lunes, 25 de mayo de 2026

SUEÑOS DE TINTA. UN RESUMEN DE MI EXPERIENCIA EN UN GRUPO LITERARIO EXTRAORDINARIO.

 

                   

En noviembre de 2024, tras muchos años de silencio en tantos sentidos, me volví a dar a conocer como escritor con la publicación de una novela, Amae pop blue (Volumen I), ¡una novela!, algo tan inesperado en un poeta, algo tan inesperado incluso para mí mismo... Pero no va a ser aquí donde cuente por qué; donde, una vez más, me exprese sobre ella; solamente es para que te pongas en situación, porque de lo que quiero hablarte hoy es de mi experiencia en un grupo literario muy singular, extraordinario: Sueños de Tinta.

     Comencé sabiendo que, una vez publicada, quedaba la segunda parte del trabajo de un escritor: moverla, darla a conocer, un trabajo arduo y que había que cuidar, igual que la propia escritura. Además, esta novela me proyectaba muy distinto a quien había sido hasta entonces, al exterior, a los demás, y al interior, a mí mismo. Me había visto algunos vídeos sobre el asunto, reels en las redes de escritores hablando del tema e incluso entré en el curso de Roger Domingo y su Método MAPEA, el precurso para que te apuntes a su curso, que no critico en absoluto: lo que aprendí ahí me vino bien. Preparé la sinopsis y la carta de presentación, me hice con los correos electrónicos de diversos periódicos para enviarlas, contacté con bibliotecas para ir haciendo presentaciones, hice algunas, ... Tuve el placer de que Judith Rodríguez reseñase Amae pop blue en su blog, rellenitadecrema.blogspot.com, e intensificaba poco a poco mi presencia en las redes mientras iba aprendiendo sobre ellas. Y aprendí mucho, sobre todo de mí mismo, pero también sentí una avalancha abrumadora: de repente, pareció haber una multitud de escritores haciendo mil cosas en las que no habías caído, y mi ritmo se me hacía insuficiente mientras otros aparecían incesantemente en Threads, en Instagram, ... ¡Me tenía que mover más! Pero... ¿de dónde saca tiempo esta gente, omnipresente 24/7? Y el afán era cada vez mayor, y se materializaba en pocos resultados, siempre parecía yo ir a la zaga de los demás, sintiendo un ritmo incesante y yendo a rebufo, de los últimos del pelotón. En concreto, hubo un momento en que me sentí persiguiendo a Santiago Expósito, con el que había trabado amistad y que aparecía en mis redes cada vez que las abría, no siempre me apuntaba a lo que él por no dar la impresión de estar "pisándolo", esto lo confieso aquí, me sentía así, aunque dudo que él lo viera de ese modo y, si lo veía, que le importase. Acabé participando en un debate y luego entrevistado por Leo Flores en su Pulgada de Cuentos en IG y en TikTok, una experiencia muy agradable en la que conocí a otros escritores, y nos leímos mutuamente nuestras obras. Pero eso, que para mí fue un tremendo logro, parecía muy normal en los demás, que seguían rastreando posibles entrevistas así. Tenía que ponerme más las pilas. Estábamos ya en verano.

     Fue en ese plan y con ese sentimiento de extraña culpa que recalé casi a la vez en dos proyectos. Uno, afianzado, fue La Trinchera de los Libros, ahí llegué yo antes que Santiago, algo increíble. Un espacio de divulgación literaria llevado por Samuel Baeza y cuya membresía es muy alta, hay muchísimos escritores españoles ahí. Está en YouTube pero también en Instagram, para mí es enorme, pero el tiempo en el que estuve, que fue mucho, estuve bastante bien. Participé en un par de debates o tres y fui entrevistado por Samuel. Quedé encantado, la verdad. Y el otro grupo fue una propuesta que lanzó María Cespón Lorenzo, no recuerdo ahora si lo vi en Threads o en Instagram, para quien estuviera interesado en formar parte de un grupo de escritores. Yo, hasta entonces, lo que veía era si se quería dejar una recomendación literaria o anuncios de bookgrammers que al final te mandaban sus honorarios por x e y servicios de promoción, estos que se leen veinte libros al mes, parece ser, y hacen dos reseñas al día, hasta entonces no había tenido oportunidad de ver un ofrecimiento así y me apunté, sinceramente, pensando en ese momento que era una más de esas cosas que te ayudan a hacerte visible con una entrevista o en plan club de lectura, de las que veía hasta entonces, pero no: la propuesta fue así, hacer, ser grupo, apoyarnos y estar activos realizando proyectos propios como grupo, una visión que algunos no tuvieron del todo y con la implicación mayor o menor que cada uno pudiera dar. Poco a poco me di cuenta de que esto era ideal. Porque no era una plataforma donde yo iba a ser el escritor de la novela tal que quería promocionar, sino un escritor y lector pleno que se iba a dedicar a escribir y leer, iba a ser parte de un grupo, donde conocería a otros y colaboraríamos juntos. Ese fue su espíritu. Aún recuerdo cómo se pidieron propuestas para tener un nombre y su votación, nos acabamos llamando Sueños de Tinta. Cada uno se expresaba. Un proyecto que duró hasta abril de 2026, con la entrevista que le hizo María a Álvaro Villarrubia. Y terminó porque María es escritora, como todos los demás, no publicista ni entrevistadora profesional, ni bookgrammer ni nadagrammer, terminó porque se quiso. Porque se ha reconocido en muchas ocasiones el gran trabajo de coordinación y cohesión de María, pero solo se intuye el enorme esfuerzo que supone ser el nexo común de un proyecto así, cuando además es muy fácil que muchos se descuelguen de un modo u otro; esa idea de que es grupo y todos somos grupo suena muy bien al principio pero tiene costes. No éramos agregados y que otro empujase el carro: la idea es que todos debíamos tirar de ese carro. 




     Se han hecho muchas cosas en estos meses, se han visto muchos proyectos culminados. Los principales fueron las entrevistas en directo por Instagram (@maria_novelista_), que luego se publicaban también en YouTube; esas Tertulias de Tinta de cada miércoles que ahora echo de menos, de cada miércoles y algunos viernes y sábados, en las que María conversaba con un autor, tan distintos unos de otros, de géneros tan diversos, ... Pues imaginaos a María preparando una entrevista semanal, con lectura previa de su obra. Y tuve el honor de poderla entrevistar yo a ella; lo he dicho, María es escritora. El otro proyecto muy importante fue la publicación mensual de Voces Errantes, una revista literaria digital gratuita en Heyzine (los primeros números están ahora en el blog de María Cespón e imagino que acabarán todos ahí).

     Es una revista impresionante desde el primer número al último, de muchas páginas. No solo hay entrevistas y reseñas (de las reseñas nos encargábamos María y yo, y esto supuso para mí incrementar mi frecuencia de lecturas y acercarme a obras actuales de muy diversos géneros). También hay reflexiones, recomendaciones, artículos de opinión literaria, textos propios de cada autor participante (relatos, microcuentos, poemas, ...) y las dinámicas, en las que varios autores teníamos que crear en conjunto un texto. Empezamos con un poema colectivo, después por lo general María nos emparejaba para que hiciésemos algo diferente a lo que estábamos acostumbrados. ¡Y de verdad que fueron muy dinámicas! Para empezar, tenías que poner en marcha tu creatividad para colaborar en una historia de determinado tipo o en un poema; para seguir, te tenías que poner de acuerdo con tu compañero. ¡Eso fue fantástico!

      Pero se hizo mucho más. Por ejemplo, mentorías, para apoyar a autores noveles o que querían publicar pero no sabían aún cómo. O las masterclasses, Voces Maestras, las inauguré yo con una doble masterclass de poesía que me obligó a recordar muchos conceptos y a leer mucha poesía, eso es impagable. Ahí están, junto a las Tertulias de Tinta, con participación de Macarena Expósito y de Juan Andrés Moya. 

     Sueños de Tinta ha sido toda una experiencia integral.  En lo literario a mí me ha hecho reactivarme y crecer mucho. En lo humano, he conocido a muchos escritores y nos hemos acompañado; os estoy muy agradecido a todos. Especialmente a María: tanto en lo literario como en lo humano. María, muchas gracias por tu amistad, un verdadero tesoro inesperado. 

     De forma muy resumida, muy contenida, he contado mi experiencia en Sueños de Tinta. Me sirve de introducción para dejar constancia en un artículo posterior de mis aportaciones literarias en Voces Errantes, pero no lo he escrito por eso. Lo escribo y publico porque deseo contar la experiencia y también deseo dejar testimonio de su existencia, de su paso intenso y lúcido por el panorama literario actual. Y también es un homenaje, al grupo y a María Cespón Lorenzo, a la que menciono con agradecimiento. Además, no diré mucho, pero al menos menciono que no ha sido solo una labor de cara a lo externo. Se ven los resultados ofrecidos, muchos, tremendos en muy poco tiempo, pero también ha habido actividad no visible para los demás entre nosotros. Gracias a ese movimiento entre bastidores me he dado cuenta de la mezcla de trigo y paja que hay en todo aquello que mencionaba al principio. Ya no tengo ningún afán por querer estar visible de esa manera, ese afán que puede acabar ahogándote, incluso las ganas de leer. Sueños de Tinta me ha apartado de un ego que podría haberse inflado en lo meramente superficial y a un tiempo ha incrementado mi valor como escritor ante mis ojos. Lo que yo me llevo es, sobre todo, la pertenencia, la actividad, la participación activa, la experiencia de saber qué sí y qué no, perspectiva y amistad. 


                   

       





sábado, 23 de mayo de 2026

A TRAGEDIA CADA X: "MEDEA", DE MIGUEL DE UNAMUNO

El mundo tiembla a los primeros sones de su voz.



Hace tiempo que inicié esta serie sobre impresiones lectoras de tragedias, y lo eran, las de Esquilo, todas, lo eran. Y, según el plan, las siguientes iban a ser las de Sófocles. Pero ya visteis lo que sucedió en Navidades: sí, me hice con la edición de las tragedias de Sófocles, de la que he empezado su estudio previo, pero a un tiempo cayó en mis manos mi tan ansiado libro de teatro unamuniano (Editorial Juventud; Barcelona, 1964), porque quería que su Raquel encadenada, que me impresionó con 16 años, sirviera de puente entre los dos tragediógrafos griegos, por su leve vinculación con el Prometeo encadenado de Esquilo. Ya lo he comentado en los otros artículos anteriores. Y que, en fin, al parecer esta edición del teatro de Miguel de Unamuno fue la primera. A mí me fascina de siempre Unamuno, y tenía recuerdos muy entrañables de mi lectura tan joven de su teatro: no está todo, claro, aunque el estudio previo de Manuel García Blanco da cuenta de toda su producción dramática. Aquí aparecen solo sus cuatro obras más representativas. ¿Y pensabais que iba a ir directamente a Raquel encadenada (drama) saltándome su Fedra (tragedia) y su Soledad (drama)? Por su puesto que no, ya lo habéis visto. ¿Y lo iba a abandonar así dejando de fleco sin leer su Medea del final, que vuelve a ser una tragedia? ¡Claro que no, aquí me veis!

     Es cierto que al hacerlo así me salto a Sófocles y Eurípides del todo, a la Medea de Eurípides, porque esta Medea de Unamuno es su traducción en prosa de la de Séneca, que don Miguel pudo ver representada en el Teatro Romano de Mérida, con Enrique Borrás y Margarita Xirgu de actores principales. Así que he tenido un placer doble. El primero, volver a la tragedia clásica, llegar a Séneca, aunque haya sido saltándome el orden cronológico estricto que deseaba para los grecolatinos. Y el segundo, que a su vez leo a Unamuno, pues aun siendo traducción en prosa, es delicioso leerlo en castellano de principios de siglo XX, y aún más observar el vocabulario escogido y los giros, aun siendo traducción: es traducción de Unamuno. 

     Esta Medea una tragedia en cinco actos, cinco actos cortos, claro, es tragedia clásica, y con pocas escenas (el último acto solo tiene una). La tragedia trae al espectador la parte final del mito de Jasón y Medea, con todas las hazañas con los argonautas, incluido, claro, el vellocino de oro, y sus tantos crímenes, dejados atrás, como recuerdos, aunque mencionados en varias ocasiones. Notemos que el público original de estas tragedias clásicas conoce bien esos mitos. 

     Te hago un despliegue rápido del argumento de la tragedia: Estamos en Corinto. Aunque Jasón y Medea están casados y con dos hijos, este ya la ha repudiado para poderse casar de nuevo con Glauce, la hija del rey Creonte. Obviamente, esto es muy provechoso para él, emparentarse con la familia real, aunque para Medea también hay un componente de deseo carnal de una esposa más joven, como pronunciará el Acto V, cuando le diga con despecho que se vaya a buscar doncellas. ¡Es increíble! ¡Con todo lo que han pasado juntos, tantas aventuras vividas, con la cantidad de veces que ella lo salvó a él con sus hechicerías y su determinación que comenzó con el asesinato de su propio padre y su propio hermano! Eran tan cómplices, en tantos sentidos, ... Y ahora, mira. Pues ahí empezamos: a Medea se le da la orden de salir de Corinto, se la destierra. ¿A dónde irá, volverá a su Cólquide originaria, después de lo que hizo? ¿Y sola, y sin sus hijos, soportando esta afrenta? Para nada. Ante esta situación, ejecutará su doble venganza. Primero finge acatar la orden de salir pero pide un día para poder despedirse de sus hijos. Con hechizos y encantamientos, envenena los regalos de boda que le ofrece a Glauce, que son un vestido y una corona. Al ponérselos, Glaude arde en llamas, y su padre al intentar salvarla. Al acudir Jasón con tropa para dar cuenta de ella, Medea ya ha pasado a cuchillo (o espada) a uno de sus hijos y va a hacer lo mismo con el segundo delante de Jasón, con el solo propósito de infligirle así el mayor dolor posible. 

     Hago un paréntesis aquí, porque al leer esto se me han venido dos temas a la cabeza. El primero, con la imagen y la voz de Beatriz de Vicente hablando de mujeres psicópatas asesinas, de menor porcentaje que los hombres pero que son las que más daño causan a los hijos. El segundo, mal traído por mi parte porque tampoco tiene tanto que ver, toda la polémica sobre la prohibición de usar el término alienación parental en los juicios por la custodia de hijos, y los diferentes sinónimos que se están generando a causa de este veto.

     Prosigo. Jasón se ofreció a cambio de la vida del hijo aún vivo, pero ella no quiso: matando a su vástago le infligía mayor dolor. Y a su ruego de que, una vez cometido el filicidio, también le diera muerte a él, lo deja así, desolado, mientras un carro, en el caso de Séneca tirado por dos dragones, la eleva para poder escapar, llevándose los cadáveres de sus hijos, no en balde es nieta de Helios.

    Vámonos ahora al texto en sí. La obra empieza y acaba fuerte, todo es fuerte, intenso y demoledor. El Acto I se abre en su primera escena con Medea pronunciando un soliloquio que es toda una defixión oral dirigiéndose a los dioses y termina con la determinación de tomar venganza. Acaba el primer acto con una segunda escena con intervención del coro. 

     En el Acto II, ya con su nodriza, se duele al escuchar los cánticos nupciales de la boda de Jasón y manifiesta su incredulidad ante la actitud y resolución de él. Está fuera de sí, enfurecida, la nodriza trata de que se calme y entre en razón. Creonte se planta ante ella exigiendo su marcha, llamándola, en la discusión, irónica y paradójicamente "inocente mujerzuela"; desde el principio se nota que le tienen odio y miedo a un tiempo. Medea le reprocha que el exilio es injusto y mantienen una conversación donde lo más interesante son las expresiones de Medea, esto es así en toda la obra. Creonte es más parvo en palabras, aunque, hablando de injusticias, le recuerda que él no la ha ejecutado porque Jasón le rogó que le perdonase la vida. Pero ella responde: Quien sin oír ambas partes firma algo, aunque esto sea justo, él no lo fue. Le pide, al menos, que le conceda un día para poder besar a sus hijos antes de salir del territorio de Corinto. Aunque él en principio no se fía, se lo acaba concediendo. Este acto lo vuelve a cerrar el coro.

     En el Tercer Acto la nodriza ya se barrunta lo terrible que va a acabar siendo todo. Medea está decidida: Embestiré a los dioses; lo trastornaré todo. La nodriza, una vez más, quiere sosegarla. Pero Medea prefiere que se hunda todo con ella. Aparece Jasón. Aunque la nodriza sigue presente, ya no habla aquí, es todo un diálogo entre los ex esposos. Un diálogo muy sentido y encendido: Por ti solía desterrarme..., le dice ella. Medea le solicita, ya que se tiene que ir por fuerza, marcharse entonces con sus hijos. Pero Jasón no quiere separarse de ellos: ¡son su vida! El coro cierra el acto rememorando las andanzas y aventuras de Jasón y Medea para que, al final, él se haya acabado entregando a otra esposa, lamentablemente.

