LA PÁGINA DESCIFRADA
Me gusta pensar que los libros, como entidades vivas, son como nosotros, como los humanos: con su propia personalidad, sus ganas de vivir, de llorar, de vibrar o de apagarse. Y muestran su belleza única, o la ocultan para que tú la descubras. También tienen defectos, todos, y algunos son ajenos a su voluntad y su razón de ser. Errores de edición, de maquetación, en la tipografía o una simple coma que, mal puesta, le cambia todo el sentido a una frase o incluso al texto entero. Como nosotros, que también tenemos defectos, y algunos no han sido por nuestra culpa. Como nosotros, que podemos ser la coma mal puesta en la vida de otra persona, incluso la más querida.
La magia viene cuando el fallo, el lapsus, el olvido, el error, abre posibilidades felices. Tal vez, la frase corrompida por esa coma desplazada y fuera de sitio ofrece un significado mejor, diferente, inspirador, genial.
Imaginó que había sido eso, un error de edición. Pero encontrarse la página 150 completamente vacía, en blanco sin necesidad, fue algo así como una serendipia para Nélida. Le sobrecogió, primero, que siguiera a un cuento cuyo título era Sin poder hablar, esa página era el verdadero final del relato. Y luego se transformó en otra cosa muy distinta: una invitación amable para que ella, la lectora, escribiera allí su cuento, algo que haría. Una historia preñada de significados, donde una escritora insistía en que la segunda edición de su libro de cuentos volviera a aparecer con la página 150 en blanco sin necesidad. Su sonrisa iluminó sus ojos, y ya pudo pasar a la página 151 para continuar la lectura esperanzada.
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