domingo, 1 de abril de 2012

LA ENTRADA TRIUNFAL DE JESUCRISTO EN JERUSALÉN

JESUCRISTO: SU ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN

Para un día como hoy, Domingo de Ramos


Puedes cotejar los siguientes comentarios, y ampliar lo que aquí se expone, acudiendo a la Biblia, particularmente a los siguientes textos base, uno en cada Evangelio: Mateo 21: 1-11; Marcos 11: 1-11; Lucas 19: 28-40; Juan 12: 12-19.

Todo el pueblo sabía quién venía. No era un profeta: le llamaban así, profeta, pero ¿a qué profeta se le aclama con un ¡Hosanna al hijo de David!? No, no era un mero profeta, era el descendiente del rey David.
     Todos sabían quién era. Tú también lo sabes.
     Salió toda Jerusalén a su liberador, con una enorme alegría cuyo nombre es júbilo. Y traían ramas para su paso, para el paso de su cabalgadura.
     Venía el Príncipe, venía el Rey, el rey de los judíos. Pero no llegó a caballo, ni le acompañaba un ejército capaz de quitar de en medio el yugo del invasor romano.
     Llegó un hombre, el Hijo del Hombre, sobre un pollino, un sencillo asno, y le acompañaba una tropa  de doce hombres, la mayoría de condición y profesión humilde, muchos de ellos pescadores, y entre ellos un traidor.
     Y todos le aclamaban: ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! "Hosanna", que en esta época se usaba como expresión de alabanza, significa originalmente 'Sálvanos, te rogamos'. ¿Cuántos de ellos no dirían, días después, ¡Crucifícale!?
     Sí, había llegado el liberador, no del poder de Roma, sino del poder del pecado. Sí, había llegado el que, muriendo, vencería la muerte al domingo siguiente, el que salvaría (¡Hosanna!) a través de su crucifixión. Sí, había llegado el rey, el Hijo de Dios; el siervo sufriente, el Hijo del Hombre, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2: 6-11).
     ¿A quién, a qué le has puesto ramas hoy para que pase? ¿Ante quién has extendido tu manto? ¿A la ostentación dorada? ¿Al sacrificio imperfecto de hombres? ¿O al poderoso Rey que entró en la gran ciudad con la sencillez de ir sobre un burrito?
     ¿A quién abres la puerta de la ciudad de tu corazón? ¿A los pies de quién pones ramas para que entre y te libere?
     Y luego, ¿seguirás llamándole Rey con júbilo o pedirás que lo crucifiquen en una cruz de indiferencia y olvido para el resto del año?

... como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).

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