jueves, 1 de octubre de 2026

LA ALQUIMIA DE UN VIAJE: TRES DÍAS EN GRAN CANARIA, UNA EXPERIENCIA EN EL TIEMPO



INTRODUCCIÓN Y ANTECEDENTES 

Tras un verano casi completo bastante intenso, pero sin moverme de mi zona, y un septiembre al que le faltaba muy poco para completarse, el 17 de ese mes viajé a Las Palmas de Gran Canaria con un propósito y tres días programados de estancia allí. En este artículo lo relato, como prometí, y me hace muchísima ilusión hacerlo, pasadas dos semanas apenas, pero que me parecen dos meses, como aquellos tres días me parecieron tres semanas. No será casualidad que la noción del tiempo sea otra muy diferente a la habitual: por la intensidad y significación de todo lo vivido y porque, precisamente, iba a presentar a Liseet Mata en su tour literario La alquimia de las palabras, y su segunda entrega de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo. El tiempo... Contaré aquí las impresiones y anécdotas de este viaje, pero además profundizaré en su significado, tanto en lo literario como en lo personal.




     Para ponernos un poco en antecedentes, diré que conocí a Liseet Mata en el Grupo Literario Sueños de Tinta. No me voy a extender mucho con esto, porque he hablado bastante y hay mucha constancia documental, tanto en mis medios, como este blog o mis redes sociales, como en los de otros. Ella es una escritora venezolana y también española, afincada en Las Palmas de Gran Canaria desde 2016. Tiene publicados un poemario (El canto del Fénix, Azur, 2023) y, de momento, tres novelas: Bárbara siguió su camino, de 2015 y las dos primeras entregas de su trilogía Memorias de una alquimista, en Aliar (A treinta días de Londres, 2024 y En el borde del tiempo, 2026). Digo "de momento" porque, como es obvio, si tiene publicadas dos entregas de una trilogía, es de esperar la tercera, y nos consta que está en ello. Excepto Bárbara siguió su camino, una cuenta pendiente que espero que deje de serlo pronto, he leído y reseñado sus obras, y en el contexto de Sueños de Tinta, en el que ambos fuimos muy activos, tuvimos en su momento conversaciones muy interesantes. Pero ya hacía bastante tiempo que no nos comunicábamos. Por eso, me resultó muy sorprendente un mensaje que recibí de ella en julio.

     Si sigues a Liseet en redes sociales (y si no, te lo recomiendo), comprobarás que es muy activa. Para el caso de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo no se ha limitado a una simple presentación de esta novela. Tiene organizado, por el contrario, un tour literario llamado La alquimia de las palabras, con un ciclo de conferencias, presentada cada una por un autor distinto. La primera conferencia fue presentada por Luis Alberto Serrano y en la tercera lo hará Berbel, ni más ni menos, ahí es nada. Su mensaje me proponía ser yo el que lo hiciera en la segunda, el 18 de septiembre, en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas. Algo en principio complicado, parecía una locura. No solo por ser la primera semana del curso 2026-2027, sino especialmente por la distancia y mi inmovilidad forzada de estos últimos años. No puedo decir que yo sea especialmente viajero, ¡quién sabe si eso va a cambiar a partir de ahora!, pero es algo que he hecho desde pequeño, siempre por medio terrestre y sobre todo en España. En Lisboa estuve dos veces. Esta propuesta para desplazarme hasta las Islas Canarias la habría rechazado si me llega un mes y poco antes. Desde, al menos, hace tres años y hasta finales de mayo del presente mi situación personal me ha impedido hacer cualquier tipo de desplazamiento, no se me ha visto irme a ninguna parte en ese tiempo, ni siquiera a localidades cercanas a Sevilla. Por supuesto, no voy a desvelar cuál era esa situación-tenaza tan prolongada; lo importante es que, en los últimos días de mayo, casi coincidiendo con la publicación del Volumen II de mi novela Amae pop blue, por fin me liberé de ella, algo que me ha costado asumir, aunque lo celebré, y no era para menos. De hecho, este verano podría haber viajado algo, si hubiera querido, pero por inercia, porque tampoco lo sentí prioritario y porque, precisamente, quise asumir y adaptarme con calma a mi nueva perspectiva vital, no lo hice. Intuitivamente, entendí la propuesta de Liseet como una especie de señal. Una señal de que aceptarla ya no era ninguna locura, nada imposible, la señal del fin del encierro, de mis nuevos horizontes, una toma de conciencia de mi situación real actual. 

     Y, en lo literario, una gran alegría. Primero, porque por fin iba a conocer a Liseet Mata en persona. Después, porque para mí suponía un honor ser partícipe de La alquimia de las palabras: la oportunidad de colaborar con ella, presentando una obra y a una autora que creo conocer bastante bien, representaba un reconocimiento por su parte y una gran ilusión por la mía. Soy escritor, eso no hace falta que lo diga. Soy y me siento poeta, siempre lo he sido y continúo con mis proyectos poéticos con mucho entusiasmo. También narrador, mi novela Amae pop blue es mucho más de lo que parece, aunque esta vez he querido postergar bastante la presentación de su Volumen II, algo que todavía no he hecho. También soy Filólogo Hispánico y profesor de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria desde hace veintidós años. Y si observas bien mi blog, o mis redes sociales (más que nada, Instagram), es fácil darse cuenta de que dedico más tiempo, y mucho, en leer, reseñar y hablar de otros autores y sus obras que de las mías. Así que, acepté. ¡Qué bueno! Lo primero que hice, antes de leer En el borde del tiempo, que ya tenía, fue volverme a leer la primera entrega de Memorias de una alquimista, A treinta días de Londres, descubriendo en ella nuevos matices. La había leído hacía tiempo, y reseñado en la revista digital Voces Errantes en su momento; la releí y di mi impresión lectora en este blog. Después hice lo mismo con su segunda entrega, En el borde del tiempo, teniendo en mente que poco después acudiría a Las Palmas para presentarla, y me dediqué a preparar el viaje hasta que tuvo lugar, algo que no conseguí del todo como yo quería por motivos muy lógicos, septiembre es un mes clave para los docentes y tenía otros (auto)compromisos con otras obras, se solaparon muchos asuntos, pero fue bastante bien.

     Y, ahora sí, hablemos del viaje.      


MI PRIMER VIAJE EN AVIÓN


     Tengo cincuenta años y nunca había tomado un avión hasta ahora. Cada vez que he comentado este asunto, mi interlocutor ha pensado que a mí me daba miedo hacerlo, y para nada es así. De hecho, no sabía cuáles iban a ser mis sensaciones durante el viaje, ni tampoco he pensado nunca en ello. A lo que sí tenía auténtico pánico era a perder el vuelo. Jamás me había manejado en un aeropuerto y no tenía ni idea de cómo era, y por las películas y las noticias que había visto tantas veces, en las que me parecía que eso de facturar una maleta podría ser un tinglado que yo no supiera manejar, el peor escenario en mi cabeza es que se fueran sin mí. Me había comprometido con Liseet en estar el 18 de septiembre a las 18:00 horas en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas de Gran Canaria, y Alfonso iba a estar allí a esa hora sí o sí. Así que me pareció que lo sensato era partir el día antes, el 17. El vuelo salía a las 10:35 hora peninsular y llegaba a las 12 hora insular, en realidad llegó antes. Y, la verdad, tanto para la ida como para la vuelta, todo fue muy bien. Ambos viajes me parecieron cortos y apacibles. 

     Ahora, hay que imaginarme a mí, con lo exagerado que soy para estas cosas, en el aeropuerto de Sevilla yendo al baño cada dos por tres y mirando constantemente los paneles mientras repasaba mis anotaciones de la novela de Liseet. Yo quería un viaje tranquilo, así que, cuando llegó la hora del embarque y vi que se montaban en el mismo avión un grupo de chavales de despedida de soltero, muy animados, eso no me hizo ninguna gracia, y solo esperaba que no se sentasen cerca de mí. No es por nada, es que no estaba para escuchar sus chascarrillos todo el tiempo, la verdad. El Universo escuchó mis súplicas y no los volví a ver. En su lugar, situó a mi alrededor a un grupo de mujeres mayores que yo de Morón de la Frontera, un detalle que era imposible no saber porque no eran precisamente calladas, no todas, al menos, y pensé que quizá echaría de menos a los de la despedida de soltero. No he estado nunca en Morón, lo conocía algo por las palabras de una antigua compañera de la Facultad que era de allí, pero no podía dejar de pensar, cuando las vi sentarse a mi alrededor, en el día del nacimiento de mi primera hija, de madrugada en el hospital, porque en ese momento también había allí mujeres de esa edad de Morón, que no me dejaron ver a mi niña recién nacida cuando la sacaron porque se abalanzaron todas muy emocionadas para verla y al padre, que era yo, no le dejaron hueco, eso no se me olvida. El caso es que otra pasajera y yo nos tuvimos que cambiar de asiento para que la que se sentó a mi lado pudiera estar cerca del pasillo, porque esta mujer estaba muy nerviosa con el vuelo, no paraba de repetirlo. Yo quedé en el centro, el muchacho de la ventanilla hizo bien en ponerse los auriculares y quedarse dormido. Manda narices que estuviera yo buena parte del vuelo calmando y asegurando a esta señora que no iba a pasar nada y todo iría bien, cuando era mi primer vuelo y ella ya lo había hecho antes varias veces. Muy simpática, por otro lado, espero que se lo pasase bien en Las Palmas, pero muy nerviosa y sin cortarse un pelo para describir lo horroroso de un accidente de avión; gracias al cielo, ese que volábamos, que se pidió una cerveza, bendito tranquilizante. Pero, vamos, aparte de esto, muy bien, la verdad.

