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miércoles, 24 de junio de 2026

"LECHUZA BLANCA SOBRE ARGOS", DE MARÍA LUISA REGALADO. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Lechuza blanca sobre Argos, de María Luisa Regalado (Con M de Mujer, 2025), es una novela donde la voz de Clitemnestra nos narra su propia vida y los acontecimientos que giraron alrededor de ella. En este sentido, es una obra muy original, al retomar de este modo el ciclo micénico que ya trataron desde diferentes perspectivas, entre otros, los grandes tragediógrafos griegos (Esquilo, Sófocles y Eurípides), desde la mirada y con la voz de un personaje denostado durante siglos y que aquí se reivindica al contar, simplemente, los acontecimientos de su vida y los motivos de sus acciones. Así, podemos decir que se trata de una novela histórica en la parte que hace a lo que sabemos de la Edad de Bronce y la época micénica, el fundamento histórico y arqueológico es muy firme. Y este es uno de sus mayores méritos, a mi entender: tomar la mentalidad y la estructura social y religiosa de una época tan remota y traerla a la ficción, incluso en lo que nosotros llamamos intrahistoria, con sus rutinas, sus temores, sus inquietudes y sus necesidades, e insertarlo de forma natural en una historia muy interesante que te lleva desde el principio hasta el final muy metido en ella. Está muy bien escrita, tanto en lo formal y lo narrativo, como en lo que acabo de apuntar, y esto lo quería recalcar en primer lugar, antes que otros elementos que hacen de esta obra una novela muy atractiva e inmersiva. Clitemnestra, como narradora, no es estridente en absoluto, es de tono sincero y serio de manera constante. Y aunque expresa el horror y la angustia que siente, no se recrea en ello de forma morbosa o afectada en exceso, deja constancia; y en aspectos como los encuentros sexuales lo deja todo dicho de manera elegante sin necesidad de ser explícita, a veces incluso sin decirlo; la atención se capta por medio de los mismos acontecimientos que relata. Se trata de una época que la autora conoce muy bien, y ahí sitúa a sus personajes y los hace cobrar vida. Por tanto, maneja excelentemente las mentalidades, y esta es una cuestión que elogio, pues el hecho de que determinadas cosas fueran así no resta en su obra el cómo lo asumen y procesan los personajes, que no dejan de ser seres humanos. Esta combinación entre la ausencia de ninguna clase de anacronismo y la vibración de la sensibilidad humana me parece uno de sus mayores logros en esta obra, y por eso funciona tan bien para cualquier tipo de lector que desee acercarse a ella. Por ejemplo, ningún personaje se va a llevar las manos a la cabeza por que exista la esclavitud, las mujeres estén en el gineceo con muchas restricciones de su libertad o se deban hacer sacrificios a los dioses, porque eso era así en esa época, pero eso no significa que no les afecte y sean conscientes, ese contraste está muy bien plasmado en esta obra y humaniza a los hombres y mujeres de esa época, se les da voz aun desde su marco cultural. Eso me ha encantado, cómo lo desarrolla y con qué naturalidad María Luisa Regalado en Lechuza blanca sobre Argos.

                La religión está muy presente, como es lógico, tanto en la realización de ritos como en la forma de razonar y comportarse los personajes. Pero no aparecen los dioses como tales, como personajes, como lo hacen en la Ilíada, por poner un ejemplo. Está en las creencias, las reacciones, las decisiones y la percepción de la realidad, y los acontecimientos que nosotros consideraríamos sobrenaturales, místicos, del mundo de los dioses o de la espiritualidad aparecen como podrían aparecer en una novela ambientada en el siglo XX, no traspasa esa frontera, y eso es otro valor añadido a esta novela, que siendo una recreación e interpretación de un mito sea a un tiempo una novela realista en el buen sentido.

                Por tanto, Lechuza blanca sobre Argos se trata de una novela biográfica, la narradora es la protagonista y nos cuenta su vida desde el principio hasta el final. El hecho de que no se estructure en capítulos, sino que se cuente de manera seguida sin separación en partes de estructura externa más allá del párrafo, me da la impresión de que es así por imitación de las narraciones, en verso, de las epopeyas, intuyo que la autora ha querido plasmar la historia de Clitemnestra contada por Clitemnestra en un formato escrito adecuado a la época de su narración, en las que se harían de manera oral, o a la época clásica que narraba estas historias de la Edad del Bronce ya por escrito. Los diferentes episodios se marcan con el uso de la negrita para la primera palabra que lo va a iniciar.

                Si he manifestado que esta obra ha caído en mis manos en el mejor momento ha sido porque la he leído después de leer a Esquilo, mientras leo a Sófocles y tras haberme visto muchos y muy interesantes vídeos de conferencias de Eva Tobalina, entre otros, acerca del mundo minoico, micénico, los pueblos del mar, las relaciones entre las diferentes potencias de la Edad del Bronce y la tragedia griega. Eso me ha permitido, sin ser experto, en reparar en diversos detalles que me han gustado mucho y que dejaré apuntados más adelante. Y por eso hablaba en otro lugar de los diferentes tipos de lectores que pueden acercarse a esta obra.

                En primer lugar, la generalidad de lectores. Y es que un lector no tiene por qué saber nada de mitología e historia y disfrutaría muchísimo de esta novela. De hecho, la novela sería su primer acercamiento a esa mitología e historia a la que me refiero, y María Luisa Regalado le estaría poniendo muy buena base. En siglos anteriores mencionar a Egisto, Casandra o Clitemnestra no generaría ninguna sorpresa entre la población culta europea, sabrían quiénes son de inicio. Pero hoy en día ese conocimiento general está desaparecido y va remontando poco a poco; tal vez Aquiles, Helena y Troya sea lo que más les suene. En fin, lo que trato de decir es que no necesitas de esos conocimientos para disfrutar de esta novela como novela en sí misma. Es una novela en la que la tensión narrativa y el interés no se pierden.

                En segundo lugar, estarían los lectores con ciertos conocimientos, como aficionados a la historia, la arqueología y la mitología. Aquí, ya nos podemos dar cuenta de muchos asuntos puestos sobre la mesa más allá del interés y la belleza de esta novela (es bella y desgarradora). Para empezar, su contexto histórico, las fricciones y las relaciones entre culturas, el comercio y su importancia; la alusión a la escritura lineal B, la preponderancia de Micenas sobre otras ciudades que en esta época no son lo que más adelante llegarían a ser, como Esparta o Atenas; la especial idiosincrasia de los cretenses que, siendo considerados del mundo helénico, se les observa al mismo tiempo extraños, con la importancia del toro en su cultura y ecos del mundo minoico extinto, y muy especialmente el hecho de que el panteón griego, el olímpico, se está formando e imponiendo a una religiosidad anterior con la que a veces choca, como bien hace notar Esquilo en las Euménides. Al nuevo orden social de las polis le convenía, pero no se desarraiga así como así, y siempre queda algo. El culto a la Gran Madre, que se manifiesta en diferentes culturas de la época tal cual o bajo diferentes nombres, está siendo desplazada por una religión estructurada de otra manera, con jerarquías y preponderancia de los dioses masculinos, de ahí el choque entre Apolo y la Gran Madre, las normas morales de las estructuras de poder y las del pueblo, de ahí la gran contradicción de Orestes en la tragedia griega ya, conminado por Apolo con orden directa para realizar una acción que contraviene la moral más básica y aún más antigua. En Lechuza blanca sobre Argos me ha parecido ver reflejadas a las erinias en las propias sacerdotisas que van haciendo correr la voz del acto horrible. También podemos observar cómo María Luisa Regalado se tiene que definir por escoger entre diferentes versiones, como por ejemplo el papel de Electra o la presencia o no de Clitemnestra en Áulide.

                El tercer tipo de lector lo tengo que inferir, pero por supuesto que existe, y es el lector experto, no aficionado, dado que la autora es una de ellos. Lo único que puedo decir yo al respecto es que ellos encontrarán más matices de los que yo soy capaz y tendrán una experiencia lectora diferente. Les envidio.

