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martes, 11 de agosto de 2026

LOS CAMBIOS DE LA VIDA EN LA LITERATURA Y LA REALIDAD. REFLEXIONES DE UN LECTOR.

 



Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,

estados de gentes que giras e trocas,

tus grandes discordias, tus firmezas pocas,

y los que en tu rueda quexosos fallamos;

fasta que al tiempo de agora vengamos

de fechos pasados cobdiçia mi pluma

y de los presentes fazer breve suma:

y dé fin Apolo, pues nos començamos.


(JUAN DE MENA: Laberinto de Fortuna, copla II)


Recuerdo de forma muy vívida una conversación de hace muchísimos años atrás. No diré de quién se trata por respeto a esa persona y porque es indiferente quién sea para lo que deseo expresar, seguro que le ha pasado a más de uno. El caso es que me resultó imposible conseguir que entendiese el significado del refrán Más vale malo conocido que bueno por conocer. Era incapaz de comprenderlo. ¿Cómo va a ser mejor algo malo que algo bueno? Inútil por mi parte tratar de hacerle ver que, para la persona que lo dice, es mejor porque no sabe lo que está por conocer, eso se sabe después, cuando ya lo conoces. Así que, el mensaje de ese refrán supone una actitud de apariencia sabia, puede que en algunos casos lo sea. Es una invitación a no asumir riesgos por lo que pudiera pasar, porque al hacer cambios hacia alguna aspiración se podría acabar peor que ahora, que se lo digan a la lechera del cuento. Y como lo malo es mejor que lo peor, muchos eligen quedarse con lo malo. Al menos lo conocen, saben cómo reaccionar, las pautas de actuación ante ello y las consecuencias. Pero, si nos atenemos a la literalidad del refrán, que era lo que confundía a mi interlocutor, lo que está por conocer es bueno, y bueno es mejor que malo. Y estas actitudes posibles, el Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy, o el decidir alcanzar un mejor estado de vida, especialmente tras haber sufrido un desastre en lo personal, son eso, actitudes. No hablo tanto de asumir riesgos, y aquí la rueda de la Fortuna va más rápida porque la has impulsado tú, sino al hecho de que el temor, o la costumbre a un contexto que no mereces o podría ser mejor, te impida creer en que lo puedes alcanzar y, por tanto, quedarte inmóvil. 

     Llego al refrán a raíz de mi lectura de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, luego lo detallaré. Pero impulsado también por mis propios acontecimientos vitales. No viene al caso, pero lo diré: a finales de mayo de este año, al fin me liberé de una circunstancia que me tenía aprisionado y angustiado por más de tres años. Lo he celebrado veladamente en las redes, además, y en esa celebración se incluye un poco que mi obra Amae pop blue haya sido un anticipo de fe y ella misma haya profetizado algunas cosas. Queda dicho, vuelvo al artículo. Estábamos en un refrán, el Más vale malo conocido que bueno por conocer.

     Los aforismos, los consejos, las frases lapidarias, los proverbios de cualquier cultura, incluidos los proverbios bíblicos, como la Biblia misma entera tal y como algunos la usan, de guía de vida, nunca fallan ni se contradicen: son un arma verbal adecuada para determinado lance, hay que saber entenderlos, contextualizarlos y usarlos, hay que saber usarlos. Lo mismo sucede con el refranero español, entonces, nuestra mejor fuente de sabiduría, como bien lo sabía Sancho Panza: no existe contradicción entre A quien madruga, Dios le ayuda y No por mucho madrugar amanece más temprano, porque no se deben tomar en sí mismos, sino en su contexto de uso. En su contexto de uso, cada uno es sabio y es acertado: el primero, que es necesario trabajo, disciplina y esfuerzo para que las cosas vayan bien, para que sucedan; el segundo, que la ansiedad no vale para conseguir esos fines ni cuenta como esfuerzo real, no vale para nada. Hasta el ahora polémico por mal entendido Quien bien te quiere te hará llorar es sabio en su contexto correcto, pero, ¡por favor!, su contexto correcto no es el de aceptar como adecuado el maltrato físico o psicológico, no lo entiendas ni uses para eso. 

     El de No por mucho madrugar amanece más temprano conecta, además, con ese Por nada estéis afanosos y el Baste a cada día su propio mal, del Jesús evangélico, sentencias muy efectivas y benéficas si te decides a usarlas. En el caso de Más vale malo conocido, ... su sentido recto es bueno en su consejo, en principio: desconocemos el futuro, no podemos vivir de ilusiones que luego podrían llevarte a la decepción. Aunque, si bien lo miras, te hace perder oportunidades. Es para pensarlo. Este es motivo de este artículo, enfocado en la literatura y también en la realidad de nuestras vidas, fundamentalmente la experiencia de que en ellas acontecerán sucesos y situaciones inesperadas y terribles, y tras ellas se puede decidir quedarnos en cierta conformidad o dar el paso adelante hacia una nueva vida plena, seguramente más plena y consciente que si no hubiésemos pasado por esas pruebas. Aquí, de nuevo, recuerdo a ese Jesús de los Evangelios con su Parábola de los Talentos, porque el que al final es reprendido en juicio divino fue el prudente, el que enterró su talento por no perder lo que se le había dado en custodia, y son elogiados y premiados los otros que los arriesgaron, los pusieron a funcionar y obtuvieron intereses de su inversión. Suena muy manido y muy de frase Facebook buenista, ya lo sé, pero en realidad es eso: ¿te conformas en estar donde estás, ese malo conocido, o reconoces en tu interior que tienes unos talentos que se pueden poner en marcha, una vida más alta que vivir, una misión de vida, como se dice ahora, y te mueves hacia ello? 

     La simbología alegórica y arquetípica del tarot me va a ayudar a dar a entender cuál es el enfoque general de la reflexión que deseo hacer aquí. Cuando mencionamos a la Fortuna y su rueda, los cambios de la vida, no nos los estaría represando tanto aquí el arcano mayor nº 10, La Rueda de la Fortuna, aunque por supuesto está implicadísimo, sino más bien La Torre (arcano nº 16) y la que le sigue, La Estrella, en relación con aquella, como la luz de esperanza tras el desastre, que guía un camino (largo y arduo, por otro lado). Los cambios súbitos, esos rayos que hieren la Torre, lo que considerábamos firme e inamovible, rayos de terribles consecuencias que destrozan los pilares en los que tu vida se sustenta y borran todos sus esquemas. En mi reciente lectura de Las Traquinias de Sófocles lo volví a observar, consternado igual que Deyanira, esto ya había sido contemplado en otras tragedias de Esquilo, en otros textos de la antigüedad. Cuando Deyanira observa a las esclavas recién traídas por Licas como botín de guerra de un Heracles que ha devastado su ciudad, siente una tremenda compasión por esas mujeres, ahora posesión de su marido, especialmente por Yole, y se hace explícito: hasta hace nada, estas mujeres eran libres, con una vida, unos parientes, sus propias preocupaciones y quehaceres, y ¡míralas ahora!, de repente han pasado a ser esclavas, a una vida miserable, y son víctimas, su ciudad fue atacada y reducida a escombros, han visto morir a muchos de los suyos y ahí están, cuando hacía unas semanas atrás sus vidas tenían otro discurrir tan diferente. Y dirás con razón: "Bueno, a ver, es una tragedia, el destino, el fatum". Claro, así es. Pero ¿acaso no sucedía eso en la realidad? ¿Acaso no sucede ahora, ese cambio súbito y desastroso? ¿Te ha sucedido a ti o piensas que eso no es posible?


*


     Muy grande me vendría a mí abordar este tema en un artículo de blog si me dieran su título, así tal cual, y me pidieran que reflexionase sobre ello. Me vendría grande por mis capacidades limitadas, y sería grande, sería infinito. Le he puesto este título porque sé que, aunque sea a vuelapluma, se van a escapar diversos temas relacionados, que de seguro quedarán simplemente apuntados, es inevitable. Pero, a pesar de lo abarcador que es, realmente mi foco de interés es más específico. Es, además, el origen de que esté escribiendo ahora. Surge a raíz de mi lectura de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, de Liseet Mata: hay un momento en esa novela que de lo que se reflexiona en diálogo activa inmediatamente en mi mente un tema que es tópico literario y que nos acontece a la mayoría de nosotros en nuestras vidas. Y no por sabido y escuchado deja de pillarte por sorpresa, desencajándote completamente (y ese es otro tópico, no literario, de la vida, el pensar en nuestra inconsciencia que lo que les pasa a otros no puede pasarte a ti, no te va a ocurrir, incluido el morirte). Se trata de los cambios sobrevenidos, los acontecimientos que se supone que no deberían suceder y suceden, TE suceden, a ti, y tu reacción ante ellos es clave, y no es tan automático como te piensas, puede ser imprevisible tu reacción, y va a demandarte a ti saber qué hacer con ello, y esa decisión, la tomes o no, te lo plantees o no, será una lucha, y en algunos casos pura supervivencia, y en otros casos el inicio del camino hacia tu madurez. Porque tras el cambio que puede llegarte como un terremoto o un derrumbamiento viene el desconcierto, viene el estado de shock, el duelo, la ceguera durante un tiempo hasta que, si tienes suerte o te mueves bien, llegas a ver de nuevo y contemplas: las ruinas, el desastre, lo absurdo de tus reacciones y movimientos internos y externos del momento que, por más que te lamentes ahora de ellos, tal vez fueran inevitables entonces. De eso es de lo que quiero hablar aquí, ni más ni menos. Con una perspectiva desde y hacia lo literario, sí, pero sin ocultar que todo ello se aplica a nosotros, seres de carne y hueso, de cuerpo y alma.

     Y es que, si lo tomase como tema en general de aplicación a obras literarias, esto de los cambios de la vida es prácticamente obligado. No digo que aparezca en todas las obras literarias: no es así, y enseguida comentaré las excepciones. Pero, al menos en la narrativa y el teatro, es una redundancia, los cambios vitales, al menos en un personaje, son necesarios para que la propia obra exista, tenga sentido y también interés en los lectores. Está presente hasta en su estructura. 

     Es cierto que una narración y una obra dramática pueden tener diferentes estructuras (lineal, in media res, in extrema res, de puzzle, como en Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, con final abierto, sin final ninguno, ...), pero, al fin y al cabo, con todos sus elementos o con parte de ellos, en ese orden o desordenados, el esquema de PLANTEAMIENTO-NUDO-DESENLACE es el que opera en la mayoría de los textos que desarrollan una historia (no hay por qué excluir la lírica de estas reflexiones, pero nos desprendemos de la poesía en este artículo por motivos prácticos y de claridad expositiva). Y en ese esquema, el Planteamiento es el estado inicial de las cosas. Y ese estado debe cambiar; si no, no hay historia que contar entonces. Bien pensado, o metafóricamente pensado, si llamamos Planteamiento al estado actual de nuestras vidas, ¿no es lamentable que queramos vivir en un perpetuo planteamiento? En fin, el hilo liso y recto del nuestro vivir en el tiempo, o el de los personajes, se tiene que enredar. Un problema, una circunstancia, algo que resolver, que conquistar, de lo que librarse, que desenmarañar, acontece, porque el hilo se ha hecho, no madeja, sino un verdadero enredo, un nudo que desanudar. Suele venir con ilusiones y sobre todo angustia, entre otras emociones. Y suele requerir esfuerzo. El Nudo es lo que ocupa más espacio de la historia, lo que capta y mantiene el interés. Y luego llega el final, si es que llega, al que llamamos Desenlace, porque el Nudo se ha desenlazado o desanudado ya. Así que, desde este punto de vista, digamos, estructural, el tema de este artículo parece consustancial a la propia obra literaria, y el artículo en sí se hace irrelevante entonces. Más que en lo literario, tal vez nos interesaría como imagen de nuestra vida, de nuestra historia personal. Si la contemplamos así, las preguntas serían: ¿Estoy en un planteamiento o en un nudo? Si estoy en un planteamiento, ¿soy consciente de que lo es o creo que es una situación que perdurará de forma recurrente para siempre? Si estoy en un nudo, ¿cómo lo estoy queriendo resolver, cómo lo asimilo, hacia qué desenlace creo que llegaré y cuál desearía?, ¿o me quedo aquí, me instalo en este nudo y no me muevo, como esa zona de confort de la que tanto se habla? Pues estas dos últimas preguntas son las que nos llevan al motivo central de este artículo.

     He dicho antes que hay excepciones, y las hay, tanto en la literatura como en la vida. Con respecto a esta, estaríamos hablando de esa persona cuya vida ha sido siempre igual, de una estabilidad pasmosa. Todo va como debe ir. Rara avis, diría yo, pero no soy nadie para negar que exista: ahí están, por ejemplo, los que hablan del ikigai y de esas localidades japonesas donde, al parecer, nada cambia y todo el mundo está conforme y feliz, y viven muchos años. Seguramente pensamos que es lo que nos va a pasar, lo que nos debe pasar, al inicio de nuestros pasos en este mundo, y también opera como ideal de normalidad, como ideal en sí. Esto, desde un nudo que se está iniciando, está en la base del capítulo 1 de mi novela, Amae pop blue, y aparece recurrentemente, generalmente de forma atormentada, en muchos otros, como un debate interior muy sentido y que se nos llega a mostrar como falso debate; sería el amae perdido y que se desea recuperar, o se supone que se desea recuperar, usando esa palabra japonesa muy en general, sin ser estricto en su significado. También, por otra parte, si sales del nudo es posible, y por supuesto deseable y esperable, que el desenlace te lo ofrezca, que acabes en un amae (¡ojalá!) seguramente nuevo, tu nueva estabilidad, pero ahí está la pregunta: ¿saliste del nudo igual que entraste, como se preguntan algunos amigos de Rodrigo al hablar de su relación con Paula, en mi novela?, es decir, echas la vista atrás y... ¿es este estado de estabilidad, y perdón por la redundancia, el que esperabas para ti hace no sé cuántos años? ¿Es mejor, ahora que lo ves en perspectiva y después de haber pasado por todo lo que has pasado, o anhelas el que debía haber sido y te lamentas? ¡Uy, uy, uy, todo lo que me estoy adelantando solamente hablando del Planteamiento-Nudo-Desenlace de obras literarias! A ver si me centro.

     Las excepciones en literatura no son muchas. Para nosotros, es difícil concebir una historia con interés en la que no sucede nada sustancial. Tal vez la novela pastoril, lo bucólico, que nos remite a la Edad de Oro y el locus amoenus y el beatus ille, podría ser un buen representante, aunque alguna cosa sucede. Pero, en fin, un relato podría tener su interés en descripciones bellas, o en contarnos acontecimientos cotidianos que, en su lectura, nos transmitan paz y ternura, por ejemplo, y suponer aquello una fuente de placer lector, sin duda. Es decir, puede haber libros de ficción donde no haya problemas. También están aquellos donde el problema se evita, se da una salvación que deja las cosas tal y como estaban. Los abubillos, de Ruth Román, una novela que considero la dulce antítesis de Amae pop blue, y que tanto me ha gustado, porque además es muy entretenida, es el ejemplo que se me viene en mente, aunque es imposible que sea así en estado puro, ni Los abubillos ni ninguna, algún cambio se produce, hasta en los cuentos infantiles, no los clásicos, los de ahora para niños muy pequeños, y todos los relatos de transcurso plácido y final feliz. De pasada podría mencionar a Tolkien, que parece encaminado a estar ahí a los ojos de los que no se han aproximado mucho a su obra; se les hará más maduro y profundo cuando se den cuenta de que los personajes no salen como entran, evolucionan y se transforman en base a lo que viven, el cambio es constante en la obra de Tolkien tomada como un todo y en cada historia o episodio.


*


   Mientras leo Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, de Liseet Mata, voy descubriendo al personaje de Laia. Entre tantos temas, su historia personal es uno de ellos. Con una vida estable en su país, se le viene encima el desastre vital que debe afrontar. Y no es fácil, la cantidad de cambios con los que debe lidiar Laia es abrumador, hundirían a cualquiera, y no son distintos a los que muchos de nosotros, muchos y muchos y muchos, sufrimos o hemos sufrido. En esta obra se observa muy bien el proceso, un proceso que, al leerlo, me enternece y me toca en las entrañas, y mis motivos tengo. Por la protagonista de la obra, que carga con dos hijos a sus espaldas y mucho dejado atrás; por la autora, porque al leer piensas que tal vez sea una vivencia propia; y por mí mismo, con dos hijas a mis espaldas también. Primero todo es lucha: estás en una situación que te tiene en alerta, tienes que resolver, que sobrevivir, y estás lleno de angustia, dudas, desesperanza, y en esas circunstancias luchas. Luego puede venir el salir del problema, aunque sea poco a poco, y tener que reiniciar, con dificultades todavía, y te haces muchas preguntas, y echas de menos, lloras y lloras, y no ves clara la remontada de tu propia vida en condiciones ya. Y lo que viene después depende en gran medida de ti, y no es fácil. Puedes quedarte anclado en el pasado, y de por vida, o dar un difícil y lento paso adelante. En este punto, instalado en el Capítulo V, Amboise, de Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, Liseet llega al tema de las creencias limitantes. En determinado momento, se llega a decir que todos pasamos por procesos de transmutación mental, pero algunos se conforman, se instalan en la comodidad de una vida miserable. Aquí recordé a Baroja en El árbol de la ciencia, cuando Iturrioz dice aquello de que el esclavo no se rebela porque tiene el espíritu de esclavo, que las prostitutas no abandonan esa vida, ni ven que tiene salida, ni se imaginan viviendo de otra forma porque tienen el espíritu de la prostituta, ahora no me voy a molestar en buscar la cita exacta, pero imagino que todos la recordaréis. Ese estado de conformidad, de asunción mal entendida, que te dejará siempre ahí. Después, en Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, se continúa afirmando que cambiar significa un esfuerzo similar a derrumbar una casa y levantarla de nuevo, y aquí más de acuerdo no puedo estar con Liseet, intelectual, emocional y espiritualmente hablando. Y luego señala a que hay personas que se aferran a lo malo conocido, lo que me hizo recordar el famoso refrán. 