     El Acto IV para mí es absolutamente espectacular. Lo abre la nodriza, que presiente y anuncia una gran calamidad. Lo que en realidad hace en esta primera escena es describir los actos de Medea y reproducir sus palabras, como una retransmisión, distanciándonos así de ella para verla como una terrible hechicera, toda una bruja. Es un parlamento largo, porque nos está describiendo cómo prepara el veneno, ese veneno tan extraño que hará que el cuerpo de Glauce acabe en llamas. Me han llamado la atención las menciones a todo tipo de divinidades y ríos, empezando por las serpientes más célebres, incluidas Pitón y Ofiuco; entre los ríos, ¡qué bien!, se nombra el Betis (es Séneca quien escribe, es cordobés). La sustancia que prepara y que tan detalladamente nos describe la nodriza está compuesta, fundamentalmente, de hierbas ponzoñosas, veneno de serpientes y vísceras de aves. Aunque habría que añadir el ingrediente final: las palabras. Medea canta el encantamiento. Y de ahí la cita del principio de El mundo tiembla a los primeros sones de su voz. Y entonces ya nos vamos a la segunda escena, como en un acercamiento de cámara, de la nodriza hacia Medea. Ahora estamos frente a Medea, la vemos directamente y sin intermediaros. Pronuncia el conjuro de maldición, especialmente para el nuevo suegro de Jasón. Se trata de sortilegios de invocación: invoca a los dioses funerales. Y luego al lucero de la noche, amenazante con sus varias frentes. Menciona a muchos: Prometeo, Vulcano, Faetonte, Quimera, Medusa, Hécate, ... ¡Pura bruja! Y acaba con una maldición a la novia. Escucha tres ladridos: señal de Hécate. Sus votos se están empezando a cumplir. Ve teas de duelo encendidas (teas...): se ha cumplido el hechizo. Y termina, en la última escena, el coro: Así Medea, que no sabe refrenar ni sus rencores ni sus amores. Hicieron ahora en ella causa común amor y rencor. Sale el sol y acaba este acto.

     El último acto tiene solo una escena. Están presentes un mensajero, el coro, la nodriza, Medea y Jasón. La noticia es clara: hija y padre muertos. Y un incendio en palacio que se acrecienta con el agua. Y entonces se produce un descarnado discurso de Medea: Voy adonde me lleves, rencor. Cuando llega Jasón ante ella, ya ha matado a uno de sus hijos a espada (Unamuno traduce espada, otros cuchillo; tal vez fuera una daga larga, el instrumento que se usaba para degollar en sacrificios). Va a matar al otro delante de él, desoyendo sus súplicas de que le dé muerte en lugar de a su hijo. También desoye sus súplicas para que le dé muerte después. A Medea, luego, se la llevan dos dragones en un carro. Para Jasón, desolado, no hay dioses: Vete por los hondos espacios del alto firmamento a atestiguar por donde pases que no hay dioses.


     He quedado encantado con esta mi vuelta a la lectura en serio de Unamuno. Y también, con su Medea, a los clásicos de los que partía. La próxima vez, ya sí, estaremos con Sófocles.

viernes, 22 de mayo de 2026

REFLEXIONES DE UN ESCRITOR PARA OTROS ESCRITORES



Lo que emito aquí es una visión y una opinión argumentada, nunca una crítica: entre otros motivos, porque yo, por momentos, he podido llegar a pensar o sentir lo mismo al contemplar cómo está el mundo literario en nuestros días. Creo, antes de entrar siquiera en materia, que hay que saber pararse y observar, y no dejar que ninguna clase de ansiedad nos perturbe el ánimo. Que la energía y la actividad, si quieres incesante, vaya para lo que te apasiona y promoverlo, que sea un trabajo efectivo y del que te puedas sentir orgulloso. El tiempo siempre es un factor clave; la paciencia juega a tu favor, y el aprendizaje. Un delicado equilibrio entre el inflado egocentrismo, e ilusorio, tan presente por aquí, y la modestia tan extrema y timorata que puede hacerte callar, desistir, invisibilizarte, entre ambos debería estar tu confianza de sabio aprendiz.

                En este año y medio desde que publiqué mi novela Amae pop blue (Volumen I), al principio a tientas y dando palos de ciego sobre cómo moverla, hacerla conocida, observando comportamientos en otros y buscando las opciones de hacerme visible, a veces, lo reconozco, con cierta desesperación, no solo he leído y escuchado a muchos escritores (y de todo tipo), sino que he podido debatir, conversar, compartir y trabajar con ellos. Y desde el principio y hasta hoy, es recurrente escuchar toda una serie de quejas y lamentaciones sobre el panorama en el que nos movemos en la actualidad: de eso es de lo que quiero hablar ahora, y pronunciarme.

                Para hacerlo, necesito partir de la siguiente base: los noveles, cuando al fin se lanzan, lo hacen con mucho entusiasmo, pero partiendo de un concepto idealizado, romantizado y, por ello, falso, de cómo es el mundo literario con respecto a la publicación, promoción y recepción del libro. Tenemos falsas creencias porque llevamos toda la vida viendo los resultados finales en otros, sin saber apenas de sus procesos, por más que te lo expliquen, y creyendo que antes las cosas eran distintas, y no lo eran. Y desconocemos a otros muchos que no tuvieron la suerte de trascender ya en su misma época, o que si lo hicieron han acabado en el olvido, y no hay que irse muy lejos en el tiempo, acuérdate después cuando los mencione. Mientras que ahora se reivindican y descubren las obras de Las Sinsombrero, tanto tiempo sepultadas en el silencio, se ve desaparecer a otros que en su momento tuvieron importancia: ¿a quién le importa ahora Ramiro de Maeztu, por más que siga apareciendo en los libros de texto de Bachillerato, en cada vez menos? Nuestros tan apreciados Cervantes o Bécquer se vieron triunfar tarde o nunca, y sí, claro que trabajaron, y mucho, en la difusión de sus obras y, sí, fueron unas cuantas. ¿De verdad crees que eso es de ahora, un tema actual? Deja que te cuente.

                En el caso de Bécquer, realmente no fue nadie para sus contemporáneos, y así murió. Fueron sus amigos quienes lo fomentaron post mortem, y para todos nosotros han quedado sus Rimas y sus Leyendas, incluso para los que no las han leído. Su proyecto estrella, su obra sobre los templos de España, no es más que una mención en los libros de texto e interesa solo a expertos, y Bécquer sí se movió. Publicaba como podía sus textos en periódicos, junto a otros muchos que ni tú ni yo conocemos.

                Y el sueño literario de Cervantes era ser poeta, aunque pronto se dio cuenta de que sus poemas (todavía infravalorados hoy) no daban la talla suficiente. Escribió obras de moda. Con su teatro, aún renacentista, empezó a ganar algo (de dinero y reconocimiento), pero la aparición del Teatro Nuevo de Lope le cerró esa puerta en las narices. Y su narrativa, igual novela que relato, iba tocando los géneros en boga. Como hoy el thriller, la romántica, la gótica o la distópica, él probó con su maravillosa Galatea la pastoril; la picaresca y la morisca, entre otros géneros, en algunas de sus Novelas ejemplares y episodios intercalados de El Quijote, y la opinión de sus contemporáneos fue, siendo amables, que no estaba mal, pero que no dejaba de ser un segundón. Según él, y yo en su momento estaba de acuerdo, su mejor novela era el Persiles, la última, de género bizantino. ¿La conoces? ¿Y qué, cómo lo ves? No paró de escribir, a decir verdad, y tocando todos los palos, todos los géneros. Trataba de meter cabeza, ¿no? La celebridad le llegó muy viejo y con una obra que ni siquiera era una novela de caballerías, sino algo así como una parodia realista de estas, Don Quijote de la Mancha, y fue incapaz de rentabilizarla económicamente. No es nada nuevo eso que vives y sufres, y de lo que te quejas. Tú, igual que yo, es que los has conocido ya encumbrados.

                Digo esto por dos críticas que escucho a menudo. La primera, la de los que piensan que darse a un subgénero concreto apunta a mala literatura, porque tiene en mente autores de calibre muy singulares y que no se ajustaron a ese patrón (a mí tampoco me gusta hacerlo, esto sí lo confieso), o eso crees: un Huidobro, un Juan Rulfo, un Alberto Méndez, una Carmen Laforet, un Miguel Delibes, o que crearon géneros nuevos, como García Márquez, o que tienen o dan el pego, ya depende, de un intelecto refinado. Pero olvidas a muchos otros: una Agatha Christie, un lord Byron, un Pérez Galdós. Y la segunda, el trabajo incesante que hay que hacer “ahora” para darte a conocer, para que te tengan en cuenta, para promocionar, que hay que saber de IA, de redes sociales, no sabes si Instagram te ayuda o simplemente te mete en un círculo donde solo otros escritores, que hacen lo mismo que tú, te ven. Pero no te compran, ni tú a ellos. Que no hay ventas, que no has dado el pelotazo y, ¡ay!, ¡cuánto trabajo ajeno a la escritura en sí! Pero esto no es de ahora. Ni mucho menos.

