jueves, 20 de agosto de 2026

"MEMORIAS DE UNA ALQUIMISTA. EN EL BORDE DEL TIEMPO", DE LISEET MATA MARTÍNEZ. IMPRESIÓN LECTORA.

 


INTRODUCCIÓN MUY PERSONAL

Lo estaba leyendo poco a poco, como tiene que ser. Con sus primeros seis capítulos, tan centrados en Abaddon, iba muy despacio, combinando esa lectura con otras y las demás actividades de mis rutinas veraniegas. Después di un pequeño acelerón y hoy, o más bien ayer, 20 de agosto, me levanté con el convencimiento de que era bueno dedicar el día a su lectura hasta acabarlo, y así he hecho, traspasando como treinta minutos el límite entre el jueves y el viernes. 
     Hoy ha sido un día especial un tanto. Hace poco hubo un incendio en unos bloques cercanos a donde vivo y hoy ha estado lloviendo por rachas, las energías estaban movidas. Acompañado de esta lectura, y muy sumergido en ella, intensa como es, en el buen sentido, he tenido que ir haciendo paradas por un estado emocional que ha fluctuado en recuerdos sobrevenidos, no buscados, y que parecían querer cobrar vida de nuevo, o más bien significados. Esto es muy personal, enseguida me centro en esta obra, pero era algo de lo que quería dejar constancia, al fin y al cabo doy impresiones lectoras y la subjetividad es un derecho reservado en este blog personal. También porque la propia autora, Liseet, en su dedicatoria, dice estar segura de que encontraría momentos que me harían reflexionar, y así ha sido. Lo único que esa reflexión no solo ha sido intelectual y no solo ha sido acerca del contenido de esta novela; también ha incluido una especie de meditación emotiva personal, quien sabe si un drenaje necesario que la lectura de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo ha provocado. 
     No hacía mucho que me había releído el primero de su trilogía, Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, y había publicado mi impresión lectora aquí en este blog. Os remito a ella por si no la habéis leído y estáis interesado en esta segunda novela de Memorias de una alquimista. Todavía tenía las vibraciones de su protagonista, Laia, de los demás personajes y de su espíritu, así que por fuerza la conexión permanecía. Esa era uno de los motivos, no el principal, de haber querido avanzar así, que no se cortara o desgastara mucho la conexión. También que quiero prepararme para su presentación del 18 de septiembre, y era muy apropiado tener leída esta obra cuanto antes (sin perder profundidad en la lectura, por supuesto, lectura íntegra), para ya poder repasar e investigar algunos asuntos que se relacionan con ella mientras regreso mi mirada a mi propia obra, escrita y por escribir, a un curso nuevo que se aproxima y a otros libros que simultaneo. No era mi objetivo acabar hoy: si así ha sido es, aparte de porque dispongo de ese tiempo, porque me ha tenido enganchado y he sentido que era el momento. En fin, aquí acabo esta curiosa introducción. "Curioso" es una palabra interesante, además. Mientras leía esta novela, he de confesar que volvía a pensar en lo curiosos que son los libros que están cayendo en mis manos últimamente, y me encanta. Porque el mío lo es, y soy consciente. No son libros ajustados a géneros como corsés; y en este caso, Memorias de una alquimista, no es precisamente una novela convencional al uso, ni mucho menos. Es muy especial. Vamos a ella, a En el borde del tiempo.

