sábado, 25 de julio de 2026

"HISTORIAS HOSPITALARIAS. CUANDO LAS PAREDES HABLAN", DE DANIEL GUERRERO BONET. IMPRESIÓN LECTORA.

 




Historias hospitalarias. Cuando las paredes hablan, de Daniel Guerrero Bonet (Círculo Rojo, 2024), es un conjunto de breves narraciones de hospitales y de vidas que resisten, se salvan o se van. A modo de microrrelatos (la mayoría no supera la página), el cariz y el matiz de cada uno es diferente: a veces te dejan conmovido, especialmente por ese final tan de microcuento que bien sabe manejar Daniel Guerrero; otras veces, se trata de un panorama emocional, una descripción de hechos o de reacciones. Lo que más me impresiona de este escritor, y aquí no iba a ser la excepción, es su visión humana en un tono narrativo que parece neutro, no excesivamente emocional en su expresión porque no lo necesita, en su narrar ya está cercano, se nos hace cercano a los personajes y sus vivencias y a nosotros, esa voz..., la voz de un observador, observador de personas. En esta su segunda obra, Daniel Guerrero, enfermero de profesión, además de periodista, puede narrar con propiedad, con la experiencia de quien ha vivido y convivido día tras día con pacientes de todo tipo y con compañeros de todo tipo.

     La obra se subtitula Vivencias de los que sufren y de quienes las comparten, y así es como se articula el libro en sus dos partes. La primera, Vivencias de los que sufren..., comprende treinta textos, treinta historias de dolientes de diferentes afecciones y con muy distintas personalidades, reacciones y modo de afrontar la vida y las circunstancias que les ha tocado padecer, porque aquí, como en la siguiente parte, el escrutinio psicológico, el perfil humano, parece lo más importante en el núcleo de su contar. Sinceramente, aunque, de esos treinta, hay algunas narraciones un tanto más livianas, digamos que anecdóticas, la mayoría son historias conmovedoras, que además, claro, te parecen reales, si es que no lo fueron, así que son aún más conmovedoras. Daniel Guerrero empieza fuerte con sus dos primeros relatos (Púrpura y Cansado y tranquilo), porque, si bien son dos historias muy distintas, la primera estremecedora, comparten lo que parece que va a ser un personaje más atravesando su obra, junto con la muerte y su sombra: la soledad. 

     Hablo de lo que más me ha llamado la atención a mí, son mis propias impresiones lectoras. En esta parte de la obra, además de la soledad del paciente, me quedo con la impresión de este mismo enfermo observando lo que otros le hacen. Con batas verdes o blancas, con mascarillas, él o ella es el objeto pasivo de sus actos, de los procesos que inician y continúan en su cuerpo, para los que debe colaborar (cosa que no siempre hace), y lo observa y lo procesa. Y, sobre todo, me quedo con las diferentes personalidades y circunstancias vitales de cada personaje, que provocan reacciones distintas ante el sufrimiento físico (y a veces social, relacional), el acto médico o el necesario estar en un hospital, así como la forma de dialogar y comunicarse con el personal que lo atiende. 

     No todas las historias, en esta parte y en la siguiente, te hacen empatizar con el personaje. Como en la vida, en los hospitales hay de todo en cuanto al paisaje humano. Así, El pretexto de la desconfianza podría decirse que va un poco al revés que la mayoría de las historias. Y si antes dije que muchas son historias conmovedoras, lo cierto es que algunas son realmente desoladoras: Tuvo mala suerte me dejó descorazonado al terminarla. 

     En fin, lo acabo de decir y lo he dicho varias veces, pero es que es así: son historias conmovedoras, pero no por ningún innecesario alarde lingüístico o por artificios verbales, sino por las historias en sí: solo contarlas, así, tal cual, conmueven. Y, claro, el último de esta sección, El paciente agradecido, lo hace.

