lunes, 5 de octubre de 2026

"LA ALQUIMIA DE LAS PALABRAS. CUANDO LA LITERATURA PUEDE TRANSFORMAR LA REALIDAD." LO QUE AÚN ME QUEDA POR DECIR DE LA PROPUESTA DE LISEET MATA MARTÍNEZ Y SU NOVELA "MEMORIAS DE UNA ALQUIMISTA".

 


PÓRTICO

El próximo 8 de octubre, es decir, pasado mañana ya, a las 18:00 h., en la Biblioteca Municipal Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria), Liseet Mata continúa su tour literario y ciclo de conferencias La alquimia de las palabras. Cuando la literatura puede transformar la realidad. En esta ocasión, con una presentadora de excepción, Berbel. Y es que esta escritora tan activa, y no solo en redes sociales, Liseet Mata, presenta al mundo su segunda entrega de la trilogía Memorias de una alquimista, titulada En el borde del tiempo, de una manera muy especial y original y al mismo tiempo coherente y consecuente por cómo ella concibe su novela, desde su origen hasta su misma promoción. Recientemente en Radio Guiniguada le he escuchado expresar lo que ya hacía uno o dos años le escuché en alguna tertulia, cuando estaba con la primera entrega de esta trilogía, A treinta días de Londres, que para ella sus novelas no solo cumplen la función de entretener, sino asimismo la de mostrar, exponer, enseñar ideas que trascienden la ficción y se encuentran en su base. No en balde mi reciente impresión lectora de, precisamente, Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, la encabezaba con el famoso lema en latín de PRODESSE ET DELECTARE, y podría afirmar que, precisamente por ello, tal vez se acordase de mí para presentarla en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas el pasado 18 de septiembre (la de dentro de un par de días es la tercera del ciclo, de un total de cuatro). 

     De mi experiencia en Gran Canaria, desde el propio viaje hasta de cómo fue la conferencia y los tres días que pasé allí, ya he hablado bastante, tanto aquí en mi blog como en mis redes sociales. Y de sus novelas en sí, mis impresiones lectoras, mucho antes, en este blog y con anterioridad en la revista digital Voces Errantes. No puedo más que decir que en mí también ha obrado cierta alquimia con todo ello, y entiendo que me quedan al respecto dos tareas importantes. Una de ellas es privada y cristalizará pronto: la materialización en palabras escritas de determinados aprendizajes que mi aventura canaria me ha dejado, que incluye propósitos que veré cumplidos. Y la otra es esta misma: rematar a modo de colofón todo lo dicho por mi parte de Memorias de una alquimista y este ciclo de conferencias de Liseet trayendo aquí las palabras, algunas dichas y otras no, en mi preparación de la presentación del 18 de septiembre.

     No todo fue experiencia y vivencias de amistad; hubo bastante trabajo por su parte y por la mía. En cuanto acepté acudir para presentar el acto, releí A treinta días de Londres, y acto seguido leí intensamente En el borde del tiempo. No solo leí, prácticamente estudié, y de ello es testigo mi libreta colmadísima de apuntes, que aproveché para mis impresiones lectoras de ambas novelas, que no apuré: como siempre, se quedaron muchas anotaciones en esa libreta que al final es tintero. Estas cosas hay que dejar que fluyan por el cauce que eligen, y así sucedió, pero detrás hay toda una preparación; no solo se trataba de leer sus novelas, Liseet y yo mantuvimos contacto este verano para preparar el acto; recibí la presentación en diapositivas que se proyectó en la Biblioteca Pública del Estado y que le servían a ella de apoyo mientras exponía todas sus ideas, y estas diapositivas se trabajaron una por una, así como la idea general. Mis anotaciones de posibles intervenciones sobre estas diapositivas, que aproveché al final más bien poco, no las volcaré aquí, no tiene mucho sentido, porque redundan en el propio contenido de estas. 

    También debo reconocer que, por más que le di vueltas al contenido de la conferencia, me cogió al final muy a contrapié. La propia preparación del viaje, en todo el lío de principios del curso escolar y otros compromisos previstos y sobrevenidos se arremolinaron al final de manera inconveniente, y la incesante y gratificante actividad allí no me permitió centrarme como deseaba, si bien veo que no era necesario. Tampoco fue necesario, durante el verano, repasar y ampliar mis conocimientos históricos y esotéricos de los temas que tocaba Liseet en su conferencia, aunque reconozco que era una tentación muy bonita en lo intelectual y más allá de lo intelectual complementar con lecturas y conferencias de Antonio Piñero y Eva Tobalina al respecto, entre otros; también soberbio y fuera de la realidad con el tiempo disponible, como querer estudiar una carrera en un mes, fuera de lugar y, por tanto, descartado casi de inicio, aunque siempre me rondó por la cabeza. Yo no era el ponente, sino el presentador, y las ideas que debían exponerse eran las de Liseet, no las mías.

      Lo que dejo en este artículo, entonces, son las palabras escritas que preparé para el propio acto. Para mí, tripartito: en primer lugar, mi presentación de la autora y el acto; luego, lo que podría llegar a decir si venía a cuento en la presentación propiamente dicha (que descarto poner aquí, no tiene sentido); y, por último, el cierre del acto, donde ya sí me centraba de manera breve en la novela en sí.



LA ALQUIMIA DE LAS PALABRAS. CUANDO LA LITERATURA PUEDE TRANSFORMAR LA REALIDAD.


      No sé si paradójico, pero un tanto extraño es tener que presentarme para poder presentar. ¿Quién soy, quién es este señor que ha venido de Sevilla a Las Palmas? Mi nombre es Alfonso Bolaños, y más que poeta y escritor, lo que soy es un hombre dichoso y privilegiado de estar ante ustedes y ser el encargado de abrir la puerta de La alquimia de las palabras.

      En una ocasión, comenté que existen experiencias cotidianas que tenemos tan asumidas que no nos damos cuenta de lo extraordinarias que son, como, por ejemplo, atravesar una puerta. Es algo que hacemos constantemente, entrar y salir traspasando umbrales. Y no solemos ser conscientes de que se trata de una decisión: ¿crees que sabes lo que encontrarás una vez que des ese paso y si saldrás igual que entraste?

     En este caso, les daré algunas pistas de lo que nos encontraremos ahora que hemos traspasado este umbral. Para empezar, y esto es lo mejor, a Liseet Mata, poeta (El canto del Fénix es su poemario publicado) y novelista (destaco Memorias de una alquimista en sus dos entregas hasta la fecha: A treinta días de Londres y En el borde del tiempo), entre otras cosas. Pero, claro, ahora mismo ella tiene en su mano una llave, una llave hecha de palabras. Con ellas, va a crear en esta tarde. Porque las palabras tienen la capacidad de crear. 

     Con sus palabras, va a crear un espacio y un camino por el que transitaremos. Esa llave de palabras, ¿conseguirá abrirles puertas en su interior? Ustedes me dirán, o más bien se dirán a sí mismos. Y en el caso de que se abra alguna, ¿se encontrarán con una sorpresa, habrá un reconocimiento, se escuchará dentro una voz, un susurro cálido, una alarma que despierte?

     Sinceramente, yo estoy deseando emprender este sendero hoy, de la mano de Liseet.




FINALE. EN EL BORDE DEL TIEMPO: SEGUNDA ENTREGA DE LA TRILOGÍA DE MEMORIAS DE UNA ALQUIMISTA.

    

    Liseet Mata ha publicado recientemente la segunda entrega de su trilogía Memorias de una alquimista. La primera fue A treinta días de Londres y continúa ahora con En el borde del tiempo: una novela que engancha de muchas maneras y que a su vez es inmersiva, donde los diferentes aspectos de la conferencia de hoy, y más, son tratados literariamente. Y en esa "ficción" que es creación, donde se desarrollan, también se desarrollan y viven unos personajes, en un tiempo como el nuestro que no es el que nos creemos, lo que nos parece.

    Muchos de estos personajes aparecen en la primera entrega; otros lo hacen por primera vez aquí En el borde del tiempo. Se trata de una novela con acción y trama bastante elaborada, que sabe a dónde se dirige; también es de reflexión, búsqueda interior y desvelamiento de la auténtica realidad. Sus personajes tienen su propia personalidad y asuntos que resolver. Y sí, asimismo aparecen elementos emotivos. No me importa confesar, porque lo he hecho ya en otras ocasiones, que esta novela ha conseguido emocionarme hasta el punto de llorar en un par de capítulos a donde llegas conociendo bien, puede que hasta de manera íntima, a los personajes y sus procesos.

    Me han llamado la atención muchos aspectos de En el borde del tiempo, no voy a mencionarlos todos. Uno de ellos es cómo se trata y da a conocer el concepto de tiempo, relacionándose con los recuerdos, los estados de conciencia y traspasando la ilusión de linealidad y también de circularidad. 

    Llega a pronunciar este libro frases impactantes, que te dejan pensando o te revelan un eureka inesperado. La búsqueda, la verdadera salvación y motivaciones de anhelos, impulsos aparentemente inexplicables, y muy especialmente la conciencia y la consciencia: llegar a ver, pero a través de un proceso necesario, como en las reacciones químicas y tantos otros procesos de la naturaleza y la vida. Un proceso con fracturas, con dolor, con pérdidas, para poder llegar a un resultado nuevo, la revelación de la verdadera alquimia. 

    Y también el propio proceso de escritura. La protagonista, Laia, que es escritora, igual que Liseet, llega a decir: Quiero escribir algo que pueda inspirar el alma de aquel que crea que está perdido. 

    Destacan los símbolos. Disolver, integrar, llegar a la coherencia. Y los diálogos luminosos, como los que se leen en el capítulo XIII:

Michel         - No podemos evitar que esto ocurra.

El padre    - No. [...] Pero sí podemos evitar que ocurra mal.

    

    Para mí, como receptor de la obra, ha sido una lectura intensa que ha ido conectando con diversas estructuras de mi ser en lo personal. Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo es una experiencia intensa, vibrante y latiente, que respira a diferentes ritmos.





DESPEDIDA


    Si allí agradecíamos la asistencia y pasábamos a coloquios privados y distendidos, ahora agradezco a mis lectores que se hayan pasado por Manojitos de Mirra en esta ocasión y, muy especialmente, a Liseet Mata, por darnos su novela, sus palabras de la conferencia y a mí tanto que aprender en una ciudad que me ha enamorado. No necesito desearle que le vaya bien con Berbel pasado mañana, ocho de octubre, porque sé que así será. 






jueves, 1 de octubre de 2026

LA ALQUIMIA DE UN VIAJE: TRES DÍAS EN GRAN CANARIA, UNA EXPERIENCIA EN EL TIEMPO



INTRODUCCIÓN Y ANTECEDENTES 

Tras un verano casi completo bastante intenso, pero sin moverme de mi zona, y un septiembre al que le faltaba muy poco para completarse, el 17 de ese mes viajé a Las Palmas de Gran Canaria con un propósito y tres días programados de estancia allí. En este artículo lo relato, como prometí, y me hace muchísima ilusión hacerlo, pasadas dos semanas apenas, pero que me parecen dos meses, como aquellos tres días me parecieron tres semanas. No será casualidad que la noción del tiempo sea otra muy diferente a la habitual: por la intensidad y significación de todo lo vivido y porque, precisamente, iba a presentar a Liseet Mata en su tour literario La alquimia de las palabras, y su segunda entrega de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo. El tiempo... Contaré aquí las impresiones y anécdotas de este viaje, pero además profundizaré en su significado, tanto en lo literario como en lo personal.




     Para ponernos un poco en antecedentes, diré que conocí a Liseet Mata en el Grupo Literario Sueños de Tinta. No me voy a extender mucho con esto, porque he hablado bastante y hay mucha constancia documental, tanto en mis medios, como este blog o mis redes sociales, como en los de otros. Ella es una escritora venezolana y también española, afincada en Las Palmas de Gran Canaria desde 2016. Tiene publicados un poemario (El canto del Fénix, Azur, 2023) y, de momento, tres novelas: Bárbara siguió su camino, de 2015 y las dos primeras entregas de su trilogía Memorias de una alquimista, en Aliar (A treinta días de Londres, 2024 y En el borde del tiempo, 2026). Digo "de momento" porque, como es obvio, si tiene publicadas dos entregas de una trilogía, es de esperar la tercera, y nos consta que está en ello. Excepto Bárbara siguió su camino, una cuenta pendiente que espero que deje de serlo pronto, he leído y reseñado sus obras, y en el contexto de Sueños de Tinta, en el que ambos fuimos muy activos, tuvimos en su momento conversaciones muy interesantes. Pero ya hacía bastante tiempo que no nos comunicábamos. Por eso, me resultó muy sorprendente un mensaje que recibí de ella en julio.

     Si sigues a Liseet en redes sociales (y si no, te lo recomiendo), comprobarás que es muy activa. Para el caso de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo no se ha limitado a una simple presentación de esta novela. Tiene organizado, por el contrario, un tour literario llamado La alquimia de las palabras, con un ciclo de conferencias, presentada cada una por un autor distinto. La primera conferencia fue presentada por Luis Alberto Serrano y en la tercera lo hará Berbel, ni más ni menos, ahí es nada. Su mensaje me proponía ser yo el que lo hiciera en la segunda, el 18 de septiembre, en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas. Algo en principio complicado, parecía una locura. No solo por ser la primera semana del curso 2026-2027, sino especialmente por la distancia y mi inmovilidad forzada de estos últimos años. No puedo decir que yo sea especialmente viajero, ¡quién sabe si eso va a cambiar a partir de ahora!, pero es algo que he hecho desde pequeño, siempre por medio terrestre y sobre todo en España. En Lisboa estuve dos veces. Esta propuesta para desplazarme hasta las Islas Canarias la habría rechazado si me llega un mes y poco antes. Desde, al menos, hace tres años y hasta finales de mayo del presente mi situación personal me ha impedido hacer cualquier tipo de desplazamiento, no se me ha visto irme a ninguna parte en ese tiempo, ni siquiera a localidades cercanas a Sevilla. Por supuesto, no voy a desvelar cuál era esa situación-tenaza tan prolongada; lo importante es que, en los últimos días de mayo, casi coincidiendo con la publicación del Volumen II de mi novela Amae pop blue, por fin me liberé de ella, algo que me ha costado asumir, aunque lo celebré, y no era para menos. De hecho, este verano podría haber viajado algo, si hubiera querido, pero por inercia, porque tampoco lo sentí prioritario y porque, precisamente, quise asumir y adaptarme con calma a mi nueva perspectiva vital, no lo hice. Intuitivamente, entendí la propuesta de Liseet como una especie de señal. Una señal de que aceptarla ya no era ninguna locura, nada imposible, la señal del fin del encierro, de mis nuevos horizontes, una toma de conciencia de mi situación real actual. 

     Y, en lo literario, una gran alegría. Primero, porque por fin iba a conocer a Liseet Mata en persona. Después, porque para mí suponía un honor ser partícipe de La alquimia de las palabras: la oportunidad de colaborar con ella, presentando una obra y a una autora que creo conocer bastante bien, representaba un reconocimiento por su parte y una gran ilusión por la mía. Soy escritor, eso no hace falta que lo diga. Soy y me siento poeta, siempre lo he sido y continúo con mis proyectos poéticos con mucho entusiasmo. También narrador, mi novela Amae pop blue es mucho más de lo que parece, aunque esta vez he querido postergar bastante la presentación de su Volumen II, algo que todavía no he hecho. También soy Filólogo Hispánico y profesor de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria desde hace veintidós años. Y si observas bien mi blog, o mis redes sociales (más que nada, Instagram), es fácil darse cuenta de que dedico más tiempo, y mucho, en leer, reseñar y hablar de otros autores y sus obras que de las mías. Así que, acepté. ¡Qué bueno! Lo primero que hice, antes de leer En el borde del tiempo, que ya tenía, fue volverme a leer la primera entrega de Memorias de una alquimista, A treinta días de Londres, descubriendo en ella nuevos matices. La había leído hacía tiempo, y reseñado en la revista digital Voces Errantes en su momento; la releí y di mi impresión lectora en este blog. Después hice lo mismo con su segunda entrega, En el borde del tiempo, teniendo en mente que poco después acudiría a Las Palmas para presentarla, y me dediqué a preparar el viaje hasta que tuvo lugar, algo que no conseguí del todo como yo quería por motivos muy lógicos, septiembre es un mes clave para los docentes y tenía otros (auto)compromisos con otras obras, se solaparon muchos asuntos, pero fue bastante bien.

     Y, ahora sí, hablemos del viaje.      


MI PRIMER VIAJE EN AVIÓN


     Tengo cincuenta años y nunca había tomado un avión hasta ahora. Cada vez que he comentado este asunto, mi interlocutor ha pensado que a mí me daba miedo hacerlo, y para nada es así. De hecho, no sabía cuáles iban a ser mis sensaciones durante el viaje, ni tampoco he pensado nunca en ello. A lo que sí tenía auténtico pánico era a perder el vuelo. Jamás me había manejado en un aeropuerto y no tenía ni idea de cómo era, y por las películas y las noticias que había visto tantas veces, en las que me parecía que eso de facturar una maleta podría ser un tinglado que yo no supiera manejar, el peor escenario en mi cabeza es que se fueran sin mí. Me había comprometido con Liseet en estar el 18 de septiembre a las 18:00 horas en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas de Gran Canaria, y Alfonso iba a estar allí a esa hora sí o sí. Así que me pareció que lo sensato era partir el día antes, el 17. El vuelo salía a las 10:35 hora peninsular y llegaba a las 12 hora insular, en realidad llegó antes. Y, la verdad, tanto para la ida como para la vuelta, todo fue muy bien. Ambos viajes me parecieron cortos y apacibles. 

     Ahora, hay que imaginarme a mí, con lo exagerado que soy para estas cosas, en el aeropuerto de Sevilla yendo al baño cada dos por tres y mirando constantemente los paneles mientras repasaba mis anotaciones de la novela de Liseet. Yo quería un viaje tranquilo, así que, cuando llegó la hora del embarque y vi que se montaban en el mismo avión un grupo de chavales de despedida de soltero, muy animados, eso no me hizo ninguna gracia, y solo esperaba que no se sentasen cerca de mí. No es por nada, es que no estaba para escuchar sus chascarrillos todo el tiempo, la verdad. El Universo escuchó mis súplicas y no los volví a ver. En su lugar, situó a mi alrededor a un grupo de mujeres mayores que yo de Morón de la Frontera, un detalle que era imposible no saber porque no eran precisamente calladas, no todas, al menos, y pensé que quizá echaría de menos a los de la despedida de soltero. No he estado nunca en Morón, lo conocía algo por las palabras de una antigua compañera de la Facultad que era de allí, pero no podía dejar de pensar, cuando las vi sentarse a mi alrededor, en el día del nacimiento de mi primera hija, de madrugada en el hospital, porque en ese momento también había allí mujeres de esa edad de Morón, que no me dejaron ver a mi niña recién nacida cuando la sacaron porque se abalanzaron todas muy emocionadas para verla y al padre, que era yo, no le dejaron hueco, eso no se me olvida. El caso es que otra pasajera y yo nos tuvimos que cambiar de asiento para que la que se sentó a mi lado pudiera estar cerca del pasillo, porque esta mujer estaba muy nerviosa con el vuelo, no paraba de repetirlo. Yo quedé en el centro, el muchacho de la ventanilla hizo bien en ponerse los auriculares y quedarse dormido. Manda narices que estuviera yo buena parte del vuelo calmando y asegurando a esta señora que no iba a pasar nada y todo iría bien, cuando era mi primer vuelo y ella ya lo había hecho antes varias veces. Muy simpática, por otro lado, espero que se lo pasase bien en Las Palmas, pero muy nerviosa y sin cortarse un pelo para describir lo horroroso de un accidente de avión; gracias al cielo, ese que volábamos, que se pidió una cerveza, bendito tranquilizante. Pero, vamos, aparte de esto, muy bien, la verdad.

     El viaje de vuelta fue aún mejor. Salía a las siete de la mañana, eso sí. Mejor, porque sorprendentemente me asignaron un asiento de los buenos, en la segunda fila, más cómodo y con pasajeros muy calladitos, especialmente la pareja de japoneses que tenía delante y que se acariciaban mientras ella dormitaba apoyada su cabeza en él. Muy simpático el sobrecargo, era evidente que algo tenía o se traía con la azafata que estaba por esa zona, por cómo se hablaban y los gestos, bastante obvio. 


PRIMER DÍA: 

JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026



     Liseet me recibió en el aeropuerto: ¡por fin nos veíamos en persona! Me llevó al hotel, Parque Sercotel, muy cerca de la Biblioteca Pública del Estado, en San Telmo, y desde entonces estuvo muy atenta conmigo, fue una anfitriona excepcional, me trató entre algodones. Y eso que al día siguiente daba la conferencia y le coincidió con otros compromisos. Este ha sido uno de mis grandes aprendizajes: contemplar en acción a una escritora, ponente y locutora de radio me ha dado muchas claves. Pero, especialmente, en nuestros diálogos. Podría hablar bastante de ello, y no lo diría todo, pero hablamos mucho en un incesante ir y venir y todavía estoy apuntando muchos aspectos clave de esas conversaciones y también de pensamientos que tuve mientras conversábamos. La sensación de saber que alguien te tiene en su agenda y se ha preocupado para que te encuentres bien y aproveches tu estancia allí es indescriptible, y lo comento ahora porque quiero agradecérselo públicamente, todo su esfuerzo previo y en esos días para que yo estuviera bien. La comida en La Casa Roja, junto a la playa de Las Canteras, fue espectacular. También me mostró parte de la ciudad.




     Por la noche, acudimos al cumpleaños de Luis Alberto Serrano, productor y guionista de cine, escritor y más cosas, ¡y qué bien lo pasamos allí! En un auténtico restaurante mexicano, cuya dueña nos contó a todos muchas cosas muy bien explicadas. Allí conocí también a la escritora Teresa Santana. Parecía que conocía a todos de siempre, cuando era la primera vez que nos veíamos, me hicieron sentir muy acogido, entre amigos. Apareció un cantante, el mariachi, del que no diré nada, mejor que veáis lo que subí a Instagram. Se me ocurrió pedir mezcal, "el más fuerte que tengas", dije, 48º, muy bien, y luego otros se animaron también con ello. La dueña del restaurante nos explicó toda la historia del mezcal y el tequila, qué bien lo pasamos, qué bien.




    Y mi impresión de Las Palmas, con calor (el bochorno que llaman allí) muy buena, muy buenas sensaciones. 



EL DÍA CLAVE: 

VIERNES, 18 DE SEPTIEMBRE



     Un poco, me sabía mal que Liseet estuviera tan pendiente de mí precisamente el día que iba a presentar su novela, pero, como dije, me atendió estupendamente. No me hubiera importado quedarme solo hasta el momento de la conferencia, habría hecho turismo por mi cuenta y me habría repasado lo que quería decir, habría ido bien. Pero ella estaba muy atenta a mi persona y, la verdad, todo fue mucho mejor. Quedamos en la Biblioteca, para ver los espacios, preparar el evento. También fuimos a Radio Guiniguada, a su primer programa La alquimia de las palabras, donde entrevistó a dos jóvenes autores de allí, y me invitó a participar. Vi parte de la ciudad, fue a la vez trabajo, literatura, amistad y tiempo compartido. No digo más porque de esto, que es lo realmente importante, ya he puesto y republicado en redes sociales bastante. Lo que sí publicaré pronto son parte de esas palabras que tenía preparadas y que no llegué a decir.

     Igual que la conferencia y presentación, que fue un momento mágico. Sí, presenté a Liseet, ella dio la conferencia tan interesante, cerramos el acto, ¡fue estupendo! Entre los presentes estaba la poeta, entre otras muchas cosas, Berbel, quien anunció que muy pronto presentaba su obra de poemas a autores alemanes con ilustraciones propias a cada uno, y con la que conversé de Hölderlin un poco, todo un placer. 



     Después nos tomamos unos buenos cafés colombianos, es que Liseet me llevó a muchos sitios, y yo soy muy cafetero... ¡Ay, qué buenos! No me imaginaba Las Palmas así, con tantas posibilidades. De noche deambulé un poco por la zona de Triana, que tenía muy cerca. Llevo años arrastrando insomnio, eso de dormir poco lo tenía asumido, una cuestión que sabía que cambiaría a mi vuelta, ya lo dije, este viaje suponía mucho para mí en muchos aspectos, era cerrar y abrir ciclo. Seguramente ya había sucedido, pero, incluso con un verano entero en medio, no estaba del todo consciente. Y yo lo sabía. Que ese viaje era una manifestación, una concreción de ese punto de inflexión en mi vida que empezó a finales de mayo. Y, de hecho, ha sido así. Porque regresé y ahora estoy recuperando sin proponérmelo hábitos de sueño. Estoy ahora algo pachorrón, y es normal, porque encima es principio de curso, no se me ve de momento al ritmo que llevaba en redes sociales porque ahora... ¡duermo! ¡Por fin, qué bendición! Por eso he tardado tanto en escribir esto.




