Confesiones entre las cumbres (Diversidad Literaria, 2025) es una novela de cuarenta y ocho capítulos cortos, más prólogo y epílogo, donde su autora nos traslada, geográficamente, a una Sierra de Cádiz que conoce bastante bien, y temporalmente nos mueve como un péndulo entre dos periodos: el actual (el año de 2023) y los ochenta-noventa. Tengo que decir, antes que otra cosa, que tiene dos características que a mí me han gustado mucho: de un lado, es de una lectura fácil, fluida, que te engancha desde el principio y te anima a querer seguir hasta su resolución, manteniendo el interés; de otra parte, maneja muy bien elementos complejos, lo que le otorga mucha solidez, como este que he empezado a comentar de su estructura. La estructura, lo reconozco, me ha agradado bastante, y no cualquiera es capaz de sostenerla. Es casi un zigzag permanente entre una época y otra: de un lado, el Diario de Alejandra, que comienza en los años 80, narrado en primera persona, obviamente; de otra, el momento actual, con narrador omnisciente y centrado en resolver un caso de asesinato, sin desdeñar otras cuestiones, especialmente sentimentales y, sobre todo, psicológicas. En cada uno, eso sí, mantiene prácticamente una estructura lineal que va del planteamiento al desenlace por orden, pero al mismo tiempo haciendo converger las historias. La tensión y la intriga se mantienen de este modo todo el tiempo. He dicho casi: casi en zigzag, especialmente porque el llamado momento actual se bifurca y... lo dejo aquí para no pecar de analista y para no incurrir en el espóiler involuntario.
Al tratarse de una impresión lectora, asumo la subjetividad de mis palabras y mis lectores deberían hacerlo también, aunque supongo que el hecho de que vaya ya por su séptima edición (de abril de 2025 a marzo de 2026) es un dato objetivo que tal vez haya de tenerse en cuenta. No soy un lector especialmente inclinado a la novela de investigación y de crímenes, y eso puede que sea un punto a mi favor como "reseñador": sería un libro que recomendaría a cualquiera con independencia de sus preferencias lectoras. Por dos motivos fundamentales: es una novela agradable de leer y, para los amantes del género, de los que te mantiene con la avidez de querer atar cabos y de llegar al final. De hecho, reconocida mi relativa ignorancia, y a base de leer este tipo de novelas últimamente, me he molestado por indagar un poco en el género, para no hacerme un lío, y especialmente en las diferencias entre subgéneros, es decir, la diferencia entre novela de suspense, de intriga, policiaca, negra y thriller, cuestión de matices. Y Confesiones entre las cumbres cumple todos los matices para pertenecer a este último, al thriller: tiene un ritmo rápido, sin renunciar a la descripción de lugares y de circunstancias, no tanto de personas (casi todos los personajes te los puedes imaginar como quieras); no se pierde la tensión; existen en su trama peligros y amenazas; y, por último, tiene giros argumentales. Al parecer, el uso actual del anglicismo thriller, que a mí, como profesor de Lengua Castellana y Literatura, me echa para atrás, en lugar de novela de suspense, es para hacer patente que es moderno y que es más intenso, así que Confesiones entre las cumbres es un thriller muy recomendable.
La he disfrutado mucho, y si he tardado en leer y expresar mi impresión lectora es, básicamente, porque leo otras cosas simultáneamente y porque me ha vuelto la manía de tomar notas capítulo a capítulo, unas notas que no me sirven para mucho, al menos no para reseñar: esto de expresar mis impresiones lo hago al terminar de leer y tengo la historia muy fresca en la mente, aparte de que no puedo desvelar lo que el lector debe descubrir por sí mismo. Ahora bien, creo que no pasa nada si digo que no hay un protagonista del todo claro. Si tuviera que señalar a alguien, serían dos: Alejandra y el Inspector Torres. Tampoco pasa nada si digo que en la trama más de un personaje esconde secretos, la mayoría de las veces muy fuertes. Tampoco pasa nada, espero, si anuncio que en esta novela una cosa es el desenlace (la resolución del caso) y otra el final (escalofriante, además).
¿Qué personaje me ha gustado más? Esta pregunta me la ha hecho recientemente la autora, Macarena, y me voy a mojar. A ver, yo soy amante de la poesía, de los relatos intelectuales y simbólicos (Papini, Borges, ...), me llama la atención el símbolo, la expresión o descubrimiento de emociones (Unamuno, Cortázar, siempre menciono a los mismos autores); es decir, mi preferencia es por los textos que me remueven interiormente, ya sea intelectual o emocionalmente. Por fuerza, Alejandra es el personaje que más me atrae. Para un lector habitual de novela de suspense, de thrillers, también pienso que Alejandra es un buen imán para ellos, por otros motivos. Si no se pudiera dejar de empatizar, empatizo mucho con ella. De otra parte, el Inspector Torres seguro que encandila a más de uno. A mí de él lo que más me gusta son sus diálogos. Y, por último, y esto es lo más subjetivo de todo y que no puedo explicar, Paula me parece un personaje muy atractivo, precisamente por lo que no se sabe de ella. Claro, puede ser que su nombre me haya condicionado, pero lo poco que se sabe de ella es muy interesante y a mí su potencial como personaje me ha llamado mucho la atención, especialmente lo que podría considerarse de su forma de ser.
No es poco decir que Confesiones entre las cumbres ha sido una lectura que me ha merecido la pena, o más bien el gusto. Se nota que Macarena Expósito ha tenido muy claro qué contar y cómo, lo hace con maestría, y espero poder leer más textos de ella en adelante. Muy buen libro, sin duda ninguna.


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