Los abubillos, de Ruth Román, es un libro encantador, que resalta con una luz natural que solo existe en esos lugares de autenticidad sin dobleces, y que trae un respiro con un aire saludable que notas cuando al fin te desplazas a ese sitio, llegando a ser incluso terapéutico. Para disfrutarlo, solo basta con dejarte llevar con el corazón dispuesto a su fluir, sin más. Combina muchos elementos, más de lo que quiere aparentar, entre los que destaco ahora la inteligencia emocional, el humor en guiños y la claridad de ideas en los personajes principales, que son conscientes de lo que tienen y son capaces de valorarlo. Publicado en 2017, está disponible en Amazon, tanto en tapa blanda como en Kindle (Los abubillos). Su lectura es ligera, como es de esperar si tenemos en cuenta el propio propósito de la novela, y por supuesto para todas las edades a partir de 13 años. Ya he comentado varias veces que a mí me ha hecho sonreír desde la primera página hasta la última y que me ha hecho reír en muchos episodios.
Lo que ofrezco en esta entrada de blog acerca de esta novela es lo siguiente:
1. Su sinopsis y mi impresión lectora.
2. La reseña de mi hija Clara, de 13 años precisamente.
3. Su inesperado contraste con mi novela Amae pop blue, como manera de profundizar más en sus significaciones.
SINOPSIS Y MI IMPRESIÓN LECTORA
Abubilla del Camino es un pueblo cuyos habitantes viven en armonía con la naturaleza y unos con otros. Sin embargo, por un malentendido y una inflexible burocracia, los abubillos deben enfrentarse a la inminente construcción de una carretera que atravesará la localidad y romperá su estilo de vida. Sus originales movilizaciones para impedirlo y todas las vivencias y relaciones entre ellos, con sus peculiaridades, conforman una historia donde la fraternidad, la satisfacción por la sencillez y la honestidad, la amabilidad y el amor por su propio pueblo se imponen a toda ambición externa y a las malas intenciones. De entre sus varios personajes, conocer en acción a Edelmira, Coro y Sandalio, con sus particularidades tan marcadas, nos hará sonreír a veces y pensar otras. Narciso, un perro muy decidido, es otro personaje importante. El buen ánimo y la buena educación se respira en Abubilla, sus ganas de disfrutar de los placeres sencillos de la vida, el estar juntos. Mientras todo se desarrolla, el cine, el teatro y la música se hacen presentes, y también suceden algunos fenómenos extraños, paranormales.
La novela empieza dinámica, con el relato de diferentes sucesos y la presentación de distintos personajes que dan entrada al verdadero locus amoenus que es Abubilla del Camino. También se transmite una ligera sensación de realismo mágico en la puesta sobre la mesa de acontecimientos sucesivos y en el perfil de personajes, un toque de realismo mágico que se reafirma con una foto.
El lenguaje es fresco y resuelto, sazonado con gracia y en ocasiones ironía, con descripciones muy al vivo, como por ejemplo la tensión al conducir por parte de un personaje. La novela rezuma vida, deja que la imaginación no tenga límite y demuestra un dulce sentido del humor. Este sentido del humor en no pocas ocasiones se manifiesta en el contraste de visión acerca de un mismo asunto. Hay color en los propios nombres de los personajes.
Cuando llevas avanzado un poco el relato, te das cuenta de que la amabilidad está por todas partes. Incluso en momentos complicados, se tienen gestos amables con aquellos que se consideran antagonistas o en plena tensión, y por supuesto entre los abubillos y sus invitados. Una de las cosas que ha hecho que mi sonrisa se transformara en carcajada es ver cómo, a las primeras de cambio, los abubillos montan una fiesta, y sobre todo cómo Coro, por lo general, está siempre ofreciendo bizcocho y limonada. Yo creo que es esta amabilidad que rebosa sus páginas lo que me hace decir que la lectura de Los abubillos tiene un efecto terapéutico: una dulce terapia mental, como dulce son los pasteles de Coro, como la música de Salvador a la guitarra. Especialmente gracioso me ha parecido el capítulo XIII (Lalo Lillo) y muy reveladores los nombres de los grupos de música y los artistas que se barajan para un festival de música. La aparición de nuevos personajes muy perfilados en su personalidad, como Elia o Ignacia Comino, van añadiendo más color.
Por supuesto, no os voy a contar el final. Y como creo que se me ha notado mucho cómo he disfrutado de esta novela, terminaré diciendo que también se nota que la autora, a la que, según intuyo, debe de gustarle la decoración, disfrutó lo suyo redactándolo.
LA RESEÑA DE CLARA (13 AÑOS)
Los abubillos es un libro entretenido, a mí me ha gustado, sobre todo por el sentido del humor que hay en una historia tan amable y optimista.
Mi personaje favorito es, ¡cómo no!, Narciso. Y, dentro de los personajes humanos, Coro, por su iniciativa, su carisma y sus sueños.
El episodio que me ha resultado más emocionante ha sido el último (XX, El dolor de tobillos), por la acción y cómo acaba.
¿Se lo recomendaría a alguien? Sí, a gente sencilla y sensible, que ame a los animales y a la naturaleza.
¿Me gustaría vivir en Abubilla? Por supuesto, por la amabilidad de sus vecinos y su entorno natural.
¿Y cómo ha sido la experiencia de leerlo con mi padre? Ha estado muy bien leer de forma alternada, párrafo él, párrafo yo, y he aprendido palabras que desconocía.