                Que sepáis que estoy escribiendo esta impresión lectora sin mirar mis apuntes, que son inmensos. Todo de memoria, es una verdadera impresión. Lo hago así por la propia naturaleza de este artículo, por su extensión, por el tiempo. Son muchos los detalles, y de diferentes tipos, que se pueden destacar. Mucho diría de la caracterización de los personajes, de resortes psicológicos, de determinados episodios que me han parecido muy bellos, poéticos, y también reveladores, cómo observa una Clitemnestra fuera al fin del gineceo las paredes de un palacio al que no se le ha permitido acceder aun siendo la reina, lo hace como un arqueólogo o visitante de un yacimiento, maravillándose, o de la grandeza de la propia Micenas; me muerdo la lengua para no hablar de relaciones entre hombres y mujeres, del sexo y las esclavas, aparte de las concubinas, y de por qué deduzco que no hay ni hetairas ni efebos; de brutalidad, de honor en su anverso y su reverso, de cómo la visión femenina de esta historia no excluye que los estereotipos también afecten a Clitemnestra a la hora de valorar a los hombres, ¡tantos temas!, cómo se me ha venido en mente la Primera y Segunda Guerras Mundiales cuando se observa que la ausencia de hombres por encontrarse en los campos de batalla permite, e incluso obliga, a que las mujeres ocupen espacios hasta entonces reservados a ellos teniendo que superar ellas mismas barreras mentales. Clitemnestra, la elegida, va a tener que ir luchando en su interior y de forma progresiva hasta darse cuenta definitivamente de cuál debe ser su papel. Y aun con todo, no cae en la misandria; aun con todo, a pesar de todo lo que ha vivido, valora el amor y valora y respeta a los hombres, al menos al que está con ella. Esta parte, cuando lo leas acuérdate, esta parte es muy sutil y sensible.

                En fin, los apuntes ahí quedan, en un cuaderno que ya de por sí se está haciendo muy especial. No descarto volver a hablar de Lechuza blanca sobre Argos en otra ocasión.

                Sería un crimen contarte cómo es el final, y yo no quiero que me persigan erinias y moiras por ese sacrilegio, pero sí, es muy original, de hecho te deja pensando hasta que llegas al final del todo. Y cuando llegas al final del todo te das cuenta de cuánta emotividad te ha transmitido y el poso dejado, por estratos, latiendo aún.

jueves, 28 de mayo de 2026

CLITEMNESTRA EN PRIMER PLANO. CONTEXTO RESUMIDO DE LAS HISTORIAS DEL CICLO MICÉNICO Y POR QUÉ EMPATIZO CON ELLA

 



INTRODUCCIÓN

El propósito de este artículo es doble. De una parte, voy a resumir la historia de Clitemnestra y, para ello, sigo las explicaciones que da Eva Tobalina acerca de la tragedia griega. Son cinco conferencias publicadas en YouTube, en el canal de Raíces de Europa (@raicesdeeuropa), y todas comienzan por La Tragedia Griega. En concreto, me guío por el segundo, La Tragedia Griega II. Grandes ciclos temáticos: Micenas y Tebas. Eva Tobalina, publicado el 8 de julio de 2022. Me vi toda la serie hace tiempo, mientras disfrutaba de Esquilo e iba poniendo mis impresiones lectoras de sus tragedias aquí en este blog; me las estoy volviendo a ver, otra vez, para refrescarme mientras leo a Sófocles y a las puertas de comenzar la lectura de Lechuza blanca sobre Argos, de María Luisa Regalado (Con M de Mujer, 2025). Mi memoria es como es, alguna vez hablé de ella, se queda con lo fundamental y, sobre todo, con lo que me hace sentir, y olvida rápido nombres y detalles. Así que este resumen será también un tanto un anclaje para ella. Además, teniendo en cuenta que Eva Tobalina es experta en el mundo antiguo, aprovecho para recomendar sus otros vídeos relacionados, como el del mundo minoico, el de Micenas, el de los pueblos del mar y la crisis de la Edad de Bronce, entre otros.

