sábado, 21 de marzo de 2026

"ISHQ. EL COLOR DE LAS GRANADAS", DE JUAN ANDRÉS MOYA. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Histórica, legendaria, ficticia, poética, humana, ensoñada, realista, vívida, sentida. Conmovedora, intensa, lúcida, dulce, desgarradora, amarga, inmensa. Por su título, ISHQ. El color de las granadas, parece apuntar a que su protagonista es Nuruddin, el que acabará siendo el emperador Jahangir, descendiente de Gengis Khan, hijo de Akbar, terrible gobernante del imperio mogol, como terribles fueron sus antecesores. Pero su humanidad y su alma sensible es lo que el lector va a encontrar en esta novela, cuando aún era Nuruddin. Sí, parece apuntar a que es el protagonista. Lo es. La figura central. Pero Anarkali, esa sirvienta del color de las granadas, de cuya existencia real se duda, considerándola legendaria, cuya existencia de brumas fue como las de tantos y tantos parias y gente común siempre anónima, sostén de tantos imperios, Anarkali será, como mínimo, la coprotagonista. Nuruddin me ha conmovido; Anarkali, por su parte, me estremece aún. La pureza de ambos corazones es transparente, y su divina ingenuidad y entrega. Pero los pasos de Anarkali lo superan. Ella ha sido la que me ha hecho llorar en mi lectura de ISHQ.

     Se trata de la primera novela de Juan Andrés Moya, un escritor sensible y exhaustivo, selectivo y lírico, narrativo con dosis de dramaturgia que modula a voluntad; ISHQ es su primera novela con todo el dominio del lenguaje, de la voz del narrador y de las palabras de cada personaje en sus diálogos: narrativa, una historia de principio a fin, pero lírica y yo diría que dramática a un tiempo. Finalista del Premio Vuela La Cometa 2015, se publica en marzo de 2016 por Arola Editors. La adquirí en su presentación de En el nombre del hijo en La Fábula Educa, en Espartinas (Sevilla), no hace mucho, y su lectura me impresionó y fascinó desde el primer momento.

     Cada capítulo va encabezado por versos, versos de poemas que ambos protagonistas conocen y comparten, y dan entrada al contenido de cada movimiento hecho episodio. El poeta Jalal ad-Din Rumi impregna la novela y es punto de conexión inexplicable de dos almas. En  mi ignorancia, me atrevo a decir que son suyos los versos que inician cada capítulo. Y es que ya en el mismo prólogo, antes del verdadero capítulo 1, parecen encontrarse ingredientes literarios muy llamativos y a un tiempo profundos. Es normal que por el tono y tema de estos versos de Rumi y por su forma de narrar un amor tan sorprendente y tan auténtico a mí me hiciera evocar ya en ese prólogo al Cantar de los Cantares, a la expresión del amor entregado del Medio Oriente, aunque en ISHQ el Este sea aún más Este. Un inicio que es muy lírico, las primeras palabras, descriptivas, desbordan de vocabulario escogido, preciso y precioso, y asimismo colmatan de imágenes bellas. Un primer plano que nos traslada al Oriente, con ingredientes históricos, muy documentados pero traídos de manera muy natural, todo cocinado; y un conflicto ya desde el principio, desde este antes del principio, entre razón y emoción, entre sentimiento e interés, entre alma y estatus, entre realidad y deseo, abriéndose así las puertas a una narración que ya se vislumbra que será tensa, intensa, conflictiva dentro y fuera y en todos, lírica, hermosa, fuerte y delicada. Si no puedo amar, entonces no tiene sentido vivir.

     Todo este pre-principio ya me hizo conectar con ISHQ. Mi ensoñación con el Cantar de Salomón, la poesía clásica japonesa, el Genji, ..., toda esa literatura de exquisitez en forma y fondo, los cantos orientales de amor, las moaxajas, el Abencerraje, ... que le dieron los toques más líricos y profundos a Amae pop blue (que combina tantos elementos...), me hicieron presagiar que ISHQ sería lo que yo llamo "libro amigo" de los que aparecen en la Bibliografía de mi novela, en el Volumen III. Es de estos que me llama en sí mismo y me absorbe luego. Ahora puedo confirmarlo.

     Todavía me pregunto por qué tomo tantas notas cuando leo. De ISHQ tengo una inmensidad de notas que desde el principio sabía que no iba a usar, y menos aquí, que quiero ofrecer una impresión y no un análisis. Paladearía con sumo gusto una especie de destripe gourmet de cada uno de sus veintitrés capítulos y su Epílogo. Con lo escrito hasta aquí ya he dicho todo lo que hay que decir en lo que algunos llaman reseña y yo llamo impresión lectora. Mi apetencia de desgranar todo un estudio analítico y progresivo de ISHQ se quedará en esa misma libreta, cuyas notas están para darme seguridad al redactar y para que las mire de reojo mientras me expreso aquí. Aparte de la historia en sí, una historia llevada desde antes del Planteamiento hasta después de su Desenlace, cada capítulo en sí mismo se disfruta muchísimo. Yo me he leído esta novela dos veces y lo leería gustoso una tercera vez, y aún más, sé que lo haré. Impresionante es, puesto a opinar, el capítulo 17 de principio a fin, apasionado y vívido, y el que ya va a darle otra velocidad a la novela. No voy a hacer ningún espóiler, pero sí diré que el capítulo 17 fue uno de los que me hizo derramar lágrimas. Si queréis amor, erotismo, alma y entrega, ahí lo tenéis. Ya desde aquí y hasta el epílogo la intensidad está en su máximo, como en un eterno apogeo. Por ejemplo, y para ir acabando, me centro en el capítulo 20. La intensidad del amor, la incertidumbre, el miedo, ... Juan Andrés Moya te hace sentir lo que siente cada personaje, lo lleva haciendo desde el principio; aquí, sentimientos y sensaciones externas e internas. Y como dije, la selección léxica, pero non sulum: las construcciones de las frases, las metáforas y las imágenes, las sinestesias y los giros (sed etiam: Consternada y mugrienta, Anarkali era un cuerpo vacante de alma, p. 192, este es un sencillo ejemplo porque no quiero desincrustar gemas y joyas de una corona tan regia, solo es una invitación). 

     Nosotros tenemos a nuestros poetas que ya nos dijeron que el amor es más poderoso que la muerte. Seguramente todos recordemos un soneto de Quevedo a este respecto, pero no es el único ni el primero. En esta gran cadena de referencias literarias de siglos y culturas, ISHQ se engarza como un eslabón de alta orfebrería. 

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