     El viaje de vuelta fue aún mejor. Salía a las siete de la mañana, eso sí. Mejor, porque sorprendentemente me asignaron un asiento de los buenos, en la segunda fila, más cómodo y con pasajeros muy calladitos, especialmente la pareja de japoneses que tenía delante y que se acariciaban mientras ella dormitaba apoyada su cabeza en él. Muy simpático el sobrecargo, era evidente que algo tenía o se traía con la azafata que estaba por esa zona, por cómo se hablaban y los gestos, bastante obvio. 


PRIMER DÍA: 

JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026



     Liseet me recibió en el aeropuerto: ¡por fin nos veíamos en persona! Me llevó al hotel, Parque Sercotel, muy cerca de la Biblioteca Pública del Estado, en San Telmo, y desde entonces estuvo muy atenta conmigo, fue una anfitriona excepcional, me trató entre algodones. Y eso que al día siguiente daba la conferencia y le coincidió con otros compromisos. Este ha sido uno de mis grandes aprendizajes: contemplar en acción a una escritora, ponente y locutora de radio me ha dado muchas claves. Pero, especialmente, en nuestros diálogos. Podría hablar bastante de ello, y no lo diría todo, pero hablamos mucho en un incesante ir y venir y todavía estoy apuntando muchos aspectos clave de esas conversaciones y también de pensamientos que tuve mientras conversábamos. La sensación de saber que alguien te tiene en su agenda y se ha preocupado para que te encuentres bien y aproveches tu estancia allí es indescriptible, y lo comento ahora porque quiero agradecérselo públicamente, todo su esfuerzo previo y en esos días para que yo estuviera bien. La comida en La Casa Roja, junto a la playa de Las Canteras, fue espectacular. También me mostró parte de la ciudad.




     Por la noche, acudimos al cumpleaños de Luis Alberto Serrano, productor y guionista de cine, escritor y más cosas, ¡y qué bien lo pasamos allí! En un auténtico restaurante mexicano, cuya dueña nos contó a todos muchas cosas muy bien explicadas. Allí conocí también a la escritora Teresa Santana. Parecía que conocía a todos de siempre, cuando era la primera vez que nos veíamos, me hicieron sentir muy acogido, entre amigos. Apareció un cantante, el mariachi, del que no diré nada, mejor que veáis lo que subí a Instagram. Se me ocurrió pedir mezcal, "el más fuerte que tengas", dije, 48º, muy bien, y luego otros se animaron también con ello. La dueña del restaurante nos explicó toda la historia del mezcal y el tequila, qué bien lo pasamos, qué bien.




    Y mi impresión de Las Palmas, con calor (el bochorno que llaman allí) muy buena, muy buenas sensaciones. 



EL DÍA CLAVE: 

VIERNES, 18 DE SEPTIEMBRE



     Un poco, me sabía mal que Liseet estuviera tan pendiente de mí precisamente el día que iba a presentar su novela, pero, como dije, me atendió estupendamente. No me hubiera importado quedarme solo hasta el momento de la conferencia, habría hecho turismo por mi cuenta y me habría repasado lo que quería decir, habría ido bien. Pero ella estaba muy atenta a mi persona y, la verdad, todo fue mucho mejor. Quedamos en la Biblioteca, para ver los espacios, preparar el evento. También fuimos a Radio Guiniguada, a su primer programa La alquimia de las palabras, donde entrevistó a dos jóvenes autores de allí, y me invitó a participar. Vi parte de la ciudad, fue a la vez trabajo, literatura, amistad y tiempo compartido. No digo más porque de esto, que es lo realmente importante, ya he puesto y republicado en redes sociales bastante. Lo que sí publicaré pronto son parte de esas palabras que tenía preparadas y que no llegué a decir.

     Igual que la conferencia y presentación, que fue un momento mágico. Sí, presenté a Liseet, ella dio la conferencia tan interesante, cerramos el acto, ¡fue estupendo! Entre los presentes estaba la poeta, entre otras muchas cosas, Berbel, quien anunció que muy pronto presentaba su obra de poemas a autores alemanes con ilustraciones propias a cada uno, y con la que conversé de Hölderlin un poco, todo un placer. 



     Después nos tomamos unos buenos cafés colombianos, es que Liseet me llevó a muchos sitios, y yo soy muy cafetero... ¡Ay, qué buenos! No me imaginaba Las Palmas así, con tantas posibilidades. De noche deambulé un poco por la zona de Triana, que tenía muy cerca. Llevo años arrastrando insomnio, eso de dormir poco lo tenía asumido, una cuestión que sabía que cambiaría a mi vuelta, ya lo dije, este viaje suponía mucho para mí en muchos aspectos, era cerrar y abrir ciclo. Seguramente ya había sucedido, pero, incluso con un verano entero en medio, no estaba del todo consciente. Y yo lo sabía. Que ese viaje era una manifestación, una concreción de ese punto de inflexión en mi vida que empezó a finales de mayo. Y, de hecho, ha sido así. Porque regresé y ahora estoy recuperando sin proponérmelo hábitos de sueño. Estoy ahora algo pachorrón, y es normal, porque encima es principio de curso, no se me ve de momento al ritmo que llevaba en redes sociales porque ahora... ¡duermo! ¡Por fin, qué bendición! Por eso he tardado tanto en escribir esto.




TERCER DÍA: 

SÁBADO, 19 DE SEPTIEMBRE



     Liseet seguía teniendo planes para mí, eso ya lo sabía, estaba agendado, pero lo importante, el día anterior, ya había sucedido. Así que me alegré mucho por ella si esa mañana descansó. Si me pongo en su piel, con los nervios de tantos eventos y cosas que hacer, y encima yo ahí, no me extraña. Y yo, aunque había dormido poco, dormí muy bien y me levanté temprano. Así que guagua y a la playa, a Las Canteras, paseo terapéutico y tranquilo.



     Por la tarde nos desplazamos a Villa de Moya, una localidad en altura, el paisaje espectacular. Fuimos con Teresa Santana a la entrega de premios "Tú eres mi héroe", también lo he documentado en redes. Una lástima no haber tenido la ocasión de probar los famosos suspiros de Moya y una sorpresa que allí haya un Museo del Betis. De verdad, un paisaje natural y el propio pueblo preciosos. Y después, de nuevo en Las Palmas, estuvimos los tres con el grupo que conocí en el mexicano, y Luis Alberto Serrano me regaló su novela Las tres reinas, que espero leer y reseñar pronto. Y deliciosa la cachapa venezolana que nos tomamos allí.

     Volví a dormir poco y muy bien, a la mañana siguiente, a las 7, salía mi vuelo de regreso. Tenía muchos planes para ese domingo ya en Sevilla, aparte de deshacer la maleta, porque al día siguiente daba clases y conocía mejor a mis grupos, porque estaba en muchos proyectos de lectura y literarios, pero esos planes no se cumplieron, y no pasa nada. Recuperé el sueño, me ha costado una semana o más recuperar mis ritmos, he estado algo cansado estos días, pero muy bien. Este artículo, y el siguiente, los tenía pendientes, y también está pendiente algo mejor y privado: todas las reflexiones que me traje de allí y quiero escribir para mí, aprendizajes y propósitos. 


sábado, 26 de septiembre de 2026

"EL OTRO RELATO", DE JOSÉ LUIS BURGOS. IMPRESIÓN LECTORA.

 



En los tantos foros sobre literatura que hay en las redes, y también en los mentideros, se usa bastante la palabra género. Se hace para luego referirse al thriller, la novela negra, la gótica, la romántica (de ahora), la de fantasía (de ahora), el romantasy y así. Vamos, en realidad aluden a subgéneros, y bastante pautados, los géneros son tres si hablamos grosso modo. Igual que cuando usamos calorías para las kilocalorías, hay prefijos que se sobrentienden y sobran.

     No me equivoco mucho si digo que uno de los puntos en común entre José Luis Burgos y yo es la despreocupación por que nuestras obras encajen en el molde (sub)genérico, y creo entender por qué. Y que conste que yo no tengo nada en contra de los subgéneros tal cual, han existido de siempre y lo he comentado ampliamente en otras ocasiones. Qué digo yo, la novela pastoril o la picaresca del XVI y el XVII o la realista del XIX, todos estos subgéneros han dado grandes obras. El mismo Cervantes estuvo en ello, con su Galatea, sus Novelas Ejemplares o su Persiles. Aunque, si bien lo piensas, triunfa con la parodia de uno de estos géneros en boga, y resulta que fue más que una mera parodia. Pero somos de la generación que somos, no creo que Camus con El extranjero, Benedetti con La tregua, Cortázar con Rayuela, como muchos otros, estuviesen demasiado preocupados con el encaje genérico de sus obras, ni tampoco que salirse de ningún molde fuera uno de sus objetivos al escribir. Escribieron, y ya está. A nuestro nivel y en nuestra época, toda una faena eso, especialmente a la hora de dar a conocer la novela y promocionarla.

