sábado, 8 de agosto de 2026

"MEMORIAS DE UNA ALQUIMISTA. A TREINTA DÍAS DE LONDRES", DE LISEET MATA MARTÍNEZ. IMPRESIÓN LECTORA.

 



PRODESSE UT DELECTARE


Existe un tipo de literatura que, además de manifestarse como tal y generar su propio mundo ficticio o lírico, tiene asimismo el propósito de transmitir conocimientos, y ello sucede así en todos los tiempos, incluidos estos. De hecho, en este blog podréis encontrar más de una impresión lectora de obras con este fin añadido. Este es el caso de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, de Liseet Mata Martínez (Aliar Ediciones, 2024). La propia autora, en su nota final, nos explica acerca de sus motivaciones y proceso de escritura de la fascinante historia de Laia que anidó en su mente en escenas durante mucho tiempo hasta llegar a contárnosla, apoyada en elementos biográficos en algunos casos, en la imaginación en otros, y conectando con nosotros, los lectores, con nuestros pensamientos (que tienen la capacidad de dar forma a la realidad), sabedora de que, al leerla, la hacemos nuestra y seguramente le otorguemos otros significados. Apela a la conexión, a las distintas conexiones internas y externas que se producen a diferentes niveles: Somos mucho más que cuerpo y mente, y en verdad espero que el lector encuentre en estas páginas una guía que lo conduzcan hacia esa realidad de sí mismo, que ahora ha olvidado (p. 270).

     La historia del transcurrir de sus siete capítulos es la de Laia, aunque no solo la de ella. En cuanto narración ficticia, vamos de la mano de Laia en su recorrido vital, desde un presente en el que es una mujer adulta ya, con dos hijos (Emma y Lucas), y una familia extensa que por momentos tenemos delante, acompañándola e intercambiando palabras y compartiendo tiempo con ella, como sus hermanas Margaret y Valeria o sus padres, en varias localizaciones (Canarias, Londres, ...), hasta llegar a redefinir su hogar y a un tiempo acabar enfrentándose a su mayor reto. A través del flash-back (analepsis), y en menor medida el flash-forward (prolepsis), tal y como nosotros concebimos el tiempo, lineal, vamos conociendo su infancia, sus vicisitudes e inquietudes anteriores, sus pruebas y la superación de barreras. Como su autora, Laia es una venezolana de origen que tiene que abandonar su país y en condiciones muy complicadas debe salir adelante. Pero no solo son barreras y pruebas de este tipo, económicas y emocionales: las más importantes son mentales y, sobre todo, espirituales. Laia debe acabar de conocerse a sí misma en plenitud. Por eso, la figura de John es clave. Estos flash-backs, estos saltos temporales, se van haciendo poco a poco, generalmente a través de conversaciones, el diálogo es muy relevante en Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres. También a través de pensamientos, reflexiones y recuerdos expresados. Y es que estos saltos no son solo temporales en nuestro concepto de cronología. El tiempo es mucho más amplio aquí, y se producen también saltos dimensionales.

     Su título es muy adecuado, y se presta a varias interpretaciones, seguramente todas correctas. Ya aquí te invito a que te leas la novela para hallar su sentido. Porque acompañar a Laia en este tramo de su camino es aprender junto con ella acerca de la trascendencia de lo observable, del ser y de la realidad tras la realidad: la metafísica y la filosofía, la alquimia, el hermetismo, la gnosis, la ley de la atracción, las regresiones, la transmutación, el estado de conciencia, el yo (incluido el superior), son varias direcciones, entre otras muchas, a las que no solo se apuntan, sino que se recorren en sus inicios dados a nosotros como lectores, aunque lo hacen los personajes. Y el poder de la palabra, que es creadora. Aparte, hay una historia de amor, y todo está conectado. No puedo resistirme a poner esta cita, en relación con el inicio del romance y su conexión con el ser y todo lo que llevo dicho. La pronuncia Emma, la hija de Laia, dirigiéndose al enamorado: Yo pienso que en el momento en que ella finalmente sintió que merecía ser feliz, que merecía ser amada, apareciste tú (p. 203). Y, por cierto, mencionando ahora las conexiones y antes un poco de su estructura narrativa, en lo estructural me ha parecido delicioso el juego de espejos, por llamarlo de algún modo, que encuentro en el capítulo VI (El decreto). Existe, ahí te das cuenta, un ...y viceversa que tiene que ver con lo onírico y no puedo decir más, pero que acaba articulando la estructura de esta novela de manera muy original. Su final es completamente abierto, implícitamente ya nos emplaza a la lectura del segundo libro de la trilogía de Memorias de una alquimista, en este caso En el borde del tiempo.

     Podría decir muchas más cosas, ¡por supuesto!, muchísimas. Es la segunda ocasión en que me la leo, y esta vez las anotaciones cuadruplican las de la primera lectura. No son en balde, aunque esté cerrando ya esta impresión lectora. Mi objetivo al hacer esta segunda lectura no solamente era volver a disfrutarla y refrescarla en mi mente, sino asimismo reparar en detalles que se me hubieran podido escapar y volver a sumergirme en el mundo de Laia, para pasar más en sintonía a la lectura de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo, el segundo de la trilogía, que se ha publicado recientemente, porque además, creo que ya lo sabéis, tengo el privilegio de acompañar a Liseet en su presentación en la Biblioteca Pública del Estado, en Las Palmas de Gran Canaria, el próximo 18 de septiembre. 

     Subjetivamente, que es así como es mi blog, podría decir también bastantes cosas. La primera, por ejemplo, que muchos de los temas que toca ya los conocía, lo que como lector me ha permitido seguirla bastante bien y, además, situarme en la perspectiva de qué descubrirán aquellos lectores que desconozcan los temas que se tratan. Por supuesto, otros temas han sido nuevos para mí, y no solo los tan elevados, por lo que suscita mi interés de querer profundizar en ellos. Digo no solo los elevados porque, a modo de ejemplo, ha sido un placer dar los paseos que da Laia por un Londres que me es completamente ajeno. 

     Otro elemento subjetivo tiene que ver con mi conexión personal con varias partes de esta novela. No me refiero ahora tanto al conocimiento transmitido como con lo que se deja ver, a veces de manera sugerida, de las dificultades de Laia, y gran parte de sus razonamientos y forma de asimilar las pruebas a las que le enfrenta la vida. Es así, bien porque yo también me veo reflejado ahí, bien por anhelo (especialmente en lo familiar). Esto, en mi caso, ha ayudado a que Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, resuene más conmigo.

      Y lo último que diré a este respecto es que, aparte de querer investigar sobre temas que desconozco o no he profundizado en ellos, ha provocado que quiera escribir reflexiones, que seguramente volcaré en este blog, sobre determinados aspectos literarios y vitales, ha despertado mi mente y suscitado a mi imaginación reflexiva y creativa. 


He vuelto a disfrutar de una novela que, como ya sé que esperáis por cómo me he expresado, os recomiendo, es fabulosa.

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