Cementerio de favores, de Fede Martín Arroyo, es una novela de asuntos turbios cuyo protagonista, Miguel Santos, entre otros, pertenece al gremio de los conductores de ambulancias y a un tiempo representa a un tipo sin pareja que empatiza de buena fe con gente común del barrio y aparece esporádicamente en determinados ambientes un poco menos transparentes. Se trata de un thriller y, tal y como está contado, con ingredientes de acción del estilo de la novela negra. Aparece el contraste de la turbidez de telón de fondo, cierta niebla moral de decisiones y ambientes, con la claridad narrativa: con un narrador omnisciente y una estructura fundamentalmente lineal (de planteamiento a desenlace), con ciertos momentos de analepsis (flash-back), Fede Martín Arroyo va contando poco a poco cómo se resuelve un caso del que el lector es testigo desde su germen, mientras va describiendo ambientes y lugares y perfila personajes y sus relaciones.
El quid de la novela, sin hacer espóiler en ningún momento, es, desde mi punto de vista, que el personaje principal, Santos, tontea con cierta moderación y algo de disonancia cognitiva interna con actividades al margen de la legalidad y lo moralmente correcto, pero su fondo general es honesto y bienintencionado, como pasa también con varios personajes que se conocen desde dentro, en sus relaciones con él, pues desde fuera, sin saber biografía y trayectoria, echarían para atrás a más de uno. Esta condición personal de Santos le mueve a ayudar mediante métodos poco convencionales. El problema real viene con la intervención inesperada de personajes más oscuros. Como las fichas de dominó, la caída de la primera va a hacer que vaya cayendo toda la fila hasta la resolución final: una situación lleva inevitablemente a otra con intenciones muy distintas según quién.
Cementerio de favores hace honor a su título, pero no lo desvelamos para que el lector lo descubra. Hospitales, partidas de póker, un tanatorio y pesquisas paralelas van creando el ambiente de una novela de investigación, de confesiones reales o de farol y de decisiones. ¿Una novela para leerse más con un whisky que con un café? Bueno, eso es ya decisión de cada uno.
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