MANOJITOS DE MIRRA
Blog personal de José Alfonso Bolaños. Artículos de morfosintaxis del español, de educación, de poemas y creaciones literarias propias, libros y otras reflexiones y pensamientos. Visita www.manojitos-de-mirra.webnode.es
domingo, 29 de marzo de 2026
"CEMENTERIO DE FAVORES", DE FEDE MARTÍN ARROYO. IMPRESIÓN LECTORA.
sábado, 21 de marzo de 2026
"ISHQ. EL COLOR DE LAS GRANADAS", DE JUAN ANDRÉS MOYA. IMPRESIÓN LECTORA.
Histórica, legendaria, ficticia, poética, humana, ensoñada, realista, vívida, sentida. Conmovedora, intensa, lúcida, dulce, desgarradora, amarga, inmensa. Por su título, ISHQ. El color de las granadas, parece apuntar a que su protagonista es Nuruddin, el que acabará siendo el emperador Jahangir, descendiente de Gengis Khan, hijo de Akbar, terrible gobernante del imperio mogol, como terribles fueron sus antecesores. Pero su humanidad y su alma sensible es lo que el lector va a encontrar en esta novela, cuando aún era Nuruddin. Sí, parece apuntar a que es el protagonista. Lo es. La figura central. Pero Anarkali, esa sirvienta del color de las granadas, de cuya existencia real se duda, considerándola legendaria, cuya existencia de brumas fue como las de tantos y tantos parias y gente común siempre anónima, sostén de tantos imperios, Anarkali será, como mínimo, la coprotagonista. Nuruddin me ha conmovido; Anarkali, por su parte, me estremece aún. La pureza de ambos corazones es transparente, y su divina ingenuidad y entrega. Pero los pasos de Anarkali lo superan. Ella ha sido la que me ha hecho llorar en mi lectura de ISHQ.
Se trata de la primera novela de Juan Andrés Moya, un escritor sensible y exhaustivo, selectivo y lírico, narrativo con dosis de dramaturgia que modula a voluntad; ISHQ es su primera novela con todo el dominio del lenguaje, de la voz del narrador y de las palabras de cada personaje en sus diálogos: narrativa, una historia de principio a fin, pero lírica y yo diría que dramática a un tiempo. Finalista del Premio Vuela La Cometa 2015, se publica en marzo de 2016 por Arola Editors. La adquirí en su presentación de En el nombre del hijo en La Fábula Educa, en Espartinas (Sevilla), no hace mucho, y su lectura me impresionó y fascinó desde el primer momento.
Cada capítulo va encabezado por versos, versos de poemas que ambos protagonistas conocen y comparten, y dan entrada al contenido de cada movimiento hecho episodio. El poeta Jalal ad-Din Rumi impregna la novela y es punto de conexión inexplicable de dos almas. En mi ignorancia, me atrevo a decir que son suyos los versos que inician cada capítulo. Y es que ya en el mismo prólogo, antes del verdadero capítulo 1, parecen encontrarse ingredientes literarios muy llamativos y a un tiempo profundos. Es normal que por el tono y tema de estos versos de Rumi y por su forma de narrar un amor tan sorprendente y tan auténtico a mí me hiciera evocar ya en ese prólogo al Cantar de los Cantares, a la expresión del amor entregado del Medio Oriente, aunque en ISHQ el Este sea aún más Este. Un inicio que es muy lírico, las primeras palabras, descriptivas, desbordan de vocabulario escogido, preciso y precioso, y asimismo colmatan de imágenes bellas. Un primer plano que nos traslada al Oriente, con ingredientes históricos, muy documentados pero traídos de manera muy natural, todo cocinado; y un conflicto ya desde el principio, desde este antes del principio, entre razón y emoción, entre sentimiento e interés, entre alma y estatus, entre realidad y deseo, abriéndose así las puertas a una narración que ya se vislumbra que será tensa, intensa, conflictiva dentro y fuera y en todos, lírica, hermosa, fuerte y delicada. Si no puedo amar, entonces no tiene sentido vivir.
Todo este pre-principio ya me hizo conectar con ISHQ. Mi ensoñación con el Cantar de Salomón, la poesía clásica japonesa, el Genji, ..., toda esa literatura de exquisitez en forma y fondo, los cantos orientales de amor, las moaxajas, el Abencerraje, ... que le dieron los toques más líricos y profundos a Amae pop blue (que combina tantos elementos...), me hicieron presagiar que ISHQ sería lo que yo llamo "libro amigo" de los que aparecen en la Bibliografía de mi novela, en el Volumen III. Es de estos que me llama en sí mismo y me absorbe luego. Ahora puedo confirmarlo.