TERCER DÍA: 

SÁBADO, 19 DE SEPTIEMBRE



     Liseet seguía teniendo planes para mí, eso ya lo sabía, estaba agendado, pero lo importante, el día anterior, ya había sucedido. Así que me alegré mucho por ella si esa mañana descansó. Si me pongo en su piel, con los nervios de tantos eventos y cosas que hacer, y encima yo ahí, no me extraña. Y yo, aunque había dormido poco, dormí muy bien y me levanté temprano. Así que guagua y a la playa, a Las Canteras, paseo terapéutico y tranquilo.



     Por la tarde nos desplazamos a Villa de Moya, una localidad en altura, el paisaje espectacular. Fuimos con Teresa Santana a la entrega de premios "Tú eres mi héroe", también lo he documentado en redes. Una lástima no haber tenido la ocasión de probar los famosos suspiros de Moya y una sorpresa que allí haya un Museo del Betis. De verdad, un paisaje natural y el propio pueblo preciosos. Y después, de nuevo en Las Palmas, estuvimos los tres con el grupo que conocí en el mexicano, y Luis Alberto Serrano me regaló su novela Las tres reinas, que espero leer y reseñar pronto. Y deliciosa la cachapa venezolana que nos tomamos allí.

     Volví a dormir poco y muy bien, a la mañana siguiente, a las 7, salía mi vuelo de regreso. Tenía muchos planes para ese domingo ya en Sevilla, aparte de deshacer la maleta, porque al día siguiente daba clases y conocía mejor a mis grupos, porque estaba en muchos proyectos de lectura y literarios, pero esos planes no se cumplieron, y no pasa nada. Recuperé el sueño, me ha costado una semana o más recuperar mis ritmos, he estado algo cansado estos días, pero muy bien. Este artículo, y el siguiente, los tenía pendientes, y también está pendiente algo mejor y privado: todas las reflexiones que me traje de allí y quiero escribir para mí, aprendizajes y propósitos. 


sábado, 26 de septiembre de 2026

"EL OTRO RELATO", DE JOSÉ LUIS BURGOS. IMPRESIÓN LECTORA.

 



En los tantos foros sobre literatura que hay en las redes, y también en los mentideros, se usa bastante la palabra género. Se hace para luego referirse al thriller, la novela negra, la gótica, la romántica (de ahora), la de fantasía (de ahora), el romantasy y así. Vamos, en realidad aluden a subgéneros, y bastante pautados, los géneros son tres si hablamos grosso modo. Igual que cuando usamos calorías para las kilocalorías, hay prefijos que se sobrentienden y sobran.

     No me equivoco mucho si digo que uno de los puntos en común entre José Luis Burgos y yo es la despreocupación por que nuestras obras encajen en el molde (sub)genérico, y creo entender por qué. Y que conste que yo no tengo nada en contra de los subgéneros tal cual, han existido de siempre y lo he comentado ampliamente en otras ocasiones. Qué digo yo, la novela pastoril o la picaresca del XVI y el XVII o la realista del XIX, todos estos subgéneros han dado grandes obras. El mismo Cervantes estuvo en ello, con su Galatea, sus Novelas Ejemplares o su Persiles. Aunque, si bien lo piensas, triunfa con la parodia de uno de estos géneros en boga, y resulta que fue más que una mera parodia. Pero somos de la generación que somos, no creo que Camus con El extranjero, Benedetti con La tregua, Cortázar con Rayuela, como muchos otros, estuviesen demasiado preocupados con el encaje genérico de sus obras, ni tampoco que salirse de ningún molde fuera uno de sus objetivos al escribir. Escribieron, y ya está. A nuestro nivel y en nuestra época, toda una faena eso, especialmente a la hora de dar a conocer la novela y promocionarla.

     José Luis Burgos acaba de publicar El otro relato. Hace un día, ¡ayer!, el 25 de septiembre. En su pre-promoción, he creído verla clasificada como thriller, puede que me equivoque, no lo juraría pero estoy bastante seguro. En Amazon, se enmarca como de suspense psicológico y esta etiqueta, si hay que ponerle alguna, me parece mucho más acertada. Y no solo como etiqueta: lo psicológico es un elemento que José Luis Burgos maneja muy bien. Ya lo demostró con creces en La penumbra del eclipse. La memoria... La memoria, de otra manera, vuelve a ser un elemento fundamental en El otro relato. Y no solo la memoria: el efecto del paso del tiempo, las representaciones internas de uno mismo y los demás, la imaginación que suple identidades, momentos, intenciones, motivaciones, actos y los mismos recuerdos. También palabras desconcertantes, un tanto encriptadas, que deben ser descifradas en mensajes, llamadas, correos electrónicos y conversaciones cara a cara. 

     Una pregunta inquietante parece residir en estas páginas: ¿somos una historia que construimos nosotros mismos y también las historias que construyen los demás acerca de nuestra identidad?¿Lo que se deduce de nuestra imagen, de nuestras palabras, de lo que se consigue imaginar de nosotros atando, bien o mal, los cabos disponibles, en el tamiz de la personalidad y las vivencias de esos otros? ¿Somos lo que sentimos que somos en soledad y en nuestras interacciones?

     Espacios reales (Madrid, Montevideo, San Sebastián, ...) y uno virtual que parece engullirlo todo: un foro de internet donde sus integrantes charlan sobre música y literatura. Este foro será la raíz de gran parte de la historia de un Mario al que, en El otro relato, le vendrán de vuelta de manera a veces irreconocibles sus propias palabras que dejaron su rastro allí, casi como actas levantadas o un diario hecho público, no de hechos, sino especialmente de sensaciones y emociones que el tiempo difumina pero que regresan con distintos ropajes. Unas palabras que Mario conoce en su origen e intención, pero no en la interpretación, impacto y repercusión en los demás. Y los hechos, la realidad, ¿son lo que son, o son lo que vivimos, cómo lo vivimos?

     El otro relato nos sitúa ante un Mario ya maduro, con sus hijos ausentes, más o menos independizados, y en una relación matrimonial desgastada, que parece moribunda o, al menos, que pide auxilio. A medida que se desarrollan los acontecimientos, envueltos en un halo de misterio que, en cierto modo, sí provoca una atmósfera propia de los thrillers, esta relación con su mujer Elena se va desarrollando en ondulaciones, silencios y conversaciones, y no es un tema menor en la novela, está en primera línea. José Luis Burgos, en su ficción, nos hace reflexionar sobre esa etapa de la vida, el vacío de cuando los hijos se marchan y lo que queda, que podría ser la ausencia de una rutina que pareció sostenerlo todo y la ausencia en presencia de uno con otro. Confieso aquí, en la subjetividad que tanto caracteriza a este blog, que precisamente el capítulo 23 es el que más me ha gustado, algo muy previsible teniendo en cuenta lo que suele tocarme a mí, a mi sensibilidad lectora, mi tendencia a la vinculación del yo con las relaciones románticas y de pareja.

     Este Mario lleva años metido en el foro al que antes aludí. La escritura como forma de desahogo y de entenderse a sí mismo es una de sus mayores aficiones. Palabras para sí, pero también palabras que se comparten y que en el momento parece inofensivo hacerlo. Pero no lo es. Su relación laboral con Vera, los movimientos de una forera y lo que sabe y no sabe Elena se remueven en esta novela plagada de frases que te dejan pensando, como esta: Lo que decía no encajaba con nada de lo que él recordaba (p. 107), esta: ... hay cosas que terminan cambiando cuando se recuerdan demasiadas veces. Y algunas cambian precisamente porque necesitamos que lo haga (pp. 174, 175), esta: A veces hacer que algo encaje también tiene un precio (p. 187), y tantas otras. Frases de por sí preñadas de pensamientos evocadores en cada cual y que, en mi caso, muchas de ellas me han parecido resonantes con las mías propias, en otro estilo, en otro tono, que aparecen en mi novela Amae pop blue y que, al ser dichas por otro, con otras palabras, en otro estilo, en otro tono, me las devuelve con muchas más aristas. No puedo dejar pasar, aunque es solo una simple anécdota, que la alusión a El diablo cojuelo me ha trasladado a mi adolescencia, a cuando tomaba libros al azar de la biblioteca de mis padres, esta obra de Luis Vélez de Guevara fue una de mis primeras lecturas serias y si la mencionan a mí me alegran el día.

     El otro relato es otro relato de José Luis Burgos, y ese otro tiene mucho sentido. Reconoces su estilo narrativo, pero no se repite. Cada una de las obras de Burgos es diferente de las otras, todas sin género. Ha sido un placer inquietante haber podido leer El otro relato, un placer pensativo, un placer intelectual, psicológico y literario.




domingo, 6 de septiembre de 2026

"EN ALGUNA OTRA VIDA", DE DAVID J. CALZADO. INTRODUCCIÓN Y "POESÍA PRIMERA". IMPRESIÓN LECTORA.

 


PREÁMBULO PERSONAL

 Puedes saltarte esta sección, sin ningún recato, si lo que quieres es saber de En alguna otra vida, que comentaré en cinco artículos, este es el primero.

Acercarme de una vez a la poesía de David Calzado ha sido una espina que he tenido clavada durante unos seis o siete años. Mi situación de bloqueo ha sido bastante dura en sus causas, entre las que se encuentran, entre otras, la económica y, muy especialmente, la emocional. De un tiempo a esta parte, se me ve muy activo en redes sociales y en el ámbito literario, como escritor y como lector. Seguramente, a fecha de hoy ya habrá alguno que eche de menos un unboxing de los míos, y un simple vistazo a este blog dará cuenta de mi ritmo de publicaciones: aquí, sobre todo, impresiones lectoras y reflexiones varias. Y, precisamente, un vistazo a este blog también hablará de un hiato muy llamativo, un silencio de años por aquí que no es otra cosa que un reflejo de ese bloqueo, si es que la oscuridad y la ausencia tienen capacidad de reflejar algo. Internamente, esta oscuridad que, como un agujero negro, me absorbía energía y vida por momentos, me impulsó de una manera bastante extraña a escribir y, más tarde, publicar a coste cero por mi parte, una novela, aprovechando también el insomnio inmisericorde que padezco y que ahora ya soy capaz de mitigar poco a poco. Convivir con la tristeza, la soledad creciente, la culpa y, sobre todo, con un miedo perenne que enciende a diario la alarma de emergencia, no ha sido fácil; no he tenido más opción que priorizar batallas y mirar a otro lado ante eventos y comportamientos diarios de lo más normales que a mí me fueron vetados durante un tiempo muy prolongado y que, desde fuera, seguramente se habrán atribuido a un carácter desapegado o a una forma de ser demasiado distante o indiferente y no a mi sostenimiento en la cuerda floja de una psique en modo supervivencia.

    Más cerca del presente, también es que yo me emperré en comenzar por el principio con la obra poética de David Calzado, una decisión que ha retrasado más tener sus versos ante mis ojos. Y esta vez no ha sido por esta manía mía de pasar por lo anterior antes de llegar a lo siguiente; yo suelo ser incapaz de saltarme los preliminares, prólogos, introducciones y estudios previos de los libros que me leo, actitud que ayuda a desestimar la sugerencia de saltarme las palabras previas a esta obra, que el propio David Calzado hace, en Sobre esta poesía reunida, siendo mi interés por escuchar la voz de este autor el motivo principal para desoírla. En realidad, el título de su primera obra publicada, Planto de Gilgameš, ha sido el único motivo. ¿Y podría haber sido de otra manera? La cultura sumeria, tan estudiada por mí, esa gramática sumeria de Lara Peinado, el Gilgamesh de la edición de Mitchell y en sí mismo, arrastran mis ojos hacia ese poemario. ¿Cómo no, con ese título? De hecho, las alusiones a Sumer se dan cada cierto tiempo en mi novela, Amae pop blue; para empezar, en el título de sus segundas partes, Algunos viajes por el nam-tar, y si te fijas en la portada de su segundo volumen, verás tatuados en el brazo de la guitarrista caracteres cuneiformes. En otro blog, llamé la atención sobre el paralelismo y contraste entre Adán y Eva y Enkidu y Shamhat; en algunos de mis poemas tenéis a Humbaba o la Lilith sumeria. El caso, entre mi amor por los cabezas negras y su cultura, y que encima Planto de Gilgameš era difícil de conseguir, pues mi decisión de empezar por él se hizo más intensa: doble magnetismo, tener una edición “rara”, descatalogada, y el Poema de Gilgamesh de trasfondo. Se intentó, y ese intento llevó a una espera a la postre infructuosa. Así somos los Aries: impulsivos y con la necesidad de hacer las cosas solo a nuestra manera.

    Ahora, ¡al fin!, tengo en mis manos En alguna otra vida, que reúne sus cuatro primeras obras, todas las publicadas hasta 2022. Ya sabéis que, más que reseñar, traigo a este blog mis impresiones lectoras. Lo llamo así porque son eso: este blog es personal, ¡mirad cómo he empezado!, y traigo, por tanto, mis impresiones. En realidad, este nombre de impresiones lectoras, no del todo eufemismo de reseñas, lo provocó una "reseñadora profesional" que se quejaba en Instagram del mal uso que daban tantos a esa palabra. Era tan técnica en sus motivos que le di la razón pero, al mismo tiempo, se activó ese mi Unamuno interiorizado que sale en casos así: si él, ante críticas similares, llamó nivolas a sus novelas y drumas a sus dramas, pues yo llamo impresiones lectoras a mis reseñas, y ya vamos listos.

    Dado que En alguna otra vida reúne varias obras, no me ha parecido adecuado redactar una sola impresión de ella. Me parece más apropiado respetar cada trabajo poético y dar mi impresión de cada uno por separado. Así que, hoy, comentaré En alguna otra vida en general y después los poemas que hacen de apertura, Poesía primera. Nos centramos, entonces, y nos preparamos para mi deseado Planto de Gilgameš, mi siguiente lectura de la poesía de David Calzado que ya he comenzado. De alguna forma, en lo que hace a estas entradas de blog, inicio una serie. Si he esperado tanto para al fin leer a David Calzado, la lectura pausada y libro a libro de manera independiente me las va a hacer aún más deliciosas.


EN ALGUNA OTRA VIDA


    En alguna otra vida, de David J. Calzado (Editorial Alegoría, 2022), reúne su trabajo lírico hasta ese año. Aparecen sus obras ya publicadas previamente (Planto de Gilgameš, de 2011; Cuaderno de costa, de 2016; Malas artes, de 2017), precedidas por su Poesía primera, que comentaré más abajo, y culmina con la primera publicación de Los espinos (2022). Su subtítulo, Poesía reunida (2000-2022), nos da cuenta del carácter de un libro muy elegante en su edición, de aparente sencillez con bastante detalles muy cuidados por Alegoría, reflejo, sin ninguna duda, de su contenido. No todo es poesía en la acepción más común del término, la prosa poética y los aforismos tienen cabida aquí, pero sí es todo poesía en realidad, si bien se mira. Una poesía muy selecta y depurada, que además trae la emoción de poder contemplar todo un proceso de evolución poética en un solo libro. 

    Voy a recalcar, como aviso, que lo que hago aquí es dar impresiones personales de mis lecturas, una advertencia que en el caso de la poesía se hace más necesaria que en el resto de géneros. Imagino que en mi expresión puedo tener cierta pose de experto, y no lo soy; comentar poesía entraña bastantes riesgos, soy consciente; algunos por omisión, al no percatarse uno de claves, tendencias, significaciones o intenciones, y también fallos de interpretación. Un riesgo que se transforma en temor si sabes que el propio autor puede estar leyendo esto. Además, si bien es cierto que he tratado de leer con sosiego, con reposo de ánimo, y con tiempo, y de manera reiterada cada poema, es patente que es necesario eso mismo más adelante en otras tantas ocasiones para llegar a ciertas cotas de profundidad de una poesía como la de David Calzado. Por eso no quiero que se pierda la perspectiva de que estas son palabras de un lector que gusta de la poesía y ha leído con ánimo de disfrute y nada más, y viene aquí con ánimo de expresar ese gozo, y nada más.

