PÓRTICO
El próximo 8 de octubre, es decir, pasado mañana ya, a las 18:00 h., en la Biblioteca Municipal Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria), Liseet Mata continúa su tour literario y ciclo de conferencias La alquimia de las palabras. Cuando la literatura puede transformar la realidad. En esta ocasión, con una presentadora de excepción, Berbel. Y es que esta escritora tan activa, y no solo en redes sociales, Liseet Mata, presenta al mundo su segunda entrega de la trilogía Memorias de una alquimista, titulada En el borde del tiempo, de una manera muy especial y original y al mismo tiempo coherente y consecuente por cómo ella concibe su novela, desde su origen hasta su misma promoción. Recientemente en Radio Guiniguada le he escuchado expresar lo que ya hacía uno o dos años le escuché en alguna tertulia, cuando estaba con la primera entrega de esta trilogía, A treinta días de Londres, que para ella sus novelas no solo cumplen la función de entretener, sino asimismo la de mostrar, exponer, enseñar ideas que trascienden la ficción y se encuentran en su base. No en balde mi reciente impresión lectora de, precisamente, Memorias de una alquimista. A treinta días de Londres, la encabezaba con el famoso lema en latín de PRODESSE ET DELECTARE, y podría afirmar que, precisamente por ello, tal vez se acordase de mí para presentarla en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas el pasado 18 de septiembre (la de dentro de un par de días es la tercera del ciclo, de un total de cuatro).
De mi experiencia en Gran Canaria, desde el propio viaje hasta de cómo fue la conferencia y los tres días que pasé allí, ya he hablado bastante, tanto aquí en mi blog como en mis redes sociales. Y de sus novelas en sí, mis impresiones lectoras, mucho antes, en este blog y con anterioridad en la revista digital Voces Errantes. No puedo más que decir que en mí también ha obrado cierta alquimia con todo ello, y entiendo que me quedan al respecto dos tareas importantes. Una de ellas es privada y cristalizará pronto: la materialización en palabras escritas de determinados aprendizajes que mi aventura canaria me ha dejado, que incluye propósitos que veré cumplidos. Y la otra es esta misma: rematar a modo de colofón todo lo dicho por mi parte de Memorias de una alquimista y este ciclo de conferencias de Liseet trayendo aquí las palabras, algunas dichas y otras no, en mi preparación de la presentación del 18 de septiembre.
No todo fue experiencia y vivencias de amistad; hubo bastante trabajo por su parte y por la mía. En cuanto acepté acudir para presentar el acto, releí A treinta días de Londres, y acto seguido leí intensamente En el borde del tiempo. No solo leí, prácticamente estudié, y de ello es testigo mi libreta colmadísima de apuntes, que aproveché para mis impresiones lectoras de ambas novelas, que no apuré: como siempre, se quedaron muchas anotaciones en esa libreta que al final es tintero. Estas cosas hay que dejar que fluyan por el cauce que eligen, y así sucedió, pero detrás hay toda una preparación; no solo se trataba de leer sus novelas, Liseet y yo mantuvimos contacto este verano para preparar el acto; recibí la presentación en diapositivas que se proyectó en la Biblioteca Pública del Estado y que le servían a ella de apoyo mientras exponía todas sus ideas, y estas diapositivas se trabajaron una por una, así como la idea general. Mis anotaciones de posibles intervenciones sobre estas diapositivas, que aproveché al final más bien poco, no las volcaré aquí, no tiene mucho sentido, porque redundan en el propio contenido de estas.
También debo reconocer que, por más que le di vueltas al contenido de la conferencia, me cogió al final muy a contrapié. La propia preparación del viaje, en todo el lío de principios del curso escolar y otros compromisos previstos y sobrevenidos se arremolinaron al final de manera inconveniente, y la incesante y gratificante actividad allí no me permitió centrarme como deseaba, si bien veo que no era necesario. Tampoco fue necesario, durante el verano, repasar y ampliar mis conocimientos históricos y esotéricos de los temas que tocaba Liseet en su conferencia, aunque reconozco que era una tentación muy bonita en lo intelectual y más allá de lo intelectual complementar con lecturas y conferencias de Antonio Piñero y Eva Tobalina al respecto, entre otros; también soberbio y fuera de la realidad con el tiempo disponible, como querer estudiar una carrera en un mes, fuera de lugar y, por tanto, descartado casi de inicio, aunque siempre me rondó por la cabeza. Yo no era el ponente, sino el presentador, y las ideas que debían exponerse eran las de Liseet, no las mías.
Lo que dejo en este artículo, entonces, son las palabras escritas que preparé para el propio acto. Para mí, tripartito: en primer lugar, mi presentación de la autora y el acto; luego, lo que podría llegar a decir si venía a cuento en la presentación propiamente dicha (que descarto poner aquí, no tiene sentido); y, por último, el cierre del acto, donde ya sí me centraba de manera breve en la novela en sí.
LA ALQUIMIA DE LAS PALABRAS. CUANDO LA LITERATURA PUEDE TRANSFORMAR LA REALIDAD.