     Por otro lado, trataré de expresar, en la medida en que pueda recordarlo, por qué empaticé con ella en mis lecturas de la trilogía de La Orestía de Esquilo. Eso no significa que no lo haga con Orestes y Electra. Cada uno tiene sus razones, cada uno vive su propia tragedia interior, su conflicto, y no se me escapa que el planteamiento de las tragedias griegas es el debate entre dos opciones, sin que ninguna de ellas sea feliz, ambas son horribles. Quiero decir, soy consciente de que me hago anacrónico en mis palabras, pero, al fin y al cabo, recordemos, lo que trato de transmitir es la conexión emocional e interna propia con el personaje, mi propia catarsis.

     Leer las historias míticas es como leer las historias bíblicas. Me refiero a la disposición, a cómo entras en ellas. Incluso con ojos actuales. Para los coetáneos de los tragediógrafos griegos, para los helenos de la Grecia clásica, estas historias arcaicas seguramente se darían por ciertas; estaban ligadas a sus ciudades, su religión y su cultura, como las bíblicas al pueblo hebreo y, posteriormente, al ámbito cristiano. Tienen un plus de veracidad y también de fe religiosa que, seguramente, no esté en nosotros, no en la mayoría de nosotros. Acudes a ellas considerándolas, o bien falsas, al menos no históricas, o bien remotas, sabedor de que su germen histórico ha sido manipulado por el paso de los siglos y las manos de una cultura que se va tejiendo poco a poco. Ahora bien, una vez metido, las vives según sus parámetros de verosimilitud, y puedes observar a sus protagonistas como seres humanos, aun asumiendo las normas legales y sociales tan antiguas en las que te sumerge. Las enseñanzas políticas y de orden social ya no las aceptamos, aunque no las ignoramos, pero seguimos considerándolas historias nuestras, son nuestros mitos o nuestras páginas bíblicas, según el caso, y buscamos nuevas interpretaciones y perspectivas a partir de la historia dada. 

     Particularmente, no me parecen bien las tergiversaciones interesadas de cada época, incluida la mía, eso es otra manipulación. Lo que se cuenta es lo que se cuenta: tratar de dulcificarlo, hacerlo políticamente correcto o darle la vuelta de manera burda y descarada no va conmigo. Pero sí me parece interesante el destape dentro de su propia organización interna, dejarlas desnudas de las "explicaciones" interesadas de su momento, de lección moralista o política, y una vez desnuda la historia en nuestras manos, interiorizarla, yo tiendo a hacer eso sobre todo en lo poético o literario, de un lado, y en lo humano, de otro. Por eso me llama la atención la propuesta de María Luisa Regalado con su Lechuza blanca sobre Argos, que no he leído aún, digo como planteamiento inicial.


EL RESUMEN (SIGO A EVA TOBALINA CON ALGUNA APRECIACIÓN PROPIA) Y APUNTES SOBRE LA MARCHA SOBRE MI EMPATÍA CON CLITEMNESTRA


     Agamenón es uno de los hombres más poderosos de la Grecia de la Edad del Bronce. Es el rey de Micenas, la rica Micenas, y su hermano, Menelao, es el rey de Esparta. Este monarca micénico, magnífico y soberbio (en el mal sentido también) ha cometido ya muchos crímenes y atrocidades. La verdad, empieza muy mal la cosa para que nos pueda caer bien. Pero no solo a nosotros los de ahora, a los primeros griegos que vieron las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides tampoco, aunque de manera distinta: ellos conservaban, al menos, la idea de que representaba el poder y autoridad de la polis, nosotros tenemos ya carta de libertad para aborrecerlo al completo. Una de esas atrocidades fue asesinar al marido de Clitemnestra para así casarse con ella. La afrenta de que Paris rapte y se lleve a Troya a Helena, hermana de Clitemnestra y cuñada de Agamenón, esposa de Menelao, podrá observarse así en función de honra y dignidad política y no tanto romántica en nuestros términos, porque, vamos, lo que ya antes ha hecho Agamenón, cargarse al marido de Clitemnestra para poder tomarla como esposa, pues desmonta completamente esa visión tan nuestra, los términos son esos, ni te imagines a Menelao como un broken-hearted. Ahora, asumiendo que la vida era así, Clitemnestra no deja de ser humana, podemos entender que no parece una buena manera de afrontar un matrimonio y que muy afín a su nuevo esposo no debe de ser, muy emocionalmente inclinada a él. Aun con todo, tienen tres hijos: dos chicas, Electra e Ifigenia, y un varón, Orestes. 