     José Luis Burgos acaba de publicar El otro relato. Hace un día, ¡ayer!, el 25 de septiembre. En su pre-promoción, he creído verla clasificada como thriller, puede que me equivoque, no lo juraría pero estoy bastante seguro. En Amazon, se enmarca como de suspense psicológico y esta etiqueta, si hay que ponerle alguna, me parece mucho más acertada. Y no solo como etiqueta: lo psicológico es un elemento que José Luis Burgos maneja muy bien. Ya lo demostró con creces en La penumbra del eclipse. La memoria... La memoria, de otra manera, vuelve a ser un elemento fundamental en El otro relato. Y no solo la memoria: el efecto del paso del tiempo, las representaciones internas de uno mismo y los demás, la imaginación que suple identidades, momentos, intenciones, motivaciones, actos y los mismos recuerdos. También palabras desconcertantes, un tanto encriptadas, que deben ser descifradas en mensajes, llamadas, correos electrónicos y conversaciones cara a cara. 

     Una pregunta inquietante parece residir en estas páginas: ¿somos una historia que construimos nosotros mismos y también las historias que construyen los demás acerca de nuestra identidad?¿Lo que se deduce de nuestra imagen, de nuestras palabras, de lo que se consigue imaginar de nosotros atando, bien o mal, los cabos disponibles, en el tamiz de la personalidad y las vivencias de esos otros? ¿Somos lo que sentimos que somos en soledad y en nuestras interacciones?

     Espacios reales (Madrid, Montevideo, San Sebastián, ...) y uno virtual que parece engullirlo todo: un foro de internet donde sus integrantes charlan sobre música y literatura. Este foro será la raíz de gran parte de la historia de un Mario al que, en El otro relato, le vendrán de vuelta de manera a veces irreconocibles sus propias palabras que dejaron su rastro allí, casi como actas levantadas o un diario hecho público, no de hechos, sino especialmente de sensaciones y emociones que el tiempo difumina pero que regresan con distintos ropajes. Unas palabras que Mario conoce en su origen e intención, pero no en la interpretación, impacto y repercusión en los demás. Y los hechos, la realidad, ¿son lo que son, o son lo que vivimos, cómo lo vivimos?

     El otro relato nos sitúa ante un Mario ya maduro, con sus hijos ausentes, más o menos independizados, y en una relación matrimonial desgastada, que parece moribunda o, al menos, que pide auxilio. A medida que se desarrollan los acontecimientos, envueltos en un halo de misterio que, en cierto modo, sí provoca una atmósfera propia de los thrillers, esta relación con su mujer Elena se va desarrollando en ondulaciones, silencios y conversaciones, y no es un tema menor en la novela, está en primera línea. José Luis Burgos, en su ficción, nos hace reflexionar sobre esa etapa de la vida, el vacío de cuando los hijos se marchan y lo que queda, que podría ser la ausencia de una rutina que pareció sostenerlo todo y la ausencia en presencia de uno con otro. Confieso aquí, en la subjetividad que tanto caracteriza a este blog, que precisamente el capítulo 23 es el que más me ha gustado, algo muy previsible teniendo en cuenta lo que suele tocarme a mí, a mi sensibilidad lectora, mi tendencia a la vinculación del yo con las relaciones románticas y de pareja.

     Este Mario lleva años metido en el foro al que antes aludí. La escritura como forma de desahogo y de entenderse a sí mismo es una de sus mayores aficiones. Palabras para sí, pero también palabras que se comparten y que en el momento parece inofensivo hacerlo. Pero no lo es. Su relación laboral con Vera, los movimientos de una forera y lo que sabe y no sabe Elena se remueven en esta novela plagada de frases que te dejan pensando, como esta: Lo que decía no encajaba con nada de lo que él recordaba (p. 107), esta: ... hay cosas que terminan cambiando cuando se recuerdan demasiadas veces. Y algunas cambian precisamente porque necesitamos que lo haga (pp. 174, 175), esta: A veces hacer que algo encaje también tiene un precio (p. 187), y tantas otras. Frases de por sí preñadas de pensamientos evocadores en cada cual y que, en mi caso, muchas de ellas me han parecido resonantes con las mías propias, en otro estilo, en otro tono, que aparecen en mi novela Amae pop blue y que, al ser dichas por otro, con otras palabras, en otro estilo, en otro tono, me las devuelve con muchas más aristas. No puedo dejar pasar, aunque es solo una simple anécdota, que la alusión a El diablo cojuelo me ha trasladado a mi adolescencia, a cuando tomaba libros al azar de la biblioteca de mis padres, esta obra de Luis Vélez de Guevara fue una de mis primeras lecturas serias y si la mencionan a mí me alegran el día.

     El otro relato es otro relato de José Luis Burgos, y ese otro tiene mucho sentido. Reconoces su estilo narrativo, pero no se repite. Cada una de las obras de Burgos es diferente de las otras, todas sin género. Ha sido un placer inquietante haber podido leer El otro relato, un placer pensativo, un placer intelectual, psicológico y literario.




domingo, 6 de septiembre de 2026

"EN ALGUNA OTRA VIDA", DE DAVID J. CALZADO. INTRODUCCIÓN Y "POESÍA PRIMERA". IMPRESIÓN LECTORA.

 


PREÁMBULO PERSONAL

 Puedes saltarte esta sección, sin ningún recato, si lo que quieres es saber de En alguna otra vida, que comentaré en cinco artículos, este es el primero.

Acercarme de una vez a la poesía de David Calzado ha sido una espina que he tenido clavada durante unos seis o siete años. Mi situación de bloqueo ha sido bastante dura en sus causas, entre las que se encuentran, entre otras, la económica y, muy especialmente, la emocional. De un tiempo a esta parte, se me ve muy activo en redes sociales y en el ámbito literario, como escritor y como lector. Seguramente, a fecha de hoy ya habrá alguno que eche de menos un unboxing de los míos, y un simple vistazo a este blog dará cuenta de mi ritmo de publicaciones: aquí, sobre todo, impresiones lectoras y reflexiones varias. Y, precisamente, un vistazo a este blog también hablará de un hiato muy llamativo, un silencio de años por aquí que no es otra cosa que un reflejo de ese bloqueo, si es que la oscuridad y la ausencia tienen capacidad de reflejar algo. Internamente, esta oscuridad que, como un agujero negro, me absorbía energía y vida por momentos, me impulsó de una manera bastante extraña a escribir y, más tarde, publicar a coste cero por mi parte, una novela, aprovechando también el insomnio inmisericorde que padezco y que ahora ya soy capaz de mitigar poco a poco. Convivir con la tristeza, la soledad creciente, la culpa y, sobre todo, con un miedo perenne que enciende a diario la alarma de emergencia, no ha sido fácil; no he tenido más opción que priorizar batallas y mirar a otro lado ante eventos y comportamientos diarios de lo más normales que a mí me fueron vetados durante un tiempo muy prolongado y que, desde fuera, seguramente se habrán atribuido a un carácter desapegado o a una forma de ser demasiado distante o indiferente y no a mi sostenimiento en la cuerda floja de una psique en modo supervivencia.

    Más cerca del presente, también es que yo me emperré en comenzar por el principio con la obra poética de David Calzado, una decisión que ha retrasado más tener sus versos ante mis ojos. Y esta vez no ha sido por esta manía mía de pasar por lo anterior antes de llegar a lo siguiente; yo suelo ser incapaz de saltarme los preliminares, prólogos, introducciones y estudios previos de los libros que me leo, actitud que ayuda a desestimar la sugerencia de saltarme las palabras previas a esta obra, que el propio David Calzado hace, en Sobre esta poesía reunida, siendo mi interés por escuchar la voz de este autor el motivo principal para desoírla. En realidad, el título de su primera obra publicada, Planto de Gilgameš, ha sido el único motivo. ¿Y podría haber sido de otra manera? La cultura sumeria, tan estudiada por mí, esa gramática sumeria de Lara Peinado, el Gilgamesh de la edición de Mitchell y en sí mismo, arrastran mis ojos hacia ese poemario. ¿Cómo no, con ese título? De hecho, las alusiones a Sumer se dan cada cierto tiempo en mi novela, Amae pop blue; para empezar, en el título de sus segundas partes, Algunos viajes por el nam-tar, y si te fijas en la portada de su segundo volumen, verás tatuados en el brazo de la guitarrista caracteres cuneiformes. En otro blog, llamé la atención sobre el paralelismo y contraste entre Adán y Eva y Enkidu y Shamhat; en algunos de mis poemas tenéis a Humbaba o la Lilith sumeria. El caso, entre mi amor por los cabezas negras y su cultura, y que encima Planto de Gilgameš era difícil de conseguir, pues mi decisión de empezar por él se hizo más intensa: doble magnetismo, tener una edición “rara”, descatalogada, y el Poema de Gilgamesh de trasfondo. Se intentó, y ese intento llevó a una espera a la postre infructuosa. Así somos los Aries: impulsivos y con la necesidad de hacer las cosas solo a nuestra manera.