No sé si paradójico, pero un tanto extraño es tener que presentarme para poder presentar. ¿Quién soy, quién es este señor que ha venido de Sevilla a Las Palmas? Mi nombre es Alfonso Bolaños, y más que poeta y escritor, lo que soy es un hombre dichoso y privilegiado de estar ante ustedes y ser el encargado de abrir la puerta de La alquimia de las palabras.
En una ocasión, comenté que existen experiencias cotidianas que tenemos tan asumidas que no nos damos cuenta de lo extraordinarias que son, como, por ejemplo, atravesar una puerta. Es algo que hacemos constantemente, entrar y salir traspasando umbrales. Y no solemos ser conscientes de que se trata de una decisión: ¿crees que sabes lo que encontrarás una vez que des ese paso y si saldrás igual que entraste?
En este caso, les daré algunas pistas de lo que nos encontraremos ahora que hemos traspasado este umbral. Para empezar, y esto es lo mejor, a Liseet Mata, poeta (El canto del Fénix es su poemario publicado) y novelista (destaco Memorias de una alquimista en sus dos entregas hasta la fecha: A treinta días de Londres y En el borde del tiempo), entre otras cosas. Pero, claro, ahora mismo ella tiene en su mano una llave, una llave hecha de palabras. Con ellas, va a crear en esta tarde. Porque las palabras tienen la capacidad de crear.
Con sus palabras, va a crear un espacio y un camino por el que transitaremos. Esa llave de palabras, ¿conseguirá abrirles puertas en su interior? Ustedes me dirán, o más bien se dirán a sí mismos. Y en el caso de que se abra alguna, ¿se encontrarán con una sorpresa, habrá un reconocimiento, se escuchará dentro una voz, un susurro cálido, una alarma que despierte?
Sinceramente, yo estoy deseando emprender este sendero hoy, de la mano de Liseet.
FINALE. EN EL BORDE DEL TIEMPO: SEGUNDA ENTREGA DE LA TRILOGÍA DE MEMORIAS DE UNA ALQUIMISTA.
Liseet Mata ha publicado recientemente la segunda entrega de su trilogía Memorias de una alquimista. La primera fue A treinta días de Londres y continúa ahora con En el borde del tiempo: una novela que engancha de muchas maneras y que a su vez es inmersiva, donde los diferentes aspectos de la conferencia de hoy, y más, son tratados literariamente. Y en esa "ficción" que es creación, donde se desarrollan, también se desarrollan y viven unos personajes, en un tiempo como el nuestro que no es el que nos creemos, lo que nos parece.
Muchos de estos personajes aparecen en la primera entrega; otros lo hacen por primera vez aquí En el borde del tiempo. Se trata de una novela con acción y trama bastante elaborada, que sabe a dónde se dirige; también es de reflexión, búsqueda interior y desvelamiento de la auténtica realidad. Sus personajes tienen su propia personalidad y asuntos que resolver. Y sí, asimismo aparecen elementos emotivos. No me importa confesar, porque lo he hecho ya en otras ocasiones, que esta novela ha conseguido emocionarme hasta el punto de llorar en un par de capítulos a donde llegas conociendo bien, puede que hasta de manera íntima, a los personajes y sus procesos.
Me han llamado la atención muchos aspectos de En el borde del tiempo, no voy a mencionarlos todos. Uno de ellos es cómo se trata y da a conocer el concepto de tiempo, relacionándose con los recuerdos, los estados de conciencia y traspasando la ilusión de linealidad y también de circularidad.
Llega a pronunciar este libro frases impactantes, que te dejan pensando o te revelan un eureka inesperado. La búsqueda, la verdadera salvación y motivaciones de anhelos, impulsos aparentemente inexplicables, y muy especialmente la conciencia y la consciencia: llegar a ver, pero a través de un proceso necesario, como en las reacciones químicas y tantos otros procesos de la naturaleza y la vida. Un proceso con fracturas, con dolor, con pérdidas, para poder llegar a un resultado nuevo, la revelación de la verdadera alquimia.
Y también el propio proceso de escritura. La protagonista, Laia, que es escritora, igual que Liseet, llega a decir: Quiero escribir algo que pueda inspirar el alma de aquel que crea que está perdido.
Destacan los símbolos. Disolver, integrar, llegar a la coherencia. Y los diálogos luminosos, como los que se leen en el capítulo XIII:
Michel - No podemos evitar que esto ocurra.
El padre - No. [...] Pero sí podemos evitar que ocurra mal.
Para mí, como receptor de la obra, ha sido una lectura intensa que ha ido conectando con diversas estructuras de mi ser en lo personal. Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo es una experiencia intensa, vibrante y latiente, que respira a diferentes ritmos.
DESPEDIDA
Si allí agradecíamos la asistencia y pasábamos a coloquios privados y distendidos, ahora agradezco a mis lectores que se hayan pasado por Manojitos de Mirra en esta ocasión y, muy especialmente, a Liseet Mata, por darnos su novela, sus palabras de la conferencia y a mí tanto que aprender en una ciudad que me ha enamorado. No necesito desearle que le vaya bien con Berbel pasado mañana, ocho de octubre, porque sé que así será.
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