sábado, 22 de agosto de 2026

"CARLOTA, ALEJO Y LA EXTRAÑA AZAFATA", DE RUTH ROMÁN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Carlota, Alejo y la extraña azafata (2020) es una comedia en tres actos escrita por Ruth Román, quien ya en 2017 había publicado dos obras narrativas: Los abubillos, una novela, y Diega y otros relatos, una colección de nueve cuentos, la mayoría muy breves. He reseñado en este blog ambas obras, podéis consultarlo pinchando en el título de cada una. Es decir, la autora ha explorado tres maneras diferentes de desarrollar historias: la narración larga en su novela, las narraciones cortas en sus cuentos y el teatro en este caso. Este dato, junto con el hecho de que su temática es muy distinta a sus libros anteriores, al igual que los nueve cuentos de Diega y otros relatos son diferentes entre sí, confirma lo que señalé acerca de la expansión de su mente imaginativa y creatividad, así como de su vocación de escritora. Por otro lado, la mayor conexión entre esas obras está en su estilo, muy propio, dinámico, vitalista: uso fluido de un lenguaje perspicaz y vivo, la selección de los nombres propios de los personajes, un humor inteligente y un sentido de la ironía bastante fino, así como, y sobre todo, la forma de mirar a sus personajes, de hacérnoslos ver y el tratamiento entre ellos. Con tan solo tres obras, y no muy extensas, me reitero en la idea de que Ruth Román despliega un universo literario propio bastante entretenido, humano, cercano y profundo; sin embargo, no observamos esa ambición mal entendida de postureo autorial o de sobredignidad autoinducida, creída, que por desgracia se ve en otros escritores, tal vez la mayoría, yo incluido, hayamos caído en eso aunque solo haya sido por un día. Lee alguna de sus obras y dime si me equivoco o no: al leer a Ruth Román, lees a una autora que desea, como prioridad, desarrollar sus historias de una determinada manera, dar vida a unos personajes y unas posibilidades en sus tramas. Pero vayamos ya a Carlota, Alejo y la extraña azafata.
     Como ya he dejado reseñado en Amazon, Carlota, Alejo y la extraña azafata es una comedia que me encantaría ver representada. Es, de un lado, muy divertida, yo creo que es aquí donde el humor de Ruth Román corre más libre, especialmente por los diálogos y el trasunto de la propia trama. De otra parte, es muy original, en su idea fundamental y en su desarrollo. Es un tanto de enredos, te va llevando de sorpresa en sorpresa. Así que, sus características fundamentales tienen que ver con lo que acabo de mencionar, con su originalidad, su dinamismo y el entretenimiento y buen humor que nos deja como lectores/espectadores:

1. Una historia muy original con giros inesperados, se disfruta de todo el texto de principio a fin.
2. La caracterización de unos personajes muy peculiares, muy bien perfilados.
3. El lenguaje de estos personajes al hablar entre sí, los relevos sorprendentes que se dan en sus interacciones verbales, el cambio de foco de uno a otro dado por el propio diálogo (aquí no hay narrador, obviamente, aunque de las acotaciones también que habría que hablar, pues cumplen su función de muchas formas). Con lo de cambio de foco quiero decir que tú, como lector/espectador, no puedes decidir quién es protagonista, vas empatizando con uno y con otro, o distanciándote de uno u otro, a medida que se desarrolla la obra, y se te da la visión de unos sobre los otros. Los equívocos pueden venir del propio lenguaje, que es muy característico además por un elemento del argumento que no puedo desvelar, aunque, más que equívocos (que uno no haya entendido bien a otro), son los juegos con los vocablos, las fórmulas y las construcciones que hacen a propósito los propios personajes. El poder del lenguaje, su capacidad de crear realidades, ¡vaya!, aparece en esta comedia, así como su uso para mover voluntades ajenas. También la ironía que se lanzan unos a otros, casi siempre entendida por el interlocutor, y siempre por el lector/espectador.
4. Giros constantes, sorpresas, enredos, tensión dramática (cómica, en este caso) que no se pierde en ningún momento.

     Tampoco es una comedia muy extensa. Se nota que su intención, entretener, hacernos pasar un buen rato de maneras inteligentes, se cumple sobradamente, sin mayores pretensiones ni ínfulas. Hablo de las pretensiones, porque cuestiones profundas las hay, pero no están dadas al servicio del argumento o como puntos clave a propósito en primera línea, sino que, en mi opinión, vienen solas, de la propia forma de ver el mundo y la literatura de la autora, de su cosmovisión de las personas y sus relaciones, y no de manera directa, no en este caso. Esta vez, y esto es lo que tiene haber leído sus obras anteriores, Ruth Román no parece haber querido construir ningún personaje con el que ella misma empatice al cien por cien o quiera que lo hagamos nosotros. Son personajes con los que reír en esta comedia, y su propia personalidad se ha puesto a ese servicio. Y, sin embargo, ¡vuelven a ser tan distintos unos de otros, con un lenguaje propio tan definido, tan inteligente y tan tonto cada uno a su manera...!

