jueves, 13 de agosto de 2026

LA LITERATURA EN LA MÚSICA: "CATCH THE RAINBOW", DE RAINBOW. LITERATURA Y MÚSICA.

 



Mucho dije en su momento de la aparición de la música en obras literarias, por apetencia sobre todo, pero asimismo porque hablaba de mi novela. En la mía, Amae pop blue, su presencia es constante: no solo porque su protagonista, Rodrigo, es bajista, y porque en el Volumen II vamos a contemplar la formación de dos bandas, una de indie, liderada por Mara, y la otra de rock, Materia Oscura, al que pertenecerá Rodri, sino porque las referencias y alusiones a canciones y grupos impregnan la obra (de The Moody Blues a Triana, de Saxon a Wings, de Stone Temple Pilots a Alice in Chains, de Skunk Anansie a Muse, de Camel a Metallica), y no es la única. He ofrecido en listas de reproducción de YouTube abiertas la banda sonora de Amae pop blue, las canciones que suenan. Otros escritores van más allá y aportan un código QR para escucharlas en Spotify. Y tampoco somos originales, si no, recuerda ese jazz permanente en Rayuela de Cortázar. Y os digo más: no solo es eso. Es el ambiente al escribir, la inspiración que produce a un poeta y narrador para comenzar, pulir o envolver sus textos, llega a ser inefable.

      Pero en este artículo, y los de su serie, voy a la inversa, ya que se trata de un camino bidireccional. Me apetece mucho comentar cómo está presente la literatura, de tantas maneras, en la música, más allá de que las letras de las canciones son de por sí textos literarios, por lo general de género lírico. No entraré en lo más obvio para todos, fundamentalmente porque soy un verdadero inexperto y porque no faltan voces que traten de ello: la música clásica, con las tragedias griegas y el Don Juan en primera línea. Yo creo que la mayoría pensaríamos en ópera si nos dijeran eso de la literatura en la música. En mi caso, iré a lo que me gusta y de lo que sé un poco: el rock. Y, antes de ello, al ser este mi primer artículo de la serie, querría dejar aquí constancia de una experiencia que ya comenté en otra ocasión, y no soy el único que la ha vivido: las evocaciones de las canciones en inglés, u otro idioma, cuando uno no tiene ni idea de inglés o de esa otra lengua.

     Ahora ya no me pasa, claro. Mi nivel de inglés no es que sea alto, pero entiendo más o menos las letras de las canciones y, además, tengo a mi disposición la posibilidad de acceder a ellas y su traducción de manera rápida y cómoda. Pero hubo una época en este país, que en mi caso se remonta a mi adolescencia y primera juventud, en la que no tenías mucha idea de qué se estaba cantando y te daba igual. La propia música, la fuerza o dulzura de la voz, los cambios de ritmo, el énfasis en determinadas palabras o frases y vocablos sueltos que pillabas en tu poco conocimiento del inglés hacían que el tema musical te evocase historias, sensaciones, estímulos, conexiones con tus vivencias y deseos o temores, escenas y escenarios. Luego serían adecuados o no al contenido real de la canción, pero esos significados se los dabas tú en tu escucha, y, sinceramente, yo lo veo como una ventaja, tenía mucha potencia para estimular mi imaginación.

     En el caso de Catch the rainbow, de Rainbow, que descubriría allá por finales de los noventa, es obvio el tono melancólico, no hay más que escucharla. Luego, si tiene un mensaje esperanzador o no, si ese Come the dawn que sí entendía, era algo positivo o negativo, no lo podía saber, yo a ese tema lo doté de una significación emotiva que para mí siempre será así. El título, Catch the rainbow, que también entendía, podría apuntar a que sí, que se abría paso a una esperanza: no solo por su significado bíblico de una nueva vida tras el desastre, sino más bien por tratarse de un fenómeno lúcido tras la tormenta que aparece como algo a alcanzar, podría representar las ilusiones. No se alcanzará, seguramente, es como eso de atrapar el horizonte o bajar la luna para regalarla. Y, ya digo, la melancolía de la música y la voz tampoco transmiten un optimismo a reventar, si es que no lo hace para nada. Pero sí tal vez que pudiera ser bueno ir a por él, o tener un valor simbólico de que habría un nuevo amanecer. Ahora sé que no es así. Y ahora sé lo vinculado que está a determinados cuentos medievales y a la lírica de esa época. Y eso del amanecer tampoco lo obviaré en este artículo. 

