Lechuza blanca sobre Argos, de María Luisa
Regalado (Con M de Mujer, 2025), es una novela donde la voz de Clitemnestra nos
narra su propia vida y los acontecimientos que giraron alrededor de ella. En
este sentido, es una obra muy original, al retomar de este modo el ciclo
micénico que ya trataron desde diferentes perspectivas, entre otros, los
grandes tragediógrafos griegos (Esquilo, Sófocles y Eurípides), desde la mirada
y con la voz de un personaje denostado durante siglos y que aquí se reivindica
al contar, simplemente, los acontecimientos de su vida y los motivos de sus
acciones. Así, podemos decir que se trata de una novela histórica en la parte
que hace a lo que sabemos de la Edad de Bronce y la época micénica, el
fundamento histórico y arqueológico es muy firme. Y este es uno de sus mayores
méritos, a mi entender: tomar la mentalidad y la estructura social y religiosa
de una época tan remota y traerla a la ficción, incluso en lo que nosotros
llamamos intrahistoria, con sus rutinas, sus temores, sus inquietudes y sus
necesidades, e insertarlo de forma natural en una historia muy interesante que
te lleva desde el principio hasta el final muy metido en ella. Está muy bien
escrita, tanto en lo formal y lo narrativo, como en lo que acabo de apuntar, y
esto lo quería recalcar en primer lugar, antes que otros elementos que hacen de
esta obra una novela muy atractiva e inmersiva. Clitemnestra, como narradora,
no es estridente en absoluto, es de tono sincero y serio de manera constante. Y
aunque expresa el horror y la angustia que siente, no se recrea en ello de
forma morbosa o afectada en exceso, deja constancia; y en aspectos como los encuentros
sexuales lo deja todo dicho de manera elegante sin necesidad de ser explícita,
a veces incluso sin decirlo; la atención se capta por medio de los mismos
acontecimientos que relata. Se trata de una época que la autora conoce muy
bien, y ahí sitúa a sus personajes y los hace cobrar vida. Por tanto, maneja
excelentemente las mentalidades, y esta es una cuestión que elogio, pues el
hecho de que determinadas cosas fueran así no resta en su obra el cómo lo
asumen y procesan los personajes, que no dejan de ser seres humanos. Esta
combinación entre la ausencia de ninguna clase de anacronismo y la vibración de
la sensibilidad humana me parece uno de sus mayores logros en esta obra, y por
eso funciona tan bien para cualquier tipo de lector que desee acercarse a ella.
Por ejemplo, ningún personaje se va a llevar las manos a la cabeza por que
exista la esclavitud, las mujeres estén en el gineceo con muchas restricciones
de su libertad o se deban hacer sacrificios a los dioses, porque eso era así en
esa época, pero eso no significa que no les afecte y sean conscientes, ese
contraste está muy bien plasmado en esta obra y humaniza a los hombres y
mujeres de esa época, se les da voz aun desde su marco cultural. Eso me ha
encantado, cómo lo desarrolla y con qué naturalidad María Luisa Regalado en Lechuza
blanca sobre Argos.
La religión
está muy presente, como es lógico, tanto en la realización de ritos como en la
forma de razonar y comportarse los personajes. Pero no aparecen los dioses como
tales, como personajes, como lo hacen en la Ilíada, por poner un
ejemplo. Está en las creencias, las reacciones, las decisiones y la percepción
de la realidad, y los acontecimientos que nosotros consideraríamos
sobrenaturales, místicos, del mundo de los dioses o de la espiritualidad aparecen
como podrían aparecer en una novela ambientada en el siglo XX, no traspasa esa
frontera, y eso es otro valor añadido a esta novela, que siendo una recreación
e interpretación de un mito sea a un tiempo una novela realista en el buen
sentido.
Por
tanto, Lechuza blanca sobre Argos se trata de una novela
biográfica, la narradora es la protagonista y nos cuenta su vida desde el principio
hasta el final. El hecho de que no se estructure en capítulos, sino que se
cuente de manera seguida sin separación en partes de estructura externa más
allá del párrafo, me da la impresión de que es así por imitación de las
narraciones, en verso, de las epopeyas, intuyo que la autora ha querido plasmar
la historia de Clitemnestra contada por Clitemnestra en un formato escrito adecuado
a la época de su narración, en las que se harían de manera oral, o a la época
clásica que narraba estas historias de la Edad del Bronce ya por escrito. Los
diferentes episodios se marcan con el uso de la negrita para la primera palabra
que lo va a iniciar.
Si he
manifestado que esta obra ha caído en mis manos en el mejor momento ha sido
porque la he leído después de leer a Esquilo, mientras leo a Sófocles y tras
haberme visto muchos y muy interesantes vídeos de conferencias de Eva Tobalina,
entre otros, acerca del mundo minoico, micénico, los pueblos del mar, las
relaciones entre las diferentes potencias de la Edad del Bronce y la tragedia
griega. Eso me ha permitido, sin ser experto, en reparar en diversos detalles
que me han gustado mucho y que dejaré apuntados más adelante. Y por eso hablaba
en otro lugar de los diferentes tipos de lectores que pueden acercarse a esta
obra.