     En el caso de esta novela, podría aplicarse perfectamente a la madre de Laia. Bien es cierto que la pérdida de un hijo es un bofetón de la vida del que es difícil recuperarse, pero la actitud del padre es diferente, y ella tenía más hijos. Sin dejar de recordarlo, podría haber decidido, pasado lo más fuerte del duelo, querer seguir adelante, seguir viviendo de verdad, aun con esa carga a las espaldas, esa herida tan dolorosa, y su actitud afecta muy negativamente a sus otros hijos, que no son pocos, y sus infancias. Pinzado en la vida, por ejemplo, se queda Felipe, que se menciona en algunos capítulos de Amae pop blue, bien que su caso es muy extremo y todos lo llegamos a entender y compadecer. Está en un estado de automatismo tal que nos hace pensar que su estado de shock es de duración permanente, hasta el punto de que es Manolo, y no él, quien debe llorar en su lugar. Pero este es un caso extremo. La pérdida de un hijo es algo muy serio en el que tampoco deseo meterme aquí, pero es, al fin y al cabo, uno de esos reveses que lo cambia todo y redirige tus pasos de forma obligada. Bien eso, bien una pérdida económica o de empleo, un divorcio mal asumido, una traición, una desilusión, un desastre natural, lo que sea, sí, nos sobrevienen cambios no deseados y luego se puede decidir qué hacer con ello. Y hay personas que deciden permanecer en su caos considerado normalidad. Decidir lo contrario es el paso difícil del que hablaba antes.  




jueves, 4 de junio de 2026

LA INFLUENCIA INVISIBLE DE LAS NARRATIVAS RELIGIOSAS ABANDONADAS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD ADULTA




Hablo desde el más absoluto respeto, no tanto a las fes ideológicas, religiosas y espirituales que cada cual tiene o desea tener, como al individuo enfrentado a ellas y sus actitudes al respecto. He comentado hace poco que la religión (las religiones, mejor), los sistemas de creencias, institucionalizados o no, y la espiritualidad en amplio sentido aparecen como elemento importante en mi novela Amae pop blue. Un elemento relevante, pero en el que no se profundiza a propósito, especialmente porque es más una sombra (o una luz, o ambas) alrededor de los personajes y en su interior, igual que nos pasa a nosotros de una forma o de otra. Hasta ahora, se han publicado dos de sus tres volúmenes, habrá que esperar al último para observar cómo opera definitivamente, ya en su tercera parte. Y es que, sin ser un tema que se ataca directamente, es imposible soslayarlo si uno de tus objetivos es la personalidad, las reacciones, las interacciones y la evolución, la transformación, de los personajes. Aparte del juego que da en los varios niveles, en los muchos niveles, de mi novela: desde la reflexión seria y consciente hasta la anécdota que simplemente da color, desde el choque de incoherencias interiores, esas disonancias cognitivas que tanto molestan, hasta los toques de humor.

     No imagino, sé perfectamente la imagen que una persona con una fuerte fe en lo espiritual, religioso o trascendental provoca en el resto, que lo observan fanático, que usa un vocabulario concreto y propio, con su lenguaje particular y sus conceptos y constructos demasiado rígidos a sus ojos, demasiado específicos, con sus pautas, costumbres y rituales, ¡y decisiones personales y vitales en base a esa fe! Y también conozco la contraria: ese quedarte boquiabierto al ver cómo personas que no creen o no se lo plantean participan de ritos y eventos, y conservan ideas y actitudes propias de una fe que realmente no tienen, no en serio, y que muchas veces no entienden. Hablo lo mismo de tradiciones que han acabado siendo costumbres sociales y familiares como de religiones orientales que se han puesto de moda para picotear de ellas y que, mezcladas con astrología y esoterismo, han generado todo un entramado comercial que nos vuelve a recordar cómo de vinculadas pueden llegar a estar economía y creencias. Nunca sé hasta qué punto se entendió a ese Jesús echando a los cambistas del Templo o a cualquier monje budista renunciando a lo material.

     Sin embargo, a todo esto, hay que reconocer que generan imágenes, símbolos, textos y situaciones muy bellas. No me cansaré de decir que en Amae pop blue otro de los factores influyentes es el lirismo y la poesía. Y las historias mitológicas, y las obras donde es imposible que la religión y las creencias no influyan (como el Genji, el Don Juan Tenorio, las tragedias griegas, ¡tantos donde no es tema pero está!), incluso por rechazo o negación, incluso por contradicción, como en la poesía de Dinos Jristianópulos, o por contrafactum en un sentido o en el contrario,   pueden llegar a alcanzar cotas de belleza inigualables, con absoluta independencia de que el lector comparta esas creencias o descreencias, lo único que debe hacer es entenderlas y situarse en su lectura ahí.

     Imagina ahora a un individuo de fe que la abandona: fe inducida en su infancia, fe en un marco institucional o de iglesia o entidad religiosa o, más difícil todavía, totalmente personal, integrada en su ser. El proceso de duda, la escucha de chirridos en los engranajes de esa estructura, del constructo, las conclusiones progresivas que va extrayendo, los acontecimientos y palabras externas que influyen, y su paso afuera. ¿No le va a quedar, siquiera inconscientemente, un sustrato de todo ello, si eso ya sucede a nivel social? Y los riesgos que corre: desde salir de una para meterse en otra, buscando un nuevo amparo de organización o entramado religioso, hasta irse al extremo opuesto en un movimiento violento del péndulo, me refiero a su interior, porque externamente ya hablaríamos, en algunos casos, de rechazo de sus círculos cercanos, de autoexclusión por considerarse fuera de lugar, …

     Y luego están las sequedades, esas gándaras, de los que no lo hacen porque no desean pensar en ello aunque les rechina, del que asume que ya tiene treinta, cuarenta o más años y no le merece la pena generar tanto cambio, o que forma parte de sí porque fue lo que le enseñaron de pequeño y es suficiente, porque pertenece a ese grupo aunque en el fondo no cree o no se lo plantea.

     Como escritor enfocado en los personajes, a modo de la novela del 98 y tantas otras muchas, ha sido muy necesario, y en ocasiones complicado, explorar todo ello: como simple molestia similar a la de una mosca, como debates negados que claman por salir, como agonía a veces, como ironía suave. Es el sustrato. No es explícito casi nunca, es que está ahí aunque no lo veas. Son barreras y cauces. También son aventuras: proporciona la emoción de encontrar nuevos territorios. Un tema complejo del que, en algún momento, y ha sido este, tenía que hablar, siempre como una puesta sobre la mesa, sin afirmaciones taxativas.

     

viernes, 22 de mayo de 2026

REFLEXIONES DE UN ESCRITOR PARA OTROS ESCRITORES



Lo que emito aquí es una visión y una opinión argumentada, nunca una crítica: entre otros motivos, porque yo, por momentos, he podido llegar a pensar o sentir lo mismo al contemplar cómo está el mundo literario en nuestros días. Creo, antes de entrar siquiera en materia, que hay que saber pararse y observar, y no dejar que ninguna clase de ansiedad nos perturbe el ánimo. Que la energía y la actividad, si quieres incesante, vaya para lo que te apasiona y promoverlo, que sea un trabajo efectivo y del que te puedas sentir orgulloso. El tiempo siempre es un factor clave; la paciencia juega a tu favor, y el aprendizaje. Un delicado equilibrio entre el inflado egocentrismo, e ilusorio, tan presente por aquí, y la modestia tan extrema y timorata que puede hacerte callar, desistir, invisibilizarte, entre ambos debería estar tu confianza de sabio aprendiz.