Todavía me pregunto por qué tomo tantas notas cuando leo. De ISHQ tengo una inmensidad de notas que desde el principio sabía que no iba a usar, y menos aquí, que quiero ofrecer una impresión y no un análisis. Paladearía con sumo gusto una especie de destripe gourmet de cada uno de sus veintitrés capítulos y su Epílogo. Con lo escrito hasta aquí ya he dicho todo lo que hay que decir en lo que algunos llaman reseña y yo llamo impresión lectora. Mi apetencia de desgranar todo un estudio analítico y progresivo de ISHQ se quedará en esa misma libreta, cuyas notas están para darme seguridad al redactar y para que las mire de reojo mientras me expreso aquí. Aparte de la historia en sí, una historia llevada desde antes del Planteamiento hasta después de su Desenlace, cada capítulo en sí mismo se disfruta muchísimo. Yo me he leído esta novela dos veces y lo leería gustoso una tercera vez, y aún más, sé que lo haré. Impresionante es, puesto a opinar, el capítulo 17 de principio a fin, apasionado y vívido, y el que ya va a darle otra velocidad a la novela. No voy a hacer ningún espóiler, pero sí diré que el capítulo 17 fue uno de los que me hizo derramar lágrimas. Si queréis amor, erotismo, alma y entrega, ahí lo tenéis. Ya desde aquí y hasta el epílogo la intensidad está en su máximo, como en un eterno apogeo. Por ejemplo, y para ir acabando, me centro en el capítulo 20. La intensidad del amor, la incertidumbre, el miedo, ... Juan Andrés Moya te hace sentir lo que siente cada personaje, lo lleva haciendo desde el principio; aquí, sentimientos y sensaciones externas e internas. Y como dije, la selección léxica, pero non solum: las construcciones de las frases, las metáforas y las imágenes, las sinestesias y los giros (sed etiam: Consternada y mugrienta, Anarkali era un cuerpo vacante de alma, p. 192, este es un sencillo ejemplo porque no quiero desincrustar gemas y joyas de una corona tan regia, solo es una invitación).
Nosotros tenemos a nuestros poetas que ya nos dijeron que el amor es más poderoso que la muerte. Seguramente todos recordemos un soneto de Quevedo a este respecto, pero no es el único ni el primero. En esta gran cadena de referencias literarias de siglos y culturas, ISHQ se engarza como un eslabón de alta orfebrería.
viernes, 20 de marzo de 2026
"ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO", DE MARÍA CESPÓN LORENZO. IMPRESIÓN LECTORA.
domingo, 8 de marzo de 2026
"QUERIDA BESTIALIDAD", DE ALICIA ZAPATA GIRÓN. IMPRESIÓN LECTORA.
El poema TO:FROM: me parece muy llamativo, pero no te digo por qué, quiero que lo descubras tú. A cambio, mira, un pequeño ramillete de este campo de espigas, perdón por arrancarlas así, para que entiendas mejor esto del uso del lenguaje y el descubrirse (reconocerse, desnudarse): Un marcapáginas se muda / a páginas que no conoce (p. 61); A diferencia de otros, yo siempre muero (p. 62); ... ahora que ya no elijo desconocerme (p. 70). ¡Imagínate estos versos en su poema! ¡No puedes!
VERDE ES EL OLOR DE LA VERDAD
Y aquí llegamos a la irreversible conexión-fusión con la naturaleza, y un revelador descubrimiento de sí misma. Se confunden de forma consciente geografía y cuerpo, que se hacen metáforas recíprocas. Y el placer de la vida, la vida como placer máximo. Lo que yo intuyo en Verde es el olor de la verdad es la aceptación consciente y la consciencia bien recibida.
Aparecen impresiones interiores de viajes, que la experiencia impide el retroceso y la verdad huele a verde. ¡Qué encanto de pareidolias sonoras provocadas a propósito, sinestesias con sentido(s)! Y los choques sonoro-conceptuales no paran: Recuerdo cómo es el placer / de querer lo que se tiene (p. 89). Sí, claro, pero no, no es ninguna obviedad que al sur solo se vuelve desde el norte, que muy pocos buscan respuestas que se sabe que no se van a encontrar, despertando un día como despierta un día.
domingo, 1 de marzo de 2026
A TRAGEDIA CADA "X": "SOLEDAD", DE MIGUEL DE UNAMUNO
Comienzo con algo de polémica, tal vez como le gustaría al propio Unamuno: ¿quién dice que estas piezas suyas no son tragedias? Alguno, sin faltarle razón, me dirá que no lo son. Que son dramas, especialmente Soledad, y le daría la razón, pero como aquí, en esta misma obra, se discute eso mismo... ¿Que no es tragedia? ¿Que tampoco es drama? ¡Pues vale!, es druma, como Agustín, su protagonista, llama a sus piezas teatrales, paralelo a la nivola en narrativa. Y, como tantas veces me veo obligado (por mí mismo) a aclarar, no, no me arrepiento de empezar con trazas personales esta impresión lectora, que es como voy a empezar ya mismo, en el párrafo siguiente. Pero es que este es un blog personal y, además, ¡Unamuno! De todas formas, si avanzas, ya tomo una postura más objetiva. ¡Unamuno! ¿Has visto esto de druma, tan unamuniano como su nivola? Y es que aquí, en Soledad, ¡hay tanto de ese Unamuno que nos explicaban en el Instituto, de mi Unamuno! Y me va a costar todo aquí, es una avalancha de información la que desea salir por mis dedos a este blog. Por si no me has seguido en esta serie de artículos sobre tragedias, estoy enredado ahora en el teatro de Unamuno porque terminé el Prometeo encadenado de Esquilo y quería pasar a Sófocles, pero con la transición de la Raquel encadenada de don Miguel, y ya ha sido un inevitable placer no dejar pasar Fedra, en el artículo anterior, ahora Soledad, ...
