Cuando te enfrentas a reseñar un libro de cuentos breves y microrrelatos, sabes que en este caso el espóiler puede venir al indicar el título de este o aquel microcuento o las páginas enunciando rasgos o diferencias; esa guía va a matar al texto. Creo que en las anteriores impresiones lectoras de este tipo de libros lo hice de un modo que mantuviese la incógnita y la sorpresa. En el caso de Te lo cuento bajito, me abstendré de dar esas referencias, a la espera de que en tu lectura descubras cuáles de sus 110 cuentos cumplen cada característica que voy a dar a continuación de esta obra tan lúcida y profunda, tan sorprendente y tan variada. Lo es de tal forma que nunca sabes cómo va a ser el relato siguiente. Solo me referiré a cuentos concretos para expresar cuáles han sido mis favoritos o me han impactado más; ahora bien, sin desvelarte de qué tratan. Pero antes de continuar o, mejor dicho, de empezar: ¿te has leído la entrada anterior a este artículo? Es un microcuento mío inspirado en este libro, así que se trata de un complemento. Venga, vamos a hablar ya de Te lo cuento bajito. Una colección de 110 relatos y microcuentos que combina diferentes tipos de lenguaje, vivos, ardientes, de elegancia susurrada en forma y fondo.
Publicado en 2025 por Sueños de Papel, sumergirte en Te lo cuento bajito supone, en primer lugar, empezar a reconocer desde el principio la voz narrativa de la autora, que por lo general tiene una cadencia confesional y al mismo tiempo resuelta, como la que acostumbra a contar cuentos e hilvanarlos. Su voz baja, la cadencia suave que se anuncia en la página 5 para hablar de la autora, te hace presagiar bastante mal lo que te vas a encontrar. Somos seres que tendemos a poner etiquetas, por desgracia, y mis expectativas acerca de este libro, que compré ilusionado con anhelo de ternura, de arrullo tal vez, muy pronto se vieron gratamente superadas, apenas avancé unos pocos relatos. Y es que, en segundo lugar, Te lo cuento bajito te cuenta muchas cosas, muchas, tiene una variedad en temática y de enfoque entre cuento y cuento que, de verdad, no me esperaba en absoluto. También su edición tan particular me ha llamado la atención, me parece curiosa y una preciosidad, como en los diarios personales en ocasiones, con apariencia de artesanal. Es un libro especial, eso está clarísimo.
El libro como tal se presenta a sí mismo como una pequeña joya preciosa de intimidad, tal vez como esos cuadernos personales de los que se habla antes de comenzar las narraciones. También apunta a la caricia reconfortante, a una compañía cercana, silenciosa, que no necesita tocarte para que la percibas, a un susurro ofrecido a tiempo, a desintoxicación. Ahí estaban mis expectativas, que no eran pocas ya.
Comenzaba, así, su lectura, dándome cuenta de que son historias originales. Percibía la cadencia de recogimiento a la altura de su sexto relato, pero ya observaba que eran bastante particulares. También percibía el muy buen uso del no decir, de la sugerencia, del silencio que se entiende. Después, vi que también hilaba con soltura la ironía y el hacerte creer lo que luego no es, a veces resulta ser lo contrario. Y la ambigüedad lingüística, haciendo que pienses una cosa para luego resultar ser otra.
Toñi Magdalena, aquí, en estos cuentos tan breves que a veces no superan los tres párrafos, es capaz de conjugar dos, tres y hasta cuatro motivos (temas) en la misma trama, esto lo hace casi siempre, y me parece de una gran maestría. Aparte de esto, voy a destacar otras características que me resultan muy propias de sus relatos:
1. La sorpresa (a veces es más de una) no solo te la puede dar al final, sino hacerlo de manera sucesiva en un mismo cuento: dos, tres, cuatro giros a lo largo del relato.
2. Maneja de manera muy resuelta todo tipo de narrador, tanto el omnisciente como el narrador-protagonista en primera persona, y también el narrador-testigo.
3. Como he dicho antes, el uso consciente de la ambigüedad, pero también los finales no explicados, que el lector puede suponer o imaginar.