                Precisamente ahora, que he vuelto a Unamuno, a su teatro, tan desconocido, lo puedo poner de ejemplo. Filósofo, intelectual, profesor universitario, catedrático de Humanidades, rector de la Universidad de Salamanca, se le conoce por sus novelas (él las llamaba nivolas): Niebla, La tía Tula, San Manuel Bueno, mártir, … Que, por cierto, y dicho sea de paso, no será el único que mande a una imprenta sus obras y se autopublique, lo digo por esto otro que tanto se escucha ahora, de que si es mejor o peor autopublicar o que te publique una editorial. A ver, a él no le publicaban, o se autopublicaba, y a dormir, ¡qué va! En mi lectura del prólogo que hace Manuel García Blanco a la edición de cuatro de sus obras dramáticas (Teatro; Editorial Juventud; Barcelona, 1964) lo ves enviando cartas y manuscritos aquí y allá, comentando a otros que pudieran hacer mover sus obras (y, en este caso, representarlas), a aquellos que pudieran favorecerlas, manifestar inquietudes, anticipar opiniones, dar explicaciones, hacer peticiones;  artículos de prensa, entrevistas concedidas, contactos aquí y allá. Muchos proyectos, algunos que no vieron la luz. Unamuno.

                Ahí descubro que Azorín también escribió teatro (primera noticia; si la tuve antes, la olvidé), porque este le entrevista, por cierto. Y, fíjate, Azorín: su figura ya se está diluyendo, se difumina en el panorama literario. Yo recuerdo, de pequeño, ver en la televisión y otros medios entrevistas e incluso anuncios de editoriales de escritores de los que ya apenas se habla: Terenci Moix, Antonio Gala, el mismo Cela, y a Umbral lo recordamos todavía por una orgullosa y jocosa a la vez salida de tono en televisión, cada vez menos; aunque para salidas de tono, la de Fernando Arrabal en televisión con su inquietud por la llegada del mileniarismo (¿te has leído algo de él?), en ese programa de Sánchez Dragó (¡otro que tal baila!).

                No te desesperes. Solo recuerda que Valle-Inclán y Federico García Lorca eran los únicos que, a duras penas, pudieron brillar algo, un poco, en su época mientras que el teatro comercial llenaba los bolsillos de los empresarios y hacía las delicias de un público acomodaticio; Baroja se burla de ellos en El árbol de la ciencia. ¡Fíjate a quiénes menciono! No he hablado mucho del Premio Planeta, aunque algo dije, y sí, es muy lamentable, pero nada sorprendente. No me llevo las manos a la cabeza por el hecho de que Planeta, como otras editoriales importantes, sea más negocio que otra cosa. Por mi parte, con no perder el tiempo con Juan del Val tengo más que suficiente, hay mucho, y bueno, que leer. No lo juzgo: directamente lo prejuzgo, de verdad, no me llama la atención para nada y mi tiempo es oro. Si hablé poco es porque para mí el tema era irrelevante, y tampoco quería darle bombo: una polémica es una buena campaña de publicidad, y encima gratis. También hay otras editoriales que cuidan la calidad de lo que editan y son muy respetables; también es muy respetable autopublicar. Y sí, en todos los casos te lo tienes que currar: antes, durante y después de la publicación de tu obra. Eso es así y ha sido así de siempre.

                No te he criticado en ningún momento si te has sentido aludido en alguna parte de este artículo. Porque yo también estoy presente en él, y todavía estoy rompiendo barreras mentales. Entusiasmado por lo que yo creo que es una gran novela, Amae pop blue, voy muy poco a poco, y, además, no me veía hasta hace nada más que con ella y con mi poesía. Observo y leo, y voy recuperando mi propósito de joven: escribir de todo, incluido teatro. Pero hasta hace nada, me veía así, como escritor “de culto”, otra fantasía, a decir verdad, aunque también una opción muy respetable, querer parar con una, dos, tres obras. Ya no tengo aprensión por esa clasificación genérica que veo tan de moda, que sí, que hay muchos que escriben y publican como churros simplemente aplicando el molde genérico. Pero acepté como reto salir de mi zona de confort y escribir una novela de investigación, un thriller o novela negra, y lo haré, lo haré lo mejor posible y disfrutando mucho de ello.

                Y ya por acabar: sí, yo también pienso que hoy en día es más fácil publicar, y que eso hace que haya demasiada oferta para tan poca demanda, metiéndose por en medio libros de escasa o nula calidad literaria. En serio, lo pienso. Pero tampoco me quejo. Celebro que sea más fácil publicar y, oye, cada uno es libre de leer lo que quiera. El mismo Cervantes decía que todo libro tiene su valor, por muy malo que fuera, que al menos ha supuesto un esfuerzo de su escritor por transmitir y algo bueno se puede sacar de ahí. 


sábado, 2 de mayo de 2026

"NATURALEZA INVERTIDA", DE SONIA ARIZA BORRERO. IMPRESIÓN LECTORA.


 

El 17 de febrero de este mismo año tuve la ocasión de estar en la presentación de Naturaleza invertida (Talón de Aquiles, 2025), poemario de una Sonia Ariza a la que conocí ese día. Tuvo como maestro de ceremonias a mi compañero David Calzado, un poeta, entre otras muchas cosas, del que espero poder hablar pronto por aquí y, la verdad, lamento mucho no haberme acercado a su obra antes, me refiero a la de David; hasta finales de 2024 no he vuelto a ser persona con cierta integridad y me ha costado mucho todo hasta entonces. Desde aquella presentación en el IES Juan Ciudad Duarte de Bormujos, del que fue ella alumna en 2º de Bachillerato, no he tenido ocasión de acercarme en condiciones a los treinta poemas de Naturaleza invertida hasta ahora y, una vez acabada mi primera lectura, quiero ahora ofrecer mi impresión de este libro tal y como lo suelo hacer por aquí, de manera un tanto subjetiva. Os dejo a vosotros que indaguéis acerca de la autora, tan afín a las artes escénicas y la comunicación, y ella me disculpará si soy uno más que destaca su juventud al comentar su libro. Si lo hago, es por motivos más míos que suyos, y en ningún caso se trata de ninguna clase de simpatía contraproducente, ni debe condicionarte a la hora de acercarte a su poesía, que tiene que considerarse en sí misma, y así haré en la mayor parte de este artículo. Naturaleza invertida es un poemario redondo, cerrado y con vida propia. Vaya esto por delante, porque la coincidencia casi fortuita entre la recepción de esta obra y mi labor sobrevenida de pasar uno por uno mis poemas de cuando yo tenía una edad parecida a la suya para una nueva edición me traslada a muchas emociones y vivencias, y nuevas coincidencias, que no puedo soslayar, y algunas son inexplicables. Por ejemplo, y de manera aleatoria, la disposición tipográfica de los versos, que resalta Nina Hernández en su Prólogo (p. 11), a mí no me pasa desapercibida, porque fue, no un recurso, sino un fluir potente en la expresión que siempre he usado y en mis veinte de manera mucho más frecuente y sentida. No se trata de una extravagancia, ni de una forma de llamar la atención, ni un adorno, ni mucho menos: jamás lo usé así y, por lo que observo, Sonia Ariza tampoco. El aspecto visual del poema con versos aparentemente desencajados, repentinamente centrados o puestos más a la derecha de lo que les correspondería, o que empiezan justo debajo de determinada palabra, no es ningún capricho: no solo tienen una significación en su lectura, hay algo mucho más profundo ahí, es en el propio acto de escritura, y aunque por lo general no son planificados, sí se sienten en esa posición, el poema no es el mismo si se alinean de manera convencional. Esta maestría de sentimiento posicional, si se me permite el término, de la correcta ubicación del verso, o el medio verso, o de la última palabra de un verso, ya está en el primer poema homónimo de Naturaleza invertida (p. 15). Podría equivocarme, claro, pero no sé por qué, tengo cierta convicción de que el sentir de Sonia Ariza al disponerlos de esa forma se parece al mío: ese resalte no es solo intuitivo, está impulsado por todo un sentido difícil de explicar, pero muy relevante para la comprensión estética y emotiva de los poemas en donde aparece, que en Naturaleza invertida no son pocos. Esto tan visual, además, tiene repercusiones sonoras, y es trascendente en poemas de esta naturaleza, que expresan sentimientos y sensaciones íntimas que se guardarán en la memoria de la poeta para siempre. 