PROFUNDIZO EN SUS SIGNIFICACIONES POR CONTRASTE CON MI NOVELA AMAE POP BLUE.
He llegado a calificar recientemente a Los abubillos como la dulce antítesis de Amae pop blue. Esta afirmación no es gratuita, llega como una revelación en mi leer la obra de Ruth Román y, al pararme a analizarlo, descubro sus motivos, y este hecho me ha entusiasmado a otro nivel. Este análisis me ha permitido conocer mejor la obra de Ruth Román y reflexionar en aspectos de la mía, hasta el punto de llegar a pensar, incluso, en llevarlo a mi canal de YouTube, Universo Amae Pop Blue. Iré desgranado lo principal, desde lo más superficial a lo más profundo:
1. Amae pop blue se publica en 2024 (Volumen I), pero su acción se sitúa desde finales de 2017 y durante 2018. La elección de ese periodo temporal no es casual ni azaroso. Además de su valor simbólico, los primeros borradores se escribieron en esas fechas y quedaron durmientes en dos cuadernos que rescaté mucho después. Por su parte, Los abubillos se publica, precisamente, en agosto de 2017. La acción no tiene una ubicación temporal concreta, por lo que es bastante legítimo considerarla con unas fechas probables entre 2016 y 2017. Desconozco el proceso de escritura de Ruth Román a este respecto, quiero decir, no sé si fue redactar e inmediatamente publicar o lo tenía guardado en un cajón durante varios años hasta decidirse darlo a conocer, pero ya me llamó la atención ese año de 2017. No sé, me hizo ilusión pensar que, mientras los abubillos se movilizaban en defensa de su pueblo, Rodrigo estaba llegando a ese estado vital que poco después se removería, y de qué manera. En fin, esto realmente es lo de menos, dije que iría de lo más superficial a lo más profundo.
2. Hay detalles de contraste muy evidentes. Por ejemplo, los escenarios: naturales, rurales en cierto modo, en Los abubillos, y los urbanos casi siempre en Amae pop blue. No es solo el entorno, sino lo que implica en el transcurso del tiempo, las relaciones y la visión de las cosas. Esto se simboliza muy claramente en las aves que representan a cada obra. En el caso de la obra de Ruth, la abubilla, un ave muy llamativa y bella con una cresta que es su rasgo distintivo, y que simboliza tanto en tan diferentes culturas, que se muestra así, en su belleza y muy diferenciada del resto de aves, muy reconocible, por lo general en entornos más naturales (donde yo vivo a veces se las ve, pero bien es cierto que el enorme parque que tengo al lado, que conserva zonas de olivos, ayuda a que estén por aquí). Por mi parte, el gorrión es el ave representativa de Amae pop blue, adaptado al entorno urbano, no especialmente llamativo, común. Sencillo, sí, no puede hacer ostensiones, pero un buscavidas dentro de su sencillez, igual que el alma sencilla, ingenua, de Rodrigo, se tiene que adaptar, mejor o peor, a un entorno de agitación interna y externa.
3. Pero lo realmente significativo es el punto de partida y la situación que viven unos personajes y otros, así como la forma en que deben moverse y resolver, y el tono. En Los abubillos se parte del equilibrio social y emocional (en paz y armonía) y sus personajes tienen que movilizarse contra un cambio no deseado que pone en peligro ese equilibrio. Por contra, en Amae pop blue se parte de un desequilibrio que acepta el cambio aún más desequilibrado. El interior y la trayectoria de mis personajes están revueltos, a veces a punto de explotar, mientras que en los de Ruth Román hay una aceptación armoniosa tipo ikigai. Los abubillos son felices, plenos, en su aceptación de cómo es cada uno y a qué se dedica, en sus roles dentro del pueblo y entre ellos, en su entorno: esto es, a mi forma de ver, el ikigai. Es decir, está intacto y es pleno y satisfactorio su amae (sentimiento de pertenencia grupal y de relaciones consigo mismos y con los demás, dicho grosso modo, porque exactamente el amae no es eso), en cada personaje de Abubilla está muy asentado. Mientras que el motivo principal del desasosiego profundo inicial de mi protagonista, Rodrigo, y el de varios otros de mi novela, es precisamente que ese amae se ha caído, se ha roto, ha explotado (amae pop), no existe y ha dejado un vacío. Este concepto ya puede luego concretarse en diferentes oposiciones. Dejo aquí algunos ejemplos:
a) El enfoque en la individualidad que no impide la pertenencia a grupos, en Amae pop blue, frente a un protagonista colectivo, que no impide las diferencias individuales y su aceptación, en Los abubillos.
b) Heridas traídas, en Amae pop blue, frente a heridas a evitar, en Los abubillos.
c) Relaciones estables y conformes (de pareja, familiares y sociales) en Los abubillos, frente a relaciones rotas o tormentosas en Amae pop blue.
d) El liderazgo femenino estabiliza en Los abubillos (con muchas comillas eso de "liderazgo femenino" aquí, puesto que es en realidad el carácter y las funciones de cada cual lo importante en esta obra) mientras que gran parte de las mujeres que interactúan con Rodrigo (no todas, también es verdad) son en esencia desequilibrantes o, siendo estables, hacen que el protagonista u otros se tengan que replantear las cosas.
Hay más, pero yo creo que esto es suficiente para justificar que Los abubillos es la dulce antítesis de Amae pop blue. Y esto a mí me entusiasma, es como descubrirse uno la sombra o la imagen de un mensaje revelado en negativo (donde blanco, negro; donde negro, blanco).
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