                En este año y medio desde que publiqué mi novela Amae pop blue (Volumen I), al principio a tientas y dando palos de ciego sobre cómo moverla, hacerla conocida, observando comportamientos en otros y buscando las opciones de hacerme visible, a veces, lo reconozco, con cierta desesperación, no solo he leído y escuchado a muchos escritores (y de todo tipo), sino que he podido debatir, conversar, compartir y trabajar con ellos. Y desde el principio y hasta hoy, es recurrente escuchar toda una serie de quejas y lamentaciones sobre el panorama en el que nos movemos en la actualidad: de eso es de lo que quiero hablar ahora, y pronunciarme.

                Para hacerlo, necesito partir de la siguiente base: los noveles, cuando al fin se lanzan, lo hacen con mucho entusiasmo, pero partiendo de un concepto idealizado, romantizado y, por ello, falso, de cómo es el mundo literario con respecto a la publicación, promoción y recepción del libro. Tenemos falsas creencias porque llevamos toda la vida viendo los resultados finales en otros, sin saber apenas de sus procesos, por más que te lo expliquen, y creyendo que antes las cosas eran distintas, y no lo eran. Y desconocemos a otros muchos que no tuvieron la suerte de trascender ya en su misma época, o que si lo hicieron han acabado en el olvido, y no hay que irse muy lejos en el tiempo, acuérdate después cuando los mencione. Mientras que ahora se reivindican y descubren las obras de Las Sinsombrero, tanto tiempo sepultadas en el silencio, se ve desaparecer a otros que en su momento tuvieron importancia: ¿a quién le importa ahora Ramiro de Maeztu, por más que siga apareciendo en los libros de texto de Bachillerato, en cada vez menos? Nuestros tan apreciados Cervantes o Bécquer se vieron triunfar tarde o nunca, y sí, claro que trabajaron, y mucho, en la difusión de sus obras y, sí, fueron unas cuantas. ¿De verdad crees que eso es de ahora, un tema actual? Deja que te cuente.

                En el caso de Bécquer, realmente no fue nadie para sus contemporáneos, y así murió. Fueron sus amigos quienes lo fomentaron post mortem, y para todos nosotros han quedado sus Rimas y sus Leyendas, incluso para los que no las han leído. Su proyecto estrella, su obra sobre los templos de España, no es más que una mención en los libros de texto e interesa solo a expertos, y Bécquer sí se movió. Publicaba como podía sus textos en periódicos, junto a otros muchos que ni tú ni yo conocemos.

                Y el sueño literario de Cervantes era ser poeta, aunque pronto se dio cuenta de que sus poemas (todavía infravalorados hoy) no daban la talla suficiente. Escribió obras de moda. Con su teatro, aún renacentista, empezó a ganar algo (de dinero y reconocimiento), pero la aparición del Teatro Nuevo de Lope le cerró esa puerta en las narices. Y su narrativa, igual novela que relato, iba tocando los géneros en boga. Como hoy el thriller, la romántica, la gótica o la distópica, él probó con su maravillosa Galatea la pastoril; la picaresca y la morisca, entre otros géneros, en algunas de sus Novelas ejemplares y episodios intercalados de El Quijote, y la opinión de sus contemporáneos fue, siendo amables, que no estaba mal, pero que no dejaba de ser un segundón. Según él, y yo en su momento estaba de acuerdo, su mejor novela era el Persiles, la última, de género bizantino. ¿La conoces? ¿Y qué, cómo lo ves? No paró de escribir, a decir verdad, y tocando todos los palos, todos los géneros. Trataba de meter cabeza, ¿no? La celebridad le llegó muy viejo y con una obra que ni siquiera era una novela de caballerías, sino algo así como una parodia realista de estas, Don Quijote de la Mancha, y fue incapaz de rentabilizarla económicamente. No es nada nuevo eso que vives y sufres, y de lo que te quejas. Tú, igual que yo, es que los has conocido ya encumbrados.

                Digo esto por dos críticas que escucho a menudo. La primera, la de los que piensan que darse a un subgénero concreto apunta a mala literatura, porque tiene en mente autores de calibre muy singulares y que no se ajustaron a ese patrón (a mí tampoco me gusta hacerlo, esto sí lo confieso), o eso crees: un Huidobro, un Juan Rulfo, un Alberto Méndez, una Carmen Laforet, un Miguel Delibes, o que crearon géneros nuevos, como García Márquez, o que tienen o dan el pego, ya depende, de un intelecto refinado. Pero olvidas a muchos otros: una Agatha Christie, un lord Byron, un Pérez Galdós. Y la segunda, el trabajo incesante que hay que hacer “ahora” para darte a conocer, para que te tengan en cuenta, para promocionar, que hay que saber de IA, de redes sociales, no sabes si Instagram te ayuda o simplemente te mete en un círculo donde solo otros escritores, que hacen lo mismo que tú, te ven. Pero no te compran, ni tú a ellos. Que no hay ventas, que no has dado el pelotazo y, ¡ay!, ¡cuánto trabajo ajeno a la escritura en sí! Pero esto no es de ahora. Ni mucho menos.

                Precisamente ahora, que he vuelto a Unamuno, a su teatro, tan desconocido, lo puedo poner de ejemplo. Filósofo, intelectual, profesor universitario, catedrático de Humanidades, rector de la Universidad de Salamanca, se le conoce por sus novelas (él las llamaba nivolas): Niebla, La tía Tula, San Manuel Bueno, mártir, … Que, por cierto, y dicho sea de paso, no será el único que mande a una imprenta sus obras y se autopublique, lo digo por esto otro que tanto se escucha ahora, de que si es mejor o peor autopublicar o que te publique una editorial. A ver, a él no le publicaban, o se autopublicaba, y a dormir, ¡qué va! En mi lectura del prólogo que hace Manuel García Blanco a la edición de cuatro de sus obras dramáticas (Teatro; Editorial Juventud; Barcelona, 1964) lo ves enviando cartas y manuscritos aquí y allá, comentando a otros que pudieran hacer mover sus obras (y, en este caso, representarlas), a aquellos que pudieran favorecerlas, manifestar inquietudes, anticipar opiniones, dar explicaciones, hacer peticiones;  artículos de prensa, entrevistas concedidas, contactos aquí y allá. Muchos proyectos, algunos que no vieron la luz. Unamuno.

                Ahí descubro que Azorín también escribió teatro (primera noticia; si la tuve antes, la olvidé), porque este le entrevista, por cierto. Y, fíjate, Azorín: su figura ya se está diluyendo, se difumina en el panorama literario. Yo recuerdo, de pequeño, ver en la televisión y otros medios entrevistas e incluso anuncios de editoriales de escritores de los que ya apenas se habla: Terenci Moix, Antonio Gala, el mismo Cela, y a Umbral lo recordamos todavía por una orgullosa y jocosa a la vez salida de tono en televisión, cada vez menos; aunque para salidas de tono, la de Fernando Arrabal en televisión con su inquietud por la llegada del mileniarismo (¿te has leído algo de él?), en ese programa de Sánchez Dragó (¡otro que tal baila!).

                No te desesperes. Solo recuerda que Valle-Inclán y Federico García Lorca eran los únicos que, a duras penas, pudieron brillar algo, un poco, en su época mientras que el teatro comercial llenaba los bolsillos de los empresarios y hacía las delicias de un público acomodaticio; Baroja se burla de ellos en El árbol de la ciencia. ¡Fíjate a quiénes menciono! No he hablado mucho del Premio Planeta, aunque algo dije, y sí, es muy lamentable, pero nada sorprendente. No me llevo las manos a la cabeza por el hecho de que Planeta, como otras editoriales importantes, sea más negocio que otra cosa. Por mi parte, con no perder el tiempo con Juan del Val tengo más que suficiente, hay mucho, y bueno, que leer. No lo juzgo: directamente lo prejuzgo, de verdad, no me llama la atención para nada y mi tiempo es oro. Si hablé poco es porque para mí el tema era irrelevante, y tampoco quería darle bombo: una polémica es una buena campaña de publicidad, y encima gratis. También hay otras editoriales que cuidan la calidad de lo que editan y son muy respetables; también es muy respetable autopublicar. Y sí, en todos los casos te lo tienes que currar: antes, durante y después de la publicación de tu obra. Eso es así y ha sido así de siempre.