     También me gusta mucho cómo maneja el símbolo, lo hace ya desde el mismo título de su poemario. Que, más allá de su correcta significación, te parece advertir de un mundo patas arriba. No sé si has tenido la experiencia, por lo general de niños, de estar bañándote en el mar, que te venga una ola inesperada y, sumergido, por menos de un segundo, ser incapaz de percibir bien tu postura y perder la noción del arriba y el abajo. Pues bien, esa sensación es la que me transmite este poemario en conjunto. Ariza te lleva de un lado a otro en el sondeo de sus profundidades interiores, en la pulsión de sus emociones y de sus convicciones y todo aquello a lo que se aferra para no caer, tal vez por eso ella habla de un vaivén, de un subir y un bajar repentino a modo de montaña rusa. Y creo que esto lo transmite muy bien. En la práctica, no sé si ella misma sabe o se ha dado cuenta de que te acerca y te aleja, que guarda distancia, te atrae a su interior y luego vuelve a preservar su espacio vital, y que una de las "técnicas" que más aprecio en sus versos es esa capacidad de no llegar a lo terrible con sus palabras, hay una especie de contención que consigue, precisamente, dejarte con la sensación de lo contundente, lo impactante, ya filtrado, asumido, en cierto modo perdonado, y que eso, precisamente, consigue hacerte percibir mucho mejor el impacto y, sí, compartir contigo algo, aunque sea un poco, de tristeza, como lágrimas recordadas. Te presenta, en los valles de ese vaivén, la sequedad de unas lágrimas que no sabes si fluyen aún, si tienen réplicas; te planta ante los ojos, en las cimas, la ilusión y la alegría de su experiencia y de su yo con una modestia que las resalta. Y pueden aparecer ambas sensaciones en un mismo poema. Otra vez un ejemplo: es muy potente, muy emotivamente potente, el Aunque que se repite al principio de los tres primeros versos de Itropavotse (p. 38), y te recuerda la fuerza expresiva de las conjunciones en poesía, como el Si en muchos poetas; aquí es aún más triste al ser un Aunque, también habla de superación, hasta cierto punto. Se destila melancolía en tantas ocasiones... ¿Cómo no alinearme con el contenido de los versos de Sonia Ariza? No yo, el Alfonso de cuando escribía versos con dieciocho, veinte, veintitrés años. Lo que parece dolor se viste de superación, pero es una superación real que no esconde todo el tránsito hacia él. La ambigüedad poética juega aquí a favor.

      Este poema al que he hecho alusión no es el único que maneja la anáfora. Sonia Ariza, en Naturaleza invertida, es proclive a ella, y la usa muy bien, con todo el sentido del diálogo emotivo con un ausente o del monólogo interior. No hay resumen posible, pero si quisiera esenciarlo, me iría a Analógica de un impulso (p. 42): la libertad se halla en el presente, el concepto del ahora, y desde esa libertad se contempla el recuerdo. Un acontecimiento solo es recuerdo si es pasado mental, el presente da sentido al pasado, el hecho de saberse pasado te libera. Esto es complicado, claro, como la vida misma. En todo caso, el acto de escribir no es mecánico. Yo también he escrito en servilletas y doy fe de que el hecho de escribir y su producto final, que está vivo, que crece, que mengua, es metáfora e imagen de lo inexplicable, como inexplicable serán las nuevas significaciones que tomará para la propia autora en el futuro, cuando ella misma tome conciencia y vaya descubriendo poco a poco que sus versos expresaban mucho más de lo que ella misma sabe ahora, de lo que ha creado. No lo digo porque sí, sino porque me está pasando a mí mismo con mis propios versos. Es pura creación poética. Estos versos no serán recuerdos, tendrán siempre un presente que late. 

      Todo lo dicho hasta aquí lo manifiestan de manera poderosa los dos primeros versos de Cuando te tengo delante (p. 48), que para mí reúne de manera concentrada todo el núcleo de Naturaleza invertida. No hay lucha: la ha habido. O eso es lo que quiere decirse Sonia a sí misma y a nosotros. La consciencia trata de poner orden en las corrientes subterráneas de lo vivido y dotarles de un sentido. Se es consciente de lo experimentado y se toman decisiones de qué hacer con ello. Te viene a decir que dolió: sabes, igual que ella, que aún duele, pero se sigue adelante mientras ya las heridas van cicatrizando. Y se hace a través del honrar. Este poema es todo un honrar, no es mera asunción. Y está muy bien, pero que muy bien, que el siguiente poema sea Todos los idiomas del amor (pp. 49, 50), que es una verdadera caricia: así, justo así, en ese orden, aunque algunos lo consideren invertido.

     En definitiva, son versos muy maduros: hay mucha madurez en todos los sentidos, y no solo porque exponen un proceso de maduración interna en cuanto al contenido. La conclusión es tan bella como las mariposas y los cactus; la inversión de la naturaleza expuesta es una perspectiva y puede que, como El Colgado en el tarot, el que esté bocabajo seas tú, y que esa postura te ayude a la reflexión completa, al ver la realidad de otro modo.     

jueves, 23 de abril de 2026

"DISONANTES", DE SARA COCA. IMPRESIÓN LECTORA.




El 19 de marzo tuve la oportunidad de estar firmando Amae pop blue en la Feria del Libro de Tomares. Mi editorial, Libros Indie, es amiga de Platero Editorial, compartimos caseta, junto con Con M de Mujer, así que siempre tengo la ocasión de encontrarme con autores y, sobre todo, autoras. Esta vez sí que no pude resistirme, no sé qué me pasa con las tentaciones, también tienen sus rachas, así que me llevé Disonantes, de Sara Coca. De entre todos, me llamó la atención como luces de neón en una noche sin luna; yo estas cosas no me las sé explicar, pero son así, por eso le pasan también a Rodrigo, el protagonista de mi novela. A ambos nos sucede: hay libros que, sin saber por qué, nos llaman, los compramos sin saber si nos van a gustar y al final nos gustan. Pudo ser la portada y también el título, tal vez el aura que lo envolvía entre otros volúmenes expuestos, no os creáis que miré uno y otro y me decidí, qué va, lo tomé por impulso. Fue así, llegar con el libro de Macarena Expósito, Confesiones entre las cumbres, saludar rápido y decidir llevarme Disonantes (Platero, 2025), cuya autora, Sara Coca, además de dedicármelo, puede dar testimonio de que todo sucedió de esa manera. Para más inri, por mor de y por añadir más a toda la historia de su adquisición, antes de entrar a comentar la obra en sí, mientras empezaba el de Macarena y Disonantes palpitaba en la mesita de la cocina, que es mi centro de operaciones, me llegó un manuscrito de microrrelatos para que hiciera de lector beta, un libro del que no hablaré hasta que se publique o su autor me lo indique, y me los gocé también por ese entonces. Así llego a Disonantes.

     Lo bueno de los libros de microrrelatos, al igual que los de cuentos y los de poesía, es que igual te los puedes leer de seguido que a buchitos, que es como lo suelo hacer. Se me antojan como una bandeja de chupitos o shots, esos libros te pueden durar meses si quieres el paladeo combinado con obras "mayores". No lo he hecho así esta vez, aunque esa había sido mi intención inicial. ¡Me han encantado! ¡Qué microcuentos tan buenos! Yo creo que, en general, me han enganchado por varios factores que percibí desde el principio. Para empezar, se nota que Sara Coca sabe, que ha leído. Su tono, su estilo, al igual que las temáticas tan variadas de sus pequeñas historias, me traen ecos de grandes autores, así como su soltura al narrar. Suele usar narrador en primera persona, además, parece especialista en acercarte con un zoom a lo que cuenta. Además, su lenguaje es muy suelto, muy fluido y muy bien manejado. De hecho, voy a confesarlo ya: hay tres que no he entendido. Pero no porque no se dejen entender, sino por mi incapacidad; no diré cuáles son, pero quedan pendientes para una relectura más avispada por mi parte. ¡Eso es buenísimo! A ver, que en tan poco espacio tengas que hacer conexiones de comprensión, de eso se trata muchas veces.

     Hay conexiones entre ellos, claro, sobre todo en su distribución y la estructura de la obra completa. El título hace honor a la realidad de estos cuentos breves: evoca a la sonoridad de los relatos, que disuenan con nuestra manera de entender el mundo. Se dividen en tres secciones, Cacofónicos (y está perfecto que empiece fuerte), Familias asonantes (con la familia como eje vertebrador) y Eufónicos, el colofón del concierto.

     Y es que algunos son escalofriantes. Ya en Cacofónicos me estremecí con Infortunios (p. 21). Además, algunos, como Malos tiempos para la lírica (p. 39), no es que evoquen, son como novelas negras, microrrelatos negros en ese sentido. Hay toda una variedad de subgéneros narrativos aquí: paranormales, thriller, de vuelta de calcetín con giros inesperados en la voz narrativa, simbólicos, de toques de humanidad en el corazón, de personajes estrambóticos, bohemios, conectados a una naturaleza muy profundamente entendida (el mar y los pájaros...), de reversión locura-cordura, paradójicos y chocantes, bellos, crudos (muy crudos), ... ¿Queréis que os recomiende uno de Cacofónicos? Pinball (p. 48), ¡qué bueno, pero qué bueno... y qué crudo, directo a la cara, pero qué bueno!

     De extensión parecida es Familias asonantes, el núcleo de la obra. Vinculados a la familia, los ancestros, los árboles genealógicos, siguen siendo igual de emocionantes. No esperéis familias "normales" (¿quién la tiene?), y qué clarito habla por aquí Sara. Sí, los antepasados, los retratos y una figura que me encanta: las ovejas blancas de la familia. Excesos que marcan (p. 84) me ha tocado emocionalmente, la verdad. Tras este microrrelato ya me había hecho una idea clara de Disonantes y apunté todo esto en mi libreta de notas: "Crudezas esperando a su irrupción. Irreverencias, distorsiones, animales, lindezas poéticas y también prácticas, contrastes hiperbólicos. Y casi se cuentan como si nada. Algunos no te dejan pensando, sino una imagen, como una fotografía, un cuadro, un fotograma. Otros suponen un eureka. Y, por lo general, la humanidad, o la bestialidad, la naturaleza o lo sensible y lo sensorial asoman por presencia, por ausencia o por contraste brusco. También el alma de animales que crees personas, personas que se creen animales (¿o lo son?), y también seres inanimados que de una forma o de otra se animan. Algunas veces son pareidolias narrativas." 

     En La incógnita infinita (p. 107) lo que dejo apuntado es: "¡Oooooooh!", para luego destacar lo bien que empieza, qué buena la primera frase de Extraña realidad (p. 109). También el tiempo y lo que se considera vida y muerte son conceptos muy relevantes en esta obra.

     Eufónicos es más breve. No lo he dicho, pero el humor de Sara Coca es también muy importante aquí. Para mí, Renovarse o morir (p. 124) es humorístico. Y en Perseverancia (p. 126), otra vez con una frase inicial genial. Final sorprendente (otra vez) en Penélope (p. 130). Y otro microthriller o microrrelato negro que no te digo cuál es para no hacer espóiler. Los subversivos, para mí, simbólico. ¿Cuánto llevo escrito ya? Manda narices (eufonía del eufemismo) que sea de las impresiones lectoras más extensas, hablando aquí de microrrelatos. Lo dejo así. Mi enhorabuena a Sara Coca y a sus lectores.


domingo, 12 de abril de 2026

"EL INTERROGATORIO". RELATO.




"Sé perfectamente lo que pasa y lo que va a pasar. Ahora no es momento de dispersar la mente y enfurruñarla con quejas y rabietas, me han pillado, pero lo importante es ser fuerte. Y sacarles yo información y no al revés. Me están observando por el gran espejo, me tendrán aquí sentado un buen rato para saber cuáles son mis gestos naturales. También habrá un tanteo inicial. No es solo lo que diga, ..., mis gestos..., nunca debo mirar hacia mi lado derecho mientras contesto. Controlar el pestañeo". Eso era lo que pensaba nada más que los dos agentes me sentaron en la sala de interrogatorios. Luego entraron dos inspectores, creo. Los dos estaban en forma, dos tipos de gimnasio. Intenté deducir quién iba a hacer de poli bueno y quién de poli malo. Seguramente el que se sentara sería el amable y el otro, que se movería y se quedaría la mayoría de las veces fuera de mi campo visual, el que haría de cabrón. Estaba preparado.

    Me resultó algo desconcertante que se sentaran los dos enfrente de mí y relajados, incluso sonrientes. Comenzó el interrogatorio con una innumerable lista de preguntas relacionadas sobre mí: mis datos personales, mis gustos, mi familia, todo datos, datos, datos, los últimos verdaderamente irrelevantes. Seguramente sería una treta, eso pensaba, una nueva manera de tratar a los sospechosos de asesinato. Siempre en guardia, así es como iba a estar. Me costaba creer que tuvieran pruebas con las que acusarme, pruebas de verdad. Los cuerpos los habían ido encontrando poco a poco, y no todos. Se levantaron y se fueron. Y ya no apareció nadie más en horas. ¿Tanto me observaban por el espejo? 

    ¿Y qué pensé? Que querían agotarme. Cansarme física y psicológicamente. Recreaba mi silencio más absoluto con pensamientos agradables. Música, el último concierto al que fui. Mis hobbies: hacía un puzle imaginario, pieza a pieza. Rememoraba los últimos chilliditos de la chica rubia, la del top morado, la penúltima, fue muy excitante esa muerte lenta, su angustia, a esa no la han encontrado. 

    Entraron tres. Un tipo algo gordito y mayor, sonriente, se puso enfrente de mí con un tablero de ajedrez y las piezas, que fue colocando una a una. Otro nos dejó pasteles y café y se marchó, y la otra policía, esa mujer se sentó junto a mí, con un cuaderno. El tipo quería que echáramos una partida, no jugaba mal. Ella parecía hacer dibujos al carboncillo. Me dirigieron pocas palabras. Ese señor me felicitó en cuanto le di jaque mate. Luego se marcharon, dejándome folios y un par de bolígrafos en la mesa. Por supuesto, no pensaba escribir nada. No solo una confesión, que no me pidieron, la supuse, ni siquiera iba a dejar ni un trazo. 

    Pasaron muchas más horas. Entró la señora de la limpieza. Me dio los buenos días, hacía tiempo que había amanecido, era ya de día. Me había quedado dormido y su entrada silenciosa me despertó. Bien, mejor para mí. Me trajeron el desayuno, los primeros, los de los datos. Me hablaron, ambos frente a mí, de los cadáveres, un poco de la investigación. Yo seguí mudo. No me preguntaron nada. Yo no hablé ni con la cara, impávido. Solo al marcharse, antes de cerrar la puerta, el más alto me dijo de lejos que si sabía algo, que si pudiera ayudarlos, me lo agradecerían. 

     Habían pasado más de veinticuatro horas desde mi detención. Ya había dado vueltas por la habitación, ni siquiera me habían esposado. Horas después me tumbé, me dormí en el suelo. Había ido al baño varias veces, uno pequeño que tenían allí mismo. Con la ventana abierta, todo trucos. No les iba a dar el gusto de acribillarme a balazos por escapar por ahí. Volví a mi sitio.

    Ni recuerdo cuánto tiempo había pasado, y ya sí decidieron interrogarme, por fin. El segundo policía, el poli malo, era otro, un tipo muy fuerte, pero no me amedrentaría. "Si le da por golpearme", pensé, "de un puñetazo podría matarme este..." El que se sentó frente a mí me preguntaba una a una por las víctimas, me enseñaba fotos. El otro rondaba con cara contrahecha alrededor de mí, pero acabó sentándose junto a su compañero. Fue largo el proceso, pero tampoco sentí demasiada presión por su parte. Luego se fueron y dejaron que pasaran las horas de nuevo. Me traían bebidas, comida, se iban. Ya está. Luego trajeron al padre de una de las víctimas. ¿Qué se pensaban, que me iba a ablandar, a tener lástima, a incurrir en algún desliz? Volvieron a sacar el caso de su hija; ese hombre, entre lágrimas, me suplicaba que, si sabía algo, lo dijera. No dije nada. 

- No me podéis retener aquí más de cuarenta y ocho horas.

- ¿Y por qué no se ha marchado? La puerta siempre ha estado abierta.

- No juegue conmigo. 

- Usted podría haberse ido en cuanto hubiera querido. Márchese. Es verdad que le detuvimos, pero tras tomarle los datos ya sabíamos que no era culpable de nada. Nuestra línea de investigación alternativa resultó ser cierta, tenemos ya detenido al asesino, un psicópata que lo único que merece es el infierno. Usted es un buen ciudadano, espero que le hayamos tratado bien. Realmente no es sospechoso de nada, fue desde el principio un error. Pensábamos, eso sí, que podría haber sido testigo o saber algo, o tal vez que fuera la siguiente víctima.

    Le volvía a repetir que no jugara conmigo. Me acompañó a la puerta y me pidió que me fuera. Me pidió disculpas por las molestias. Al pasar junto a la puerta de otra sala, se oían gritos. El forzudo salió de allí sudando y con los nudillos amoratados. "Ha cantado", dijo. "Todas las víctimas, está dando detalles, y al parecer hay más". No pude soportarlo. Me entró un ataque de cólera, le pegué un puñetazo a la pared. Les expliqué que fui yo, esos crímenes eran mi obra. Me contradecían, trataban de calmarme, me daban los datos que el de ahí dentro les había dicho, yo los refutaba, uno a uno. Se reían. Para demostrárselo, les indiqué donde estaban enterrados los demás cuerpos, los que no habían encontrado. Todos fueron obra mía. ¡Mía!






"CONFESIONES ENTRE LAS CUMBRES", DE MACARENA EXPÓSITO MOLINA. IMPRESIÓN LECTORA.