    Ahora, ¡al fin!, tengo en mis manos En alguna otra vida, que reúne sus cuatro primeras obras, todas las publicadas hasta 2022. Ya sabéis que, más que reseñar, traigo a este blog mis impresiones lectoras. Lo llamo así porque son eso: este blog es personal, ¡mirad cómo he empezado!, y traigo, por tanto, mis impresiones. En realidad, este nombre de impresiones lectoras, no del todo eufemismo de reseñas, lo provocó una "reseñadora profesional" que se quejaba en Instagram del mal uso que daban tantos a esa palabra. Era tan técnica en sus motivos que le di la razón pero, al mismo tiempo, se activó ese mi Unamuno interiorizado que sale en casos así: si él, ante críticas similares, llamó nivolas a sus novelas y drumas a sus dramas, pues yo llamo impresiones lectoras a mis reseñas, y ya vamos listos.

    Dado que En alguna otra vida reúne varias obras, no me ha parecido adecuado redactar una sola impresión de ella. Me parece más apropiado respetar cada trabajo poético y dar mi impresión de cada uno por separado. Así que, hoy, comentaré En alguna otra vida en general y después los poemas que hacen de apertura, Poesía primera. Nos centramos, entonces, y nos preparamos para mi deseado Planto de Gilgameš, mi siguiente lectura de la poesía de David Calzado que ya he comenzado. De alguna forma, en lo que hace a estas entradas de blog, inicio una serie. Si he esperado tanto para al fin leer a David Calzado, la lectura pausada y libro a libro de manera independiente me las va a hacer aún más deliciosas.


EN ALGUNA OTRA VIDA


    En alguna otra vida, de David J. Calzado (Editorial Alegoría, 2022), reúne su trabajo lírico hasta ese año. Aparecen sus obras ya publicadas previamente (Planto de Gilgameš, de 2011; Cuaderno de costa, de 2016; Malas artes, de 2017), precedidas por su Poesía primera, que comentaré más abajo, y culmina con la primera publicación de Los espinos (2022). Su subtítulo, Poesía reunida (2000-2022), nos da cuenta del carácter de un libro muy elegante en su edición, de aparente sencillez con bastante detalles muy cuidados por Alegoría, reflejo, sin ninguna duda, de su contenido. No todo es poesía en la acepción más común del término, la prosa poética y los aforismos tienen cabida aquí, pero sí es todo poesía en realidad, si bien se mira. Una poesía muy selecta y depurada, que además trae la emoción de poder contemplar todo un proceso de evolución poética en un solo libro. 

    Voy a recalcar, como aviso, que lo que hago aquí es dar impresiones personales de mis lecturas, una advertencia que en el caso de la poesía se hace más necesaria que en el resto de géneros. Imagino que en mi expresión puedo tener cierta pose de experto, y no lo soy; comentar poesía entraña bastantes riesgos, soy consciente; algunos por omisión, al no percatarse uno de claves, tendencias, significaciones o intenciones, y también fallos de interpretación. Un riesgo que se transforma en temor si sabes que el propio autor puede estar leyendo esto. Además, si bien es cierto que he tratado de leer con sosiego, con reposo de ánimo, y con tiempo, y de manera reiterada cada poema, es patente que es necesario eso mismo más adelante en otras tantas ocasiones para llegar a ciertas cotas de profundidad de una poesía como la de David Calzado. Por eso no quiero que se pierda la perspectiva de que estas son palabras de un lector que gusta de la poesía y ha leído con ánimo de disfrute y nada más, y viene aquí con ánimo de expresar ese gozo, y nada más.

    Lo que llevo leído hasta ahora es Poesía primera y buena parte de Planto de Gilgameš, aparte del irresistible hojeo inicial, un ojeada también lenta y pausada, con paradas por llamadas de atención en esa aleatoriedad. Y mi impresión general acerca de su poesía, a la espera de mi artículo final donde hablaré de toda la obra con más conocimiento de causa, es que me encuentro ante unos poemas, de un lado, de referencias personales no del todo desveladas (no explicadas, asomadas) y, de otra, con capacidad concentrada de estimular sensaciones, percepciones e interpretaciones de la vivencia, pensamiento o emoción, o todo ello junto, así como el manejo de la sugerencia, de modo que su mejor lectura es pararse en cada poema un tiempo. Por ejemplo, y esta es sugerencia mía, leerlo, cerrar los ojos y dejar que evoque, volver a leerlo. O bien volver a él pasados varios días para permitir que te susurre. A esto me refería en el unboxing cuando mencioné que era poesía de calidad, sin que con ello la niegue a la poesía de impacto, más explícita o de cualquier otro tipo ditinta a la de calado.


POESÍA PRIMERA


    En alguna otra vida comienza con Poesía primera. No se trata propiamente de un poemario, sino de un total de seis poemas que "fueron publicados exentos en los libros colectivos Cualquier tiempo pasado fue (Igriega, 2001) y Aquí y ahora (Cronopio, 2008)", según nos revela el propio autor (p. 9). Al tratarse este libro de un volumen de poesía reunida, son por lógica las composiciones que deben aparecer en primer lugar al seguir un orden cronológico (al menos de publicación). Pero, dejando aparte esta razón tan obvia, funcionan como una verdadera apertura, contribuyendo así a que En alguna otra vida posea identidad propia. Sabemos que estamos ante los versos de un poeta joven, que funcionan como punto de partida y operan como presentación del autor aún en el zaguán, un autor selectivo y con un estilo marcado y consciente, elegante y sensible. Un estilo muy personal en el que se aprecia el influjo de Cernuda.

    Si en los dos primeros poemas y en el quinto la experiencia amorosa se proyecta a la de vivir, la de ser o, más bien, estar siendo, tanto esos mismos poemas como los otros tres nos traen impresiones y una multiplicidad de significados simultáneos en el uso medido de las palabras. No se puede afirmar que el amor no se halle en los poemas tercero, cuarto y sexto, pero entonces se estaría sugiriendo de manera muy sutil.

    Son seis poemas exquisitos, donde tanto la luz como el mar se hacen muy patentes, así como el sentir del tiempo en el presente (las estaciones, los momentos del día, los instantes o los ritmos). La luz llega muy blanca, y contrasta con la oscuridad o con lo gris. Me ha parecido que esa oscuridad se halla en lo interno, envuelta por una luminosidad cálida y fresca a un tiempo. Por otro lado, tienen la capacidad de hacer aparecer lo más cotidiano sin pérdida de esa exquisitez formal y conceptual, sonora y emotiva.

    En definitiva: poemas en conjunto de tono plácido en su apariencia, que revelan al trasluz inquietudes, contrastes, percepción de vibraciones externas e internas. Así empieza David Calzado su andadura poética, con versos evocadores de alta dotación de significados, un manifiesto de los pies en la tierra de quien ya sabe volar. 


 

    

    

miércoles, 26 de agosto de 2026

"TE LO CUENTO BAJITO", DE TOÑI MAGDALENA. IMPRESIÓN LECTORA.




Cuando te enfrentas a reseñar un libro de cuentos breves y microrrelatos, sabes que en este caso el espóiler puede venir al indicar el título de este o aquel microcuento o las páginas enunciando rasgos o diferencias; esa guía va a matar al texto. Creo que en las anteriores impresiones lectoras de este tipo de libros lo hice de un modo que mantuviese la incógnita y la sorpresa. En el caso de Te lo cuento bajito, me abstendré de dar esas referencias, a la espera de que en tu lectura descubras cuáles de sus 110 cuentos cumplen cada característica que voy a dar a continuación de esta obra tan lúcida y profunda, tan sorprendente y tan variada. Lo es de tal forma que nunca sabes cómo va a ser el relato siguiente. Solo me referiré a cuentos concretos para expresar cuáles han sido mis favoritos o me han impactado más; ahora bien, sin desvelarte de qué tratan. Pero antes de continuar o, mejor dicho, de empezar: ¿te has leído la entrada anterior a este artículo? Es un microcuento mío inspirado en este libro, así que se trata de un complemento. Venga, vamos a hablar ya de Te lo cuento bajito. Una colección de 110 relatos y microcuentos que combina diferentes tipos de lenguaje, vivos, ardientes, de elegancia susurrada en forma y fondo.

     Publicado en 2025 por Sueños de Papel, sumergirte en Te lo cuento bajito supone, en primer lugar, empezar a reconocer desde el principio la voz narrativa de la autora, que por lo general tiene una cadencia confesional y al mismo tiempo resuelta, como la que acostumbra a contar cuentos e hilvanarlos. Su voz baja, la cadencia suave que se anuncia en la página 5 para hablar de la autora, te hace presagiar bastante mal lo que te vas a encontrar. Somos seres que tendemos a poner etiquetas, por desgracia, y mis expectativas acerca de este libro, que compré ilusionado con anhelo de ternura, de arrullo tal vez, muy pronto se vieron gratamente superadas, apenas avancé unos pocos relatos. Y es que, en segundo lugar, Te lo cuento bajito te cuenta muchas cosas, muchas, tiene una variedad en temática y de enfoque entre cuento y cuento que, de verdad, no me esperaba en absoluto. También su edición tan particular me ha llamado la atención, me parece curiosa y una preciosidad, como en los diarios personales en ocasiones, con apariencia de artesanal. Es un libro especial, eso está clarísimo.