     La segunda parte, ...y de quienes las comparten, es más breve, contiene doce historias. Aquí el foco está en los que acompañan o se implican con los enfermos, por lo general personal sanitario. Su inicio es sencillo, Compañeros matutinos parece un relato, más bien, para introducirte en este nuevo enfoque. Así, desde la placidez rutinaria, se pasa ya al sufrimiento desde el otro lado, en el caso del segundo relato, Hematemesis, el de un médico y su propia conciencia. A partir de aquí, desfilan administrativos, celadores, enfermeros, médicos y familiares, cada uno con su historia interior y su trayectoria vital, con sus propios sufrimientos (a veces, también de salud), con sus soledades y sus incomprensiones. No es cuestión de destacar ningún relato por encima de los demás, pero bueno, de esta sección, y en opinión muy personal, me quedo con dos por motivos muy diferentes. Primero, Superado y olvidado, porque se sale de la tónica de todos los demás relatos y se ofrece una visión negativa de un personaje rancio que pertenece a otra época, sería un contrapunto. Y, segundo, y ahora en serio, Los hijos: es de los más contundentes, sin duda, y deja un buen mensaje final del que deberíamos apropiarnos sin necesidad de vivir en primera persona lo que se narra. Pero, ya digo, no es cuestión de destacar unos sobre otros. Una compañera desgraciada o El cuidador incapaz de cuidarse te dejan ese sabor, de nuevo, de la complejidad de la vida y de cómo nos relacionamos los seres humanos entre nosotros.


     Historias hospitalarias. Cuando las paredes hablan, en definitiva, es una obra que deja posos en el interior del lector. Su lectura es sencilla, se puede leer en poco tiempo si se desea, pero no es superficial en ningún extremo, y ya su propio título te lo deja claro. Solo alguien que ha vivido entre las cuatro paredes de un centro hospitalario día tras día podría componer un libro así, y nosotros, los que no, somos unos privilegiados por poder leerlo.






viernes, 10 de julio de 2026

"LOS ABUBILLOS", DE RUTH ROMÁN FERNÁNDEZ. IMPRESIONES LECTORAS.

 



Los abubillos, de Ruth Román, es un libro encantador, que resalta con una luz natural que solo existe en esos lugares de autenticidad sin dobleces, y que trae un respiro con un aire saludable que notas cuando al fin te desplazas a ese sitio, llegando a ser incluso terapéutico. Para disfrutarlo, solo basta con dejarte llevar con el corazón dispuesto a su fluir, sin más. Combina muchos elementos, más de los que quiere aparentar, entre los que destaco ahora la inteligencia emocional, el humor en guiños y la claridad de ideas en los personajes principales, que son conscientes de lo que tienen y son capaces de valorarlo. Publicado en 2017, está disponible en Amazon, tanto en tapa blanda como en Kindle (Los abubillos). Su lectura es ligera, como es de esperar si tenemos en cuenta el propio propósito de la novela, y por supuesto para todas las edades a partir de 13 años. Ya he comentado varias veces que a mí me ha hecho sonreír desde la primera página hasta la última y que me ha hecho reír en muchos episodios.

      Lo que ofrezco en esta entrada de blog acerca de esta novela es lo siguiente:

1. Su sinopsis y mi impresión lectora.

2. La reseña de mi hija Clara, de 13 años precisamente.

3. Su inesperado contraste con mi novela Amae pop blue, como manera de profundizar más en sus significaciones.


SINOPSIS Y MI IMPRESIÓN LECTORA


Abubilla del Camino es un pueblo cuyos habitantes viven en armonía con la naturaleza y unos con otros. Sin embargo, por un malentendido y una inflexible burocracia, los abubillos deben enfrentarse a la inminente construcción de una carretera que atravesará la localidad y romperá su estilo de vida. Sus originales movilizaciones para impedirlo y todas las vivencias y relaciones entre ellos, con sus peculiaridades, conforman una historia donde la fraternidad, la satisfacción por la sencillez y la honestidad, la amabilidad y el amor por su propio pueblo se imponen a toda ambición externa y a las malas intenciones. De entre sus varios personajes, conocer en acción a Edelmira, Coro y Sandalio, con sus particularidades tan marcadas, nos hará sonreír a veces y pensar otras. Narciso, un perro muy decidido, es otro personaje importante. El buen ánimo y la buena educación se respira en Abubilla, sus ganas de disfrutar de los placeres sencillos de la vida, el estar juntos. Mientras todo se desarrolla, el cine, el teatro y la música se hacen presentes, y también suceden algunos fenómenos extraños, paranormales.