En 2º de BUP quedé impresionado por las clases sobre la Generación del 98 de mi maestra Emilia. Eso me llevó a acercarme, muy joven (¿16, 17 años?) a Niebla de Unamuno, y poco después a su teatro, al encontrarlo en la Biblioteca Pública de Sevilla, entonces en la calle Alfonso XII, una calle que muchísimos años después pasearían varias veces Paula y Rodrigo, personajes de mi Amae pop blue. Con sinceridad: Fedra, bien, no ha estado mal en mi segunda lectura de más de treinta años después, pero Soledad... Soledad me ha parecido impresionante, y me ha explicado muchas cosas, muchas. Me ha impresionado en sí misma, me ha impresionado lo que acabo de comentar, que el Unamuno que tengo interiorizado, sus rasgos creativos y humanos más básicos, están todos en esta obra de teatro, y me ha impresionado toda su influencia en mí. Que con el pasar de los años, y todos mis cambios, incluidos los de gusto lector, todo eso lo he llevado y lo llevo ahí; que lo asumí para vivir, soñar y tomar decisiones y que aparece más que como un telón de fondo en mucho de mi poesía, de mi cosmovisión y de Amae pop blue, que está en su bibliografía sin estar listada en ella.
Esta tragedia, drama o druma empieza visceral y acaba visceral, empieza auténtica y acaba auténtica, y no da un respiro, para bien. Para según qué, el teatro de Unamuno es muy sencillo, como él mismo defendió. Es de contenido y lenguaje directo, con mucha significación en sus palabras y los juegos a los que pueden dar lugar.
En tres actos, está muy cargada de referencias bíblicas. Aparte de Cristo, un Cristo que se reevalúa según quién y cómo lo mencione, tenemos al principio a Agar (un personaje con una historia escalofriante, desde mi punto de vista, no sé por qué no la mencioné más en mi otro blog, el de temas personales y espirituales, Job ya me tenía muy metido en él), pues sobre ella quiere inspirarse Agustín, el protagonista masculino, para hacer su siguiente druma (es dramaturgo), y casi al final tenemos el Cantar de los Cantares muy sentido en palabras de Soledad, su mujer: Es mío... mío... mío... solo mío. Y yo suya, solo suya, solo de él, de mi Agustín. Tanto las referencias mitológicas y a los clásicos como las bíblicas son típicas de Unamuno, así como al Quijote (¡por supuesto!), pero no como apoyo o para demostrar su conocimiento, ni como adorno, él les otorga un significado intrínseco a la acción y también en su interpretación. Por supuesto, se encuentran palabras del terruño, como murria, así como juegos de espejos (El drama de un drama) y de palabras (Más vale ser un enajenado que un ensimismado).
¿Soledad es la protagonista? Sin duda, aunque especialmente desde el punto de vista de Agustín. La maternidad es un factor clave en la obra de Unamuno y aquí está en primera línea, desde el principio, con el caballito de juguete que recuerda al hijo fallecido siempre recordado, y al final, con ella tomando en su regazo al propio Agustín y llamándole "hijo". Este amor tan de las entrañas entre Agustín y Soledad creo que es uno de esos elementos que dije que debió metérseme muy adentro en mi vida y mi obra. Y la matria, que aquí aparece como término propio del bilbaíno y salmantino a la par, aparece como palabra y su concepto aún más veces, impregna toda Soledad. Esta palabra y lo que significa la usé en uno o varios poemas y textos míos, y ahora la (re)descubro en Soledad, que estaba en Soledad: Pero la tierra no es patria, la tierra es matria, como tú, Soledad de mi vida, matria... madre... La tierra es carne. "Patria" es una palabra grandilocuente mal usada, especialmente por los políticos (la política se critica bastante aquí, da igual la ideología y, ¡mira por dónde!, el tema de España, ¿no os decía yo que aquí hay densidad unamuniana muy concentrada?): el verdadero lugar al que uno pertenece es la matria, que es de carne: Y yo quiero dormir sin soñar..., dormir en tu regazo, en tu regazo de carne, mujer, Soledad. Ven.
