viernes, 30 de enero de 2026

"EL CANTO DEL FÉNIX", DE LISEET MATA MARTÍNEZ



La voz de Liseet Mata es muy particular, suele contagiar entusiasmo y energía. Y el título de este poemario suyo, El canto del Fénix (Azur, 2023), no puede ser más elocuente: es una voz que canta el resurgir, el renacer expresado a través de versos de transformación. Su corazón, ya iluminado, entona el proceso desde su singularidad (así es como se llama el segundo poema, tras el primero de encanto por Andalucía). Y es que los títulos de sus poemas ya revelan el transcurso de su dicción poética: El ego, Empatía, Laberinto, Caleidoscopio, Corazón sin armadura, Persistencia, ... En Creo, al principio de la obra, la autora se reafirma en su presente, La meta reenfoca tras el desenfoque inicial que se le escapaba a su conciencia antigua. Pasa por una Experiencia subliminal (No recordaba el sabor de la renuncia). 

     En este renacimiento cantado, no solo se encuentra su propio ser. Se van dando pasos, y el poema Un paso, precisamente, se dirige al otro: amor, separación, distancia, recuerdo, anhelo, lo que perdura. Sí: la parte central del poemario parece apuntar a un amor disuelto, perdido, recordado y anhelado, anhelado en una posible renovación, como se canta en los cuatro últimos versos de El torbellino. Y hay dolor, dolor superado: No estoy rota, estoy vacía, así empieza Fría tempestad. Liseet no esquiva las turbulencias, es parte del proceso de transformación.

     Su voz poética es directa, lúcida y sincera. Porque además, repito, se enfoca en el presente, siendo el pasado y el futuro ecos, proyecciones que solo apuntalan referencias del ahora. Remito a sus Arenas movedizas. Versos luminosos, sí, que traen a palabras un despertar y un resurgir, un darse cuenta de la auténtica realidad, un rescate inesperado en ese transitar con la brújula estropeada, hasta contemplar la belleza inimaginable a su alrededor, como dice en La quinta sinfonía. Hubo lucha, después aceptación (Supuesta irrealidad) hasta alcanzar esta iluminación.

     Las emociones se entrelazan, se funden, se confunden, en una verdadera sinestesia emocional (Alegría confusa). Aparece el amor, y el deseo, y el significado vital ya en Quiero.

     El recorrido que emprendemos al leer El canto del Fénix no es rectilíneo, de un punto A a un punto B, ni va en zigzag. No es abrupto ni simple: es curvilíneo, un tanto en espiral, cíclico y progresivo a un tiempo. Tampoco es absoluto: recuerdos y preguntas aparecen en su canto a la nueva vida, en poemas como Rompecabezas inconcluso. Así, Mi versión, el último poema, es un cierre de reconciliación con lo vivido, que jugó su papel, tuvo su misión. Y ahora el Fénix, por fin, canta, con voz sinfónica.

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