                No te he criticado en ningún momento si te has sentido aludido en alguna parte de este artículo. Porque yo también estoy presente en él, y todavía estoy rompiendo barreras mentales. Entusiasmado por lo que yo creo que es una gran novela, Amae pop blue, voy muy poco a poco, y, además, no me veía hasta hace nada más que con ella y con mi poesía. Observo y leo, y voy recuperando mi propósito de joven: escribir de todo, incluido teatro. Pero hasta hace nada, me veía así, como escritor “de culto”, otra fantasía, a decir verdad, aunque también una opción muy respetable, querer parar con una, dos, tres obras. Ya no tengo aprensión por esa clasificación genérica que veo tan de moda, que sí, que hay muchos que escriben y publican como churros simplemente aplicando el molde genérico. Pero acepté como reto salir de mi zona de confort y escribir una novela de investigación, un thriller o novela negra, y lo haré, lo haré lo mejor posible y disfrutando mucho de ello.

                Y ya por acabar: sí, yo también pienso que hoy en día es más fácil publicar, y que eso hace que haya demasiada oferta para tan poca demanda, metiéndose por en medio libros de escasa o nula calidad literaria. En serio, lo pienso. Pero tampoco me quejo. Celebro que sea más fácil publicar y, oye, cada uno es libre de leer lo que quiera. El mismo Cervantes decía que todo libro tiene su valor, por muy malo que fuera, que al menos ha supuesto un esfuerzo de su escritor por transmitir y algo bueno se puede sacar de ahí. 


lunes, 30 de junio de 2025

MI SEGUNDA LECTURA DE "EL CUARTO DE ATRÁS". SOBRE LAS LECTURAS OBLIGATORIAS.

 


La lectura de obras literarias es placer. Un placer estético y hasta extrasensorial en su mayor grado, un placer de pasatiempo en el menor de ellos, pero un placer. En cierto modo, como las demás artes, como la pintura, como la música; un placer intelectual también, como podría pasar y pasa con las matemáticas. Esteban Torres, en la carrera, defendía el canon de los considerados clásicos argumentando que, por mucho que uno lea, aunque solo se dedicase a eso, leería un porcentaje muy bajo de libros, el canon era pertinente como buen mapa de elecciones. Así que, la recomendación general de que leas lo que te apetezca y que si una obra, por más renombrada que sea o más de moda que esté, te aburre, no te llena o no te engancha, pues déjala y ve a por otra, tiene mucho sentido y, como norma general, yo también me la aplico y la difundo si se me pregunta, tampoco estoy tratando de romanizar a los celtíberos o de divulgar el evangelio en tierras ignotas y paganas como si fuera un misionero.


     Ahora bien... Suelo enredarme, y en esto me gustaría ser claro y conciso, se me agolpan muchas cosas en la cabeza; por ejemplo, que eso de que podemos escoger no es tan así, que el gusto es de uno pero no llega solo ni es del todo de uno. Y es que muchas veces es bueno que te obliguen, no estoy en contra en absoluto de la obligatoriedad de la lectura y de determinadas lecturas obligatorias en los centros escolares y en casa porque, además, la sociedad también te empuja, te obliga sin que te des cuenta, hay publicidad aplastante, corrientes y modas, no me digáis. Voy a tratar de ser claro y conciso, me morderé la lengua en lo que pueda. ¿No es verdad que hay determinadas comidas que te encantan y que te obligaron a probar en su momento? (por no hablar de la cerveza, amarga y aversiva la primera vez). Aquí podría suceder lo mismo. En un primer escalón, la obligatoriedad de lecturas podría verse como un descubrimiento: tal vez ni siquiera sabías que existía ese libro. Como docente, quiero verlo así, más como una forma de hacer descubrir, de señalar rutas, de compartir tesoros. Y es cierto: no es agradable que te obliguen a nada, cuando sucede el primer impulso en muchos es, precisamente, de lo contrario, de eso hablaba al principio. Pero tampoco nos es ajena la experiencia de agradecer a posteriori que nos hayan obligado a algo: mucha gente sale a caminar porque tiene que sacar al perro y, oye, eso está bien. Por concluir esta idea, el fomento de la lectura y descubrimiento de joyas literarias, en lo que hace a la obligatoriedad de leerse determinados libros, creo que debería ir por ahí. Y luego está lo del placer estético e intelectual. Quien más sabe más disfruta, eso está claro. Mi éxtasis ante un cuadro de Velázquez es ridículo en comparación con un verdadero experto o amante de la pintura, ese disfruta mucho más porque ve mucho más, sabe qué está viendo, puede ver mucho más que yo, porque no solo tiene más conocimiento, sino además porque su entusiasmo es más experto, obtiene más ganancia estética. Esto ahora lo digo para recalcar la importancia del estudio de la Literatura en la escuela. Pues al final sí que me he enrollado algo, ha sido enorme esta introducción.

      Si El cuarto de atrás no se hubiera puesto de lectura obligatoria en 2º de Bachillerato, allá por el curso 2021-2022 si no recuerdo mal, en Andalucía, yo nunca me lo habría leído. Era profesor de ese nivel ese curso y yo también sentí la obligación de leérmelo. Observado, no como lector, sino como profesor de Secundaria, mis apreciaciones no fueron positivas de inicio, lo tengo que decir. Uno, en ese momento, piensa en los motivos prácticos que han llevado a esa elección. Puedo estar equivocado, pero lo que pensé es que fue escogido por su relativa poca extensión y porque el resto de lecturas obligatorias no pasaban de la Guerra Civil. Normal, por otro lado, había que meter algo de los temas a partir de 1939. También otro motivo en el que piensas es que había que meter a una mujer en la nómina. Pensar desde el punto de vista de lo políticamente correcto es malévolo, te va a llevar a pensar que Cernuda y Lorca están por homosexuales, Martín Gaite por mujer y el otro fue un solterón de los buenos, una porquería de pensamiento que yo no tuve pero que intuyes en las mentes de algunos, dejemos eso. Dejemos también el tema de que quitar la literatura hispanoamericana no ha sido para nada buena idea, meter algo bien sabroso escrito con posterioridad a 1939 habría sido así mucho más fácil: Cortázar, García Márquez, Borges, ... ¡Hay tantos!

     Es que hasta esa fecha están los grandes: quitaron a mi Unamuno, su San Manuel Bueno, mártir, y a Valle-Inclán con sus Luces de Bohemia. Se quedó hasta ahora Pío Baroja (El árbol de la ciencia), la poesía de Cernuda y La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Recordemos que en ese periodo también están Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, las generaciones del 98 y el 27 con el Novecentismo en medio, las Vanguardias, ... Es que se te cae el alma como docente. Sabes que, para la mayoría de tus alumnos, es la última oportunidad para que se aproximen a la buena literatura del siglo XX y todo se te queda corto. Y a medida que te vas acercando al presente, más difícil es dilucidar qué obras son las mejores y más "clásicas", en el buen sentido de la palabra. Lo que había antes de El cuarto de atrás era Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez: ¿alguien lo ve ahora en los temas para estudiarse? Pero a mí me parecía buena elección. Cuatro relatos (derrotas), de lectura relativamente fácil y de bastante impacto y calidad. "Lo único malo", pensaba, "es que devuelve a los chicos de nuevo a la Guerra Civil, parece que nunca podemos pasar de ahí". Pero era un buen libro para ellos, y aliviaba la gravedad del resto. Así que sí, lo pensé: "De todas las grandes obras del siglo XX, ¿la obligatoria es El cuarto de atrás? ¡Qué decepción!" 

      Lo he reconocido hace poco: de la Historia de nuestra Literatura, la de después de la guerra es mi gran cuenta pendiente, lo confieso. No me llama la atención. Así que El cuarto de atrás estará en el peldaño que sea del ránking de grandes obras, pero para mí un poco es como la primera. C. S. Lewis decía que daba igual por qué libro empezases, tú lee en el orden que sea, unos libros te van a llevar a otros. Y así fue y es para mí con El cuarto de atrás: me descubre al fin, no solo a Martín Gaite, con deseo de leer más obras suyas, sino que abre la veda para buscar y leer libros de este periodo, de los años alrededor de mi propio nacimiento. Como en el Buscaminas. Ya por ahí le voy concediendo el primer mérito. Yo no sé por qué, pero leerme esta obra me está llevando a querer leer a Laforet.

      Mi primera lectura de El cuarto de atrás me pareció a mí, que entiendo perfectamente lo que va narrando por la generación a la que pertenezco y soy capaz de visualizarlo, pues me pareció agradable y llevadera. Me gustó: subrayé muchas frases de tipo lapidario en la edición de Cátedra que manejo, algunas por su significado en sí y otras porque me tocaban en lo personal. No es de extrañar que me gustase, a mí las novelas introspectivas, recogidas, de sugerencias trascendentes desde lo cotidiano y de descubrimiento de personajes me gustan bastante más que las de acción, las de presentación, nudo y desenlace en las que van pasando cosas intrigantes o trepidantes. Ese es mi perfil de lector de novelas, normal que me gustase.