    Lo que llevo leído hasta ahora es Poesía primera y buena parte de Planto de Gilgameš, aparte del irresistible hojeo inicial, un ojeada también lenta y pausada, con paradas por llamadas de atención en esa aleatoriedad. Y mi impresión general acerca de su poesía, a la espera de mi artículo final donde hablaré de toda la obra con más conocimiento de causa, es que me encuentro ante unos poemas, de un lado, de referencias personales no del todo desveladas (no explicadas, asomadas) y, de otra, con capacidad concentrada de estimular sensaciones, percepciones e interpretaciones de la vivencia, pensamiento o emoción, o todo ello junto, así como el manejo de la sugerencia, de modo que su mejor lectura es pararse en cada poema un tiempo. Por ejemplo, y esta es sugerencia mía, leerlo, cerrar los ojos y dejar que evoque, volver a leerlo. O bien volver a él pasados varios días para permitir que te susurre. A esto me refería en el unboxing cuando mencioné que era poesía de calidad, sin que con ello la niegue a la poesía de impacto, más explícita o de cualquier otro tipo ditinta a la de calado.


POESÍA PRIMERA


    En alguna otra vida comienza con Poesía primera. No se trata propiamente de un poemario, sino de un total de seis poemas que "fueron publicados exentos en los libros colectivos Cualquier tiempo pasado fue (Igriega, 2001) y Aquí y ahora (Cronopio, 2008)", según nos revela el propio autor (p. 9). Al tratarse este libro de un volumen de poesía reunida, son por lógica las composiciones que deben aparecer en primer lugar al seguir un orden cronológico (al menos de publicación). Pero, dejando aparte esta razón tan obvia, funcionan como una verdadera apertura, contribuyendo así a que En alguna otra vida posea identidad propia. Sabemos que estamos ante los versos de un poeta joven, que funcionan como punto de partida y operan como presentación del autor aún en el zaguán, un autor selectivo y con un estilo marcado y consciente, elegante y sensible. Un estilo muy personal en el que se aprecia el influjo de Cernuda.

    Si en los dos primeros poemas y en el quinto la experiencia amorosa se proyecta a la de vivir, la de ser o, más bien, estar siendo, tanto esos mismos poemas como los otros tres nos traen impresiones y una multiplicidad de significados simultáneos en el uso medido de las palabras. No se puede afirmar que el amor no se halle en los poemas tercero, cuarto y sexto, pero entonces se estaría sugiriendo de manera muy sutil.

    Son seis poemas exquisitos, donde tanto la luz como el mar se hacen muy patentes, así como el sentir del tiempo en el presente (las estaciones, los momentos del día, los instantes o los ritmos). La luz llega muy blanca, y contrasta con la oscuridad o con lo gris. Me ha parecido que esa oscuridad se halla en lo interno, envuelta por una luminosidad cálida y fresca a un tiempo. Por otro lado, tienen la capacidad de hacer aparecer lo más cotidiano sin pérdida de esa exquisitez formal y conceptual, sonora y emotiva.

    En definitiva: poemas en conjunto de tono plácido en su apariencia, que revelan al trasluz inquietudes, contrastes, percepción de vibraciones externas e internas. Así empieza David Calzado su andadura poética, con versos evocadores de alta dotación de significados, un manifiesto de los pies en la tierra de quien ya sabe volar. 


 

    

    

miércoles, 26 de agosto de 2026

"TE LO CUENTO BAJITO", DE TOÑI MAGDALENA. IMPRESIÓN LECTORA.




Cuando te enfrentas a reseñar un libro de cuentos breves y microrrelatos, sabes que en este caso el espóiler puede venir al indicar el título de este o aquel microcuento o las páginas enunciando rasgos o diferencias; esa guía va a matar al texto. Creo que en las anteriores impresiones lectoras de este tipo de libros lo hice de un modo que mantuviese la incógnita y la sorpresa. En el caso de Te lo cuento bajito, me abstendré de dar esas referencias, a la espera de que en tu lectura descubras cuáles de sus 110 cuentos cumplen cada característica que voy a dar a continuación de esta obra tan lúcida y profunda, tan sorprendente y tan variada. Lo es de tal forma que nunca sabes cómo va a ser el relato siguiente. Solo me referiré a cuentos concretos para expresar cuáles han sido mis favoritos o me han impactado más; ahora bien, sin desvelarte de qué tratan. Pero antes de continuar o, mejor dicho, de empezar: ¿te has leído la entrada anterior a este artículo? Es un microcuento mío inspirado en este libro, así que se trata de un complemento. Venga, vamos a hablar ya de Te lo cuento bajito. Una colección de 110 relatos y microcuentos que combina diferentes tipos de lenguaje, vivos, ardientes, de elegancia susurrada en forma y fondo.

     Publicado en 2025 por Sueños de Papel, sumergirte en Te lo cuento bajito supone, en primer lugar, empezar a reconocer desde el principio la voz narrativa de la autora, que por lo general tiene una cadencia confesional y al mismo tiempo resuelta, como la que acostumbra a contar cuentos e hilvanarlos. Su voz baja, la cadencia suave que se anuncia en la página 5 para hablar de la autora, te hace presagiar bastante mal lo que te vas a encontrar. Somos seres que tendemos a poner etiquetas, por desgracia, y mis expectativas acerca de este libro, que compré ilusionado con anhelo de ternura, de arrullo tal vez, muy pronto se vieron gratamente superadas, apenas avancé unos pocos relatos. Y es que, en segundo lugar, Te lo cuento bajito te cuenta muchas cosas, muchas, tiene una variedad en temática y de enfoque entre cuento y cuento que, de verdad, no me esperaba en absoluto. También su edición tan particular me ha llamado la atención, me parece curiosa y una preciosidad, como en los diarios personales en ocasiones, con apariencia de artesanal. Es un libro especial, eso está clarísimo.

     El libro como tal se presenta a sí mismo como una pequeña joya preciosa de intimidad, tal vez como esos cuadernos personales de los que se habla antes de comenzar las narraciones. También apunta a la caricia reconfortante, a una compañía cercana, silenciosa, que no necesita tocarte para que la percibas, a un susurro ofrecido a tiempo, a desintoxicación. Ahí estaban mis expectativas, que no eran pocas ya. 

    Comenzaba, así, su lectura, dándome cuenta de que son historias originales. Percibía la cadencia de recogimiento a la altura de su sexto relato, pero ya observaba que eran bastante particulares. También percibía el muy buen uso del no decir, de la sugerencia, del silencio que se entiende. Después, vi que también hilaba con soltura la ironía y el hacerte creer lo que luego no es, a veces resulta ser lo contrario. Y la ambigüedad lingüística, haciendo que pienses una cosa para luego resultar ser otra. 

    Toñi Magdalena, aquí, en estos cuentos tan breves que a veces no superan los tres párrafos, es capaz de conjugar dos, tres y hasta cuatro motivos (temas) en la misma trama, esto lo hace casi siempre, y me parece de una gran maestría. Aparte de esto, voy a destacar otras características que me resultan muy propias de sus relatos:

1. La sorpresa (a veces es más de una) no solo te la puede dar al final, sino hacerlo de manera sucesiva en un mismo cuento: dos, tres, cuatro giros a lo largo del relato.

2. Maneja de manera muy resuelta todo tipo de narrador, tanto el omnisciente como el narrador-protagonista en primera persona, y también el narrador-testigo.

3. Como he dicho antes, el uso consciente de la ambigüedad, pero también los finales no explicados, que el lector puede suponer o imaginar.

    En cuanto a la temática, es muy, muy variada. Es cierto, muchos de sus cuentos son recogidos, íntimos, esos no faltan. Pero los hay de otro tipo. Algunos son mini thrillers o de terror psicológico. Otros, muy emotivos. Otros, anecdóticos, que te hacen sonreír. E incluso los hay líricos, cercanos al poema y a lo personal. Pueden ser crudamente realistas, igual ceñidos a lo rutinario de la cotidianeidad contemporánea que fantásticos, igual tienen de protagonista a una persona común que a gente de alto standing o lejanos a nuestra realidad. Puede aparecer el elemento sobrenatural y el místico, haber toques de ciencia-ficción. Y lo mejor de todo, es que por lo general lo combina en un mismo texto. Por ejemplo, qué digo yo, puedes encontrarte con un cuento emotivo y fantástico a la vez, luego con otro de desengaño amoroso, misterioso y con elementos paranormales. Algunos relatos son de cronología más o menos extensa, pero otros recogen un instante. Alguno hay un poco erótico; alguno queda desolador y desesperanzado; muchos son cadenciosos, como la caída de una hoja en otoño, pero otros son chocantes, e incluso los hay con cierto aire a película de Alfred Hitchcock. 