     El rapto de Helena da pie a que diversas polis griegas declaren la guerra a Ilión (Troya); esta es la causa en la narración mítica, el casus belli, porque la narración histórica de este conflicto entre griegos e hititas es meramente económica y política, como todas las guerras. Y, aunque el ofendido directamente es Menelao, el líder de la expedición helena es Agamenón. Sin embargo, queda parada en Áulide: el mar no permite salir hacia Troya, parece que algún dios debe de estar enfadado con ellos. Tras consultar a los agoreros, se confirma: la diosa Artemis está disgustada con Agamenón porque este ha dado muerte a una cierva, y no les va a permitir embarcar para hacer la guerra. La única solución es que Agamenón le sacrifique a su hija Ifigenia a cambio.

     Dependiendo de la versión y de cómo se cuente, tus removimientos internos pueden ser distintos. A mí esta historia de Ifigenia me fue contada por primera vez de la siguiente manera. Clitemnestra e Ifigenia son llamadas por Agamenón sin descubrirles nada del problema con la cervatilla de Artemis. Así que, en esta versión, se nos presenta a Clitemnestra yendo hacia su marido porque simplemente desea su compañía, y a Ifigenia muy ilusionada y contenta por ver a su padre. ¡Las han llamado para que vayan a Áulide! ¡Qué bien! En el último momento, con ellas allí completamente engañadas, Agamenón descubre el verdadero propósito. Ifigenia, obediente y fiel a su padre, acude ella misma al altar para que la sacrifique a Artemis. Y Clitemnestra lo contempla, madre destrozada. Que sí, que muy bien, que las aguas se calman y todos estos ya pueden ir a la guerra. Pero... ¿el precio ha sido la vida de tu propia hija? Entonces, ¿cómo nos figuramos a Clitemnestra? ¿No es una mujer rota, cuyo marido ha matado en un altar a la inocente Ifigenia? Muy traumada, diríamos nosotros ahora, quebrantada, desolada. 

     Es cierto que existe otra versión en la que en el último momento aparece un ciervo enviado por Artemis para que pueda sustituirse por Ifigenia, una historia que nos recuerda (a nosotros) a Abraham, Isaac y el carnero trabado. Y entonces Ifigenia se hace sacerdotisa de Artemis. Pero, aun con todo, Clitemnestra ha sido engañada, ha recibido el escalofriante disgusto de que hay que matar a su hija, la ha visto ir al altar del sacrificio, ha contemplado cómo Agamenón casi la degüella. El impacto psicológico es brutal en todo caso. Yo me quedo con la primera versión; la segunda me parece una dulcificación a posteriori sin ser yo experto aquí, hablo de una mera impresión.

     Me imagino a una Clitemnestra destrozada regresando a Micenas, completamente en shock. Después, es ella la que se encarga de gobernar la ciudad en ausencia de su rey. Aquí ya tiene un amante, Egisto, con quien es feliz. De aquí viene la mala fama de Clitemnestra. A los ojos de los ciudadanos, la reina que los gobierna está siendo infiel y libertina, haciendo lo que le da la gana, con un Egisto consorte. Yo, sin embargo, la observo al fin dichosa, rehaciendo su vida con un hombre que verdaderamente la ama. Son diez años de ausencia de Agamenón. Podría incluso haber muerto en batalla o engullido por el mar. Y si una década es mucho tiempo para nosotros, en aquella época lo es aún más. Clitemnestra, al fin, vive, libre y feliz en cierto modo. 

     Por su parte, diremos que Egisto tiene muchos motivos para odiar a Agamenón, además. Su padre, Tiestes, le disputó el trono de Micenas a Atreo, el padre de Agamenón. Para vengarse, Atreo asesinó a los hijos de Tiestes (excepto a Egisto) y se los dio a comer en un macabro banquete, por lo que Egisto tenía juramento de venganza contra la familia de Tiestes. 

     Tras diez años de ausencia, aparece Agamenón victorioso de la guerra de Troya. Entre otras pertenencias de su botín, trae a la pobre Casandra, una troyana ahora hecha esclava y que soporta una maldición de Apolo: al haber rechazado ser su amante, Apolo la castiga con el don de la clarividencia y de profetizar acertadamente sin que nadie la crea, así que Casandra percibe que se ha derramado mucha sangre en la casa de Agamenón (más de lo que los micénicos saben) y vaticina el crimen que se va a cometer, sin que nadie le dé crédito. Al contemplar espantados el regreso de Agamenón, Egisto y Clitemnestra planean asesinarlo y lo llevan a efecto. Esto es lo que se le achaca para aborrecerla, para odiarla: infiel y asesina. Y yo, lo siento mucho, pero tal y como está sucediendo todo, soy incapaz de ponerme en su contra. Clitemnestra ha sido siempre, en todas mis lecturas, un personaje roto y rehecho, o al menos remendado, una víctima que se sobrepone. Sí, asesina a Agamenón; sí, legalmente le fue infiel al que asesinó a su primer esposo y a su hija, vaya, que no, no siento ninguna aversión por ella, al contrario.

      Ahora Clitemnestra y Egisto gobiernan la ciudad ya tranquilos, libres de Agamenón. La ciudad, sin embargo, no los siente legitimados, los ciudadanos están escandalizados, no la quieren, la mala fama de una Clitemnestra decidida se enciende más. Además, Electra llora desconsoladamente la muerte de su padre. Esta muchacha era muy afín a él, lo amaba enormemente (de ahí lo del complejo de Electra) y solo piensa en matar a su madre y a su amante. Orestes, su hermano, regresa, con una misión encomendada directamente por Apolo, que le ordena matar a su madre. ¡Matar a su madre! ¡Eso es una absoluta impiedad! Bien apoyado por su hermana Electra, bien en participación conjunta, ya depende de la versión, lo hacen; al menos Orestes, si no Electra también, acaba con la vida de Egisto y de su madre Clitemnestra. 

     Ahora el que tiene un serio problema es Orestes. Por obedecer la orden de un dios olímpico ha desobedecido una ley natural infundida por divinidades más antiguas. Sus dos opciones eran desobedecer o desobedecer, el mismo dilema que el de Antígona. Pero la historia de Orestes es ya es otra historia, que además ya he comentado en mis impresiones lectoras sobre La Orestía de Esquilo.


CONCLUSIÓN

    

    Mi intención era primero dar un resumen y luego consignar mi simpatía personal por Clitemnestra, pero me ha resultado más fácil hacer ambas cosas a la vez. De este modo, ya quedan aclaradas mis palabras pronunciadas ayer en el reel de Instagram (@extramurado) donde realizaba el unboxing del libro de María Luisa Regalado, me resitúa para leerlo con más sentido, sirve de contexto para cuando dé mi impresión lectora de Lechuza blanca sobre Argos y, en parte, me reconecta con las tragedias de Sófocles que también reseñaré subjetivamente en mi serie de A tragedia cada x.