     He llegado algo tarde a mi segunda lectura. Quería obligarme porque volvía a ser profe de 2º de Bachillerato, y mira cuándo me la he terminado... Pero eso da igual, además de que ya me la había leído, así que... También lo estaba haciendo con El árbol de la ciencia, que si no me lo he leído ya ocho veces me lo he leído diez, y ahí sigo. Bueno, pues volviendo a Martín Gaite, ahora me ha gustado más esta novela. Me alegro de haberme obligado. Cuando he podido coger carrerilla al fin me la he bebido y me ha dejado un buen sabor de boca. Y no he puesto más comentarios en Instagram por no ser pesado, la verdad, me hubiera gustado comentar cada frase subrayada.

domingo, 30 de octubre de 2016

Literatura en las aulas de Secundaria

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¿POR QUÉ Y PARA QUÉ LA LITERATURA EN SECUNDARIA?

Asimsimo, los estudios antropológicos han mostrado que los miembros de algunas tribus primitivas tienen dos nombres: uno "ficticio", que utilizan para relacionarse con los demás, y otro "auténtico", que mantienen en secreto porque creen que quienes lo conocieran podían tener poderes mágicos sobre ellos.

ANTONIO-ENRIQUE PÉREZ LUÑO: Teoría del Derecho. Una concepción de la experiencia jurídica, Tecnos, 5ª edición; Madrid, 2006; p. 31).

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Ya dije una vez, en relación con la sintaxis, que me parecía una falacia ese ¿para qué? Si nos ponemos así, ¿para qué sirve calcular una raíz cuadrada y la trigonometría?, ¿para qué sirve saberse la tabla periódica?, ...

    Pero bueno, en todo caso podríamos preguntar:

¿Qué aporta el estudio de "mundos de ficción", es decir, de la Literatura, en unos planes de estudios generales como la Secundaria?

     Las respuestas son muchas. Pero partamos de la idea de que las asignaturas que podríamos considerar más "serias", más "científicas", más "instrumentales" también operan con ficciones. Un mapa, pongamos por caso, es una ficción, una representación que nos ayuda a entender la realidad. Pero, por supuesto, no esperaríamos encontrar los paralelos si viajamos por mar, o toparnos con las líneas de los trópicos. Esto lo dijo Ortega y Gasset, al que cita Antonio-Enrique Pérez Luño [op. cit., p. 36]: "¿No es grotesca la representación topográfica de una tierra? Y, sin embargo, nos sirve el mapa para caminar seguros por ella; este carácter de ficción que tiene el concepto, ésta su consciente falsedad, es su mayor virtud [...]. La verdad resulta cuando al trasluz de ese mundo ficticio miramos la realidad" (Obras completas, vol. 2; Alianza/Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1983; p. 649). Las matemáticas, pongamos por caso, operan con abstracciones (los números) y nos propone auténticos juegos de lógica (los problemas).
    
8574543784 ccbc14fc0a     Siguiendo a S. Stuart Park, podemos señalar que la diferencia básica entre ambas ficciones es que la geográfica no deja de ser centrífuga a ella, hace referencia a la realidad que desea representar (predomina la Función Representativa o Referencial; el contexto, lo externo al texto, es lo importante), y lo mismo diríamos de la ficción del núcleo atómico representado por "bolitas" (neutrones, protones, ...), y cualquier otra de este tipo. Sin embargo, el texto literario es centrípeto, mira hacia sí mismo, lo importante es su mensaje per se, y por ello predomina la Función Poética: aquí sí que crea su propio mundo y este es un verdadero Universo, donde no existe la verdad ni la mentira, sino lo verosímil y lo inverosímil. De este modo, en El Señor de los Anillos es perfectamente asumible la existencia de la magia y de los orcos y los elfos (que son mentira en nuestro mundo "real") y, sin embargo, no podemos aceptar que Gandalf saque un móvil del bolsillo de su túnica y le pregunte a Frodo que dónde está vía What`sApp, y si ha llegado ya al Monte del Destino (porque esa situación es inverosímil en ese mundo ficticio, aunque para nosotros es una realidad diaria).

6865424072 8326486ff4     Al estudiar Literatura, estudiaremos textos que nos ayudarán a entendernos a nosotros mismos, a los demás, otras épocas históricas (no solo por lo que pasó, sino por lo que en esa época se podía imaginar que pasara, se podía especular, hipotetizar, crear, construir), la expresión verbal de los sentimientos, la belleza formal de las palabras, mundos paralelos que jamás existieron ni existirán, opciones y cálculos que sí pueden verse hechos realidad (ahí tenemos los ejemplos de Julio Verne o de Aldous Huxley) y nos harán reflexionar y preguntarnos sobre muchos temas.


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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: http://photopin.com/


sábado, 23 de enero de 2016

Afectación pedanticulta

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DEL HABLA CULTO-INFUSA


98189408 3825aef3e2Lo ridículo del habla arcaizante, afectada y pedante de don Quijote frente a lo ridículo del habla populachera, refranesca y cateta de Sancho Panza. Vaya esto por delante. El mismo derecho tienen de usar constante e innecesariamente el registro culto y pedante aquellos a los que me voy a referir que las personas que han decidido hacer gala, valga la paradoja, para más tarde automatizar y utilizar a todas horas un habla excesivamente popular y de barrio, aprovechando a cada paso para soltar con orgullo un taco tras otro o estar permanentemente diciendo frases hechas del tipo Más largo que un día sin pan.
     No me molestan ni unos ni otros, los acepto igual que ellos tienen que aceptarme a mí y mi forma de expresarme, tan plagada de defectos, y los quiero así, siéndome tan entrañables algunos de un bando y de otro.






22082302901 dc31f5dfc3     Cuando se aborda en plan crítico los sociolectos, ¡qué fácil y reiterativo es meterse con el habla juvenil (como si el viejil, o el viejuno, no fuera igual de chocante) y con el popular (el hipopopular, diría yo, en contraste con el hiperculto), siendo como es el que le da la salsa a la lengua! Pero vamos, todos los excesos son vicio: todos.
     Sinceramente, no sé qué virtud haya en el habla de aquellos que, al conversar informalmente, te sueltan un otrora allí, un acullá allá (valga el eco fonético), y remata con un futuro de subjuntivo, simple o compuesto. ¡O incluso un mas adversativo! En un texto culto, y viniendo a cuento, es para gozarlo. Pero en una charla informal, es chocante y ridículo. Todavía el que lo haga natural, insertándolo sinceramente en su forma de hablar ... ¡Pero hay tanto afectado y pedantón al paño! Y, sobre todo, ¡qué cargante! ¡Qué circunloquios y plomazo de importancia para expresar algo sencillo!

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     No saber usar el registro adecuado en cada momento comunicativo no es ser culto, más bien es la expresión de una carencia.

4680618106 642bbd6d1a     Imagino que es una irresistible tentación pasar de decir Me parece que está demasiado salado a decir Se me antoja que está demasiado salado, sobre todo cuando recién se descubre el verbo antojar(se) con ese sentido. Pero, ¿y si lo dejamos para un artículo de opinión o un poema de estos que todavía se siguen premiando, y charlamos "normal"? ¿No es un tanto pesadito estar usando esos "se me antoja", "sesgar", "soslayar", "ajado", "podemos inducir" y demás a diestro y siniestro, como lo es igualmente el que no para de usar dichos hasta la saciedad ("No me toques el pito que me irrito" cada vez que escucha el claxon de un coche en la calle, por ejemplo), diminutivos, "mi alma", "cariño" y "coño" (con perdón)?
     Tal vez podríamos recordar que el toque está en ser culto y sencillo, y que por eso Manrique, Garcilaso, Cervantes, Bécquer, Antonio Machado y Lorca son nuestros escritores más universales. Hay que ser un Góngora, un culterano que podía cantar Ándeme yo caliente y ríase la gente, o un Juan Ramón para desplegar la constelación de cultismos sin ser acusado de afectado. Observad cómo habla del poeta Li Bai (701-762) Guojian Chen, editor en Cátedra de Poesía china, una sabrosa antología:

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     Sus obras se caracterizan por la espontaneidad y el desenfado en la expresión, por sus pasiones desenfrenadas, sus imaginaciones audaces y originales, su frecuente uso de la hipérbole y su lenguaje cercano al hablado. Es maestro en el empleo del estilo antiguo (yuefu), pero también muestra gran talento en las formas de jueju (cuartetos de estilo moderno), todo con gran musicalidad y sonoridad, respetando las normas métricas, pero sin ser rígido cuando es necesario romperlas en ocasiones para dar rienda suelta a sus pasiones.
     Ejerce una poderosísima influencia sobre los poetas de su época y de la posteridad, y es, a nuestro juicio, el poeta más importante de la literatura china.

     Bueno, no te sugiero que escribas como hablas, sino más bien que no hables como escribes.


2563237560 33e4110873     De igual modo que es imposible usar la lengua sin metáforas, sin imágenes, en un lenguaje absolutamente denotativo, como no puede beberse el agua absolutamente pura, de igual manera no es posible hablar con giros y tropos totalmente originales con excesiva frecuencia. De ahí que conservemos dichos y giros, bien populares, bien cultos, incluso del latín, en latín mismo (tan frecuentes como el alea jacta est, mens sana in corpore sano, mea culpa, ...) o traducidas o reformuladas (a la tercera va la vencida): cada época va dejando las suyas. Empiezan siendo originales, se popularizan, y luego llega ese momento en que consiguen pervivir aunque muy pocos conocen el referente y el origen de la expresión, solo saben cuándo hay que usarla y cuál es su sentido. Yo todavía sé qué es un corsé, aunque desde que tengo uso de razón, esa prenda no la he visto salvo en la tele o en Google Imágenes. No se usa desde hace bastantes décadas. Pero veo la imagen de un corsé cuando oigo o digo "encorsetar" como sinónimo de "constreñir". No sé si la generación que me sigue y que todavía es capaz de usar este verbo ve en su mente el corsé, si sabe lo que es. Ya me he tenido que informar de qué es eso del borrico de un cisquero y por qué tiene tantas mataduras y también por qué se dice a calvo ad calvum. Bueno, pues si consigue sobrevivir, "estar encorsetado" será una expresión metafórica pero ya nada original. Por favor, señores creadores, creativos, ¡poetas!: vamos a crear metáforas e imágenes realmente originales. No a lo bestia, de vez en cuando, con todo el sentido, con ese matiz de gracia en el habla, o en la escritura, y que demostrará que somos, si no inteligentes, sencillamente cultos.

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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: http://photopin.com

sábado, 26 de diciembre de 2015

Alfonso de Valdés. Reflexiones a raíz del "Diálogo de las cosas acaecidas en Roma" (I)

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ALGUNAS REFLEXIONES Y MEDITACIONES A RAÍZ DE LA LECTURA DEL DIÁLOGO DE LAS COSAS ACAECIDAS EN ROMA, DE ALFONSO DE VALDÉS

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Preámbulo


*

4470032815 95f5c2c989Hace cosa de tres o cuatro veranos, más o menos, me encontraba leyendo en el hotel donde pasábamos las vacaciones el libro de Alfonso de Valdés Diálogo de las cosas acaecidas en Roma. El porqué de la elección de ese libro venía por mi interés por su hermano Juan de Valdés, y su adscripción a la Reforma Protestante de manera tan vívida y personal. Sabía que Alfonso, secretario del Emperador, no dejó jamás de ser católico, aunque erasmista (no sé si ese aunque es apropiado, tal vez sería más propio haber dicho además de erasmista). También porque el profesor Piñero, en 4º de carrera, dejó en mí ese poso dulce de interés por la prosa renacentista.

     El caso es que ahí estaba yo, con la edición de Rosa Navarro Durán en Cátedra (4ª ed., de 2001), entre piscina, playa, minidisco y demás, leyendo a trompicones y salpicaduras el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma. Y cuando lo acabé, me propuse a mí mismo que debía introducir un artículo de blog acerca de él, por las diferentes reflexiones que en mí habían suscitado.
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     Más allá de poner en valor el libro en sí, de exponer mis impresiones como lector, las reflexiones se escapan por otros lugares más personales o más marginales. Debía hablar, en primer lugar, de la chocante semejanza que se da entre la falta de coherencia de la religión externa de los españoles del XVI y el verdadero cristianismo, y esto resaltado por el secretario de Carlos I, que jamás dejó de ser católico-romano, con esa misma actitud en la actualidad, no solamente entre religión externa-creencia sincera, sino asimismo mezclado todo con tradiciones que han perdido el sentido (y ese sentido a nadie le importa realmente), el todo vale y el relativismo algo buenista y bastante superficial de hoy, salpimentado con un poco de sincretismo, también un tanto superficial. Este maravillarse es constante en el tiempo: Alfonso de Valdés en el XVI, entre otros; Cervantes en varias de sus obras; los ilustrados; ... y hasta ahora.


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     Tenía también esta obra un montón de ejemplos de
diversas figuras literarias, en prosa y, aunque del XVI, muy comprensibles y aprovechables para lectores del siglo XXI, incluidos los alumnos de Secundaria, y que la propia editora no cesa de remarcar en notas al pie. Estos ejemplos no solo iban a formar parte de esa macroentrada de blog, sino que debían ser aprovechados en otros lugares, especialmente para mis clases de Instituto y las presentaciones en Power Point o Impress acerca de las figuras del lenguaje que, en breve, sacaré a la luz (hasta ahora, tan solo está publicada la de los tropos).



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     Y por último, en ese momento una extraña concomitancia se estaba dando, y hacía mella en mi ánimo. Las terribles imágenes del saqueo de Roma que aparecen en este libro son un estremecedor ejemplo de los horrores de la guerra. Así ha sido y así es el ser humano. No tiene nada que ver con la época en que se viva, ni con la cultura. Igual de aberrantes y muy parecidas son estas escenas del saqueo de Roma con descripciones mucho más antiguas de acciones inhumanas de guerra. Por aquel entonces, además de a Valdés, leía al profeta Jeremías, y su descripción del asedio a Jerusalén era aún más viva, más terrible (por cercano), más intensa. Y la conexión no solo era clara entre el asedio a Jerusalén de la época de Jeremías y el saqueo de Roma de la época de Valdés, sino que asimismo el paralelismo continuaba en ese verano en el mundo actual: Siria ponía cada día imágenes y descripciones de la atrocidad y el asolamiento, y era tan igual, en actos y sentimientos, a los dos anteriores ...


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     Ese verano pasó y el proyecto de artículo ni siquiera se llevó a cabo, aunque ha estado en mi mente todos estos años. No lo he puesto en pie por muchos motivos, pero uno muy importante era que necesitaba tiempo, concentración e ideas claras para realizar unas reflexiones tan diversas y tan profundas, y conectarlas. El libro no lo he vuelto a leer, pero la guerra de Siria continuó. Hubo un lapso en que los medios de comunicación se cansaron un poco de hablar de una Guerra Civil interminable y cruel. Hasta hace poco, que aparece el mal llamado Estado Islámico y aparecen a su vez por Europa los primeros refugiados. La idea de mi escrito, latente todo este tiempo, resurgió, y estoy en ello. Pero, claro, necesito repasar el libro, releerlo, remirar mis notas a lápiz allí dejadas, informarme un poco más sobre el conflicto sirio, volver a Jeremías y a las Lamentaciones.
     Además, por el camino se me cruza un sencillo y reconfortante artículo de Anabel Fernández Ortiz ("La Biblia y Alfonso de Valdés", en Literatura: Una perspectiva cristiana, de Editorial Andamio, el número IV de 1995 de los cuadernos de GBU), y se añade a mis propósitos arriba señalados comenzar un nuevo blog, aún más personal que este por cuanto intentaré allí dar cauce a la expresión de mi fe cristiana, para los lectores que quisieran estar interesados, que imagino que no serán todos los que se interesan por este como de aquellos no les gustará a todos este mi Manojitos de Mirra. En todo caso, en ambos serán todos bienvenidos, si me tienen paciencia.

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     He querido dejar este Preámbulo aquí como una forma de obligarme a realizar en breve estas reflexiones y como manera de dejar constancia de una idea que llevo encima desde hace varios años, en los que por desgracia sobre desgracia, continúa la extenuante e inhumana guerra en Siria, que tanto impacto me ha producido desde que empezó. Ojalá acabe pronto.