Confesiones entre las cumbres (Diversidad Literaria, 2025) es una novela de cuarenta y ocho capítulos cortos, más prólogo y epílogo, donde su autora nos traslada, geográficamente, a una Sierra de Cádiz que conoce bastante bien, y temporalmente nos mueve como un péndulo entre dos periodos: el actual (el año de 2023) y los ochenta-noventa. Tengo que decir, antes que otra cosa, que tiene dos características que a mí me han gustado mucho: de un lado, es de una lectura fácil, fluida, que te engancha desde el principio y te anima a querer seguir hasta su resolución, manteniendo el interés; de otra parte, maneja muy bien elementos complejos, lo que le otorga mucha solidez, como este que he empezado a comentar de su estructura. La estructura, lo reconozco, me ha agradado bastante, y no cualquiera es capaz de sostenerla. Es casi un zigzag permanente entre una época y otra: de un lado, el Diario de Alejandra, que comienza en los años 80, narrado en primera persona, obviamente; de otra, el momento actual, con narrador omnisciente y centrado en resolver un caso de asesinato, sin desdeñar otras cuestiones, especialmente sentimentales y, sobre todo, psicológicas. En cada uno, eso sí, mantiene prácticamente una estructura lineal que va del planteamiento al desenlace por orden, pero al mismo tiempo haciendo converger las historias. La tensión y la intriga se mantienen de este modo todo el tiempo. He dicho casi: casi en zigzag, especialmente porque el llamado  momento actual se bifurca y... lo dejo aquí para no pecar de analista y para no incurrir en el espóiler involuntario.

    Al tratarse de una impresión lectora, asumo la subjetividad de mis palabras y mis lectores deberían hacerlo también, aunque supongo que el hecho de que vaya ya por su séptima edición (de abril de 2025 a marzo de 2026) es un dato objetivo que tal vez haya de tenerse en cuenta. No soy un lector especialmente inclinado a la novela de investigación y de crímenes, y eso puede que sea un punto a mi favor como "reseñador": sería un libro que recomendaría a cualquiera con independencia de sus preferencias lectoras. Por dos motivos fundamentales: es una novela agradable de leer y, para los amantes del género, de los que te mantiene con la avidez de querer atar cabos y de llegar al final. De hecho, reconocida mi relativa ignorancia, y a base de leer este tipo de novelas últimamente, me he molestado por indagar un poco en el género, para no hacerme un lío, y especialmente en las diferencias entre subgéneros, es decir, la diferencia entre novela de suspense, de intriga, policiaca, negra y thriller, cuestión de matices. Y Confesiones entre las cumbres cumple todos los matices para pertenecer a este último, al thriller: tiene un ritmo rápido, sin renunciar a la descripción de lugares y de circunstancias, no tanto de personas (casi todos los personajes te los puedes imaginar como quieras); no se pierde la tensión; existen en su trama peligros y amenazas; y, por último, tiene giros argumentales. Al parecer, el uso actual del anglicismo thriller, que a mí, como profesor de Lengua Castellana y Literatura, me echa para atrás, en lugar de novela de suspense, es para hacer patente que es moderno y que es más intenso, así que Confesiones entre las cumbres es un thriller muy recomendable.

    La he disfrutado mucho, y si he tardado en leer y expresar mi impresión lectora es, básicamente, porque leo otras cosas simultáneamente y porque me ha vuelto la manía de tomar notas capítulo a capítulo, unas notas que no me sirven para mucho, al menos no para reseñar: esto de expresar mis impresiones lo hago al terminar de leer y tengo la historia muy fresca en la mente, aparte de que no puedo desvelar lo que el lector debe descubrir por sí mismo. Ahora bien, creo que no pasa nada si digo que no hay un protagonista del todo claro. Si tuviera que señalar a alguien, serían dos: Alejandra y el Inspector Torres. Tampoco pasa nada si digo que en la trama más de un personaje esconde secretos, la mayoría de las veces muy fuertes. Tampoco pasa nada, espero, si anuncio que en esta novela una cosa es el desenlace (la resolución del caso) y otra el final (escalofriante, además).




    ¿Qué personaje me ha gustado más? Esta pregunta me la ha hecho recientemente la autora, Macarena, y me voy a mojar. A ver, yo soy amante de la poesía, de los relatos intelectuales y simbólicos (Papini, Borges, ...), me llama la atención el símbolo, la expresión o descubrimiento de emociones (Unamuno, Cortázar, siempre menciono a los mismos autores); es decir, mi preferencia es por los textos que me remueven interiormente, ya sea intelectual o emocionalmente. Por fuerza, Alejandra es el personaje que más me atrae. Para un lector habitual de novela de suspense, de thrillers, también pienso que Alejandra es un buen imán para ellos, por otros motivos. Si no se pudiera dejar de empatizar, empatizo mucho con ella. De otra parte, el Inspector Torres seguro que encandila a más de uno. A mí de él lo que más me gusta son sus diálogos. Y, por último, y esto es lo más subjetivo de todo y que no puedo explicar, Paula me parece un personaje muy atractivo, precisamente por lo que no se sabe de ella. Claro, puede ser que su nombre me haya condicionado, pero lo poco que se sabe de ella es muy interesante y a mí su potencial como personaje me ha llamado mucho la atención, especialmente lo que podría considerarse de su forma de ser. 

     No es poco decir que Confesiones entre las cumbres ha sido una lectura que me ha merecido la pena, o más bien el gusto. Se nota que Macarena Expósito ha tenido muy claro qué contar y cómo, lo hace con maestría, y espero poder leer más textos de ella en adelante. Muy buen libro, sin duda ninguna.


jueves, 2 de abril de 2026

"ANTES DE QUE HABLEN LAS PAREDES". RELATO.

 

ANTES DE QUE HABLEN LAS PAREDES

 


Sin que uno lo sepa del otro, tanto Luismi como Rafa han aprendido, no a acostarse, a quedarse profundamente dormidos muy temprano, por supervivencia mental. Y todo a causa de los vecinos del B y también de los del cuarto piso. De hecho, es que Rafa va a acabar llorando con una desolación que no puede soportar, y Luismi, pues ya llora antes de irse a la cama, por acelerar el proceso. Lo que hacen esos vecinitos es lo normal, y lo normal es lo que atormenta a Luismi.

                Estos pisos son así: se escucha todo. Los gemiditos sordos y apagados de la de al lado parecen extenderse por todas las paredes, conmoviendo a un Luismi a punto de conciliar el sueño. Luego se incrementan en su agitación, voceros de una consciencia placenteramente alterada, y él se altera. Se excita, claro, y desea escucharlo todo, no se mueve, ralentiza su propia respiración para oír todo lo que se pueda oír. Y luego no lo puede soportar. No entiende por qué a él le ha tocado estar solo, por qué él, por qué se le ha despojado de todo cuanto tenía sin saber apenas cómo ni por qué, y esos, los de las discusiones que son casi trastos a la cabeza que le perturban la siesta ahora pueden solazarse, y él no, ¿qué ha hecho él? ¡Sí!, esos que se quejan de los problemas diarios, de las tareas, de la dejadez del otro, de que hay que bañar a los niños, ¡qué no daría él por volver a tener esos problemas, qué no daría! A veces, en su ruina económica, en todo el desastre, se encuentra capaz de desprenderse de cincuenta euros y sale, esa madrugada, con sus vecinos ya dormidos, a por lo suyo, y piensa que tal vez es por despecho. Y luego vuelve y ya se le viene el día. No quiere escucharlos, que eso le pase más, se prepara una tila a tiempo, encuentra el sueño pronto.

                Golpes inesperados en la pared o en el techo, gritos esporádicos, el traqueteo, lo normal de las parejas, también excitan a Rafa si los oye. Le desvelan y le hacen desear lo mismo con su mujer, con Caridad, con Cari. Pero Cari duerme con tapones en los oídos, como para tomar la iniciativa con algún susurro, no ahora, ya antes, como los de arriba o los del B. Todo está frío en su relación. Se siente tentado a acariciarla, pero no es capaz de hacerlo. Sí, en ese momento para buscarla para el tema, pero un instante después se da cuenta de que echa de menos acariciarla en sí, y ser acariciado. Pero no se atreve. Y el furor que le provoca la indiferencia de Cari, su desdén, desde el despertar hasta el dormir, sus reproches infundados, esa amargura matrimonial, le hace enfadarse con ella, la malmira. Y luego esos ojos cambian. Él tampoco ha sabido hacerle sentir cercano, es tan inexpresivo… Y le invade una tremenda compasión, una tristeza enorme por ella. La frigidez instalada en ambos no se lo merecía ninguno. Su pobre Cari debe sentirse tan sola, como se siente él… Ahora ella ronca, él llora en silencio, en silencio sin necesidad, Cari nunca escuchará esas lágrimas, en silencio, tal vez, para que no le oigan sus vecinos. Y no hará nada. Otro que sabe que debe entrar en el sueño antes de que hablen las paredes.


A TRAGEDIA CADA "X": "RAQUEL ENCADENADA" DE MIGUEL DE UNAMUNO.