      

      


     


jueves, 7 de agosto de 2025

DIVERSAS LECTURAS SOBRE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

 



Me vais a perdonar que no traiga libros de mucha actualidad, algo que podría hacer. Y, sobre todo, os ruego perdón y comprensión por traer las más veces a mis reseñas obras leídas del pasado o cuentas pendientes. No es cuestión de explicar aquí el porqué, que además tampoco sabría hacerlo bien, pero es como si el 2017 me hubiese metido en un hoyo y ahora estuviera empezando a abrir un poco los ojos. Y es verdad que Amae pop blue me ha ayudado mucho a canalizar, a reencauzar, a exorcizar y a  interpretar, la parte terapéutica que se menciona en sus preliminares, pero la realidad es mucho más profunda. Volver a estos libros, y a determinadas ilusiones, es parte de mi despertar reciente pero a un tiempo peligrosa en lo emocional: me traen buenos recuerdos que me hacen llorar.

     Yo tuve mi buena época de obsesionarme por un tema y machacarlo. La Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial, fue uno de ellos. Aparte de documentales en YouTube, algunos muy buenos, como, por ejemplo, La Primera Guerra Mundial a Color, me hice de algunos libros. Tanto esos documentales como muchas obras historiográficas, como La batalla del Somme, de Martin Gilbert (Ariel; Barcelona, 2009) adolecen del sesgo de estar demasiado inclinados hacia la visión franco-británica del conflicto, especialmente británica. Así que en esos reportajes se van a ver más imágenes de franceses y británicos que de alemanes, rusos, turcos o austriacos. Aparte de que sí, cierto interés patriótico se ve ahí, sutil, pero a veces se deja ver. No sé qué nos extraña de que aún a día de hoy no se pueda hablar bien en España de la Guerra Civil, que todavía escueza: una guerra es terrible, deja marca; una guerra es una guerra. Así que estuvo muy bien que la obra con la que me inicié en este tema fuera el Atlas Ilustrado de la Primera Guerra Mundial (Susaeta; Madrid, extrañamente sin referencia al año de edición), pues sus autoras, Antonella Astorri y Patrizia Salvadori, son italianas. Y aunque Italia también fue un país beligerante en la Gran Guerra, no fue tan protagonista y acabó rebotado con el resto de ganadores, así que sí, nos ofrece una visión un tanto más equilibrada del conflicto. Este atlas ilustrado me encantó, es muy recomendable.

     Tampoco es que me llegara de súbito ese interés. Uno de los primeros libros que me leí, muy joven, fue Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque, yo iba aún al Instituto... como alumno. Y, claro, me impactó. Y aún antes, de niño, sin ser capaz de contextualizarlo históricamente (así era yo de pequeño), la película Gallipoli, donde sale Mel Gibson. ¿Por qué la vi? Porque solo había dos canales de televisión cuando yo era niño: la echaron, yo la vi, y desde entonces los adagio me conmueven. De verdad, es automático: empieza el violín y me echo a llorar, me conmueven. Pues esa peli tiene la culpa.

     Me hice también con dos novelas. La canción del cielo, de Sebastian Faulks (Círculo de Lectores/Seix Barrall; Barcelona, 2009) y El sonámbulo de Verdún, de Eva Díaz Pérez (Destino; Barcelona, 2011). No me leí ninguna, aunque las empecé, por exceso de lecturas. Como no se puede todo, me quedo de momento con la de Eva Díaz, que además fui a su presentación en Bollullos de la Mitación y la tengo dedicada a mi ex mujer, fue un regalo mío por su cumpleaños, a ella le gusta mucho esta autora. Se lo tengo que devolver, pero ella me perdonará si antes me lo leo. 

     La joya de la corona, que tampoco me leí entera porque esta no es solo de leer, hay que escuchar también, es Lili Marleen. Canción de amor y muerte, de Rosa Sala Rose (Global Rythm Press; Barcelona, 2008), que trae un CD: Lili Marleen en todos los frentes. Me da la impresión (y sé) que este es el más literario y el más todo, aunque no sea una obra literaria. Pero el texto que investiga, un poema hecho canción, un poema alemán de la Primera Guerra que luego se canta y pasa a la Segunda, y que escuchan todos, y esperanzan a todos, y conmueven a todos, los de un bando y los del otro, es ya para mí el summum de lo poético y artístico que trasciende. Esta sí será otra de mis lecturas de verano.