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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: photopin.com


domingo, 6 de diciembre de 2015

Un cierto regustillo a timo

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FILOLOGÍA HISPÁNICA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Promoción de 1997

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Buenos recuerdos y un cierto sabor final a queo


Tocaba recuperar cajas almacenadas, olvidadas tras nuestro precipitado viaje a una nueva etapa en 2004: aprobé las Oposiciones en Extremadura, nos casamos ese año, ... Ahora necesitamos de nuevo los temas de las Oposiciones, y aparecen apuntes y fotocopias de todos los cursos de nuestra Filología Hispánica, incluidas las Guías del Estudiante.
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     Me encanta recordar. Soy melancólico por naturaleza. Y no me gusta tirar apuntes: siempre creo que alguna vez los volveré a leer y volveré a aprender. Pero a medida que iba seleccionando, clasificando, tirando lo mínimo y archivando lo más, iba cundiendo en mí una extraña sensación.

15188160312 4c6fc5ffb9     Dulces evocaciones también. Mi yo de aquel entonces, cuestiones personales, y lo que yo quise hacer Filología, dejando atrás una frustrada Ingeniería Industrial, porque lo que más quería era ser profesor de Lengua de Secundaria, que es lo que soy: objetivo principal cumplido. Momentos de disfrute: recitales poéticos, ¡creaciones poéticas!, clases estupendas (¡cómo me gustaban las de Marta Palenque!), descubrimiento de lecturas, manuales recomendados, manuales extraños que no venían a cuento pero que decidías estudiar porque te apetecía, la forma tan prodigiosa de entrar, gracias al Sr. Vicedecano, D. Juan Antonio Pacheco (y me leí más de dos veces el Karoo menor, que me regaló), y la no menos extraordinaria de salir, con la mejor nota en la fase Oposición del Tribunal 2 y la tercera mejor con el Concurso ... ¡Que me gano la vida con esto, vamos!

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      Pero una sensación extraña, con cierto olor a que te han timado un poco, se iba apoderando de mí. Empezaba a ver fotocopias de menundencias ultraespecializadas que, en serio, me leí. Disfruto con la novela pastoril y los detalles morfosintácticos de un giro dialectal medieval, os lo aseguro. Pero artículos y estudios de darle vueltas a dos cosas demasiado especializadas (¡vaya dineral en fotocopias!), en los que me iba metiendo, y poco a poco le vas cogiendo el gustillo, y cuando al fin te sientes más o menos conectado, y piensas hasta en el Doctorado, vienen y te dicen: ¡Oye, que tu futuro pasa por hacer el curso de español para extranjeros, ahí, ahí es donde tenéis que apuntaros! ¿Eh? ¿Y qué pasa con Saussure, con Ricoeur, Bataillon, Zamora Vicente, ...? Chico, a Brasil, que se ha puesto obligatorio allí el español en los Institutos. ¿Eh? ¿En serio?
     Ni chicha ni limoná, esa promoción para la que hicieron un Plan Nuevo que murió con ella. Ni pragmatismo que nos preparase bien en idiomas y para el ejercicio de la Educación Secundaria, ni unos planes de estudios progresivos y coherentes a la par de especializados y académicos. ¿En qué quedamos? ¿Que me tengo que leer tu artículo de un poema olvidado de un escritor menor (sevillanísimo), de la diferencia del español entre dos pueblos contiguos de los Andes, o leerme un libro de tercera fila, o fijarme en el aparato de notas de la última edición de no sé qué libro del XV que has editado tú, y ahora me dices que haga un curso de español para extranjeros y me vaya al Brasil?

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     Lo he dicho: vine a la Filología de la Ingeniería, yo no me engaño, sé que la Filología y el mundo laboral no se llevan bien. Pero si piensan que es ahí donde hay que acabar, enfoquen, señores. Pero es que tampoco salen demasiados buenos filólogos hispánicos salvo por gracia personal. Hay que ir a una academia para según qué temas que ni aparecen en la carrera ... ¡y son básicos! ¿Dónde está la buena formación de idiomas? ¿Dónde está Unamuno, la Generación del 98, la del 27? ¿Por qué está arrinconada la Pragmática?
     Siempre he sentido que debía refilologizarme, que me falta algo, que no estoy completo. Y de hecho, en eso consiste el Máster en Filología Hispánica de a rebujo que a duras penas va sacando la Hispalense, o algunos de otras Universidades. Es como si te dijeran: mira, ya has conseguido la Licenciatura (el Grado), ahora vamos a estudiar de verdad. Lo haré. Por la UNED, claro. El de la Hispalense vuelve a ser el gusto y regusto por la especialización de cada profesor y les sale un ente informe. Que vendrá bien al que lo haga, no solo por el título de Máster, sino porque si se aplica se sentirá filólogo de verdad. Pero no piensa ni en ser un buen máster, ni en el alumnado, ni en especializarse bien, ni pragmáticamente (mundo laboral), ni académicamente (totum revolutum). Pero, estudiante, como toparás con buenos profesores y con buenos libros, si quieres hazlo y disfrútalo mientras puedas.
      Bueno, para no ser tan desabrido, terminaré bien. Me quedo, de todos modos, con las buenas evocaciones que aparecen al desempolvar estos pequeños tesoros reencontrados. Pero, vamos, la crítica queda ahí. La Universidad española. Para que luego hablen de la Secundaria (¡y se quejen!): por favor, no se apoltronen y ejerzan la docencia. Ejemplos hay entre sus compañeros.

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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: http://photopin.com

viernes, 12 de junio de 2015

Colores

                          

MATICES, PEQUEÑOS DETALLES, COLORES. 
UTILIDAD, EVOCACIÓN Y PLACER ESTÉTICO.





Hay pequeños detalles que producen en mí intensas emociones. Son capaces de evocarme, durante un instante, sensaciones y sentimientos que forman parte de mis recuerdos. De algún día particular de mi infancia, o de una bendita rutina ya pasada. 


Por ejemplo, este otoño una ráfaga de aire trajo a mi olfato el aroma de un sauce cercano. Ese olor me transportó, de inmediato, a pequeños momentos inconexos de mi niñez y me trajo un buen montón de imágenes del Bloque 43, donde estaba mi casa, con dos grandes sauces enfrente, entre los que jugué en multitud de veces, que contemplé otras tantas desde la ventana de mi salón en días soleados y en días de lluvia. Pero, más allá de imágenes, me devuelve estados mentales: sensaciones y formas de estar, vibraciones, de otra época que ya no volverán. Se trata de una sensación agradable, tranquila y espectacular al mismo tiempo, sorprendente, tranquilizadora e inconfesable. Ni siquiera ahora soy capaz de explicarme.



      

    Yo siempre he sido más de mirar al suelo que a mi alrededor, de apurar el pequeño trago más que de beber copa tras copa, de recrearme una y otra vez en tres o cuatro aspectos de mi vida que en ensancharla, de valorar pequeños detalles por encima de la totalidad. Digo esto tanto para lo bueno como para lo malo. De pequeño, me entusiasmaba encontrar piedras de diferente matiz, observaba insectos. Me colma más un poema que una novela. Hace un tiempo me di cuenta de la belleza de las pequeñas florecillas en las que apenas nadie se fija, esas que nunca se venderán en una floristería.

       

                

    Muchos alumnos me preguntan por qué llevo tantos bolígrafos y rotuladores de diversos colores. ¡Me encantan! Y los uso. Siempre me han llamado la atención. Esta costumbre se potenció al hacer Selectividad, pues mi profesor de clases particulares me recomendó que figuras y diagramas las hiciera en diversos colores para darle un respiro visual al corrector. Así que os podéis imaginar el colorido de la mesa de madera noble sobre la que se arrastraba un objeto (la pinté hasta con cajón) y el colorido de los vectores de movimiento y su posterior caída libre en Física, o del interior de una célula en Biología.

   
 Ahora, cuando estudio Psicología, me gusta usar el morado porque es el color representativo de esta carrera, al igual que usaba el celeste en Filología. Tenía el violeta normal y el otro más tipo rosa, el magenta. Así que, cuando encontré el violeta claro, ¡no dudé en comprarlo! ¡Y en usarlo! Cuál sería mi sorpresa cuando encontré una florecilla de esas que, como yo, combina esos tres tipos de púrpura.



       
    
    Además, antes un libro de técnicas de estudio me recomendó usar varios colores para subrayar temas. Así que, con los años he creado un sistema muy complejo de subrayado que me permite estudiar por capas. Títulos y epígrafes: Morado, celeste y rosa, por ese orden de importancia. Cuerpo de texto: Amarillo y rojo: Definiciones y afirmaciones de importancia; naranja: características y desarrollos; verde: importante pero menos que los otros. Y me reservo el azul oscuro y el verde azulado para otras contingencias.

       

     Lole ya lo decía, y Triana también "¡Todo es de color!"



 






 Texto e imágenes: José Alfonso Bolaños Luque