     El libro como tal se presenta a sí mismo como una pequeña joya preciosa de intimidad, tal vez como esos cuadernos personales de los que se habla antes de comenzar las narraciones. También apunta a la caricia reconfortante, a una compañía cercana, silenciosa, que no necesita tocarte para que la percibas, a un susurro ofrecido a tiempo, a desintoxicación. Ahí estaban mis expectativas, que no eran pocas ya. 

    Comenzaba, así, su lectura, dándome cuenta de que son historias originales. Percibía la cadencia de recogimiento a la altura de su sexto relato, pero ya observaba que eran bastante particulares. También percibía el muy buen uso del no decir, de la sugerencia, del silencio que se entiende. Después, vi que también hilaba con soltura la ironía y el hacerte creer lo que luego no es, a veces resulta ser lo contrario. Y la ambigüedad lingüística, haciendo que pienses una cosa para luego resultar ser otra. 

    Toñi Magdalena, aquí, en estos cuentos tan breves que a veces no superan los tres párrafos, es capaz de conjugar dos, tres y hasta cuatro motivos (temas) en la misma trama, esto lo hace casi siempre, y me parece de una gran maestría. Aparte de esto, voy a destacar otras características que me resultan muy propias de sus relatos:

1. La sorpresa (a veces es más de una) no solo te la puede dar al final, sino hacerlo de manera sucesiva en un mismo cuento: dos, tres, cuatro giros a lo largo del relato.

2. Maneja de manera muy resuelta todo tipo de narrador, tanto el omnisciente como el narrador-protagonista en primera persona, y también el narrador-testigo.

3. Como he dicho antes, el uso consciente de la ambigüedad, pero también los finales no explicados, que el lector puede suponer o imaginar.

    En cuanto a la temática, es muy, muy variada. Es cierto, muchos de sus cuentos son recogidos, íntimos, esos no faltan. Pero los hay de otro tipo. Algunos son mini thrillers o de terror psicológico. Otros, muy emotivos. Otros, anecdóticos, que te hacen sonreír. E incluso los hay líricos, cercanos al poema y a lo personal. Pueden ser crudamente realistas, igual ceñidos a lo rutinario de la cotidianeidad contemporánea que fantásticos, igual tienen de protagonista a una persona común que a gente de alto standing o lejanos a nuestra realidad. Puede aparecer el elemento sobrenatural y el místico, haber toques de ciencia-ficción. Y lo mejor de todo, es que por lo general lo combina en un mismo texto. Por ejemplo, qué digo yo, puedes encontrarte con un cuento emotivo y fantástico a la vez, luego con otro de desengaño amoroso, misterioso y con elementos paranormales. Algunos relatos son de cronología más o menos extensa, pero otros recogen un instante. Alguno hay un poco erótico; alguno queda desolador y desesperanzado; muchos son cadenciosos, como la caída de una hoja en otoño, pero otros son chocantes, e incluso los hay con cierto aire a película de Alfred Hitchcock. 

    Como se ve, con tanta variedad entre cuentos y dentro de cada cuento, es imposible dar generalidades porque no las puede haber. Pero sí tendencias, especialmente para esos relatos que hemos dicho que son íntimos y recogidos. Y es que el amor, en amplio sentido, parece latir en Te lo cuento bajito. De muchas maneras, claro, pero especialmente en su desgaste y en su decepción, tantas veces por inacción del personaje masculino. Podría encontrarme en ocasiones con la sensación de cierta protesta contra la rutina emocional que mata el amor en las relaciones. El desinfle del amor, la decepción, el cariño esperado y que no llega, no se manifiesta. Un reclamo de cercanía en cuerpo y alma, que puede no llegar, o huir o desvanecerse si ha estado antes, y aparece en muy distintas posibilidades en bastantes cuentos aquí. Ese tono entre melancólico, de anhelo de lo que se tuvo o lo que se esperaba como natural, y de decepción que puede llevar a la separación mediante diferentes métodos o con esa separación ya dada, aparece mucho en Te lo cuento bajito. Ese sabor de los rechazos explícitos o implícitos (por carencia, por falta de gestos), heridas emocionales, toxicidad que puede llegar a la violencia en las relaciones y su resolución en el relato, o ya solucionado de antes, se expresa de muy diferentes formas, explorando distintas posibilidades con todo ello. 

    Ahora no es plan de decir si este o aquel es mi favorito, porque me ha gustado mucho el libro entero. Destacaré, venga, algunos sin desvelar de qué tratan, e indicaré su número, omitiendo el título. Solo daré uno al final, un título, porque quiero hablar de él, del título, y lo comentaré un poco sin mencionar su tema. Destaco, entonces, el cuento nº 7 (¡Vaya, vaya!, me dije al leerlo, sin saber que anunciaba a otros que vendrían después), el nº 9 (por lo que entra de a poquito sin que te des cuenta), el nº 18 (mi comentario: ¡Ostras con este relato y su final!), el nº 20, el nº 22 (porque fui capaz de asociarlo al cuento de otra autora a la que leí hace poco), el nº 27 es extraño por cómo maneja al narrador, el nº 50 por emotivo (al igual que el 58 y el 60), el nº 51 por hacerme sonreír (sí, también los tiene graciosos, como el nº 11, entre otros más), el nº 63 (mi comentario: ¡Guau! ¡Qué tremendo!), el nº 79 (cercano a un poema), el nº 84 (calificado por mí mismo de "muy yo", conjuga tres elementos a la vez, elementos que no puedo desvelarte), el nº 93 (comentario simple y revelador: ¡Ostras!), el nº 96 (Muy original, sugerente y sorprendente) y el nº 103 (Tierno y chocante a la vez). Estas son simples preferencias personales, a cada cual le podrían atraer estos u otros, y lo reflejo porque observando mis comentarios doy fe de la diversidad y la calidad de estos textos.

    De muestra un botón, dejo aquí algo más por extenso mis comentarios a uno de ellos, el nº 65, titulado Una larga fila de novicias: El título ya es sugerente de por sí, sin necesidad del texto al que da nombre, por sí mismo suscita historias en la cabeza de muy diferentes tipos. Después, que la historia es muy sorprendente, desde luego: los choques al lector se encadenan hasta el final.

    Un verdadero placer ha sido la lectura de Te lo cuento bajito. ¡Qué acierto! Te lo dice un tipo acostumbrado al sollozo y amante de la música, este libro es una verdadera sinfonía que tiene partes que suenan a adagio. 

     

"LA PÁGINA DESCIFRADA". UN MICRORRELATO INSPIRADO POR "TE LO CUENTO BAJITO", DE TOÑI MAGDALENA.



LA PÁGINA DESCIFRADA

 Me gusta pensar que los libros, como entidades vivas, son como nosotros, como los humanos: con su propia personalidad, sus ganas de vivir, de llorar, de vibrar o de apagarse. Y muestran su belleza única, o la ocultan para que tú la descubras. También tienen defectos, todos, y algunos son ajenos a su voluntad y su razón de ser. Errores de edición, de maquetación, en la tipografía o una simple coma que, mal puesta, le cambia todo el sentido a una frase o incluso al texto entero. Como nosotros, que también tenemos defectos, y algunos no han sido por nuestra culpa. Como nosotros, que podemos ser la coma mal puesta en la vida de otra persona, incluso la más querida. 

     La magia viene cuando el fallo, el lapsus, el olvido, el error, abre posibilidades felices. Tal vez, la frase corrompida por esa coma desplazada y fuera de sitio ofrece un significado mejor, diferente, inspirador, genial.

     Imaginó que había sido eso, un error de edición. Pero encontrarse la página 150 completamente vacía, en blanco sin necesidad, fue algo así como una serendipia para Nélida. Le sobrecogió, primero, que siguiera a un cuento cuyo título era Sin poder hablar, esa página era el verdadero final del relato. Y luego se transformó en otra cosa muy distinta: una invitación amable para que ella, la lectora, escribiera allí su cuento, algo que haría. Una historia preñada de significados, donde una escritora insistía en que la segunda edición de su libro de cuentos volviera a aparecer con la página 150 en blanco sin necesidad. Su sonrisa iluminó sus ojos, y ya pudo pasar a la página 151 para continuar la lectura esperanzada.

sábado, 22 de agosto de 2026

"CARLOTA, ALEJO Y LA EXTRAÑA AZAFATA", DE RUTH ROMÁN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Carlota, Alejo y la extraña azafata (2020) es una comedia en tres actos escrita por Ruth Román, quien ya en 2017 había publicado dos obras narrativas: Los abubillos, una novela, y Diega y otros relatos, una colección de nueve cuentos, la mayoría muy breves. He reseñado en este blog ambas obras, podéis consultarlo pinchando en el título de cada una. Es decir, la autora ha explorado tres maneras diferentes de desarrollar historias: la narración larga en su novela, las narraciones cortas en sus cuentos y el teatro en este caso. Este dato, junto con el hecho de que su temática es muy distinta a sus libros anteriores, al igual que los nueve cuentos de Diega y otros relatos son diferentes entre sí, confirma lo que señalé acerca de la expansión de su mente imaginativa y creatividad, así como de su vocación de escritora. Por otro lado, la mayor conexión entre esas obras está en su estilo, muy propio, dinámico, vitalista: uso fluido de un lenguaje perspicaz y vivo, la selección de los nombres propios de los personajes, un humor inteligente y un sentido de la ironía bastante fino, así como, y sobre todo, la forma de mirar a sus personajes, de hacérnoslos ver y el tratamiento entre ellos. Con tan solo tres obras, y no muy extensas, me reitero en la idea de que Ruth Román despliega un universo literario propio bastante entretenido, humano, cercano y profundo; sin embargo, no observamos esa ambición mal entendida de postureo autorial o de sobredignidad autoinducida, creída, que por desgracia se ve en otros escritores; tal vez la mayoría, yo incluido, hayamos caído en eso aunque solo haya sido por un día. Lee alguna de sus obras y dime si me equivoco o no: al leer a Ruth Román, lees a una autora que desea, como prioridad, desarrollar sus historias de una determinada manera, dar vida a unos personajes y unas posibilidades en sus tramas. Pero vayamos ya a Carlota, Alejo y la extraña azafata.
     Como ya he dejado reseñado en Amazon, Carlota, Alejo y la extraña azafata es una comedia que me encantaría ver representada. Es, de un lado, muy divertida, yo creo que es aquí donde el humor de Ruth Román corre más libre, especialmente por los diálogos y el trasunto de la propia trama. De otra parte, es muy original, en su idea fundamental y en su desarrollo. Es un tanto de enredos, te va llevando de sorpresa en sorpresa. Así que, sus características fundamentales tienen que ver con lo que acabo de mencionar, con su originalidad, su dinamismo y el entretenimiento y buen humor que nos deja como lectores/espectadores:

1. Una historia muy original con giros inesperados, se disfruta de todo el texto de principio a fin.
2. La caracterización de unos personajes muy peculiares, muy bien perfilados.
3. El lenguaje de estos personajes al hablar entre sí, los relevos sorprendentes que se dan en sus interacciones verbales, el cambio de foco de uno a otro dado por el propio diálogo (aquí no hay narrador, obviamente, aunque de las acotaciones también habría que hablar, pues cumplen su función de muchas formas). Con lo de cambio de foco quiero decir que tú, como lector/espectador, no puedes decidir quién es protagonista, vas empatizando con uno y con otro, o distanciándote de uno u otro, a medida que se desarrolla la obra, y se te da la visión de unos sobre los otros. Los equívocos pueden venir del propio lenguaje, que es muy característico además por un elemento del argumento que no puedo desvelar, aunque, más que equívocos (que uno no haya entendido bien a otro), son los juegos con los vocablos, las fórmulas y las construcciones que hacen a propósito los propios personajes. El poder del lenguaje, su capacidad de crear realidades, ¡vaya!, aparece en esta comedia, así como su uso para mover voluntades ajenas. También la ironía que se lanzan unos a otros, casi siempre entendida por el interlocutor, y siempre por el lector/espectador.
4. Giros constantes, sorpresas, enredos, tensión dramática (cómica, en este caso) que no se pierde en ningún momento.

     Tampoco es una comedia muy extensa. Se nota que su intención, entretener, hacernos pasar un buen rato de maneras inteligentes, se cumple sobradamente, sin mayores pretensiones ni ínfulas. Hablo de las pretensiones, porque cuestiones profundas las hay, pero no están dadas al servicio del argumento o como puntos clave a propósito en primera línea, sino que, en mi opinión, vienen solas, de la propia forma de ver el mundo y la literatura de la autora, de su cosmovisión de las personas y sus relaciones, y no de manera directa, no en este caso. Esta vez, y esto es lo que tiene haber leído sus obras anteriores, Ruth Román no parece haber querido construir ningún personaje con el que ella misma empatice al cien por cien o quiera que lo hagamos nosotros. Son personajes con los que reír en esta comedia, y su propia personalidad se ha puesto a ese servicio. Y, sin embargo, ¡vuelven a ser tan distintos unos de otros, con un lenguaje propio tan definido, tan inteligente y tan tonto cada uno a su manera...!

     ¿Y de qué trata? Pues esta es una cuestión que no se puede desvelar demasiado si no quiero chafarle la obra a los que lean esta impresión lectora. Así que acudo al título y a la brevísima sinopsis que la autora ha dejado en Amazon. A ver, el título da pistas. En primer lugar, si hay una azafata debe haber un vuelo, tal vez un aeropuerto o el interior de un avión constituyan el escenario. Luego, se nombra a tres personajes, así que al menos habrá tres, Carlota, Alejo y una azafata que nos empieza a dar mala espina al ser calificada de "extraña" y, si eres de los que les da importancia a la portada, por la cara de la azafata que aparece en primer plano. La idea fundamental es que dos pasajeros de avión van a tener que plantearse sobrevivir en un vuelo sin piloto con una azafata desequilibrada. Ahí es nada. Y confirmo, como la autora indica en Amazon, que no, que en este vuelo nada es lo que parece.

      Y, ya que estoy en Amazon, que es donde puedes adquirir esta comedia (solo en Kindle, que yo sepa), leo el comentario de una usuaria allí, que dice que le ha gustado mucho el libro porque le ha recordado a la lectura de una novela clásica, y creo entender por qué lo dice, y además, lo he apuntado ya en este artículo. A ver, más que novela clásica, yo diría teatro clásico, entendiendo ese clásico de una manera relajada, como si dijéramos los de toda la vida. Es, en mi opinión, por su estructura (en tres actos, escenas, ...), el uso de las acotaciones, los enredos y las sorpresas, el lenguaje, su intención misma. Ahí coincido con esta usuaria. En lo demás es bastante moderna. También señala que es cortita y muy amena. Sí, es breve, es agradable en ese sentido porque no incluye nada de relleno. Es sencilla en ese aspecto, está dirigida a un objetivo (desarrollar la idea mientras entretiene) en un estilo y con unas pretensiones muy definidas. Y sí, es muy amena, eso es verdad.
    
     Tendría que haber terminado el artículo en el párrafo anterior, parece que todo lo que se puede decir de la obra se ha dicho. Pero aquí estoy yo con mis movidas, qué le vamos a hacer. Y es que justo ahora me ha venido a la cabeza que en la novela Los abubillos el cine y el teatro son importantes. Me acabo de acordar de Ignacia Comino y la compañía Pies Cavos. Al contrario de las profundas y complicadas de entender películas de Lalo Lillo, esta compañía representa en el capítulo XIX de Los abubillos una comedia. Si quieres saber cómo se titula y de qué va, te remito a la novela, pero se menciona: título, género (comedia), número de personajes, y argumento básico, y que es divertida, entretenida, y que gustó mucho a esas almas nobles que habitan en Abubilla del Camino. Esa comedia está en una línea, según se ve, a la que se adscribe Carlota, Alejo y la extraña azafata; si Ruth Román la ha escrito o se atreviera a hacerlo, juntas empezarían a conformar ya un catálogo incipiente de un tipo de comedia muy característico. Así que, pensando en ello, en la propia Carlota, Alejo y la extraña azafata, en los encuentros entre abubillos y no abubillos, y en la mayoría de los cuentos de Diega y otros relatos, creo descubrir una característica creativa de la autora, la de poner a relacionarse e interactuar a unos con otros quieran ellos o no, a generar situaciones que pongan de relieve y saquen a la superficie cuestiones de cada cual. Y esta conclusión me parece muy reveladora.
     Otro pensamiento que se me viene a la mente es la sencillez como valor. No porque las obras de Ruth Román, en este caso Carlota, Alejo y la extraña azafata, sean simples, básicas, ¡para nada!, desde un punto de vista estructural y de tejido son complejas, o más bien completas, con distintos nodos que conectan desde diferentes planos. Me refiero a la sencillez de propósito. En este caso, es entretener, es desarrollar una idea que, por ser comedia, nos va a hacer sonreír y reír y que nadie me va a sacar de la cabeza que la misma autora lo hizo mientras lo pergeñaba, se le venían ideas y lo escribía. Y luego la sencillez, la sencilla y llana idea de completar su escritura desarrollando tu estilo, a tu manera, con tus toques, tu humor, tu visión de las cosas. Lo diré más claro, por si soy yo el que no es sencillo en su expresión. Yo no me imagino a la autora pensando: "Voy a escribir la comedia de las comedias, una obra maestra por la que me darán el premio Nobel". La veo más bien pensando: "Quiero escribir una comedia, esta comedia, quiero desarrollar esta idea, con esta estructura, y sé que lo voy a hacer bien y voy a crear el mundo que deseo crear aquí". Así de sencillo. Una obra autosatisfecha. Ella no te intenta impresionar: desarrolla, deja que sea. Luego sí te puede impresionar, la misma obra, por este motivo o por el otro. Y eso es un valor.
     En otra cuestión en que pienso, y este pensamiento será el último que exponga aquí, lo prometo, es en que esta obra es la última de la trayectoria literaria pública de Ruth Román. Y, como he comentado en otro lugar, me parece una lástima. Lo que quiero decir es que, leídas sus tres obras, no se ve motivo para que no hubiera más. Por ejemplo, un par de comedias como esta, al menos, o más cuentos como los de Diega y otros relatos. Porque talento tiene, y oficio, estilo también, ideas ya se ve que sí (y muy peculiares), es culta y sabe usar vocabulario selecto y construye muy bien enunciados, párrafos, diálogos, ..., y tiene una dirección propia que apunta a una trayectoria posible que, por supuesto, siempre puede evolucionar. Y, sin perder nada de esto, es versátil, ya se ve aquí en esta comedia, en un género distinto de la narrativa. Y pienso que tendría un público al que dirigirse muy prometedor para ella (es mi intuición).
     En todo caso, me alegro mucho de haber podido disfrutar de Carlota, Alejo y la extraña azafata. Me lo he pasado muy bien leyéndola y, por supuesto, te la recomiendo.

viernes, 21 de agosto de 2026

A TRAGEDIA CADA X: "ANTÍGONA", DE SÓFOCLES. IMPRESIÓN LECTORA.