     La novela empieza dinámica, con el relato de diferentes sucesos y la presentación de distintos personajes que dan entrada al verdadero locus amoenus que es Abubilla del Camino. También se transmite una ligera sensación de realismo mágico en la puesta sobre la mesa de acontecimientos sucesivos y en el perfil de personajes, un toque de realismo mágico que se reafirma con una foto.

     El lenguaje es fresco y resuelto, sazonado con gracia y en ocasiones ironía, con descripciones muy al vivo, como por ejemplo la tensión al conducir por parte de un personaje. La novela rezuma vida, deja que la imaginación no tenga límite y demuestra un dulce sentido del humor. Este sentido del humor en no pocas ocasiones se manifiesta en el contraste de visión acerca de un mismo asunto. Hay color en los propios nombres de los personajes.

     Cuando llevas avanzado un poco el relato, te das cuenta de que la amabilidad está por todas partes. Incluso en momentos complicados, se tienen gestos amables con aquellos que se consideran antagonistas o en plena tensión, y por supuesto entre los abubillos y sus invitados. Una de las cosas que ha hecho que mi sonrisa se transformara en carcajada es ver cómo, a las primeras de cambio, los abubillos montan una fiesta, y sobre todo cómo Coro, por lo general, está siempre ofreciendo bizcocho y limonada. Yo creo que es esta amabilidad que rebosa sus páginas lo que me hace decir que la lectura de Los abubillos tiene un efecto terapéutico: una dulce terapia mental, como dulces son los pasteles de Coro, como la música de Salvador a la guitarra. Especialmente gracioso me ha parecido el capítulo XIII (Lalo Lillo) y muy reveladores los nombres de las bandas y los artistas que se barajan para un festival de música. La aparición de nuevos personajes muy perfilados en su personalidad, como Elia o Ignacia Comino, van añadiendo más color.

     Por supuesto, no os voy a contar el final. Y como creo que se me ha notado mucho cómo he disfrutado de esta novela, terminaré diciendo que también se nota que la autora, a la que, según intuyo, debe de gustarle la decoración, disfrutó lo suyo redactándolo.


LA RESEÑA DE CLARA (13 AÑOS)


      Los abubillos es un libro entretenido, a mí me ha gustado, sobre todo por el sentido del humor que hay en una historia tan amable y optimista.

      Mi personaje favorito es, ¡cómo no!, Narciso. Y, dentro de los personajes humanos, Coro, por su iniciativa, su carisma y sus sueños.

     El episodio que me ha resultado más emocionante ha sido el último (XX, El dolor de tobillos), por la acción y cómo acaba.

¿Se lo recomendaría a alguien? Sí, a gente sencilla y sensible, que ame a los animales y a la naturaleza.

¿Me gustaría vivir en Abubilla? Por supuesto, por la amabilidad de sus vecinos y su entorno natural.

¿Y cómo ha sido la experiencia de leerlo con mi padre? Ha estado muy bien leer de forma alternada, párrafo él, párrafo yo, y he aprendido palabras que desconocía.





PROFUNDIZO EN SUS SIGNIFICACIONES POR CONTRASTE CON MI NOVELA AMAE POP BLUE.

     He llegado a calificar recientemente a Los abubillos como la dulce antítesis de Amae pop blue. Esta afirmación no es gratuita, llega como una revelación en mi leer la obra de Ruth Román y, al pararme a analizarlo, descubro sus motivos, y este hecho me ha entusiasmado a otro nivel. Este análisis me ha permitido conocer mejor la obra de Ruth Román y reflexionar en aspectos de la mía, hasta el punto de llegar a pensar, incluso, en llevarlo a mi canal de YouTube, Universo Amae Pop Blue. Iré desgranado lo principal, desde lo más superficial a lo más profundo:

1. Amae pop blue se publica en 2024 (Volumen I), pero su acción se sitúa desde finales de 2017 y durante 2018. La elección de ese periodo temporal no es casual ni azaroso. Además de su valor simbólico, los primeros borradores se escribieron en esas fechas y quedaron durmientes en dos cuadernos que rescaté mucho después. Por su parte, Los abubillos se publica, precisamente, en agosto de 2017. La acción no tiene una ubicación temporal concreta, por lo que es bastante legítimo considerarla con unas fechas probables entre 2016 y 2017. Desconozco el proceso de escritura de Ruth Román a este respecto, quiero decir, no sé si fue redactar e inmediatamente publicar o lo tenía guardado en un cajón durante varios años hasta decidirse darlo a conocer, pero ya me llamó la atención ese año de 2017. No sé, me hizo ilusión pensar que, mientras los abubillos se movilizaban en defensa de su pueblo, Rodrigo estaba llegando a ese estado vital que poco después se removería, y de qué manera. En fin, esto realmente es lo de menos, dije que iría de lo más superficial a lo más profundo.

2. Hay detalles de contraste muy evidentes. Por ejemplo, los escenarios: naturales, rurales en cierto modo, en Los abubillos, y los urbanos casi siempre en Amae pop blue. No es solo el entorno, sino lo que implica en el transcurso del tiempo, las relaciones y la visión de las cosas. Esto se simboliza muy claramente en las aves que representan a cada novela. En el caso de la obra de Ruth, la abubilla, un ave muy llamativa y bella con una cresta que es su rasgo distintivo, y que simboliza tanto en tan diferentes culturas, que se muestra así, en su belleza y muy diferenciada del resto de aves, muy reconocible, por lo general en entornos más naturales (donde yo vivo a veces se las ve, pero bien es cierto que el enorme parque que tengo al lado, que conserva zonas de olivos, ayuda a que estén por aquí). Por mi parte, el gorrión es el ave representativa de Amae pop blue, adaptado al entorno urbano, no especialmente llamativo, común. Sencillo, sí, no puede hacer ostensiones, pero un buscavidas dentro de su sencillez, igual que el alma sencilla, ingenua, de Rodrigo, se tiene que adaptar, mejor o peor, a un entorno de agitación interna y externa.

3. Pero lo realmente significativo es el punto de partida y las situaciones que viven unos personajes y otros, así como la forma en que deben moverse y resolver, y el tono. En Los abubillos se parte del equilibrio social y emocional (en paz y armonía) y sus personajes tienen que movilizarse contra un cambio no deseado que pone en peligro ese equilibrio. Por el contrario, en Amae pop blue se parte de un desequilibrio que acepta el cambio aún más desequilibrado. El interior y la trayectoria de mis personajes están revueltos, a veces a punto de explotar, mientras que en los de Ruth Román hay una aceptación armoniosa tipo ikigai. Los abubillos son felices, plenos, en su aceptación de cómo es cada uno y a qué se dedica, en sus roles dentro del pueblo y entre ellos, en su entorno: esto es, a mi forma de ver, el ikigai. Es decir, está intacto y es pleno y satisfactorio su amae (sentimiento de pertenencia grupal y de relaciones consigo mismos y con los demás, dicho grosso modo, porque exactamente el amae no es eso), en cada personaje de Abubilla está muy asentado. Mientras que el motivo principal del desasosiego profundo inicial de mi protagonista, Rodrigo, y el de varios otros personajes de mi novela, es precisamente que ese amae se ha caído, se ha roto, ha explotado (amae pop), no existe y ha dejado un vacío. Este concepto ya puede luego concretarse en diferentes oposiciones. Dejo aquí algunos ejemplos:

a) El enfoque en la individualidad que no impide la pertenencia a grupos, en Amae pop blue, frente a un protagonista colectivo, que no impide las diferencias individuales y su aceptación, en Los abubillos.

b) Heridas traídas, en Amae pop blue, frente a heridas a evitar, en Los abubillos.

c) Relaciones estables y conformes (de pareja, familiares y sociales) en Los abubillos, frente a relaciones rotas o tormentosas en Amae pop blue.

d) El liderazgo femenino estabiliza en Los abubillos (con muchas comillas eso de "liderazgo femenino" aquí, puesto que es en realidad el carácter y las funciones de cada cual lo importante en esta obra) mientras que gran parte de las mujeres que interactúan con Rodrigo (no todas, también es verdad) son en esencia desequilibrantes o, siendo estables, hacen que el protagonista u otros se tengan que replantear las cosas.


Hay más, pero yo creo que esto es suficiente para justificar que Los abubillos sea la dulce antítesis de Amae pop blue. Y esto a mí me entusiasma, es como descubrirse uno la sombra o la imagen de un mensaje revelado en negativo (donde blanco, negro; donde negro, blanco).

jueves, 9 de julio de 2026

A TRAGEDIA CADA X. "ÁYAX", DE SÓFOCLES. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Leo a Sófocles en la edición de José Vara Donado (Tragedias completas; Cátedra, Madrid, 1985; 27ª edición de 2025). Es una edición que combina verso y prosa. Aunque se discute, parece que Áyax es la primera tragedia conservada de Sófocles, con la novedad de un tercer actor aún vacilante y un tanto a la sombra de Esquilo todavía. La acción comienza, para nosotros, in media res, que no para el público original, perfectamente conocedor de la historia mítica de la guerra de Troya y sus héroes. Como se ve, pertenece al ciclo troyano o micénico y, como digo, empieza ya contextualizado, a saber: la armadura de Aquiles, ya muerto, debe darse al guerrero más valiente y capaz. Sin embargo, en lugar de ir a parar a las manos de Áyax, acaba en las de Ulises por astuto y, seguramente, por una deliberación amañada. Este gesto enfurece a aquel, que se ve ofendido en su honor. El público sabe, y en la obra se observa, que Atenea tiene predilección por Ulises y animadversión hacia Áyax. Para este guerrero, el honor lo es todo y la diosa, realmente, comete injusticia caprichosa sobre él. Todo esto lo desarrolla José Vara Donado en sus explicaciones previas a la tragedia, así que no me extiendo más aquí, y paso directamente a lo que es, propiamente dicha, mi impresión lectora, en la línea de este blog, subjetiva, personal. Aunque, antes de ello, me gustaría dejar apuntadas dos cuestiones.

      La primera, que me sorprende el uso del nombre Ulises en lugar de Odiseo en esta traducción. Reconozco mi ignorancia y he supuesto, desde que leí a María Luisa Regalado con su Lechuza blanca sobre Argos, que puede considerarse Ulises la españolización, de procedencia latina, de Odiseo, ella también usaba el antropónimo latino en lugar del griego, y era el único caso en que así hacía. Los demás son todos helenos (por ejemplo, Ares, no Marte). Realmente, tampoco es que sea importante este detalle, pero sí que me llama la atención.

     La segunda, el propio editor pone sobre la mesa la discusión acerca de si la insolencia de Áyax en un par de ocasiones, al manifestar verbalmente no necesitar a los dioses en actos bélicos, esa soberbia, es o no el motivo de la inquina de Atenea hacia él, y la verdad es que bien pronto aparece este tema, en la primera escena, cuando Atenea aconseja a Ulises: ... no digas jamás tú ninguna bravata arrogante a los dioses ni te enorgullezcas porque valgas más que otros por la fuerza de tus brazos o por la inmensidad de tus cuantiosas riquezas [...]. Los dioses aman a los sensatos y detestan a los malvados (pp. 45, 46). Está claro que para los dioses olímpicos es el peor de los pecados (bueno, y para los cristianos también se supone que debería serlo, ¿no fue ese el pecado original, querer ser igual a Dios?, y no tanto las aprensiones sexuales, pero, en fin, ese es un melón abierto en otro sitio). Estoy convencido de que esta arrogancia es la hybris, que tanto apareció en Esquilo, pero sigo reconociendo la ignorancia que tengo en filología clásica, yo lo estaba dando por hecho mientras leía. Es que esto de hybris y Ate a mí me hizo pensar mucho en su momento.


                                         *



¿Dónde está Teucro?, se preguntaba Tecmesa (p. 70), y es que parece faltarle todo auxilio a Áyax incluso ya muerto, prototipo de la fuerza y el valor frente a la astucia e inteligencia práctica de Ulises, aunque, para ejecutar su propósito, sí fue aquí astuto Áyax en el uso intencionado de palabras ambiguas para dirigirse a su esposa y a sus compatriotas salaminos (el coro). ¿Tal vez la inclusión de un cuarto actor habría podido salvarlo, pudiendo así Teucro coincidir con su hermano en escena? Pero en realidad Áyax se salvó de este modo, y vuelvo a las palabras de José Vara en su Introducción a esta tragedia: ... no toda obra de Sófocles persigue la felicidad, sino la salvación (p. 39). Porque, sí, sucedió lo que tenía que suceder, que a la inocencia no le va bien este mundo (ibíd.). La tragedia se divide en dos partes o tensiones cargadas de mucha emotividad y dramatismo. En la primera, contemplamos a un Áyax enloquecido por Atenea, que cree haber dado muerte a los principales griegos, por la ofensa de la armadura de Aquiles, incluidos Menelao y Agamenón, cuando en realidad ha destrozado el ganado de los aqueos, que se ha llevado a su tienda, lo cual le condenará posteriormente a morir por lapidación, ya es más que un rumor por todo el campamento de los griegos apostados frente a Troya. José Vara hace notar cómo el episodio del Quijote donde nuestro ingenioso hidalgo se lanza a luchar contra un rebaño de ovejas es eco de este suceso. Vuelto en sí, viendo cómo, una vez más, su honor está por los suelos tras sus actos tan ridículos y humillantes, trama su suicido, el cual ejecuta. La segunda parte es la lucha dialéctica entre Teucro y los atridas (Menelao primero y Agamenón luego) acerca de si se le debe dar sepultura o no. El argumento para prohibirlo es que los enemigos no se merecen ese don y a Áyax se le considera como tal, especialmente porque su intención había sido acabar con todos ellos. Lo de "lucha dialéctica" es más bien un eufemismo: se trata de una discusión en toda regla, con intercambio de amenazas e insultos hirientes. La aparición de Ulises al final, el más aborrecido de Áyax y viceversa, pone fin a la disputa: convence, más o menos, a Agamenón para que tenga su entierro y se reconcilia con Teucro y los suyos. 


     Había oído hablar mucho del contraste entre Esquilo y Sófocles, y desde luego lo he notado muchísimo en mi primer acercamiento a las tragedias de este, a pesar de ser la más primitiva, al parecer. Menos sobrio y mucho más dinámico, Sófocles es bastante más expresivo que Esquilo, mucho menos comedido, digamos. Usa más recursos escénicos: aparte de ese tercer actor añadido, por ejemplo, puede dividir al coro en dos semicoros o hacer que Atenea aparezca siendo vista por unos y no por otros. También es más rico en recursos lingüísticos, lo cual incluye la intensidad emocional más elevada en los lamentos, la ironía, la ambigüedad y el insulto elaborado. Si yo soy capaz de notar esto, sin mucho conocimiento y tras la lectura de una traducción, no me extraña que impactase en el público coetáneo, debió de ser toda una revolución (como filólogo hispánico, no puedo dejar de acordarme de Lope de Vega en este sentido, salvando muchísimas distancias). 

     No sé por qué, estoy siendo muy técnico y muy ceñido al texto hasta aquí. Y eso es impropio. Porque, ya lo comenté en otro artículo, estoy tratando con tragedias clásicas, más que estudiadas y comentadas por voces expertas a lo largo de siglos, por eso mi propósito es no ser descriptivo, y lo he sido hasta ahora. Mi objetivo es dar mi impresión personal, así que destacaré muy a lo personal algunos aspectos a modo de botón de muestra. 

     El personaje de Tecmesa me ha parecido conmovedor. También chocará a más de uno cómo lo trata su marido, cómo se especifica el papel subordinadísimo de la mujer y cómo llega a ser esposa de Áyax y, siendo consciente de ello, que también pueda decir que lo ama (ya es inevitable acordarme de María Luisa Regalado con su maravillosa Clitemnestra de Lechuza blanca sobre Argos cada vez que aparezca algún personaje femenino), pero, si nos choca como realidad en sí, era la que había y lo sabemos.  Por eso, por ese carácter que sabe estar en el sitio que se le asigna y a un tiempo tener iniciativa y gran expresividad, me gusta como personaje, y por sus intervenciones, sensatas y emotivas a la vez. Ella misma le dice a los marineros salaminos (el coro) una frase que le dirigió su marido para que no preguntase más sobre lo que hacía: "Mujer, a las mujeres el silencio les procura distinción" (p. 51). Una frase que me lleva, inevitablemente, a mi propia novela, puestos a ser subjetivos, ante la resolución consciente de Olga y Carmen con Rodrigo en el capítulo 40, cuando están realizando un ritual y tomando té: el porqué adoptan esa actitud ante él, siendo en este caso dos mujeres del siglo XXI, tendrás que averiguarlo tú, está en Amae pop blue, volumen II (p. 63). Eso mismo también explica el tono de voz de Olga en el capítulo 86 y sus limitaciones a la hora de comportarse.

     Tremendas me han parecido las palabras de Tecmesa, precisamente, dirigidas a Áyax: En esta situación, ¿quién más que tú podría hacerme de patria? (pp. 57, 58). La frase en sí, como lapidaria; pero también en el sentido que tiene en el texto. Es decir, me ha encantado en sí, recordando inevitablemente a la vez el reverso de Unamuno al llamar matria a su esposa, pero también como expresión concentrada, como la moneda con dos caras, de amor por él, de un lado, y de necesidad y dependencia, de otro, pues si Áyax se suicida el destino de Tecmesa puede ser terrible sin su amparo ya. 

      También tremendas son las palabras ambiguas del propio Áyax: Pues yo voy allá a donde debo ir (p. 63). Una frase que, a nosotros, por fuerza, nos evoca a las de Jesús yendo al Calvario. Al fin y al cabo, en ambos casos se trata de la asunción de un terrible destino decidido por uno mismo.

miércoles, 1 de julio de 2026

"ORFEO NO QUIERE VOLVER", DE JOSÉ MANUEL PÉREZ MARÍN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Orfeo no quiere volver, de José Manuel Pérez Marín (2026), se compone de veintitrés poemas que, en mi impresión subjetiva, se respiran. Se trata del tercer poemario de un filólogo clásico y asesor de El País en relación a ese mundo grecolatino, de ahí que sus versos puedan permitirse anclarse, evocar, revocar o revolcar diferentes historias mitológicas de la Grecia clásica y también a imágenes de una Roma esplendorosa que igual ya está en ruinas al acercarnos a ella. También le permite disponerse como este o aquel autor griego o romano, o tomar igual voz epigramática que ecos de diferentes composiciones de la Antigüedad clásica. Pero cuidado: no son recreaciones (non solum ... sed etiam...). Se trata de un poemario personal, que refleja el mundo interior de un autor que lanza sus versos a viajar, lo mismo por mar que por el inframundo. Yo los he ido notando muy sinceros, muy sentidos, muy vibrados, como cuerdas de su lira interior. Hasta conseguir las famosas conexiones de las que últimamente hablo mucho, a veces por referencias a otros textos, a veces por coincidencias que, tal vez, se deban a que ambos somos seres humanos.

     Como veis, ya empiezo impresionista, y es que os doy eso, mi impresión. Realmente se trata de una obra de extensión breve, ponerme a analizarla sería, no destriparla sin remedio, sino tal vez desmembrarla. Y es que tampoco es necesario. En su Prólogo, Francisco García Jurado hace lo que te encuentras en muchas obras poéticas, va poema a poema dando su semblanza y resaltando lo más significativo, desde sus conocimientos profundos sobre literatura y el mundo clásico. Y yo, como lector, he obrado como suelo cuando me topo con estos regalos: primero leo el poema, dejo que entre, que encuentre su camino hacia mí; luego, leo el comentario del especialista, y termino de comprender. Generalmente así es suficiente y así es cómo he ido poema a poema. A veces, eso sí, vuelves a un poema concreto; ya mi siguiente lectura de estos versos será en curso continuo o con paradas para contemplar panoramas. 

    Realmente, son poemas de alta calidad, literaria y humana. Dejo ahora apuntadas algunas apreciaciones más personales, entre otras que podría hacer. Para empezar, que estoy muy de acuerdo con Francisco García Jurado cuando escribe que "Busca expresar un universo propio mediante imágenes atemporales": así es. Todos los poemas me han gustado mucho, sí, pero voy a seleccionar. El segundo, Sine vindicta, me pareció muy bueno, delicioso, de principio a fin, sobre todo ese fin. Lo digo en sí mismo, como poema, porque todavía no podía ser consciente de qué anunciaba en la cadena de poemas, el tono que ya imprimía  José Manuel ahí, su irradiación al resto de la obra.

       Al llegar a la página 40 tuve que detenerme. Me sorprendí a mí mismo al ver que había traspasado una especie de meta volante al llegar a Troya no nos llora, porque había entrado en una oleada de versos ardientes ya en el poema anterior, Ecos de Roma, ¡versos encendidos, amor apasionado!, para tomar la voz de Petrarca y mi mito preferido de todos (¡ay, Dafne!) en Un poeta laureado (y mi canto, en lugar de poseerte / te eternice en ramas de fuego y sombra). Para ir asentándonos en el amor clásico, el amor puro, el verdadero, y aprender que en el amor no hay que mirar atrás, como hizo Orfeo (Katábasis del amor). Precisamente el poema siguiente, Amor clásico, con ese recurrente Déjame..., que es más que una mera anáfora, ya me estaba inundando con pequeñas ondas que hacían de espejo para reflejar también lo que hay dentro de mí; y entonces, ¡toma en la frente!, llega la Aurora incondicional con su amor puro, aquí está, el puro: el idealizado, del que tanto sé e incluso creo que me he doctorado. Y después, el escalofrío de todo, lo ideal y lo físico hecho uno en No leemos y escribimos poesía: ...que el deseo no necesita templo / para volverse sagrado, / que basta un nombre susurrado en la penumbra / para que el Olimpo tiemble (p. 51).

     Bastantes poemas dejan el sabor de los mitos: melancólicos, tristes, realistas en la asunción del destino; de desamor, desilusión y abandono, de dolor.

    Soy Aries, me rige Marte, soy directo: mi poema, de entre todos, sin duda es Noches áticas. Y es que, encima, aparece aquí la Rayuela de Cortázar. Como tomo apuntes, os voy a decir qué he puesto en mi cuaderno junto al título de Noches áticas: he pintado un corazón, ya está. Suficiente.

     El último poema, Cuerdas desafinadas, es más que un colofón. Al fin y al cabo, el mito de Orfeo y Eurídice, ¿qué acaba por enseñarnos? ¿Mueves cielo y tierra, consigues lo imposible para justo al final...? Pediste a los dioses una segunda oportunidad, /pero ni los dioses rehacen / lo que el miedo rompe (p. 64).