domingo, 9 de agosto de 2026

"EN EL NOMBRE DEL HIJO", DE JUAN ANDRÉS MOYA MONTAÑEZ. IMPRESIÓN LECTORA.



 

Si algo sabía previamente, antes de leer siquiera la primera frase de En el nombre del hijo, es que me encontraba ante una novela muy cuidada, muy trabajada, compleja en lo estructural y con muchos detalles. Solamente hojeando, por lo que ya de inicio esta novela se plantaba ante mis ojos como un misterio en sí misma. Aparte, que al haber leído previamente ISHQ. El color de las granadas, de este mismo autor, la expectativa de un lenguaje embriagador y de, al menos, una historia bien ensamblada y contada, era más que pura intuición. 

     Ya leída, y en cierto modo analizada, puedo decir sin tapujos que En el nombre del hijo es una novela negra impresionante, impactante y me atrevería a decir que un imprescindible del género ya, una afirmación que está respaldada por las muchas críticas positivas que está teniendo desde que se publicó, por Durii Editorial, en 2025, hace nada. Si eres amante de la novela negra, es un imprescindible, pero aún más: si eres un amante de la novela, sin apellidos, En  el nombre del hijo también es un imprescindible. Porque trasciende los límites del género sin salirse de él. Quiero decir, contiene elementos muy bien llevados que hacen que, sumergidos en la sordidez de los acontecimientos y las dificultades de la investigación, la apreciemos como obra literaria prescindiendo del género: un lenguaje exquisito y variado según las situaciones o el personaje que se expresa; tres tramas, al menos, entrelazadas; pasajes líricos y de tensión-distensión, así como apuntes hacia temas morales, filosóficos, psicológicos, entre otros, que te dejan pensando; una caracterización y evolución de personajes, tan distintos entre sí, que son una delicia per se en la lectura; profundidad y ligereza narrativa según conviene; y humanidad, en el sentido no solo de no soslayar el hecho de que sus personajes deben ser, y lo son, seres humanos y no prototipos, sino en la conexión interna en muchos de ellos (pensamientos, temores, emociones, ...), entre sí y hacia nosotros, los lectores. Es una novela, en fin, donde la conexión genera todo un tejido: es una novela de conexiones en muchos sentidos, conexiones entre las tramas que se desarrollan, conexiones entre los personajes, conexiones con referentes externos a la novela, como épocas y lugares, acontecimientos, costumbres, datos, referencias a otros textos, y digamos ya que hiperconectado al conectar contigo mientras lees.

     Situada en España, esta historia se ubica en varias localidades, entre las que destacan fundamentalmente Almería y Madrid, y en varias épocas, especialmente finales de los 50 y finales de los 80 del siglo pasado. En aquella Almería de los cincuenta se están produciendo una serie de asesinatos sucesivos que no parecen tener relación, sin un modus operandi del asesino que le pudiera caracterizar, si es que es solo uno, sobre todo porque no parece haber un motivo que pudiera vincularlos. En la investigación de estos casos participan varios policías, entre los que se halla Alejandro Santano, un joven madrileño destinado a Almería, recién estrenado como policía. Este será uno de los coprotagonistas de la novela. Seguimos el curso de la investigación casi siempre desde sus ojos, y también desde sus entrañas. De otra parte, Javier, periodista que trabaja en Madrid en los años ochenta, hace un descubrimiento acerca de sí mismo que lo descoloca, recibe una confesión en un momento delicado, y acaba con una caja en sus manos y muchos interrogantes acerca de su propia persona. Para desvelarlos, para desvelarse a sí mismo, hará una investigación supuestamente periodística que le lleva, primero, a Almería, y luego a ponerse en contacto con un personaje clave. Su historia, la de Santano y la del asesino van a ir convergiendo de manera magistral; y a punto he estado de decir que también las de las víctimas y las de otros personajes. 

      Dividido en seis secciones de desigual extensión, más un epílogo, cada parte recibe un nombre bíblico: la última se llama Apocalipsis; las anteriores reciben el nombre de un libro del Pentateuco, pero no por orden. No es aleatorio, tiene sus motivos, al igual que el nombre de cada capítulo, que coincide por lo general, aunque no siempre, con un capítulo bíblico. Y es que, como decía al principio, esta obra tiene muchos ingredientes, está colmada de detalles y conexiones y plantea diferentes retos al lector, es una novela profunda si tú quieres que lo sea, si la lees con ojos de investigador. Además, está muy sólidamente documentada. Con respecto a estos grados de lectura profunda, he ido subiendo a mi canal de YouTube (Universo Amae pop blue) diversos vídeos comentando mi "leyendo" de esta novela, son vídeos donde expongo con tranquilidad cómo ha sido mi experiencia de lectura profunda de En el nombre del hijo y en los que se tocan aspectos como su estructura, las referencias bíblicas, la caracterización de personajes, el lenguaje y los temas de interés que aparecen, entre otros. Os dejo a continuación los enlaces.

Vídeo de Introducción: En el nombre del hijo y mi proceso lector.

Vídeo 1: Impresión de lectura profunda, partes 1 y 2 (Génesis y Levítico).

Vídeo 2: Deuteronomio es la tercera parte de la novela y esta es mi impresión.

Vídeo 3: En el nombre del hijo. Números y Éxodo. Lectura profunda.

Vídeo 4: En el nombre del hijo, de Juan Andrés Moya. Apocalipsis y Epílogo. Mi leyendo y conclusiones.


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