     ¿Y de qué trata? Pues esta es una cuestión que no se puede desvelar demasiado si no quiero chafarle la obra a los que lean esta impresión lectora. Así que acudo al título y a la brevísima sinopsis que la autora ha dejado en Amazon. A ver, el título da pistas. En primer lugar, si hay una azafata debe haber un vuelo, tal vez un aeropuerto o el interior de un avión constituyan el escenario. Luego, se nombra a tres personajes, así que al menos habrá tres, Carlota, Alejo y una azafata que nos empieza a dar mala espina al ser calificada de "extraña" y, si eres de los que les da importancia a la portada, por la cara de la azafata que aparece en primer plano. La idea fundamental es que dos pasajeros de avión van a tener que plantearse sobrevivir en un vuelo sin piloto con una azafata desequilibrada. Ahí es nada. Y confirmo, como la autora indica en Amazon, que no, que en este vuelo nada es lo que parece.

      Y, ya que estoy en Amazon, que es donde puedes adquirir esta comedia (solo en Kindle, que yo sepa), leo el comentario de una usuaria allí, que dice que le ha gustado mucho el libro porque le ha recordado a la lectura de una novela clásica, y creo entender por qué lo dice, y además, lo he apuntado ya en este artículo. A ver, más que novela clásica, yo diría teatro clásico, entendiendo ese clásico de una manera relajada, como si dijéramos los de toda la vida. Es, en mi opinión, por su estructura (en tres actos, escenas, ...), el uso de las acotaciones, los enredos y las sorpresas, el lenguaje, su intención misma. Ahí coincido con esta usuaria. En lo demás es bastante moderna. También señala que es cortita y muy amena. Sí, es breve, es agradable en ese sentido porque no incluye nada de relleno. Es sencilla en ese aspecto, está dirigida a un objetivo (desarrollar la idea mientras entretiene) en un estilo y con unas pretensiones muy definidas. Y sí, es muy amena, eso es verdad.
    
     Tendría que haber terminado el artículo en el párrafo anterior, parece que todo lo que se puede decir de la obra se ha dicho. Pero aquí estoy yo con mis movidas, qué le vamos a hacer. Y es que justo ahora me ha venido a la cabeza que en la novela Los abubillos el cine y el teatro son importantes. Me acabo de acordar de Ignacia Comino y la compañía Pies Cavos. Al contrario de las profundas y complicadas de entender películas de Lalo Lillo, esta compañía representa en el capítulo XIX de Los abubillos una comedia. Si quieres saber cómo se titula y de qué va, te remito a la novela, pero se menciona: título, género (comedia), número de personajes, y argumento básico, y que es divertida, entretenida, y que gustó mucho a esas almas nobles que habitan en Abubilla del Camino. Esa comedia está en una línea, según se ve, a la que se adscribe Carlota, Alejo y la extraña azafata; si Ruth Román la ha escrito o se atreviera a hacerlo, juntas empezarían a conformar ya un catálogo incipiente de un tipo de comedia muy característico. Así que, pensando en ello, en la propia Carlota, Alejo y la extraña azafata, en los encuentros entre abubillos y no abubillos, y en la mayoría de los cuentos de Diega y otros relatos, creo descubrir una característica creativa de la autora, la de poner a relacionarse e interactuar a unos con otros quieran ellos o no, a generar situaciones que pongan de relieve y saquen a la superficie cuestiones de cada cual. Y esta conclusión me parece muy reveladora.
     Otro pensamiento que se me viene a la mente es la sencillez como valor. No porque las obras de Ruth Román, en este caso Carlota, Alejo y la extraña azafata, sean simples, básicas, ¡para nada!, desde un punto de vista estructural y de tejido son complejas, o más bien completas, con distintos nodos que conectan desde diferentes planos. Me refiero a la sencillez de propósito. En este caso, es entretener, es desarrollar una idea que, por ser comedia, nos va a hacer sonreír y reír y que nadie me va a sacar de la cabeza que la misma autora lo hizo mientras lo pergeñaba, se le venían ideas y lo escribía. Y luego la sencillez, la sencilla y llana idea de completar su escritura desarrollando tu estilo, a tu manera, con tus toques, tu humor, tu visión de las cosas. Lo diré más claro, por si soy yo el que no es sencillo en su expresión. Yo no me imagino a la autora pensando: "Voy a escribir la comedia de las comedias, una obra maestra por la que me darán el premio Nobel". La veo más bien pensando: "Quiero escribir una comedia, esta comedia, quiero desarrollar esta idea, con esta estructura, y sé que lo voy a hacer bien y voy a crear el mundo que deseo crear aquí". Así de sencillo. Una obra autosatisfecha. Ella no te intenta impresionar: desarrolla, deja que sea. Luego sí te puede impresionar, la misma obra, por este motivo o por el otro. Y eso es un valor.
     En otra cuestión en que pienso, y este pensamiento será el último que exponga aquí, lo prometo, es en que esta obra es la última de la trayectoria literaria pública de Ruth Román. Y, como he comentado en otro lugar, me parece una lástima. Lo que quiero decir es que, leídas sus tres obras, no se ve motivo para que no hubiera más. Por ejemplo, un par de comedias como esta, al menos, o más cuentos como los de Diega y otros relatos. Porque talento tiene, y oficio, estilo también, ideas ya se ve que sí (y muy peculiares), es culta y sabe usar vocabulario selecto y construye muy bien enunciados, párrafos, diálogos, ..., y tiene una dirección propia que apunta a una trayectoria posible que, por supuesto, siempre puede evolucionar. Y, sin perder nada de esto, es versátil, ya se ve aquí en esta comedia, en un género distinto de la narrativa. Y pienso que tendría un público al que dirigirse muy prometedor para ella (es mi intuición).
     En todo caso, me alegro mucho de haber podido disfrutar de Carlota, Alejo y la extraña azafata. Me lo he pasado muy bien leyéndola y, por supuesto, te la recomiendo.

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