Agustín y Soledad son esposos. Han perdido a su hijo pequeño, algo que tiene, como es lógico, a Soledad muy triste y a Agustín, escritor de teatro, muy enfrascado en su creatividad, un poco en parte para sobrellevar esa pérdida. La idea de que las obras literarias se "paren", que son hijos, es muy de Unamuno también, ya lo he dicho, sería un no parar si quisiera enumerar elementos, aparte de que es una alternativa a la maternidad para los hombres, que no parimos. Enrique, empresario teatral, desea que haga comedia, que complazca al público, mientras que Pablo le quiere convencer para que se meta en política, a la que le empuja la propia Soledad, que quiere verle fuera de ese estado creativo-compulsivo, un tanto espoleada por celos de la actriz Gloria, quien encarna a sus personajes femeninos, y para verlo más en la realidad, algo muy debatido en toda la obra, qué es la realidad, qué es teatro, si es que todo no será teatro, la política aún más, si la vida no es sueño, no es niebla (¡la niebla!, que no solo da título a una de sus nivolas, también aparece en su poesía y en más lugares). La famosa "duda" de Unamuno; no es duda, es niebla, es bruma, es cuestionamiento, es redefinición. Por cierto, el que piense que los nombres de los personajes, sobre todo de los femeninos, son casuales, va listo. Gloria se llama así por lo que podría representar para Agustín, la cual está enamorada de él, un él que siempre preferirá a su Soledad sin dudas de ningún tipo, ni nieblas ni brumas, y tampoco creo que el empresario se llamase Enrique porque sí. Total, él se mete en política y, por honesto, por no saber representar el papel de político, lo encarcelan. Su madre Sofía, presente desde el principio, acaba con demencia y ya se encuentra fallecida en el acto tercero. Ni empresario teatral ni político, sus supuestos amigos, están a la altura humana de Soledad y Agustín, no entienden nunca lo más importante. Sometido a un terrible insomnio, Agustín solo encuentra descanso en el regazo de Soledad, su matria.
Iba a plagar este artículo de citas de la obra, tengo llena mi libreta de ellas, pero para eso, fíjate, mejor léete Soledad. Es intensa en toda ella. Me ha vuelto a fascinar, me ha vuelto a calar.
domingo, 22 de febrero de 2026
IMPRESIÓN LECTORA. "LA IA QUE TEMÍA A LA MUERTE", DE JOAN RAVENTÓS
La IA que temía a la muerte, de Joan Raventós (Universo de Letras, 2025) es una novela no muy extensa y de lectura bastante fluida, con elementos muy diversos a un tiempo, que podría calificarse, en principio, de thriller tecnológico. Pero, claro, eso es porque hay que ponerle una etiqueta; y no está del todo mal tirada, si no pensamos que por ello carece de otros ingredientes que sin duda tiene. Entretenida e interesante, sí, es lo que parece a raíz del título pero, como he dicho, es más. No es la primera vez ni será la última que tenga que aclarar que me cuesta dar mi impresión lectora de novelas así, es decir, muy actuales y que además están más o menos englobados en el género de misterio o thriller, por el miedo a traspasar la frontera entre lo que viene a ser una reseña y un espóiler, algo a lo que no quiero llegar. Pero, en fin, si el título nos lleva a una cuestión tan de actualidad (¡la inteligencia artificial!) y el debate de si llegará a tener conciencia propia o incluso a suplantarnos, realmente esta cuestión es anterior y Raventós es bien conocedor de ello: antes de la IA, eran los robots; antes de estos, la idea de que no seamos más que una ilusión, el pensamiento de un dios o el sueño de otro. Es lógico que mi pensamiento se vaya a Niebla, de Unamuno, como es lógico que esta novela comience con una cita de La vida es sueño, de Calderón, y haya referencias a Matrix desde el principio de la novela. Lo que no es de esperar es una historia de amor, un tanto compleja, que la ponga en paralelo ni más ni menos que con Romeo y Julieta.
El autor es ingeniero, y se nota, dada sus referencias tanto a teorías matemáticas como a componentes informáticos, y asimismo a cuestiones empresariales de macrocorporaciones tecnológicas. Si eres ingeniero o informático, lo vas a disfrutar, sin duda. Y si no lo eres, pues bienvenida la IA para salir de dudas. De todas formas, no son necesarios conocimientos técnicos para seguir el hilo de la historia, eso te lo aclaro para que no te asustes. Con ello quiero decir que, en este apartado, por supuesto es una novela bien fundamentada, documentada. Este aspecto de ingeniería lo conecta un poco con mi pasado (todos sabéis que empecé a desgana esa carrera que abandoné, y que asimismo se refleja en el protagonista de mi novela, Amae pop blue, y en otros personajes de ella); a nivel individual, lo he sentido cercano, al igual que las referencias a la cultura hindú, al sánscrito y al yoga, y asimismo las literarias, que en mi mente ampliaba mientras leía, anticipando a Borges que al final se menciona. E igual con la psicología y la teoría de la mente (soy Filólogo Hispánico con media carrera de Psicología hecha, confieso que aquí voy con ventaja).