En cuanto a la temática, es muy, muy variada. Es cierto, muchos de sus cuentos son recogidos, íntimos, esos no faltan. Pero los hay de otro tipo. Algunos son mini thrillers o de terror psicológico. Otros, muy emotivos. Otros, anecdóticos, que te hacen sonreír. E incluso los hay líricos, cercanos al poema y a lo personal. Pueden ser crudamente realistas, igual ceñidos a lo rutinario de la cotidianeidad contemporánea que fantásticos, igual tienen de protagonista a una persona común que a gente de alto standing o lejanos a nuestra realidad. Puede aparecer el elemento sobrenatural y el místico, haber toques de ciencia-ficción. Y lo mejor de todo, es que por lo general lo combina en un mismo texto. Por ejemplo, qué digo yo, puedes encontrarte con un cuento emotivo y fantástico a la vez, luego con otro de desengaño amoroso, misterioso y con elementos paranormales. Algunos relatos son de cronología más o menos extensa, pero otros recogen un instante. Alguno hay un poco erótico; alguno queda desolador y desesperanzado; muchos son cadenciosos, como la caída de una hoja en otoño, pero otros son chocantes, e incluso los hay con cierto aire a película de Alfred Hitchcock.
Como se ve, con tanta variedad entre cuentos y dentro de cada cuento, es imposible dar generalidades porque no las puede haber. Pero sí tendencias, especialmente para esos relatos que hemos dicho que son íntimos y recogidos. Y es que el amor, en amplio sentido, parece latir en Te lo cuento bajito. De muchas maneras, claro, pero especialmente en su desgaste y en su decepción, tantas veces por inacción del personaje masculino. Podría encontrarme en ocasiones con la sensación de cierta protesta contra la rutina emocional que mata el amor en las relaciones. El desinfle del amor, la decepción, el cariño esperado y que no llega, no se manifiesta. Un reclamo de cercanía en cuerpo y alma, que puede no llegar, o huir o desvanecerse si ha estado antes, y aparece en muy distintas posibilidades en bastantes cuentos aquí. Ese tono entre melancólico, de anhelo de lo que se tuvo o lo que se esperaba como natural, y de decepción que puede llevar a la separación mediante diferentes métodos o con esa separación ya dada, aparece mucho en Te lo cuento bajito. Ese sabor de los rechazos explícitos o implícitos (por carencia, por falta de gestos), heridas emocionales, toxicidad que puede llegar a la violencia en las relaciones y su resolución en el relato, o ya solucionado de antes, se expresa de muy diferentes formas, explorando distintas posibilidades con todo ello.
Ahora no es plan de decir si este o aquel es mi favorito, porque me ha gustado mucho el libro entero. Destacaré, venga, algunos sin desvelar de qué tratan, e indicaré su número, omitiendo el título. Solo daré uno al final, un título, porque quiero hablar de él, del título, y lo comentaré un poco sin mencionar su tema. Destaco, entonces, el cuento nº 7 (¡Vaya, vaya!, me dije al leerlo, sin saber que anunciaba a otros que vendrían después), el nº 9 (por lo que entra de a poquito sin que te des cuenta), el nº 18 (mi comentario: ¡Ostras con este relato y su final!), el nº 20, el nº 22 (porque fui capaz de asociarlo al cuento de otra autora a la que leí hace poco), el nº 27 es extraño por cómo maneja al narrador, el nº 50 por emotivo (al igual que el 58 y el 60), el nº 51 por hacerme sonreír (sí, también los tiene graciosos, como el nº 11, entre otros más), el nº 63 (mi comentario: ¡Guau! ¡Qué tremendo!), el nº 79 (cercano a un poema), el nº 84 (calificado por mí mismo de "muy yo", conjuga tres elementos a la vez, elementos que no puedo desvelarte), el nº 93 (comentario simple y revelador: ¡Ostras!), el nº 96 (Muy original, sugerente y sorprendente) y el nº 103 (Tierno y chocante a la vez). Estas son simples preferencias personales, a cada cual le podría atraer estos u otros, y lo reflejo porque observando mis comentarios doy fe de la diversidad y la calidad de estos textos.
De muestra un botón, dejo aquí algo más por extenso mis comentarios a uno de ellos, el nº 65, titulado Una larga fila de novicias: El título ya es sugerente de por sí, sin necesidad del texto al que da nombre, por sí mismo suscita historias en la cabeza de muy diferentes tipos. Después, que la historia es muy sorprendente, desde luego: los choques al lector se encadenan hasta el final.
Un verdadero placer ha sido la lectura de Te lo cuento bajito. ¡Qué acierto! Te lo dice un tipo acostumbrado al sollozo y amante de la música, este libro es una verdadera sinfonía que tiene partes que suenan a adagio.
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