MI IMPRESIÓN LECTORA

Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo, de Liseet Mata Martínez (Aliar Ediciones, 2026), es una novela estructurada en Introducción, veintiséis capítulos y una Nota Final de la autora, que prosigue la anterior novela de su trilogía y señala a la última (como es bastante lógico, por otra parte). La polisemia rezuma en los dos sustantivos del título general, Memorias de una alquimista, y lo que le sigue, En el borde del tiempo, late con unos significados que se comprenden a medida que se avanza por sus páginas. Esto de la polisemia de memorias y de alquimista tal vez lo haya dejado apuntado en otra parte, y desarrollarlo tampoco sé si conviene. En el caso de la alquimia, porque en esta ocasión la propia novela va a dejar claro cuál es la verdadera; y lo de memorias se expande en acepciones: recuerdos, diario, la novela como memoria biográfica, y un significado de mayor trascendencia. 
      Y es que Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo, sí, es una novela: personajes; trama; planteamiento, nudo y desenlace; diálogos y descripciones; tensión; resoluciones; historias entrecruzadas; sorpresas; ..., literatura, al cabo. Pero es más. Incluye bastantes conceptos históricos y, sobre todo, de sabiduría filosófica, hermética, alquímica y gnóstica desde un punto de vista especialmente dirigido al despertar de conciencias, llegando a definir lo que para sus personajes principales, y pensamos que para la autora, es la verdadera alquimia (a lo largo de la obra; reflejo importante de esto en el capítulo XX, Lo que nunca fue un juego). Esto ya lo vimos en la primera de la trilogía, y prosigue aquí, profundizando y desarrollando caminos ya abiertos y explorando otros nuevos. Esto de por sí hace que se trate de una lectura intensa en el sentido positivo de la palabra, y a esta intensidad se añade, de nuevo, la caracterización e interacción de unos personajes con los que se va empatizando y que es capaz, al menos en mi caso lo ha vuelto a hacer, de tocarte la fibra de las emociones (para mí, el capítulo XXIV, La última forma del vínculo, ha sido muy, muy emotivo). 
     Más que novela intensa, que lo es, yo diría que es una experiencia intensa, una obra vibrante y latiente, con alma propia y que respira a diferentes ritmos. La propia autora describe brevemente, en su nota final, cómo está siendo su proceso de escritura; de todos modos, dado que la protagonista, Laia, también es escritora, llega a confesar su propósito como tal con una declaración que podría llegar a pensar que también es la de Liseet: Quiero escribir algo que pueda inspirar el alma de aquel que cree que está perdido, ... (cap. XXV, La memoria escrita, p. 230) y en el cap. XXVI, Esto no es solo una novela... (p. 241). En definitiva, y en lo que a mí respecta, ha sido una lectura intensa que ha ido conectando con diversas estructuras de mi ser, como un poco acabo de decir en la Introducción Personal.
     La novela empieza con un tono de misterio, un tanto gótico al decir actual, y eso está muy bien: comienza con interrogantes. Muy pronto nos daremos cuenta del valor de un concepto que se va a estar redefiniendo y explicando a sí mismo en mayores dimensiones, un concepto que se amplía: el tiempo. Junto a él, los estados de conciencia, el mayor sentido de recordar (vinculado a la verdadera salvación), la integración, la trasmutación y la coherencia van a ir adquiriendo sus auténticas proporciones, al tiempo que vamos descubriendo, en el hacer, hablar, pensar, sentir e interactuar de los personajes, cuestiones relacionadas con el culto gnóstico, los procesos alquímicos, la nigredo, los símbolos, la ley de causalidad, el linaje, los portales, ...  
     Con respecto a la simbología, me parece muy revelador el significado de la estrella de seis puntas que se da en el capítulo VII, El legado ancestral, y que tan importante es para la novela. 
      Como construcción narrativa, dejaré apuntados algunos aspectos, los que me han llamado más la atención. Uno de ellos son las correspondencias, dentro de unos personajes muy bien definidos y desarrollados. Es un placer lector sin duda descubrir o dejar que la autora (el narrador) te descubra correspondencias entre personajes, y no puedo desvelar más sin hacer espóiler, así como sus funciones. E igualmente lo que pueden llegar a simbolizar en sí. Y, como ya dije, sus relaciones, y sus transformaciones.
      Lingüísticamente, no voy a descubrir yo que Liseet usa un buen vocabulario y formación de enunciados, y posee estilo propio. La voz narrativa, esta vez, se maneja bastante bien con frases muy cortas. Ellas suelen articular construcciones adversativas totales (no... sino que...), a veces en lo formal, en otras ocasiones semánticamente a base de oraciones simples muy breves. Negar para luego afirmar; decir lo que no es, aunque lo pudiéramos pensar, para luego expresar lo que sí es, parece una necesidad cuando se trata de aclarar cuestiones en ocasiones hasta inefables. 
      Además, la obra te deja frases lapidarias muy impactantes. Mi cuaderno está plagado de ellas, como Porque el miedo pertenece a quienes aún sienten algo que perder (cap. VI, La fractura del alma; p. 61) o la que más me ha gustado, esa de la página 145 que empieza por Porque algunas oscuridades... y que no sigo, porque, ¡oye!, habrá que leerse el libro, ¿no? En todo caso, más allá de frases fuera de contexto que sí, te dejan pensando, vibrando a altas revoluciones los últimos chacras, tú notas perfectamente que la autora no va dando palos de ciego por conceptos que simplemente dejase apuntados por llamativos, sino que los entiende, los interpreta, los controla y los expresa. 
     Así que, esto es una novela, pero no es solo una novela (p. 241). Te invito a adentrarte en sus páginas. Muy pronto me verás hablando de ella, literalmente eso de hablando. Hablando, no escribiendo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario