiénes son explorando quiénes podrían haber sido.

      Por eso leemos novelas. Y por eso las escribimos. No para escapar de la realidad, sino para ensayar otras versiones de ella antes de decidir cómo vivir la nuestra.

     Por otro lado, me voy a reiterar: la técnica que decida usar el novelista no determina su seriedad o la calidad de su obra. La técnica es la técnica. Por eso Unamuno hace lo que hace al final de Niebla, Cortázar nos ofrece dos posibles lecturas de Rayuela, Italo Calvino se maneja con diez narradores y más sorpresas en Si una noche de invierno un viajero, aparte de las propiamente estéticas. Las técnicas llamadas de "Elige tu propia aventura" se usaron en un tipo de libro infantil que, dicho sea de pasada, normal que gustasen tanto en los 80 y los 90, por no hablar ya de los libro-juegos. Pero trascendiendo su carácter infantil, y apoyándome en el propio Cortázar, se trata de una manera narrativa plagada de posibilidades si se quieren explorar decisiones, incluidos diferentes finales, y la evolución de los personajes (las personas). Yo la he usado en Amae pop blue, no he sido el único, y no es fácil de redactar, os lo aseguro. Nada fácil. Un Amae pop blue que, por su carácter reflexivo, introspectivo, poético y asimismo erótico, y por toda su base bibliográfica que algún día revelaré, nada tiene de infantil.