Leo en la edición de José Vara Donado en Cátedra (SÓFOCLES: Tragedias completas, 1985; 27ª edición, 2025). Las referencias a páginas remiten a ella.


... la intransigencia es con mucho la más grande calamidad que asedia al hombre (p. 190)

Me encuentro muy entusiasmado con la lectura de esta Antígona de Sófocles. Entusiasmado, impresionado, estremecido, removido y conmovido. Muchísimo, me parece impresionante. En sí misma, tal y como la desarrolla, eso sobre todo. También por las múltiples conexiones que establece con mis lecturas de este año, como ISHQ. El color de las granadas, de Juan Andrés Moya, o Cárcel de amor, de Diego de San Pedro, y a mis reflexiones de estas semanas, algunas volcadas en este mismo blog. Y personales: no sabéis lo que detesto, la aversión que me producen, las personas que podrían venir representadas por el Creonte de esta tragedia, los de resolución inflexible, de oídos cerrados, quienes acogiéndose a unas normas (legales, morales, religiosas), que en su caso no son más que reflejo de un ego implacable, hechas excusas de su propio pensamiento, anteponen su determinación con las palabras justicia y orden en la boca, preñada de egocentrismo ciego, a lo que el sentido común y la humanidad más básica dictan, y a la opinión de los demás: soberbios, obstinados, empecinados, pagados de sí mismos, que nunca ceden o lo hacen por interés propio y demasiado tarde por lo general, cuadriculados, reglados en su discurso e insensatos en sus intenciones. Y si los personajes femeninos suelen ser los de mayor fuerza dramática, algo que no se incumple aquí con esa Antígona tan potente (y cabezota y orgullosa también), y con la breve intervención de Eurídice, capaz de hacer lo que no supo Creonte, y ejemplo le había dado su hijo, desde luego es este, el personaje de Hemón, el que me ha dejado boquiabierto esta vez. ¿Cómo iba a sospechar yo que Sófocles incluiría el amor, el verdadero, en su Antígona? Me refiero al que ahora llamamos romántico, el fraternal ya se sabía. El amor-eros, el que no separa sentimiento de vínculo ni de carnalidad y deseo, el más puro y verdadero. Pues lo hace, ¡y con qué fuerza! 

     Pero, sobe todo, por cómo me ha afectado a mis emociones mientras afrontaba su final. Si ya me conmovió Las Traquinias, Antígona me ha superado, me ha superado completamente. No por desconocimiento de su trama, sino por cómo la transmite. Todavía estoy con réplicas internas mientras escribo aquí. 


*


     Como en cada tragedia griega, el público original conocía perfectamente la historia que desarrollaba la obra, en este caso la de Antígona y Creonte. En el mío, la conozco especialmente por las conferencias de Eva Tobalina a las que en otra ocasión hice referencia, a mis lecturas de las introducciones a las tragedias de ciclo tebano y, ¡claro!, ya sí puedo decir que por Esquilo (en su final de Los siete contra Tebas, comentado en este blog, y en el que ya decía yo que anticipaba esta tragedia de Sófocles). Estas historias, tan interesantes, de tanta tensión y con tantos giros, no podían sorprender a un público que se las sabía, no en sí mismas; la sorpresa y el interés, entonces, estaba en el enfoque que el tragediógrafo les daba, y los detalles que él pudiera aportar. ¡Sófocles! Ya lo voy conociendo mejor. Ahora constato de manera consciente, y he disfrutado en mi interior, la mayor variedad que introduce en su obra, el manejo de más elementos, su dinamismo, que incluso puede poner algunas escenas en cierto modo cómicas en una trama tan tremenda como es, en este caso, Antígona, y luego llevarte a una tensión dramática de estas que te dejan sin respiración; que puede generar auténticos discursos extensos en boca de este u otro personaje, o del coro, como hacer que se produzcan intervenciones cortas y sentidas entre dos o más personajes. 

     Los hijos de Edipo, Eteocles y Polinices, se han matado mutuamente en el asedio de los argivos a Tebas. Ellos habían pactado turnarse como reyes de Tebas; sin embargo, Eteocles incumple el pacto y se mantiene como monarca. Polinices, casado con la hija del rey de Argos, ataca su propia ciudad. Las siete puertas de Tebas son defendidas por siete campeones de la ciudad, la última por el propio Eteocles, que se enfrenta a su hermano y los dos acaban muertos en ese enfrentamiento. Tebas vence, la ciudad se salva, y Creonte, tío de los mencionados, queda al cargo del gobierno. Se honra a Eteocles, al que se le da sepultura con honores. De su hermano, sin embargo, Creonte decreta que quede expuesto para que las alimañas consuman su cuerpo, dado que atacó su propia ciudad, y los enemigos no merecen sepultura. Este es el punto inicial que debemos conocer previamente para iniciar la lectura de Antígona. Esta decisión de Creonte se decreta como ley, y el que la transgreda será reo de muerte. Una ley humana que debe ser respetada, y esta cuestión, que ya vimos al comentar a Esquilo, es muy relevante en cuanto a las polis griegas, el respeto a la autoridad, que viene respaldada por las divinidades olímpicas (no quiero acordarme de Agamenón, ¡qué asco le he cogido, por favor!). Sin embargo, existen otras divinidades, más antiguas, como observamos igualmente en Esquilo, muy al vivo en Las Euménides. Está en la moral más primitiva. Y esta es la cuestión con la que empieza la obra, ya sí. Las hijas de Edipo, las hermanas de los fallecidos, Antígona e Ismene, se debaten entre obedecer la ley humana, por la que se inclina esta última, que entiende que no puede hacer otra cosa (... porque no tiene sentido intentar acciones superiores a las posibilidades de uno, p. 149), y Antígona, que prefiere obedecer la ley divina antes que la humana, una cuestión moral muy básica: dar sepultura a su hermano Polinices (esto nos "recuerda", anacrónica y anticronológicamente, a ese bíblico Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, en Hechos de los Apóstoles 5:29). 

     La obra empieza así, en el palacio de Tebas, con el diálogo de las hermanas. Antígona, entonces, afrontará sola la labor de enterrar a su hermano, sabedora de las consecuencias (Es un honor para mí morir cumpliendo con este deber, p. 149). Se increpan mutuamente: Antígona llama pusilánime a su hermana (Pero tú, si es tu gusto, continúa despreciando lo que los dioses aprecian, p. 149), y ya no la quiere a su lado, no va a insistir; por su parte, Ismene llama a Antígona imprudente y obstinada (¡Oh tú, que no te detienes ante nada!, ibíd.). 

     La ciudad, que acaba de librarse del asedio al fin, va a celebrar, y por su puesto se menciona a Baco. Pero Creonte convoca una asamblea de ancianos donde hace oficial su resolución. Entonces aparece uno de los guardianes del cadáver de Polinices y trae malas noticias para Creonte: alguien ha vertido tierra sobre el difunto y hecho honras fúnebres, y los guardianes no se han dado cuenta, nadie sabe quién ha sido. Creonte presupone que es un hombre, o varios, movidos por el dinero. La ganancia económica es su excusa para desconfiar de todos. El guardián está muy temeroso ante Creonte, porque sabe cómo se las gasta, y así es de terrible: va a ejecutar a los guardianes como no salga el culpable. 

     Como dije al principio, y también comenté en Las Traquinias, Sófocles es capaz de introducir elementos "cómicos" en sus tragedias, como uno de sus elementos novedosos. Porque, sinceramente, cómicos me parecen los diálogos de este guardián con él (en este al principio y el que posteriormente tendrá lugar). Por otra parte, las metáforas marinas son constantes en esta obra (alegoría marina, más bien). 

     Aquí el coro se pone filosófico, profundo (¡el hombre con soluciones para todo!, p. 160). "Todo tiene solución menos la muerte", un dicho muy de aquí que recuerdo a mi abuela pronunciarlo (No hay evento al que se enfrente sin soluciones. / Únicamente no se procurará escapatoria del Hades, ibíd.).

     Entonces entra el guardián de nuevo con Antígona detenida. Dirigiéndose a Creonte, vuelve a expresar que lo pasó muy mal la otra vez ante sus palabras regias. No era para menos, desde luego, los iba a liquidar si no aparecía un culpable, que para sorpresa de todos es una muchacha, Antígona, pero verbalizarlo ante el rey, y cómo lo hace, me sigue pareciendo cómico. Creonte le pide detalles de la detención, ya que la acusación es grave. Básicamente lo que cuenta es que, tras "desenterrar" a Polinices y limpiarlo, el olor a cadáver es tan nauseabundo y persistente que los guardianes tienen que tomar aire, y entonces pillan in fraganti a Antígona, que se había lamentado a gritos de ver limpio el cuerpo de su hermano y vierte abluciones sobre él. Antígona no lo niega, impasible, lo que provoca en el guardián dos sentimientos encontrados: satisfacción porque salva el cuello y tristeza por el destino de ella. Antígona se reafirma ante Creonte, despreciando su autoridad, pues su edicto transgrede las leyes de los dioses, no escritas e inmutables: ... si he de morir antes de tiempo, yo lo cuento como ganancia, ... (p. 163, lo que otra vez nos lleva mentalmente a la Biblia, anacrónicamente, a Filipenses 1:21). Es ganancia por todos los sufrimientos que lleva encima, tantas calamidades en su familia. 