Digamos que el protagonista es Leon, un becario barcelonés, joven y muy capaz en cuestiones de ingeniería, que se encuentra en El Valley desde el principio. De hecho, parte de la historia es narrada por él, en primera persona. Esto se combina con otras secuencias narrativas en tercera, con narrador omnisciente, pues se trata de una novela multifocal en este sentido, lo cual otorga dinamismo a la obra, al igual que el entrecruzamiento de historias de diferentes épocas. No hago espóiler si digo que atentos a los anagramas, y no lo hago porque Raventós lo hará notar, aunque si eres un lector avispado te vas a dar cuenta por ti mismo. Así que, en ese sentido, es una novela con profundidad de pensamiento y de expresión estética, ambas cosas: abre debates y se expresa con sobriedad sin renunciar a momentos de intensidad narrativa y de belleza humana, y tiene sus propios enigmas. Me ha resultado muy acertada la conexión entre todo el planteamiento filosófico al que da pie la cuestión de la conciencia en máquinas y el cuestionamiento de qué es la realidad con el Ashtanga Yoga y el desvelamiento del papel y la identidad final de varios de sus personajes.
En definitiva, aun con contener en sí todo esto apuntado, como novela es de fácil lectura, bastante entretenida. Sabe mantener la intriga de principio a fin y conectar poco a poco las diferentes piezas del puzzle. Sí parece algo chocante el súbito enamoramiento con pasión inmediata que acontece, pero eso tiene una explicación que el lector descubrirá al poco que lo relacione con la referencia literaria a la que el propio Raventós te lleva o simplemente avance en sus páginas. MAYA.
sábado, 7 de febrero de 2026
A TRAGEDIA CADA "X": "FEDRA", DE MIGUEL DE UNAMUNO
viernes, 30 de enero de 2026
"EL CANTO DEL FÉNIX", DE LISEET MATA MARTÍNEZ
La voz de Liseet Mata es muy particular, suele contagiar entusiasmo y energía. Y el título de este poemario suyo, El canto del Fénix (Azur, 2023), no puede ser más elocuente: es una voz que canta el resurgir, el renacer expresado a través de versos de transformación. Su corazón, ya iluminado, entona el proceso desde su singularidad (así es como se llama el segundo poema, tras el primero de encanto por Andalucía). Y es que los títulos de sus poemas ya revelan el transcurso de su dicción poética: El ego, Empatía, Laberinto, Caleidoscopio, Corazón sin armadura, Persistencia, ... En Creo, al principio de la obra, la autora se reafirma en su presente, La meta reenfoca tras el desenfoque inicial que se le escapaba a su conciencia antigua. Pasa por una Experiencia subliminal (No recordaba el sabor de la renuncia).
En este renacimiento cantado, no solo se encuentra su propio ser. Se van dando pasos, y el poema Un paso, precisamente, se dirige al otro: amor, separación, distancia, recuerdo, anhelo, lo que perdura. Sí: la parte central del poemario parece apuntar a un amor disuelto, perdido, recordado y anhelado, anhelado en una posible renovación, como se canta en los cuatro últimos versos de El torbellino. Y hay dolor, dolor superado: No estoy rota, estoy vacía, así empieza Fría tempestad. Liseet no esquiva las turbulencias, es parte del proceso de transformación.
Su voz poética es directa, lúcida y sincera. Porque además, repito, se enfoca en el presente, siendo el pasado y el futuro ecos, proyecciones que solo apuntalan referencias del ahora. Remito a sus Arenas movedizas. Versos luminosos, sí, que traen a palabras un despertar y un resurgir, un darse cuenta de la auténtica realidad, un rescate inesperado en ese transitar con la brújula estropeada, hasta contemplar la belleza inimaginable a su alrededor, como dice en La quinta sinfonía. Hubo lucha, después aceptación (Supuesta irrealidad) hasta alcanzar esta iluminación.
Las emociones se entrelazan, se funden, se confunden, en una verdadera sinestesia emocional (Alegría confusa). Aparece el amor, y el deseo, y el significado vital ya en Quiero.
El recorrido que emprendemos al leer El canto del Fénix no es rectilíneo, de un punto A a un punto B, ni va en zigzag. No es abrupto ni simple: es curvilíneo, un tanto en espiral, cíclico y progresivo a un tiempo. Tampoco es absoluto: recuerdos y preguntas aparecen en su canto a la nueva vida, en poemas como Rompecabezas inconcluso. Así, Mi versión, el último poema, es un cierre de reconciliación con lo vivido, que jugó su papel, tuvo su misión. Y ahora el Fénix, por fin, canta, con voz sinfónica.
sábado, 27 de diciembre de 2025
IMPRESIÓN LECTORA: "LA HORA DEL AMOR", DE CARMEN DE BURGOS
En general, podría decir que soy muy clásico en cuanto a mi trayectoria como lector. Y, además, me ha gustado siempre picotear de aquí y de allá mientras enfrentaba gozoso a un Cervantes, un Goethe o una Murasaki. Siempre he querido pensar que pivotaba sobre un Miguel de Unamuno al que estoy volviendo y del que, aun con todo, me quedan obras pendientes. Si lo contemplo bien, y siendo muy sucinto, puedo decir que comencé con el espíritu de la Generación del 98, Juan Ramón Jiménez y clásicos barrocos; luego me dejé fascinar por Borges, Papini, Cortázar al tiempo que Bécquer permanecía y dejaba que entrasen poetas y narradores de experimentación; y me fui ladeando poco a poco a la poesía clásica japonesa y obras orientales imbuido del espíritu de Okakura a la vez que exploraba a Tolkien. He dicho sucinto: todo es más complejo. Aún me recuerdo en el gimnasio con la toalla y la enorme edición de los poemas completos de Herrera, bajo musculosas y fibrosas miradas extrañas que me resbalaban bastante. Me costó entrar en el 27, porque el 98 era como el límite superior en el tiempo en lo que hace a la literatura española, ni te cuento todo el mogollón de después de la Guerra Civil, un gran desconocido para mí, si he de ser sincero, en el que ahora me adentro. Ese hueco lo suplía con literatura hispanoamericana. En fin, es solo una visión muy general, una autocrítica también, tal vez. Siempre he leído lo que me ha venido en gana, si he de ser sincero, y como tiene que ser.
Algo así como un sueño idílico era verme a mí mismo explicando a una clase la Generación del 98, como hicieron conmigo en 2º de BUP. Lo he hecho, varias veces, pero no ha sido lo mismo, el tiempo avanza, las generaciones (de alumnos) son diferentes. O tal vez no tanto, creo que en mi clase fui el único que disfrutaba de esas lecciones, si lo medito bien. El caso: abordar esos temas de literatura que de memorieta deben aprenderse mis queridos y agobiados alumnos de 2º de Bachillerato es, un poco, la dicción de una nómina de frustraciones lectoras. ¡Alfonso, tienes tanto pendiente que leer...! Y a lo de toda la vida se añaden nombres y títulos "nuevos". Por ejemplo, las escritoras; por suerte, cada vez aparecen más. Me refiero del 27 hacia atrás. ¡Las mujeres! En la búsqueda siempre fallida de trucos para tener éxito en la PAU, una consigna es: "Los andaluces", aquí en Andalucía, claro; y otra: "Las mujeres", que ahora se reivindican más y es más políticamente correcto sabérselas y aparentemente pueden estar más seleccionadas como motivo de pregunta en un examen. "Hay que sabérselas, no os olvidéis". Pero, lejos de esa frivolidad práctica, me llama la atención, porque es como ir descubriendo tesoros enterrados. Lo que pasa es que la novedad, del tipo que sea, puede cambiar la visión establecida, la estructura de los temas, el concepto de los grupos literarios que se estudian y sus claves. Y ellas, entre otros factores, son una novedad, lo siguen siendo. De Las Sinsombrero y la Generación del 27 no digo nada, al menos no aquí, porque al fin y al cabo ellas, la gran mayoría de la nómina, participaron de las inquietudes y los procesos de ellos, incluso de las relaciones humanas, y me da la impresión de que están en la misma sintonía, así que el hecho de que las incluyan, los que lo hagan, como miembros de ese grupo, del Grupo del 27, no será una cuestión que discuta yo. Pero sí me parece algo diferente en el caso de la Generación del 98. Al menos de momento, mientras vaya aún disipando la niebla de mi ignorancia con el abordaje a sus libros, a los de las escritoras coetáneas de Baroja y Azorín. Elementos en común, incluidas inquietudes intelectuales, tienen que tener unos y otras si comparten época y avatares, eso está claro, pero la Generación del 98, como grupo literario, tiene, a mi parecer, unas características más restringidas, y tampoco creo que a ellas les importase un pimiento que se diga ahora que pertenecen o no pertenecen a ese grupo tan particular, salvo que fueran como aquellas que prefieren que las llamen mejor juez que jueza, mejor la letrado que la letrada, espero explicarme. Total, que a la lista clásica de los escritores del 98 se añaden ahora unos nombres femeninos, bien como parte integrante, bien como corriente paralela, entre los que se encuentra el de Carmen de Burgos. Como profesor me es tan fácil como para los alumnos, por desgracia ni unos ni otros necesitamos profundizar demasiado y mucho menos haber leído, y puedo ser exigente: nombres, títulos de obras representativas, características muy, muy básicas, y adiós, muy buenas.
Así que, con mi terrible ignorancia consentida, me compro La hora del amor en la Feria del Libro de Sevilla de 2025, el día que fui a firmar mi Amae pop blue, en la caseta de Aliar Ediciones, simplemente porque es de Carmen de Burgos y, ¡hombre!, hacía poco que la nombrábamos en clase. Era forzoso, me estaba llamando, sin saber de qué iba, era un nuevo mini reto planteado allí, leer a Carmen de Burgos un poco al tuntún, como a mí me gusta, sin premeditación ni orden.
Este libro es una novela muy corta que se lee fácilmente en nuestros días, a pesar de ser de 1916, y ha sido todo un descubrimiento para mí. Es que ni siquiera me leí lo poco que se dice en la contraportada y la solapa, lo acabo de hacer ahora, su sinopsis, los breves apuntalamientos biográficos. Pues, entonces, normal que me sorprendiera. Lo primero, lo he dicho, que se pueda leer sin problemas por cualquier lector del siglo XXI, la mayor parte de su vocabulario y forma de estructurar frases y párrafos no es inconveniente. Al contrario, en ese sentido, el del lenguaje, Carmen de Burgos me ha parecido una adelantada. También por su temática, que sigue siendo, como en toda la historia, muy de actualidad, y que no me esperaba.
A ver, se llama La hora del amor, un nombre, por cierto, muy poco atractivo a priori, parece así una novela rosa pastelona, aunque tiene todo el sentido, te das cuenta al comenzar a leer; pues con ese título, creía que iba a leer una novelita romántica. Y en cierto modo es así, el amor de pareja está, idealizado además, aunque vivido por el alma noble de Margarita, con una amado que haría las delicias idealistas de muchas; yo diría que esta historia de amor enmarca la novela, pues está más presente en su principio y su final. Eso que se dice del feminismo de De Burgos se nota, se dicen cositas que, aunque ahora nos parecen bastante normales, te sorprenden que se dijeran en esa época. En cuanto a esto, y como lectura ingenua, me ha gustado bastante esa mezcla de anhelos prototípicos femeninos en cuanto a lo romántico y la aparición de una mayor autonomía en pensamiento y acción de la protagonista y la exposición de su punto de vista de la vida y de todo. En ese sentido, entiendo que se diga que escribió novelas cortas para mujeres. La toma de riendas por parte de las mujeres, y no solo en lo sentimental, que aparece en La hora del amor, sin renunciar a expectativas de amante y amada muy típicas, imagino que debió gustarle a las lectoras de su momento.
Aunque el tema principal es la angustia por el afrontamiento de unas deudas que se agrandan cuanto más se intentan solucionar, la trampa de la hormiga-león, la usura y toda su sordidez, esas aguas abisales habitadas por criaturas rastreras a las que debes acudir, la persecución angustiante de esas euménides, que debes llamar así, como lo hará algún personaje aquí, porque son necesarias, o al menos eso se debate, te salvan y te ahogan. ¡Tan actual! Vienen a causa de la viudez de la protagonista, y el hecho de que quiera ocultar esas penurias, esa angustia, a su amante, va a provocar que tenga que afrontarlas ella por sí misma, con ayuda de una amiga al final, y la medio amiga de esa amiga. El dinero, su valor, la agonía, son descritas muy al vivo, y también el daño moral, de culpabilidad y en la autoimagen, el autoconcepto, reacciones, tristeza que no se puede confesar, ... Lo tan material horadando lo que realmente es importante, bloqueando posibilidades, carcomiendo la sencilla felicidad posible. Entiendo bien de ese tema, seguramente tú también; en lo personal, me fue una serendipia encontrarme con esta narración, venida como anillo al dedo. Si he de ser sincero, creo que será de esas obras que, sin considerarla una gran novela (puede que la califique de liviana o facilona, la verdad), la guardaré en mi recuerdo como un regalo de mi destino, quién sabe si una señal o un consuelo, aunque sea el de los tontos. Por supuesto, la recomiendo, claro que sí.
viernes, 26 de diciembre de 2025
A TRAGEDIA CADA X: "PROMETEO ENCADENADO", DE ESQUILO
Llego al fin al Prometeo encadenado con una mezcla de pensamientos y emociones que van mucho más allá de la alegría de no acabar este 2025 sin haberme terminado las tragedias de Esquilo conservadas, de las cuales esta es la última. No soy absolutamente nadie para discutir su autoría, así que simplemente aprovecho para dejar constancia de esta duda por parte de sus estudiosos, o esta discusión, más bien. En definitiva, me acabo sus tragedias completas en la edición de Alsina Clota en Cátedra, cuenta pendiente menos. Esta sección en mi blog, la de A tragedia por semana, un ritmo que no pude mantener con mis muchos trajines, comenzó con una mezcla de animarme a terminar este libro que recoge las tragedias de Esquilo y la emoción de las conferencias de Eva Tobalina sobre la tragedia griega. Obviamente, sería titánica, prometeica, la tarea de querer leerme, no digo todas las tragedias que caigan en mis manos, sino siquiera una selección de ellas de todos los tiempos, pero sí está en su base la decidida lectura de los tres grandes clásicos griegos, así que espero que los Reyes Magos me dejen a Sófocles y Eurípides como un gran regalo el día 6. Intercalaré otras más modernas y terminaré la sección cuando así lo sienta.
La mezcla de pensamientos y sentimientos de la que hablaba al principio tiene que ver con el rastro de esta obra en mi memoria, que al fin leo. Y es que Prometeo, el encadenado, es una vieja mención en mis recuerdos. Mi segunda y más viva aproximación, que no alcance, a ella, viene de la mano de Byron, del fervor por lord Byron del grupo creativo Obsesión y su Metamorphosis, y esa biografía del poeta que hizo Maurois, que yo leía ávido a mediados de los noventa en la colección Crisol en mi primer año en la Politécnica, y su estela que me llevó a profundizar algo más en él y en el romanticismo inglés. El poema Prometeo, de Byron, y las referencias al Prometeo liberado (Prometheus Unbound) de Percy B. Shelly están en mi memoria de forma difusa, pero permanente. Y esta, a su vez, da un salto atrás, hacia un chico de Instituto que era yo y que, en la biblioteca pública de Sevilla, simultaneaba sus intentos de comprender el spin de los electrones con el teatro de Unamuno y, por tanto, con su Raquel encadenada.
La obra comprende desde el encadenamiento de Prometeo por Hefesto en una roca del Cáucaso hasta la declaración de Hermes del advenimiento diario del águila que le comerá el hígado vez tras vez. Recordemos que el mito, tan antiguo, es bien conocido por el primer público de la tragedia, así que esta va a situarlos en un pequeño pasaje de la historia y sería un regodeo intelectual escuchar los diálogos explicativos que a nosotros nos descubren tantas cosas. Tras su encadenamiento, Prometeo conversará con las Oceánidas, con Océano y finalmente con Io, hasta la llegada de Hermes, quien le reclama que le confiese qué boda pondrá en peligro el predominio de Zeus sobre los dioses, secreto profético que se niega a declarar. Los vaticinios sobre Io y su propio destino en sus parlamentos con ella y el coro son, para mí, lo más jugoso. Trasponer el significado de la obra a otros planos simbólicos (como que Prometeo pueda ser figura de Cristo o que se tome como símbolo de rebeldía, como hizo el Romanticismo, que resucitará el interés por Aquiles, dicho sea de paso), son hasta cierto punto sensibles, ya que Zeus no es ni el diablo ni el Dios judeocristiano. Desde ese punto de vista, como opositor al "padre" de los dioses, que desea y profetiza su caída, igual podría considerarse un anti-Cristo o su profeta, dependiendo del lugar simbólico que otorguemos a titanes y dioses que queramos darles. Por supuesto, como seres humanos que somos, al menos en nuestro siglo y algunos anteriores, simpatizamos con aquel que se compadeció de nosotros y nos regaló el fuego a costa de su propio sufrimiento.
Voy a lo anecdótico o peculiar en mi lectura porque, claro, ¿qué puedo decir yo que no se haya dicho de Esquilo? Como hace años, en mi primera lectura de Los Persas, me llamó mucho la atención hybris y Ate, así que ver cómo se menciona Ate en la última ha sido como el cierre de un círculo. Aunque aquí no funciona igual. A Prometeo se le acusa de hybris (soberbia) y se le anuncia que a por él irá, en consecuencia, Ate llegado el momento, pero él es un titán, y no cualquiera, y él es el clarividente. No creemos que en Prometeo haya pecado de hybris, si habla de lo que sabe y no desea someterse a Zeus, desdeñando las oportunidades de liberarse cediendo a su voluntad. Me voy a las frases, unas pocas.
Por ejemplo, cuando el corifeo le pregunta el motivo de su castigo, él comienza con estos dos versos: Para mí es doloroso hablarte de ello / mas también doloroso me es callarlo, una introducción que, en palabras o en pensamiento, nos podría valer a muchos en nuestras vidas.
Muy cercano a él, por motivos que no vienen al caso desvelar aquí, me siento cuando decide evitar el mal a otros a pesar de sufrir él el suyo: ..., que, aunque sufro, / no deseo por ello que otros sufran / por mi causa. Y menos al caso aún sería desvelar por qué he subrayado este fragmento: Te contaré lo que saber deseas / muy claramente y sin tejer enigmas, / con un lenguaje simple, como es justo / hablar a los amigos; ... Y muy inspiradora me resulta esta expresión: con el toque sereno de su mano, / con un simple contacto. Esta otra, En vano me importunas, cual si dieras / consejos a las olas me encanta, mucho más allá de que pueda recordarnos a nuestro Habla, cartucho, que no te escucho de cuando éramos pequeños. Y contradictorio para nosotros el Errar es para el sabio vergonzoso del corifeo.
En fin, sé que no tengo razón, porque Hermes está cumpliendo su función de mensajero de Zeus, pero como es también patrón de comerciantes y ladrones, y regente del signo de un Géminis con su gran don del habla, pues, ¡qué queréis!, me ha hecho gracia que aquí no sea capaz de convencer a nadie con sus palabras, muy duras de principio a fin, eso sí.
Ate se menciona casi al final, y enlaza con el Ate de casi el principio de Los Persas, cerrando de ese modo esta cadena esquílea.