En
primer lugar, la generalidad de lectores. Y es que un lector no tiene por qué
saber nada de mitología e historia y disfrutaría muchísimo de esta novela. De
hecho, la novela sería su primer acercamiento a esa mitología e historia a la
que me refiero, y María Luisa Regalado le estaría poniendo muy buena base. En
siglos anteriores mencionar a Egisto, Casandra o Clitemnestra no generaría ninguna
sorpresa entre la población culta europea, sabrían quiénes son de inicio. Pero
hoy en día ese conocimiento general está desaparecido y va remontando poco a
poco; tal vez Aquiles, Helena y Troya sea lo que más les suene. En fin, lo que
trato de decir es que no necesitas de esos conocimientos para disfrutar de esta
novela como novela en sí misma. Es una novela en la que la tensión narrativa y
el interés no se pierden.
En
segundo lugar, estarían los lectores con ciertos conocimientos, como
aficionados a la historia, la arqueología y la mitología. Aquí, ya nos podemos
dar cuenta de muchos asuntos puestos sobre la mesa más allá del interés y la
belleza de esta novela (es bella y desgarradora). Para empezar, su contexto
histórico, las fricciones y las relaciones entre culturas, el comercio y su
importancia; la alusión a la escritura lineal B, la preponderancia de Micenas
sobre otras ciudades que en esta época no son lo que más adelante llegarían a
ser, como Esparta o Atenas; la especial idiosincrasia de los cretenses que,
siendo considerados del mundo helénico, se les observa al mismo tiempo
extraños, con la importancia del toro en su cultura y ecos del mundo minoico
extinto, y muy especialmente el hecho de que el panteón griego, el olímpico, se
está formando e imponiendo a una religiosidad anterior con la que a veces
choca, como bien hace notar Esquilo en las Euménides. Al nuevo orden
social de las polis le convenía, pero no se desarraiga así como así, y
siempre queda algo. El culto a la Gran Madre, que se manifiesta en diferentes
culturas de la época tal cual o bajo diferentes nombres, está siendo desplazada
por una religión estructurada de otra manera, con jerarquías y preponderancia
de los dioses masculinos, de ahí el choque entre Apolo y la Gran Madre, las normas
morales de las estructuras de poder y las del pueblo, de ahí la gran contradicción
de Orestes en la tragedia griega ya, conminado por Apolo con orden directa para
realizar una acción que contraviene la moral más básica y aún más antigua. En Lechuza
blanca sobre Argos me ha parecido ver reflejadas a las erinias en las
propias sacerdotisas que van haciendo correr la voz del acto horrible. También
podemos observar cómo María Luisa Regalado se tiene que definir por escoger
entre diferentes versiones, como por ejemplo el papel de Electra o la presencia
o no de Clitemnestra en Áulide.
El
tercer tipo de lector lo tengo que inferir, pero por supuesto que existe, y es
el lector experto, no aficionado, dado que la autora es una de ellos. Lo único
que puedo decir yo al respecto es que ellos encontrarán más matices de los que
yo soy capaz y tendrán una experiencia lectora diferente. Les envidio.
Que
sepáis que estoy escribiendo esta impresión lectora sin mirar mis apuntes, que
son inmensos. Todo de memoria, es una verdadera impresión. Lo hago así por la
propia naturaleza de este artículo, por su extensión, por el tiempo. Son muchos
los detalles, y de diferentes tipos, que se pueden destacar. Mucho diría de la
caracterización de los personajes, de resortes psicológicos, de determinados
episodios que me han parecido muy bellos, poéticos, y también reveladores, cómo
observa una Clitemnestra fuera al fin del gineceo las paredes de un palacio al
que no se le ha permitido acceder aun siendo la reina, lo hace como un arqueólogo
o visitante de un yacimiento, maravillándose, o de la grandeza de la propia
Micenas; me muerdo la lengua para no hablar de relaciones entre hombres y
mujeres, del sexo y las esclavas, aparte de las concubinas, y de por qué deduzco
que no hay ni hetairas ni efebos; de brutalidad, de honor en su anverso y su
reverso, de cómo la visión femenina de esta historia no excluye que los
estereotipos también afecten a Clitemnestra a la hora de valorar a los hombres,
¡tantos temas!, cómo se me ha venido en mente la Primera y Segunda Guerras
Mundiales cuando se observa que la ausencia de hombres por encontrarse en los
campos de batalla permite, e incluso obliga, a que las mujeres ocupen espacios
hasta entonces reservados a ellos teniendo que superar ellas mismas barreras
mentales. Clitemnestra, la elegida, va a tener que ir luchando en su interior y
de forma progresiva hasta darse cuenta definitivamente de cuál debe ser su
papel. Y aun con todo, no cae en la misandria; aun con todo, a pesar de todo lo
que ha vivido, valora el amor y valora y respeta a los hombres, al menos al que
está con ella. Esta parte, cuando lo leas acuérdate, esta parte es muy sutil y
sensible.
En fin,
los apuntes ahí quedan, en un cuaderno que ya de por sí se está haciendo muy
especial. No descarto volver a hablar de Lechuza blanca sobre Argos
en otra ocasión.
Sería
un crimen contarte cómo es el final, y yo no quiero que me persigan erinias y
moiras por ese sacrilegio, pero sí, es muy original, de hecho te deja pensando
hasta que llegas al final del todo. Y cuando llegas al final del todo te das
cuenta de cuánta emotividad te ha transmitido y el poso dejado, por estratos,
latiendo aún.
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