     Del diálogo tenso entre Creonte y Antígona, hasta el punto de que Antígona le pida que la mate ya para no seguir oyéndolo, destaco su respuesta a lo que el nuevo rey le había dicho, a ese Tienes que saber que jamás el enemigo, ni aun muerto, es amigo (p. 165). Las palabras de Antígona ante esto son: Tienes que saber que nací no para compartir con otros odio, sino para compartir amor (ibíd.). Impresionante. 

     Creonte cree que Ismene, que aparece llorando por su hermana, es también culpable, y las quiere ejecutar a las dos. Ismene no lo niega: quiere morir junto a Antígona, ¿cómo iba a vivir ya sola, sin ella? Pero se produce una discusión entre ambas ante todos, dado que Antígona la repudia, no quiere que comparta ese honor con ella cuando realmente no ha hecho nada por su hermano fallecido. Entonces Ismene se vuelve a Creonte, y le pregunta si va a ser capaz de matar a la prometida de su hijo Hemón. ¡Por supuesto que sí!: Sí, pues también los campos de otra admiten arado (p. 167), imagen de carácter sexual que no necesita explicación por mi parte. Algo que niega Ismene, aludiendo a la compenetración entre los prometidos, a su compatibilidad, al amor. A Creonte le da igual, la va a ejecutar. Para entender cómo de cabezotas y obstinados son tanto Antígona como Creonte, hasta el punto de ser incapaces de ver la solución evidente de enterrar a Polinices fuera de los campos de Tebas, véase la Introducción de Vara Donado a esta tragedia.

     Ahora la obra se enfoca en cómo afronta Antígona su destino inminente. El coro llega a cantar: Bienaventurados aquellos cuya vida está exenta de calamidades, / pues a aquéllos cuya morada sea sacudida por el dios no les falta desastre alguno, sino que éste los persigue durante un sinfín de generaciones (p. 167). Traigo ahora esta cita aquí por dos motivos. El primero, y menos importante, es por cómo conecta el primer verso con mi reciente artículo acerca de los cambios de la fortuna en la literatura y la vida, podía haber sido una cita en él si la hubiera leído antes. Pero especialmente, y esto es importante, para recordar cómo en las tragedias griegas clásicas el destino nefasto se extiende de padres a hijos (como comprobamos ahora con la casa de Edipo), entre familias y linajes, generación tras generación. 

     Aparece Hemón. Su padre espera que le respalde. Él, sin embargo, trata de que entre en razón, reconviniéndole. Defiende a Antígona, y le dice a su padre cosas como que no constituye desdoro alguno para un varón, por sabio que sea, aprender infinidad de cosas y procurar no pasarse de intransigente (p. 171), y después, el ruego: ... cede, dale a esa tu corajina un breve respiro (ibíd.). El corifeo trata de conciliar, pero Creonte, que si ya antes había declarado que ninguna mujer se le iba a imponer, ahora dice lo mismo refiriéndose a los jóvenes. Y después a la ciudad entera, al pueblo, cuando su hijo le diga que la gente ve mal lo que está haciendo con Antígona. Hemón lucha por Antígona ante su padre todo lo que puede, cada vez menos diplomático a medida que la discusión sube de tono, en un diálogo encendido que deja perlas constantemente. Por ejemplo, a la pregunta retórica de Creonte: ¿No es norma considerar la ciudad propia del jefe?, es decir, de su propiedad, responde su hijo: Si así fuera, ¡qué bonito sería que mandaras tú en un país completamente deshabitado excepto por ti! (p. 172). Y en la página siguiente, ante el reproche de su padre: ¡Infame individuo! ¡Mira que subordinarse a una mujer!, la espectacular respuesta de Hemón: Tienes que saber que no me cogerías sometido en lo más mínimo a nada deshonroso. Al final, ante tanta obstinación, le comunica que, si Antígona muere, él también. Y Creonte, en lugar de entender la clara señal de su propio hijo, trata de quedar por encima declarándole que ejecutará a Antígona y le obligará a presenciarlo. Esa escena, de producirse, me llevaría de cabeza a uno de los capítulos más emotivos de Ishq. El color de las grandas, de Juan Andrés Moya, un episodio y una novela que no puedo olvidar, y no será esta la única concomitancia (mi impresión lectora, aquí). Sin embargo, Hemón no lo consiente, y escapa corriendo y furioso.

     Y entonces... ¡el coro canta sobre el amor, sobre el poder absoluto del Amor! Y ensalza a Afrodita. En sus lamentos, pues ya Antígona se enfrenta a la inminencia de su muerte, la muchacha hace referencia de nuevo a que toda esta desgracia comenzó por Edipo, pero especialmente insiste en que se va a morir sin haberse desposado, sin conocer el tálamo. Se va a desposar con la muerte. Muere doncella, sin saber lo que es el lecho con un marido, como el colmo de la desgracia. ¡Afrodita! Las páginas 176 y siguientes son muy emotivas. También se lamenta de que nadie la llora.

     El método de ejecución es como enterrarla viva, parece una especie de ironía o burla por el delito del que se le acusa, enterrar a su hermano. La van a llevar a un lugar deshabitado y a encerrarla en una covacha para que muera allí, otro paralelismo con Ishq. El color de las grandas, una obra maestra contemporánea que mi sensibilidad seguirá mencionando en futuras ocasiones, D. m., estoy convencido.

     Tiene que aparecer Tiresias con sus augurios, y muy serio, para que todo esto cambie en cierto modo. Discute con Creonte, trae vaticinios terribles. Los dioses no aceptan las ofrendas desde que Polinices está sin sepultura, "por la particular manera de ver Creonte las cosas", según Tiresias. Le pide que recapacite: La obstinación, ¡por supuesto!, incurre en torpeza (p. 182). Pero el dictador vuelve a rechazar buenos consejos. Y ya Tiresias profetiza la muerte de su hijo, haciendo referencia a los dioses infernales (los del Hades, o tal vez aquellos más antiguos a los que hacía referencia antes, y también Antígona, a esa moral anterior a la religión establecida): Dioses infernales sobre los que ni tú ni los dioses de arriba tenéis competencia... (p. 184). Entiendo que eso de "los dioses de arriba" quiere decir los del Olimpo.

     Tiresias se va. Ante tan terribles vaticinios, Creonte pide consejo al corifeo, que le dice que es mejor que saque a Antígona de donde la ha encerrado. ¡Y cede! Temeroso, da su brazo a torcer. Pero es tarde. Un mensajero lo cuenta: "De nada vale el enriquecimiento y el poder si pierdes la alegría" (p. 188). Hemón se ha suicidado. Y si ya era emotivo el planto de Antígona, el final de esta tragedia es brutal.

     Sale Eurídice, la esposa de Creonte, del palacio. Algún rumor de calamidad ha oído y le pide al mensajero la historia completa. El mensajero se (nos) la cuenta. Creonte y su comitiva, primero, limpiaron el cadáver de Polinices, lo quemaron y levantaron un túmulo. Después, cuando llegan a donde está encerrada Antígona, escuchan gritar a Hemón. Este ha descubierto a su amada colgada por su propio velo al cuello, Hemón está abrazado a su cintura. Hemón, cuando ve a su padre, le escupe en la cara y trata de darle una estocada con la espada, pero Creonte se aparta a tiempo. Entonces se la clava a sí mismo hasta la mitad y estrecha a la doncella en sus brazos, moribundo. Y si Sófocles me parecía cómico en los diálogos del guardián, fijaos ahora lo trágico que está siendo, y qué tremenda esta descripción: Y respirando con dificultad arroja brusco efluvio de un chorro de sangre sobre la blanca mejilla de la muchacha (p. 190).

     Eurídice, tras escucharlo todo, no dice nada, entra en palacio en silencio (lo que nos recuerda a Deyanira cuando recibe las noticias de su hijo y sus duras palabras en Las Traquinias). No es normal ese silencio, eso se comenta. Cuando aparece, destrozado, Creonte con su hijo Hemón en brazos, arrepentido de su decisión y terquedad, le dicen que su esposa también se ha suicidado. Y Creonte se declara culpable de todas esas muertes.

 

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     Por más que yo u otro te cuente, y mira que esta vez he destripado bastante el argumento, hay que leerla. Lo dije al principio, no es que sepas de qué va, el público originario de Sófocles también lo sabía de antemano. Es la expresión, la manera, la poesía, el curso de las palabras , las imágenes, los énfasis de intensidad. Para mí, lo repito, ha sido de una intensidad emotiva impresionante, me ha superado, de verdad. No me extraña que sea una de sus obras más célebres. Miedo me da, en el sentido popular de la expresión, Edipo, rey, la siguiente de Sófocles. Mejor que me vaya preparando.