domingo, 1 de marzo de 2026

A TRAGEDIA CADA "X": "SOLEDAD", DE MIGUEL DE UNAMUNO




Comienzo con algo de polémica, tal vez como le gustaría al propio Unamuno: ¿quién dice que estas piezas suyas no son tragedias? Alguno, sin faltarle razón, me dirá que no lo son. Que son dramas, especialmente Soledad, y le daría la razón, pero como aquí, en esta misma obra, se discute eso mismo... ¿Que no es tragedia? ¿Que tampoco es drama? ¡Pues vale!, es druma, como Agustín, su protagonista, llama a sus piezas teatrales, paralelo a la nivola en narrativa. Y, como tantas veces me veo obligado (por mí mismo) a aclarar, no, no me arrepiento de empezar con trazas personales esta impresión lectora, que es como voy a empezar ya mismo, en el párrafo siguiente. Pero es que este es un blog personal y, además, ¡Unamuno! De todas formas, si avanzas, ya tomo una postura más objetiva. ¡Unamuno! ¿Has visto esto de druma, tan unamuniano como su nivola? Y es que aquí, en Soledad, ¡hay tanto de ese Unamuno que nos explicaban en el Instituto, de mi Unamuno! Y me va a costar todo aquí, es una avalancha de información la que desea salir por mis dedos a este blog. Por si no me has seguido en esta serie de artículos sobre tragedias, estoy enredado ahora en el teatro de Unamuno porque terminé el Prometeo encadenado de Esquilo y quería pasar a Sófocles, pero con la transición de la Raquel encadenada de don Miguel, y ya ha sido un inevitable placer no dejar pasar Fedra, en el artículo anterior, ahora Soledad, ...

     En 2º de BUP quedé impresionado por las clases sobre la Generación del 98 de mi maestra Emilia. Eso me llevó a acercarme, muy joven (¿16, 17 años?) a Niebla de Unamuno, y poco después a su teatro, al encontrarlo en la Biblioteca Pública de Sevilla, entonces en la calle Alfonso XII, una calle que muchísimos años después pasearían varias veces Paula y Rodrigo, personajes de mi Amae pop blue. Con sinceridad: Fedra, bien, no ha estado mal en mi segunda lectura de más de treinta años después, pero Soledad... Soledad me ha parecido impresionante, y me ha explicado muchas cosas, muchas. Me ha impresionado en sí misma, me ha impresionado lo que acabo de comentar, que el Unamuno que tengo interiorizado, sus rasgos creativos y humanos más básicos, están todos en esta obra de teatro, y me ha impresionado toda su influencia en mí. Que con el pasar de los años, y todos mis cambios, incluidos los de gusto lector, todo eso lo he llevado y lo llevo ahí; que lo asumí para vivir, soñar y tomar decisiones y que aparece más que como un telón de fondo en mucho de mi poesía, de mi cosmovisión y de Amae pop blue, que está en su bibliografía sin estar listada en ella. 

     Esta tragedia, drama o druma empieza visceral y acaba visceral, empieza auténtica y acaba auténtica, y no da un respiro, para bien. Para según qué, el teatro de Unamuno es muy sencillo, como él mismo defendió. Es de contenido y lenguaje directo, con mucha significación en sus palabras y los juegos a los que pueden dar lugar.

     En tres actos, está muy cargada de referencias bíblicas. Aparte de Cristo, un Cristo que se reevalúa según quién y cómo lo mencione, tenemos al principio a Agar (un personaje con una historia escalofriante, desde mi punto de vista, no sé por qué no la mencioné más en mi otro blog, el de temas personales y espirituales, Job ya me tenía muy metido en él), pues sobre ella quiere inspirarse Agustín, el protagonista masculino, para hacer su siguiente druma (es dramaturgo), y casi al final tenemos el Cantar de los Cantares muy sentido en palabras de Soledad, su mujer: Es mío... mío... mío... solo mío. Y yo suya, solo suya, solo de él, de mi Agustín. Tanto las referencias mitológicas y a los clásicos como las bíblicas son típicas de Unamuno, así como al Quijote (¡por supuesto!), pero no como apoyo o para demostrar su conocimiento, ni como adorno, él les otorga un significado intrínseco a la acción y también en su interpretación. Por supuesto, se encuentran palabras del terruño, como murria, así como juegos de espejos (El drama de un drama) y de palabras (Más vale ser un enajenado que un ensimismado).

     ¿Soledad es la protagonista? Sin duda, aunque especialmente desde el punto de vista de Agustín. La maternidad es un factor clave en la obra de Unamuno y aquí está en primera línea, desde el principio, con el caballito de juguete que recuerda al hijo fallecido siempre recordado, y al final, con ella tomando en su regazo al propio Agustín y llamándole "hijo". Este amor tan de las entrañas entre Agustín y Soledad creo que es uno de esos elementos que dije que debió metérseme muy adentro en mi vida y mi obra. Y la matria, que aquí aparece como término propio del bilbaíno y salmantino a la par, aparece como palabra y su concepto aún más veces, impregna toda Soledad. Esta palabra y lo que significa la usé en uno o varios poemas y textos míos, y ahora la (re)descubro en Soledad, que estaba en Soledad: Pero la tierra no es patria, la tierra es matria, como tú, Soledad de mi vida, matria... madre... La tierra es carne. "Patria" es una palabra grandilocuente mal usada, especialmente por los políticos (la política se critica bastante aquí, da igual la ideología y, ¡mira por dónde!, el tema de España, ¿no os decía yo que aquí hay densidad unamuniana muy concentrada?): el verdadero lugar al que uno pertenece es la matria, que es de carne: Y yo quiero dormir sin soñar..., dormir en tu regazo, en tu regazo de carne, mujer, Soledad. Ven.

     Agustín y Soledad son esposos. Han perdido a su hijo pequeño, algo que tiene, como es lógico, a Soledad muy triste y a Agustín, escritor de teatro, muy enfrascado en su creatividad, un poco en parte para sobrellevar esa pérdida. La idea de que las obras literarias se "paren", que son hijos, es muy de Unamuno también, ya lo he dicho, sería un no parar si quisiera enumerar elementos, aparte de que es una alternativa a la maternidad para los hombres, que no parimos. Enrique, empresario teatral, desea que haga comedia, que complazca al público, mientras que Pablo le quiere convencer para que se meta en política, a la que le empuja la propia Soledad, que quiere verle fuera de ese estado creativo-compulsivo, un tanto espoleada por celos de la actriz Gloria, quien encarna a sus personajes femeninos, y para verlo más en la realidad, algo muy debatido en toda la obra, qué es la realidad, qué es teatro, si es que todo no será teatro, la política aún más, si la vida no es sueño, no es niebla (¡la niebla!, que no solo da título a una de sus nivolas, también aparece en su poesía y en más lugares). La famosa "duda" de Unamuno; no es duda, es niebla, es bruma, es cuestionamiento, es redefinición. Por cierto, el que piense que los nombres de los personajes, sobre todo de los femeninos, son casuales, va listo. