jueves, 1 de octubre de 2026

LA ALQUIMIA DE UN VIAJE: TRES DÍAS EN GRAN CANARIA, UNA EXPERIENCIA EN EL TIEMPO



INTRODUCCIÓN Y ANTECEDENTES 

Tras un verano casi completo bastante intenso, pero sin moverme de mi zona, y un septiembre al que le faltaba muy poco para completarse, el 17 de ese mes viajé a Las Palmas de Gran Canaria con un propósito y tres días programados de estancia allí. En este artículo lo relato, como prometí, y me hace muchísima ilusión hacerlo, pasadas dos semanas apenas, pero que me parecen dos meses, como aquellos tres días me parecieron tres semanas. No será casualidad que la noción del tiempo sea otra muy diferente a la habitual: por la intensidad y significación de todo lo vivido y porque, precisamente, iba a presentar a Liseet Mata en su tour literario La alquimia de las palabras, y su segunda entrega de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo. El tiempo... Contaré aquí las impresiones y anécdotas de este viaje, pero además profundizaré en su significado, tanto en lo literario como en lo personal.




     Para ponernos un poco en antecedentes, diré que conocí a Liseet Mata en el Grupo Literario Sueños de Tinta. No me voy a extender mucho con esto, porque he hablado bastante y hay mucha constancia documental, tanto en mis medios, como este blog o mis redes sociales, como en los de otros. Ella es una escritora venezolana y también española, afincada en Las Palmas de Gran Canaria desde 2016. Tiene publicados un poemario (El canto del Fénix, Azur, 2023) y, de momento, tres novelas: Bárbara siguió su camino, de 2015 y las dos primeras entregas de su trilogía Memorias de una alquimista, en Aliar (A treinta días de Londres, 2024 y En el borde del tiempo, 2026). Digo "de momento" porque, como es obvio, si tiene publicadas dos entregas de una trilogía, es de esperar la tercera, y nos consta que está en ello. Excepto Bárbara siguió su camino, una cuenta pendiente que espero que deje de serlo pronto, he leído y reseñado sus obras, y en el contexto de Sueños de Tinta, en el que ambos fuimos muy activos, tuvimos en su momento conversaciones muy interesantes. Pero ya hacía bastante tiempo que no nos comunicábamos. Por eso, me resultó muy sorprendente un mensaje que recibí de ella en julio.

     Si sigues a Liseet en redes sociales (y si no, te lo recomiendo), comprobarás que es muy activa. Para el caso de Memorias de una alquimista. En el borde del tiempo no se ha limitado a una simple presentación de esta novela. Tiene organizado, por el contrario, un tour literario llamado La alquimia de las palabras, con un ciclo de conferencias, presentada cada una por un autor distinto. La primera conferencia fue presentada por Luis Alberto Serrano y en la tercera lo hará Berbel, ni más ni menos, ahí es nada. Su mensaje me proponía ser yo el que lo hiciera en la segunda, el 18 de septiembre, en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas. Algo en principio complicado, parecía una locura. No solo por ser la primera semana del curso 2026-2027, sino especialmente por la distancia y mi inmovilidad forzada de estos últimos años. No puedo decir que yo sea especialmente viajero, ¡quién sabe si eso va a cambiar a partir de ahora!, pero es algo que he hecho desde pequeño, siempre por medio terrestre y sobre todo en España. En Lisboa estuve dos veces. Esta propuesta para desplazarme hasta las Islas Canarias la habría rechazado si me llega un mes y poco antes. Desde, al menos, hace tres años y hasta finales de mayo del presente mi situación personal me ha impedido hacer cualquier tipo de desplazamiento, no se me ha visto irme a ninguna parte en ese tiempo, ni siquiera a localidades cercanas a Sevilla. Por supuesto, no voy a desvelar cuál era esa situación-tenaza tan prolongada; lo importante es que, en los últimos días de mayo, casi coincidiendo con la publicación del Volumen II de mi novela Amae pop blue, por fin me liberé de ella, algo que me ha costado asumir, aunque lo celebré, y no era para menos. De hecho, este verano podría haber viajado algo, si hubiera querido, pero por inercia, porque tampoco lo sentí prioritario y porque, precisamente, quise asumir y adaptarme con calma a mi nueva perspectiva vital, no lo hice. Intuitivamente, entendí la propuesta de Liseet como una especie de señal. Una señal de que aceptarla ya no era ninguna locura, nada imposible, la señal del fin del encierro, de mis nuevos horizontes, una toma de conciencia de mi situación real actual. 

     Y, en lo literario, una gran alegría. Primero, porque por fin iba a conocer a Liseet Mata en persona. Después, porque para mí suponía un honor ser partícipe de La alquimia de las palabras: la oportunidad de colaborar con ella, presentando una obra y a una autora que creo conocer bastante bien, representaba un reconocimiento por su parte y una gran ilusión por la mía. Soy escritor, eso no hace falta que lo diga. Soy y me siento poeta, siempre lo he sido y continúo con mis proyectos poéticos con mucho entusiasmo. También narrador, mi novela Amae pop blue es mucho más de lo que parece, aunque esta vez he querido postergar bastante la presentación de su Volumen II, algo que todavía no he hecho. También soy Filólogo Hispánico y profesor de Lengua Castellana y Literatura en Secundaria desde hace veintidós años. Y si observas bien mi blog, o mis redes sociales (más que nada, Instagram), es fácil darse cuenta de que dedico más tiempo, y mucho, en leer, reseñar y hablar de otros autores y sus obras que de las mías. Así que, acepté. ¡Qué bueno! Lo primero que hice, antes de leer En el borde del tiempo, que ya tenía, fue volverme a leer la primera entrega de Memorias de una alquimista, A treinta días de Londres, descubriendo en ella nuevos matices. La había leído hacía tiempo, y reseñado en la revista digital Voces Errantes en su momento; la releí y di mi impresión lectora en este blog. Después hice lo mismo con su segunda entrega, En el borde del tiempo, teniendo en mente que poco después acudiría a Las Palmas para presentarla, y me dediqué a preparar el viaje hasta que tuvo lugar, algo que no conseguí del todo como yo quería por motivos muy lógicos, septiembre es un mes clave para los docentes y tenía otros (auto)compromisos con otras obras, se solaparon muchos asuntos, pero fue bastante bien.

     Y, ahora sí, hablemos del viaje.      


MI PRIMER VIAJE EN AVIÓN


     Tengo cincuenta años y nunca había tomado un avión hasta ahora. Cada vez que he comentado este asunto, mi interlocutor ha pensado que a mí me daba miedo hacerlo, y para nada es así. De hecho, no sabía cuáles iban a ser mis sensaciones durante el viaje, ni tampoco he pensado nunca en ello. A lo que sí tenía auténtico pánico era a perder el vuelo. Jamás me había manejado en un aeropuerto y no tenía ni idea de cómo era, y por las películas y las noticias que había visto tantas veces, en las que me parecía que eso de facturar una maleta podría ser un tinglado que yo no supiera manejar, el peor escenario en mi cabeza es que se fueran sin mí. Me había comprometido con Liseet en estar el 18 de septiembre a las 18:00 horas en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas de Gran Canaria, y Alfonso iba a estar allí a esa hora sí o sí. Así que me pareció que lo sensato era partir el día antes, el 17. El vuelo salía a las 10:35 hora peninsular y llegaba a las 12 hora insular, en realidad llegó antes. Y, la verdad, tanto para la ida como para la vuelta, todo fue muy bien. Ambos viajes me parecieron cortos y apacibles. 

     Ahora, hay que imaginarme a mí, con lo exagerado que soy para estas cosas, en el aeropuerto de Sevilla yendo al baño cada dos por tres y mirando constantemente los paneles mientras repasaba mis anotaciones de la novela de Liseet. Yo quería un viaje tranquilo, así que, cuando llegó la hora del embarque y vi que se montaban en el mismo avión un grupo de chavales de despedida de soltero, muy animados, eso no me hizo ninguna gracia, y solo esperaba que no se sentasen cerca de mí. No es por nada, es que no estaba para escuchar sus chascarrillos todo el tiempo, la verdad. El Universo escuchó mis súplicas y no los volví a ver. En su lugar, situó a mi alrededor a un grupo de mujeres mayores que yo de Morón de la Frontera, un detalle que era imposible no saber porque no eran precisamente calladas, no todas, al menos, y pensé que quizá echaría de menos a los de la despedida de soltero. No he estado nunca en Morón, lo conocía algo por las palabras de una antigua compañera de la Facultad que era de allí, pero no podía dejar de pensar, cuando las vi sentarse a mi alrededor, en el día del nacimiento de mi primera hija, de madrugada en el hospital, porque en ese momento también había allí mujeres de esa edad de Morón, que no me dejaron ver a mi niña recién nacida cuando la sacaron porque se abalanzaron todas muy emocionadas para verla y al padre, que era yo, no le dejaron hueco, eso no se me olvida. El caso es que otra pasajera y yo nos tuvimos que cambiar de asiento para que la que se sentó a mi lado pudiera estar cerca del pasillo, porque esta mujer estaba muy nerviosa con el vuelo, no paraba de repetirlo. Yo quedé en el centro, el muchacho de la ventanilla hizo bien en ponerse los auriculares y quedarse dormido. Manda narices que estuviera yo buena parte del vuelo calmando y asegurando a esta señora que no iba a pasar nada y todo iría bien, cuando era mi primer vuelo y ella ya lo había hecho antes varias veces. Muy simpática, por otro lado, espero que se lo pasase bien en Las Palmas, pero muy nerviosa y sin cortarse un pelo para describir lo horroroso de un accidente de avión; gracias al cielo, ese que volábamos, que se pidió una cerveza, bendito tranquilizante. Pero, vamos, aparte de esto, muy bien, la verdad.

     El viaje de vuelta fue aún mejor. Salía a las siete de la mañana, eso sí. Mejor, porque sorprendentemente me asignaron un asiento de los buenos, en la segunda fila, más cómodo y con pasajeros muy calladitos, especialmente la pareja de japoneses que tenía delante y que se acariciaban mientras ella dormitaba apoyada su cabeza en él. Muy simpático el sobrecargo, era evidente que algo tenía o se traía con la azafata que estaba por esa zona, por cómo se hablaban y los gestos, bastante obvio. 


PRIMER DÍA: 

JUEVES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2026



     Liseet me recibió en el aeropuerto: ¡por fin nos veíamos en persona! Me llevó al hotel, Parque Sercotel, muy cerca de la Biblioteca Pública del Estado, en San Telmo, y desde entonces estuvo muy atenta conmigo, fue una anfitriona excepcional, me trató entre algodones. Y eso que al día siguiente daba la conferencia y le coincidió con otros compromisos. Este ha sido uno de mis grandes aprendizajes: contemplar en acción a una escritora, ponente y locutora de radio me ha dado muchas claves. Pero, especialmente, en nuestros diálogos. Podría hablar bastante de ello, y no lo diría todo, pero hablamos mucho en un incesante ir y venir y todavía estoy apuntando muchos aspectos clave de esas conversaciones y también de pensamientos que tuve mientras conversábamos. La sensación de saber que alguien te tiene en su agenda y se ha preocupado para que te encuentres bien y aproveches tu estancia allí es indescriptible, y lo comento ahora porque quiero agradecérselo públicamente, todo su esfuerzo previo y en esos días para que yo estuviera bien. La comida en La Casa Roja, junto a la playa de Las Canteras, fue espectacular. También me mostró parte de la ciudad.




     Por la noche, acudimos al cumpleaños de Luis Alberto Serrano, productor y guionista de cine, escritor y más cosas, ¡y qué bien lo pasamos allí! En un auténtico restaurante mexicano, cuya dueña nos contó a todos muchas cosas muy bien explicadas. Allí conocí también a la escritora Teresa Santana. Parecía que conocía a todos de siempre, cuando era la primera vez que nos veíamos, me hicieron sentir muy acogido, entre amigos. Apareció un cantante, el mariachi, del que no diré nada, mejor que veáis lo que subí a Instagram. Se me ocurrió pedir mezcal, "el más fuerte que tengas", dije, 48º, muy bien, y luego otros se animaron también con ello. La dueña del restaurante nos explicó toda la historia del mezcal y el tequila, qué bien lo pasamos, qué bien.




    Y mi impresión de Las Palmas, con calor (el bochorno que llaman allí) muy buena, muy buenas sensaciones. 