     Somos animales diurnos. La luz suele representar el orden, la bendición, la verdad, mientras que la oscuridad suele representar el caos, las dificultades, el miedo y la incertidumbre (por no hablar de la propia muerte y su sueño eterno). Por eso, el amanecer suele ser símbolo de una nueva esperanza. La noche, la noche oscura del alma, los malos momentos, los peligros, se empiezan a desvanecer con la primera luz del alba, que anuncia la llegada de un sol tan esperado. Sin embargo, esta polaridad de luz positiva y oscuridad negativa no se ve siempre así. La noche es también símbolo de las ilusiones, la creatividad, la imaginación y... el amor. Y es muy típico en la literatura ver el amanecer como ese momento que no se desea que llegue, porque con su venida se acabó la noche de pasión y encuentro de los enamorados. Y esto va desde lo más romántico a lo más erótico (muchos de los epigramas eróticos griegos lo mencionan y lo maldicen). Se hacía referencia a relaciones ilícitas en un sentido que a nosotros hoy en día se nos escapa. Sí, los adulterios y los cuernos, pero también los encuentros de dos enamorados que, por edad o exigencias sociales, no deben ser vistos juntos. Los matrimonios eran concertados, no solían ser nunca por amor; los flechazos de Cupido, siempre activo, hacían que muchos encuentros tuvieran que darse de noche, a escondidas y en secreto. En otras ocasiones, simplemente las obligaciones del día ponían fin a la dulzura nocturna. El alba, esa primera luz del día, era anunciadora del fin por esa vez de ese anhelo tan fogoso e imparable en los corazones enamorados que había podido expresarse en nocturnidad. Esto es un tópico literario que da lugar a subgéneros poéticos: las alboradas o canciones del alba, en diferentes idiomas y épocas. 

      Catch the rainbow se enmarca en esta segunda simbología del amanecer; la primera, en verdad, es para dar el bofetón de realidad. Lo que sucede de noche es lo que ambos desean. La llegada del amanecer los pone en su sitio y les recuerda que su sueño, su necesidad de estar juntos, sus ilusiones de verse como pareja y proyectar una vida en común, es una ilusión vana que no llegará a suceder. Es como tratar de atrapar el arcoíris. La luz del sol, sí, representa el orden aquí, un orden social que destroza los sentimientos que tienen los protagonistas de esta historia; la noche, cierto caos de ilusiones vanas. Viene el amanecer. Se acabó pensar que se hará realidad el deseo. Por tanto, fijaos, eso de la realidad y el deseo siempre nos remite a Cernuda..., el Catch the rainbow se vincula, en su mensaje y las emociones que transmite, a esas canciones del alba de tradición literaria en tantas culturas y países. Pero, además, la historia que se cuenta en su letra sería todo un cuento medieval, o ambientado en la Edad Media. Una historia, en general, que hasta en la actualidad se reproduce, con diferentes finales, en novelas de fantasía y también romántica, especialmente el de ambientación más o menos histórica o de época. 

     Canción melancólica y romántica, de 1975, la letra es de Ronnie James Dio. En un ambiente medieval, trata de la historia de amor entre un mozo de cuadras y una dama de la corte. Ella se escabulle de noche para encontrarse con él, un tanto como la amada del Cantar de los Cantares, y se acuestan en las cuadras, en un lecho de paja. Y aunque ambos están ilusionados en poder llegar a ser pareja de verdad, la realidad se impone y terminan separándose. Claro. De ahí el título del tema: lo que anhelan, de lo que hablan por la noche, esa ilusión, es lo mismo que atrapar el arcoíris, no se hará realidad. Las imágenes son sugerentes en ese sueño compartido: cabalgar sobre el viento, dirigirse hacia el sol, navegar en barcos maravillosos. Hasta que la canción da un giro para mostrar que todo eso es vanidad ilusoria, no sucederá en la realidad, de ahí ese triste y reiterado Come the dawn. Toda una historia, todo un cuento lírico-narrativo.


     

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