 


Lo primero, aunque lo expresé en la entrada anterior: no es una tragedia, lo sé, si mira, ahí lo dice, Drama en tres actos. O druma, como queramos. Simplemente, estaba haciendo la serie de A tragedia por semana, que se ha quedado en A tragedia cada x. El plan era claro: Esquilo, Sófocles, Eurípides. Y lo que sucedió lo resumo de nuevo: acabé con el Prometeo encadenado de Esquilo y me acordé de la Raquel encadenada de Unamuno. Me llegó una edición del teatro unamuniano, y me fue imposible irme directamente a la obra bisagra, me leí y comenté antes Fedra y Soledad dentro de esta serie, y luego haré lo propio con su Medea, hasta rebañar esa edición con estas cuatro obras del autor bilbaíno.

     Dicho esto, y una vez leído el drama, imposible no irme antes a la reflexión sobre su título, que es el que lo encadena, nunca mejor dicho, al Prometeo de Esquilo. Realmente, las referencias son dobles: una se va a la Biblia y otra al clásico griego, nada extraño en Unamuno, y siempre significativo; no creo en casualidades y menos con don Miguel, aunque ninguna de las dos referencias me parece exhaustiva. Lo de Raquel está para mí muy claro. Ya he dicho que los vínculos pueden ser fuertes pero no pormenorizados: nos faltaría una Lea para ello, un personaje bíblico por el que en su momento, en otro blog, manifesté mi compasión y mostré mi inclinación por ella un tanto, como hace poco hice con Clitemnestra. Ni tampoco Simón es Jacob; al fin y al cabo, Jacob amaba a Raquel, una suerte que no tuvo nunca Lea, quien se reivindicaba mediante su maternidad. Pues de ahí lo de Raquel aquí, la maternidad, un tema tan importante en Unamuno. Aunque no solo es la maternidad: es la vida en general, la verdadera vida, la plena, ya lo comento más adelante. La Raquel bíblica vivía atormentada porque no le daba hijos a Jacob mientras que su hermana sí, así que le "pasó" a su esclava para ello, Lea hace lo mimo (no se acordaban de Agar, ¡ay!), luego al fin sí tuvo hijos propios, ... ¡Y ahí tenemos las doce tribus! La Raquel de Unamuno vive agobiada por la sima: su angustia vital se enfoca en el hecho de no tener hijos con Simón, quien no puede y tampoco desea prohijar, y esto nos lo aproxima también a Yerma de Lorca. Este drama, entonces, es más drama y menos tragedia por su final, Raquel se desencadena y es por movimiento y voluntad propios, lo que hoy llamaríamos empoderamiento. Y, pensándolo bien, tan alejado de lo políticamente correcto hoy (en juicio anacrónico), este drama sí ofrece cuestiones y planteamientos muy en boga ahora en las redes sociales sobre la masculinidad, la feminidad, las relaciones de pareja, la estabilidad y lo importante en la vida. El Prometeo de Esquilo pudo haberse librado de sus cadenas en la cima sometiéndose a Zeus y no quiso, asumiendo el tormento; la Raquel de Unamuno se libra de sus cadenas en la sima por su propia determinación, tras ese crack interior y con resolución imparable, pagando gustosa el precio.

     Comento la trama por encima, porque en realidad lo bueno de este drama es leérselo o, con suerte, verlo representado. Raquel es una violinista de mucho éxito. Su marido, Simón, solo está preocupado del rendimiento económico que reporta el virtuosismo musical de su mujer, a la que le niega hasta viajes de recreo, de placer, todo debe estar enfocado en el rédito y el mantenimiento del "éxito": es más su manager y representante que su marido, y esta es la gran cadena de Raquel: se le ha negado el cariño auténtico, el disfrute, el verdadero hogar y el tener hijos. Simón no quiere ni oír hablar del tema e impide la adopción (el dinero te hace estéril), dado que va en contra de sus intereses. Raquel clama por sentirse y ser madre y aquí está la verdadera tensión dramática. Le ruega a él por esa vida normal y él la desoye de forma reiterada. Ella desea prohijar al sobrino de Simón, cuyo hermano, el padre del chiquillo, ha fallecido y él se niega. Aurelio, el primo de Raquel y antiguo pretendiente, acude a su casa porque Susín, su hijo, está enfermo y no hay madre para cuidarlo. Simón, de nuevo, se opone, argumentando lo de siempre, su dedicación al violín y el dinero que su profesión trae, cuando para Raquel en principio la música es por arte, no por negocio, un arte que debe hacer libres a los oyentes (No puedo libertar almas para que tú las esclavices). Simón hace un amago de ir a golpearla ante una decisión que le pasa a él por alto, pero se reprime al final y se pone más cariñoso, de nuevo, por interés. Ella, en fin, acude a cuidar de Susín, que podría morir (la gran paradoja, la muerte de un niño, algo que yo siempre he puesto de ejemplo de paradoja de la vida real y ante la cual Raquel se horroriza), porque hace falta una madre y ella ya corre a ejercer, maldiciendo en principio a su violín y luego dándole un nuevo sentido: con él, cuidará y revitalizará a ese niño, al que cuida cada día y toca para él, dejando de dar conciertos, solo toca para el niño, lo cual preocupa a Simón y Catalina, la antigua aya de este y ahora una medio suegra de Raquel en esa casa. Traman, ya que no pueden evitar que Raquel haga de madre de Susín, traerse al niño a la casa, un niño que ya la llama "madre". Ella se niega en rotundo: no va a permitir que el niño se intoxique moralmente con la compañía de los dos "negociantes" y decide, sin saberlo el mismo Aurelio, que su hogar ya no está allí, que se va con Aurelio para ser madre de Susín, ella lo decide en una discusión final en el que, simbólicamente (¡y qué me gusta eso!), para que el niño no esté presente en la pelea verbal le da el violín para que juegue como quiera con él, como si lo quiere usar de caballito. Ella expone su resolución delante de Simón, Catalina y Aurelio, que la hace suya, aunque ella dice que no es suya, que es de su hijo, y por él, por el niño, abandona su vida anterior, incluso el dinero que ella ha generado, que queda con Simón (pues abandona el hogar y a su marido, recordemos la época). Simón tiene que hacerse el valiente e impedirlo, pero le enfrenta Aurelio, para quien Raquel es suya ahora. Aunque Catalina se escandaliza de que no insista más (va a quedar de calzonazos), a Simón no le importa ya mucho luchar por ella: en ese estado, Raquel ya no le va a dar beneficios, y da la situación por buena aunque él quede de cobarde y de marido cornudo. Simón ha querido... no querer. Él es el realmente desgraciado, aunque no se lo reconozca. Y Raquel se dirige a la vida plena que anhelaba y cuya ausencia era la sima de la que logra escapar.

domingo, 29 de marzo de 2026

"CEMENTERIO DE FAVORES", DE FEDE MARTÍN ARROYO. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Cementerio de favores, de Fede Martín Arroyo, es una novela de asuntos turbios cuyo protagonista, Miguel Santos, entre otros, pertenece al gremio de los conductores de ambulancias y a un tiempo representa a un tipo sin pareja que empatiza de buena fe con gente común del barrio y aparece esporádicamente en determinados ambientes un poco menos transparentes. Se trata de un thriller y, tal y como está contado, con ingredientes de acción del estilo de la novela negra. Aparece el contraste de la turbidez de telón de fondo, cierta niebla moral de decisiones y ambientes, con la claridad narrativa: con un narrador omnisciente y una estructura fundamentalmente lineal (de planteamiento a desenlace), con ciertos momentos de analepsis (flash-back), Fede Martín Arroyo va contando poco a poco cómo se resuelve un caso del que el lector es testigo desde su germen, mientras va describiendo ambientes y lugares y perfila personajes y sus relaciones.

El quid de la novela, sin hacer espóiler en ningún momento, es, desde mi punto de vista, que el personaje principal, Santos, tontea con cierta moderación y algo de disonancia cognitiva interna con actividades al margen de la legalidad y lo moralmente correcto, pero su fondo general es honesto y bienintencionado, como pasa también con varios personajes que se conocen desde dentro, en sus relaciones con él, pues desde fuera, sin saber biografía y trayectoria, echarían para atrás a más de uno. Esta condición personal de Santos le mueve a ayudar mediante métodos poco convencionales. El problema real viene con la intervención inesperada de personajes más oscuros. Como las fichas de dominó, la caída de la primera va a hacer que vaya cayendo toda la fila hasta la resolución final: una situación lleva inevitablemente a otra con intenciones muy distintas según quién. 

Cementerio de favores hace honor a su título, pero no lo desvelamos para que el lector lo descubra. Hospitales, partidas de póker, un tanatorio y pesquisas paralelas van creando el ambiente de una novela de investigación, de confesiones reales o de farol y de decisiones. ¿Una novela para leerse más con un whisky que con un café? Bueno, eso es ya decisión de cada uno.