EL DÍA CLAVE: 

VIERNES, 18 DE SEPTIEMBRE



     Un poco, me sabía mal que Liseet estuviera tan pendiente de mí precisamente el día que iba a presentar su novela, pero, como dije, me atendió estupendamente. No me hubiera importado quedarme solo hasta el momento de la conferencia, habría hecho turismo por mi cuenta y me habría repasado lo que quería decir, habría ido bien. Pero ella estaba muy atenta a mi persona y, la verdad, todo fue mucho mejor. Quedamos en la Biblioteca, para ver los espacios, preparar el evento. También fuimos a Radio Guiniguada, a su primer programa La alquimia de las palabras, donde entrevistó a dos jóvenes autores de allí, y me invitó a participar. Vi parte de la ciudad, fue a la vez trabajo, literatura, amistad y tiempo compartido. No digo más porque de esto, que es lo realmente importante, ya he puesto y republicado en redes sociales bastante. Lo que sí publicaré pronto son parte de esas palabras que tenía preparadas y que no llegué a decir.

     Igual que la conferencia y presentación, que fue un momento mágico. Sí, presenté a Liseet, ella dio la conferencia tan interesante, cerramos el acto, ¡fue estupendo! Entre los presentes estaba la poeta, entre otras muchas cosas, Berbel, quien anunció que muy pronto presentaba su obra de poemas a autores alemanes con ilustraciones propias a cada uno, y con la que conversé de Hölderlin un poco, todo un placer. 



     Después nos tomamos unos buenos cafés colombianos, es que Liseet me llevó a muchos sitios, y yo soy muy cafetero... ¡Ay, qué buenos! No me imaginaba Las Palmas así, con tantas posibilidades. De noche deambulé un poco por la zona de Triana, que tenía muy cerca. Llevo años arrastrando insomnio, eso de dormir poco lo tenía asumido, una cuestión que sabía que cambiaría a mi vuelta, ya lo dije, este viaje suponía mucho para mí en muchos aspectos, era cerrar y abrir ciclo. Seguramente ya había sucedido, pero, incluso con un verano entero en medio, no estaba del todo consciente. Y yo lo sabía. Que ese viaje era una manifestación, una concreción de ese punto de inflexión en mi vida que empezó a finales de mayo. Y, de hecho, ha sido así. Porque regresé y ahora estoy recuperando sin proponérmelo hábitos de sueño. Estoy ahora algo pachorrón, y es normal, porque encima es principio de curso, no se me ve de momento al ritmo que llevaba en redes sociales porque ahora... ¡duermo! ¡Por fin, qué bendición! Por eso he tardado tanto en escribir esto.




TERCER DÍA: 

SÁBADO, 19 DE SEPTIEMBRE



     Liseet seguía teniendo planes para mí, eso ya lo sabía, estaba agendado, pero lo importante, el día anterior, ya había sucedido. Así que me alegré mucho por ella si esa mañana descansó. Si me pongo en su piel, con los nervios de tantos eventos y cosas que hacer, y encima yo ahí, no me extraña. Y yo, aunque había dormido poco, dormí muy bien y me levanté temprano. Así que guagua y a la playa, a Las Canteras, paseo terapéutico y tranquilo.



     Por la tarde nos desplazamos a Villa de Moya, una localidad en altura, el paisaje espectacular. Fuimos con Teresa Santana a la entrega de premios "Tú eres mi héroe", también lo he documentado en redes. Una lástima no haber tenido la ocasión de probar los famosos suspiros de Moya y una sorpresa que allí haya un Museo del Betis. De verdad, un paisaje natural y el propio pueblo preciosos. Y después, de nuevo en Las Palmas, estuvimos los tres con el grupo que conocí en el mexicano, y Luis Alberto Serrano me regaló su novela Las tres reinas, que espero leer y reseñar pronto. Y deliciosa la cachapa venezolana que nos tomamos allí.

     Volví a dormir poco y muy bien, a la mañana siguiente, a las 7, salía mi vuelo de regreso. Tenía muchos planes para ese domingo ya en Sevilla, aparte de deshacer la maleta, porque al día siguiente daba clases y conocía mejor a mis grupos, porque estaba en muchos proyectos de lectura y literarios, pero esos planes no se cumplieron, y no pasa nada. Recuperé el sueño, me ha costado una semana o más recuperar mis ritmos, he estado algo cansado estos días, pero muy bien. Este artículo, y el siguiente, los tenía pendientes, y también está pendiente algo mejor y privado: todas las reflexiones que me traje de allí y quiero escribir para mí, aprendizajes y propósitos. 


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