    Como se ve, con tanta variedad entre cuentos y dentro de cada cuento, es imposible dar generalidades porque no las puede haber. Pero sí tendencias, especialmente para esos relatos que hemos dicho que son íntimos y recogidos. Y es que el amor, en amplio sentido, parece latir en Te lo cuento bajito. De muchas maneras, claro, pero especialmente en su desgaste y en su decepción, tantas veces por inacción del personaje masculino. Podría encontrarme en ocasiones con la sensación de cierta protesta contra la rutina emocional que mata el amor en las relaciones. El desinfle del amor, la decepción, el cariño esperado y que no llega, no se manifiesta. Un reclamo de cercanía en cuerpo y alma, que puede no llegar, o huir o desvanecerse si ha estado antes, y aparece en muy distintas posibilidades en bastantes cuentos aquí. Ese tono entre melancólico, de anhelo de lo que se tuvo o lo que se esperaba como natural, y de decepción que puede llevar a la separación mediante diferentes métodos o con esa separación ya dada, aparece mucho en Te lo cuento bajito. Ese sabor de los rechazos explícitos o implícitos (por carencia, por falta de gestos), heridas emocionales, toxicidad que puede llegar a la violencia en las relaciones y su resolución en el relato, o ya solucionado de antes, se expresa de muy diferentes formas, explorando distintas posibilidades con todo ello. 

    Ahora no es plan de decir si este o aquel es mi favorito, porque me ha gustado mucho el libro entero. Destacaré, venga, algunos sin desvelar de qué tratan, e indicaré su número, omitiendo el título. Solo daré uno al final, un título, porque quiero hablar de él, del título, y lo comentaré un poco sin mencionar su tema. Destaco, entonces, el cuento nº 7 (¡Vaya, vaya!, me dije al leerlo, sin saber que anunciaba a otros que vendrían después), el nº 9 (por lo que entra de a poquito sin que te des cuenta), el nº 18 (mi comentario: ¡Ostras con este relato y su final!), el nº 20, el nº 22 (porque fui capaz de asociarlo al cuento de otra autora a la que leí hace poco), el nº 27 es extraño por cómo maneja al narrador, el nº 50 por emotivo (al igual que el 58 y el 60), el nº 51 por hacerme sonreír (sí, también los tiene graciosos, como el nº 11, entre otros más), el nº 63 (mi comentario: ¡Guau! ¡Qué tremendo!), el nº 79 (cercano a un poema), el nº 84 (calificado por mí mismo de "muy yo", conjuga tres elementos a la vez, elementos que no puedo desvelarte), el nº 93 (comentario simple y revelador: ¡Ostras!), el nº 96 (Muy original, sugerente y sorprendente) y el nº 103 (Tierno y chocante a la vez). Estas son simples preferencias personales, a cada cual le podrían atraer estos u otros, y lo reflejo porque observando mis comentarios doy fe de la diversidad y la calidad de estos textos.

    De muestra un botón, dejo aquí algo más por extenso mis comentarios a uno de ellos, el nº 65, titulado Una larga fila de novicias: El título ya es sugerente de por sí, sin necesidad del texto al que da nombre, por sí mismo suscita historias en la cabeza de muy diferentes tipos. Después, que la historia es muy sorprendente, desde luego: los choques al lector se encadenan hasta el final.

    Un verdadero placer ha sido la lectura de Te lo cuento bajito. ¡Qué acierto! Te lo dice un tipo acostumbrado al sollozo y amante de la música, este libro es una verdadera sinfonía que tiene partes que suenan a adagio. 

     

"LA PÁGINA DESCIFRADA". UN MICRORRELATO INSPIRADO POR "TE LO CUENTO BAJITO", DE TOÑI MAGDALENA.



LA PÁGINA DESCIFRADA

 Me gusta pensar que los libros, como entidades vivas, son como nosotros, como los humanos: con su propia personalidad, sus ganas de vivir, de llorar, de vibrar o de apagarse. Y muestran su belleza única, o la ocultan para que tú la descubras. También tienen defectos, todos, y algunos son ajenos a su voluntad y su razón de ser. Errores de edición, de maquetación, en la tipografía o una simple coma que, mal puesta, le cambia todo el sentido a una frase o incluso al texto entero. Como nosotros, que también tenemos defectos, y algunos no han sido por nuestra culpa. Como nosotros, que podemos ser la coma mal puesta en la vida de otra persona, incluso la más querida. 

     La magia viene cuando el fallo, el lapsus, el olvido, el error, abre posibilidades felices. Tal vez, la frase corrompida por esa coma desplazada y fuera de sitio ofrece un significado mejor, diferente, inspirador, genial.

     Imaginó que había sido eso, un error de edición. Pero encontrarse la página 150 completamente vacía, en blanco sin necesidad, fue algo así como una serendipia para Nélida. Le sobrecogió, primero, que siguiera a un cuento cuyo título era Sin poder hablar, esa página era el verdadero final del relato. Y luego se transformó en otra cosa muy distinta: una invitación amable para que ella, la lectora, escribiera allí su cuento, algo que haría. Una historia preñada de significados, donde una escritora insistía en que la segunda edición de su libro de cuentos volviera a aparecer con la página 150 en blanco sin necesidad. Su sonrisa iluminó sus ojos, y ya pudo pasar a la página 151 para continuar la lectura esperanzada.

sábado, 22 de agosto de 2026

"CARLOTA, ALEJO Y LA EXTRAÑA AZAFATA", DE RUTH ROMÁN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Carlota, Alejo y la extraña azafata (2020) es una comedia en tres actos escrita por Ruth Román, quien ya en 2017 había publicado dos obras narrativas: Los abubillos, una novela, y Diega y otros relatos, una colección de nueve cuentos, la mayoría muy breves. He reseñado en este blog ambas obras, podéis consultarlo pinchando en el título de cada una. Es decir, la autora ha explorado tres maneras diferentes de desarrollar historias: la narración larga en su novela, las narraciones cortas en sus cuentos y el teatro en este caso. Este dato, junto con el hecho de que su temática es muy distinta a sus libros anteriores, al igual que los nueve cuentos de Diega y otros relatos son diferentes entre sí, confirma lo que señalé acerca de la expansión de su mente imaginativa y creatividad, así como de su vocación de escritora. Por otro lado, la mayor conexión entre esas obras está en su estilo, muy propio, dinámico, vitalista: uso fluido de un lenguaje perspicaz y vivo, la selección de los nombres propios de los personajes, un humor inteligente y un sentido de la ironía bastante fino, así como, y sobre todo, la forma de mirar a sus personajes, de hacérnoslos ver y el tratamiento entre ellos. Con tan solo tres obras, y no muy extensas, me reitero en la idea de que Ruth Román despliega un universo literario propio bastante entretenido, humano, cercano y profundo; sin embargo, no observamos esa ambición mal entendida de postureo autorial o de sobredignidad autoinducida, creída, que por desgracia se ve en otros escritores; tal vez la mayoría, yo incluido, hayamos caído en eso aunque solo haya sido por un día. Lee alguna de sus obras y dime si me equivoco o no: al leer a Ruth Román, lees a una autora que desea, como prioridad, desarrollar sus historias de una determinada manera, dar vida a unos personajes y unas posibilidades en sus tramas. Pero vayamos ya a Carlota, Alejo y la extraña azafata.
     Como ya he dejado reseñado en Amazon, Carlota, Alejo y la extraña azafata es una comedia que me encantaría ver representada. Es, de un lado, muy divertida, yo creo que es aquí donde el humor de Ruth Román corre más libre, especialmente por los diálogos y el trasunto de la propia trama. De otra parte, es muy original, en su idea fundamental y en su desarrollo. Es un tanto de enredos, te va llevando de sorpresa en sorpresa. Así que, sus características fundamentales tienen que ver con lo que acabo de mencionar, con su originalidad, su dinamismo y el entretenimiento y buen humor que nos deja como lectores/espectadores:

