viernes, 29 de mayo de 2026

"CRÓNICAS DE UNA MUJER EN ASIA", DE PALOMA LAFUENTE GÓMEZ. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Lo más hermoso de las palabras es su poder, y que puedes llegar a ellas por diferentes caminos y en diferentes circunstancias. En ocasiones, puedes entenderlas o razonarlas, sin embargo, no llegan al plano de la conciencia hasta que las encuadras dentro de una experiencia concreta (normalmente práctica). Únicamente a través de la vivencia puedes alcanzar la verdadera conciencia de las palabras; entonces se llenan de significado, de una fuerza incontrolable, de un poder descomunal, de una melodiosa armonía. (pp. 167, 168).





Crónicas de una mujer en Asia, de Paloma Lafuente Gómez (Bubok; Madrid, 2023), tiene como subtítulo Una ventana abierta a mis vivencias en India, Nepal, Vietnam y Camboya, y ya desde este mismísimo principio, antes de iniciar el texto en sí, Paloma Lafuente nos muestra cómo de transparente y lúcido va a ser su libro. Tal vez me equivocase en el unboxing que publiqué en Instagram y Facebook al calificarlo de libro de viajes, aunque en parte lo es o, más que en parte, en andamiaje. Usé ese término para señalar que no se trataba de una obra de ficción, como suele ser habitual en mis impresiones lectoras, sin caer en la cuenta de que esa expresión está asociada a un género de no ficción pero literario que tal vez, por antigua, posea unas normas o genere unas expectativas que puede que no se apliquen aquí. Paloma Lafuente no te engaña: ¡claro que te cuenta sus experiencias de su paso por esos cuatro países! Pero no observo que sea el hecho de viajar en sí el leit motiv de este libro, sino más bien su mirada externa e interna en su pasar por ellos, en su estar en ellos. Y, si está allí, es porque está cumpliendo con una misión, con una tarea, como miembro de una ONG. Pero, como he dicho, es personal, en ciertos momentos íntimo. Ofrece muchos elementos: impactos sociales, culturales, de ritmo de vida; paisajes y edificios, caminatas, pensamientos mientras procesa lo que está viviendo en ese momento. A mí me han resultado particularmente valiosos sus testimonios de contacto humano, de vínculos específicos con personas con las que se encuentra que se crean por conexiones instantáneas.

     Tampoco hay aquí un afán por enfocarse desde el feminismo. Sus apreciaciones sobre las desigualdades entre hombres y mujeres, y sus roles sociales, no son excesivas, no están empapando su relato, ni mucho menos. Aparecen, más bien, de forma natural: se trata de una mujer occidental que, por un lado, se sumerge en otras culturas muy distintas y sus gentes la observan de determinada manera por serlo, por ser mujer y, por otro, puede contrastar su realidad en España con las realidades de estos países, así que en esos contrastes uno de los que aparece es ese, el de la mujer en ellos, y es lógico, dado que nosotros lo sabemos o imaginamos de forma racional, pero no es lo mismo que verlo y vivirlo estando allí. Me encanta esta expresión que usa, en su contexto y de forma aislada: ... una reunión de mujeres es una actividad llena de alegría y júbilo. Son espacios donde pueden tomar un respiro y ser ellas mismas... (p. 93); en ese momento estaba en un campo de refugiados tibetanos en Nepal. El libro, por lo tanto, dista muchísimo de ser una especie de panfleto ideológico en ese sentido, ni en otros. Al contrario, el tono de Paloma Lafuente al describir o narrar o transcribir diálogos es humano y personal, y muy respetuoso al tiempo que inteligente. En ocasiones me ha parecido tierno; en otras, la exposición de crudas realidades con alguna valoración o sin ninguna porque ellas solas son suficientes. Esta obra, yo diría, tiene más bien una mirada femenina, sin ese -ismo que a día de hoy, en el inicio del segundo cuarto del siglo XXI,  puede dar lugar a equívocos: lo observa y lo cuenta todo, pero cada cierto tiempo vuelve su mirada a las mujeres y a las niñas (El rol que ocupan las mujeres en la sociedad es un tema que siempre interpela, ..., p. 175). Será al final de esta obra, ya en Camboya, cuando aborde directamente el tema del maltrato físico, sexual y psicológico a las mujeres, con la conmovedora historia de Evel y en el capítulo 10 de esta sección camboyana, Cicatrices en la superficie (pp. 245-251). Pasajes, por cierto, donde también destaca la figura del hombre cuidador amoroso de su mujer, némesis del maltratador, tal vez una ilustración de la verdadera naturaleza del yang que tanto nos cuesta encontrar. Paloma Lafuente es honesta desde la primera página a la última.

     El tono de esta obra es como la mirada de la autora: detallista y amable. Nos va descubriendo a nosotros lo que ella descubre o sabe, bueno o malo, pero a mí particularmente me encanta esa tendencia a valorar lo entrañable, lo afable, lo más cercano y humano de sus experiencias y su mirada al otro. Por momentos he llegado a sentir ese espíritu que desean sus palabras, sin poder llegar a afirmar, por desconocimiento, si tal vez se trate de esa compasión bien entendida de la que habla el budismo como el summum de los logros espirituales. Ese tono, ese mood que no siempre puede aparecer pero al que se inclina, es, en mi opinión, el que consigue que, dentro de lo exótico que nos puedan resultar como lectores estos escenarios tan lejanos, nos complazcamos al leer percepciones o anécdotas que, tal cual, podrían parecer intrascendentes, cotidianas, porque nos acerca a ellas, como si descubriese lo trascendente en lo aparentemente insignificante. A veces reflexiva, a veces impresionista, a veces sencillamente descriptiva, la voz de Paloma Lafuente nos invita a acompañarla en unos viajes que, claro, son solo suyos, solo parcialmente podemos reconocer sus vivencias, pero la vivencia de este camino que es su propio libro es ya de por sí muy gratificante. Se insertan ocasionalmente fotografías, igual de un templo que de una persona a la que se refiere. 

     En Crónicas de una mujer en Asia, Paloma Lafuente sabe conjugar con habilidad, entre otros elementos:

- Datos objetivos y porcentajes, generalmente para evidenciar desigualdades, pobreza y miseria.

- Descripciones de paisajes naturales y urbanos.

- Tradiciones, ritos, costumbres.

- La organización social, la diferenciación entre etnias y creencias, el clima de convivencia, la historia que arrastra cada comunidad a la que se aproxima.

- El contacto con grupos y, sobre todo, individuos: cómo se inicia el contacto, por qué y para qué, el tono, y los vínculos, siquiera temporales, que se crean.

- Oficios, tareas, el trasiego diario, cómo se vive en cada lugar, detalles de comidas, vestimenta, ...

- Cómo se desplaza, tanto literalmente como lo que siente y ve en los trayectos.

- Olores, tactos, temperaturas, ambientes, sabores.

- Contrastes de todo tipo y provocar la apertura de ojos a realidades que nos son ajenas.


     El libro se divide en dos partes. La primera, más extensa, nos sumerge en dos países donde el hinduismo y el budismo son las religiones mayoritarias. La segunda nos traslada al sureste asiático. A su vez, cada parte se divide en dos secciones, una por país. Crónicas de una mujer en India es la que abre la obra y nada más comenzar ya se resalta la diferencia de género allí, de lo general a lo tan particular como mujeres concretas, con nombre propio, a las que te acerca. Vas a apreciar el contraste entre distintas ciudades, la contaminación en muchos casos, y la basura, la predisposición de sus gentes y la división por castas (algo que no solo se ve en India), siempre con sensibilidad humana y gran percepción de los detalles, y también la cosmovisión de todo influida por la religión y las creencias. Esto mismo sigue en Crónicas de una mujer en Nepal, pero se respira otro ambiente, se nota el cambio: Nepal parece mucho más íntimo. Por añadir algo más de mi propia subjetividad, que es lo que toca en impresiones lectoras, que no reseñas, y a mi blog entero, diré que el final del capítulo 3 (Nagarkot, montañas invisibles) me ha gustado mucho. Y el quinto, El pequeño Shiva, entrañable tal y como se narra, me ha parecido un honrar a la masculinidad en ciernes; habla con amabilidad de rasgos masculinos, por eso he dicho antes lo que he dicho, y que me perdone Paloma Lafuente si no es así, pero se nota mucho, y me agrada bastante, esa conjunción equilibrada entre lo masculino y lo femenino que, a veces, se encuentra, el yin y el yang sanos en su baile, y eso no resta nada a la observación de un constante desequilibrio de género que contempla en estos países, que parecen vivir en épocas muy antiguas, por más móviles e internet que usen (Vivir en Nepal es sumergirse en el pasado, p. 175). El último capítulo del Nepal, que resalta la silenciación y la impureza de la menstruación para las creencias hinduistas, me ha recordado a cierto pasaje veterotestamentario en la Biblia.

     Por su lado, la segunda parte dedicada al sureste asiático también se divide en dos secciones. La primera, Crónicas de una mujer en Vietnam, me provocó al principio la transición de la efusividad y el caos de la India a la limpieza y el orden, pero también distancia emocional, de Vietnam. Para muchos de nosotros todos esos países nos parecen lo mismo, no solo Vietnam y Camboya, también Tailandia, Mianmar (Birmania), etc., y no lo son para nada. El contraste entre Vietnam y Camboya es grande. Inevitables en Crónicas de una mujer en Camboya las referencias a la guerra y a Pol Pot, las atrocidades tan terribles sufridas allí. Con un calor agobiante, también se ven desigualdades sociales, lo que no quita para que su mirada no pierda detalle de mercados, de historias personales y hasta de anécdotas más livianas (que visten realidades duras de todas formas), como el capítulo 7, Tuktuk, lady?, con otro final que me ha encantado.

     Una vez más, no sé qué haré con tantas notas y posibles citas para este artículo apuntadas en mi libreta, con mis impresiones, capítulo a capítulo. Escribo mientras leo, como forma de leer en sí, como una ayuda para concentrarme y para repasar después, a veces me hallo a mí mismo destripando el libro, despiezándolo. Seguramente quedarán ahí, como en un diario de viaje por Crónicas de una mujer en Asia.

     

     



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