1. Una historia muy original con giros inesperados, se disfruta de todo el texto de principio a fin.
2. La caracterización de unos personajes muy peculiares, muy bien perfilados.
3. El lenguaje de estos personajes al hablar entre sí, los relevos sorprendentes que se dan en sus interacciones verbales, el cambio de foco de uno a otro dado por el propio diálogo (aquí no hay narrador, obviamente, aunque de las acotaciones también habría que hablar, pues cumplen su función de muchas formas). Con lo de cambio de foco quiero decir que tú, como lector/espectador, no puedes decidir quién es protagonista, vas empatizando con uno y con otro, o distanciándote de uno u otro, a medida que se desarrolla la obra, y se te da la visión de unos sobre los otros. Los equívocos pueden venir del propio lenguaje, que es muy característico además por un elemento del argumento que no puedo desvelar, aunque, más que equívocos (que uno no haya entendido bien a otro), son los juegos con los vocablos, las fórmulas y las construcciones que hacen a propósito los propios personajes. El poder del lenguaje, su capacidad de crear realidades, ¡vaya!, aparece en esta comedia, así como su uso para mover voluntades ajenas. También la ironía que se lanzan unos a otros, casi siempre entendida por el interlocutor, y siempre por el lector/espectador.
4. Giros constantes, sorpresas, enredos, tensión dramática (cómica, en este caso) que no se pierde en ningún momento.

     Tampoco es una comedia muy extensa. Se nota que su intención, entretener, hacernos pasar un buen rato de maneras inteligentes, se cumple sobradamente, sin mayores pretensiones ni ínfulas. Hablo de las pretensiones, porque cuestiones profundas las hay, pero no están dadas al servicio del argumento o como puntos clave a propósito en primera línea, sino que, en mi opinión, vienen solas, de la propia forma de ver el mundo y la literatura de la autora, de su cosmovisión de las personas y sus relaciones, y no de manera directa, no en este caso. Esta vez, y esto es lo que tiene haber leído sus obras anteriores, Ruth Román no parece haber querido construir ningún personaje con el que ella misma empatice al cien por cien o quiera que lo hagamos nosotros. Son personajes con los que reír en esta comedia, y su propia personalidad se ha puesto a ese servicio. Y, sin embargo, ¡vuelven a ser tan distintos unos de otros, con un lenguaje propio tan definido, tan inteligente y tan tonto cada uno a su manera...!

     ¿Y de qué trata? Pues esta es una cuestión que no se puede desvelar demasiado si no quiero chafarle la obra a los que lean esta impresión lectora. Así que acudo al título y a la brevísima sinopsis que la autora ha dejado en Amazon. A ver, el título da pistas. En primer lugar, si hay una azafata debe haber un vuelo, tal vez un aeropuerto o el interior de un avión constituyan el escenario. Luego, se nombra a tres personajes, así que al menos habrá tres, Carlota, Alejo y una azafata que nos empieza a dar mala espina al ser calificada de "extraña" y, si eres de los que les da importancia a la portada, por la cara de la azafata que aparece en primer plano. La idea fundamental es que dos pasajeros de avión van a tener que plantearse sobrevivir en un vuelo sin piloto con una azafata desequilibrada. Ahí es nada. Y confirmo, como la autora indica en Amazon, que no, que en este vuelo nada es lo que parece.

      Y, ya que estoy en Amazon, que es donde puedes adquirir esta comedia (solo en Kindle, que yo sepa), leo el comentario de una usuaria allí, que dice que le ha gustado mucho el libro porque le ha recordado a la lectura de una novela clásica, y creo entender por qué lo dice, y además, lo he apuntado ya en este artículo. A ver, más que novela clásica, yo diría teatro clásico, entendiendo ese clásico de una manera relajada, como si dijéramos los de toda la vida. Es, en mi opinión, por su estructura (en tres actos, escenas, ...), el uso de las acotaciones, los enredos y las sorpresas, el lenguaje, su intención misma. Ahí coincido con esta usuaria. En lo demás es bastante moderna. También señala que es cortita y muy amena. Sí, es breve, es agradable en ese sentido porque no incluye nada de relleno. Es sencilla en ese aspecto, está dirigida a un objetivo (desarrollar la idea mientras entretiene) en un estilo y con unas pretensiones muy definidas. Y sí, es muy amena, eso es verdad.
    
     Tendría que haber terminado el artículo en el párrafo anterior, parece que todo lo que se puede decir de la obra se ha dicho. Pero aquí estoy yo con mis movidas, qué le vamos a hacer. Y es que justo ahora me ha venido a la cabeza que en la novela Los abubillos el cine y el teatro son importantes. Me acabo de acordar de Ignacia Comino y la compañía Pies Cavos. Al contrario de las profundas y complicadas de entender películas de Lalo Lillo, esta compañía representa en el capítulo XIX de Los abubillos una comedia. Si quieres saber cómo se titula y de qué va, te remito a la novela, pero se menciona: título, género (comedia), número de personajes, y argumento básico, y que es divertida, entretenida, y que gustó mucho a esas almas nobles que habitan en Abubilla del Camino. Esa comedia está en una línea, según se ve, a la que se adscribe Carlota, Alejo y la extraña azafata; si Ruth Román la ha escrito o se atreviera a hacerlo, juntas empezarían a conformar ya un catálogo incipiente de un tipo de comedia muy característico. Así que, pensando en ello, en la propia Carlota, Alejo y la extraña azafata, en los encuentros entre abubillos y no abubillos, y en la mayoría de los cuentos de Diega y otros relatos, creo descubrir una característica creativa de la autora, la de poner a relacionarse e interactuar a unos con otros quieran ellos o no, a generar situaciones que pongan de relieve y saquen a la superficie cuestiones de cada cual. Y esta conclusión me parece muy reveladora.
     Otro pensamiento que se me viene a la mente es la sencillez como valor. No porque las obras de Ruth Román, en este caso Carlota, Alejo y la extraña azafata, sean simples, básicas, ¡para nada!, desde un punto de vista estructural y de tejido son complejas, o más bien completas, con distintos nodos que conectan desde diferentes planos. Me refiero a la sencillez de propósito. En este caso, es entretener, es desarrollar una idea que, por ser comedia, nos va a hacer sonreír y reír y que nadie me va a sacar de la cabeza que la misma autora lo hizo mientras lo pergeñaba, se le venían ideas y lo escribía. Y luego la sencillez, la sencilla y llana idea de completar su escritura desarrollando tu estilo, a tu manera, con tus toques, tu humor, tu visión de las cosas. Lo diré más claro, por si soy yo el que no es sencillo en su expresión. Yo no me imagino a la autora pensando: "Voy a escribir la comedia de las comedias, una obra maestra por la que me darán el premio Nobel". La veo más bien pensando: "Quiero escribir una comedia, esta comedia, quiero desarrollar esta idea, con esta estructura, y sé que lo voy a hacer bien y voy a crear el mundo que deseo crear aquí". Así de sencillo. Una obra autosatisfecha. Ella no te intenta impresionar: desarrolla, deja que sea. Luego sí te puede impresionar, la misma obra, por este motivo o por el otro. Y eso es un valor.
     En otra cuestión en que pienso, y este pensamiento será el último que exponga aquí, lo prometo, es en que esta obra es la última de la trayectoria literaria pública de Ruth Román. Y, como he comentado en otro lugar, me parece una lástima. Lo que quiero decir es que, leídas sus tres obras, no se ve motivo para que no hubiera más. Por ejemplo, un par de comedias como esta, al menos, o más cuentos como los de Diega y otros relatos. Porque talento tiene, y oficio, estilo también, ideas ya se ve que sí (y muy peculiares), es culta y sabe usar vocabulario selecto y construye muy bien enunciados, párrafos, diálogos, ..., y tiene una dirección propia que apunta a una trayectoria posible que, por supuesto, siempre puede evolucionar. Y, sin perder nada de esto, es versátil, ya se ve aquí en esta comedia, en un género distinto de la narrativa. Y pienso que tendría un público al que dirigirse muy prometedor para ella (es mi intuición).
     En todo caso, me alegro mucho de haber podido disfrutar de Carlota, Alejo y la extraña azafata. Me lo he pasado muy bien leyéndola y, por supuesto, te la recomiendo.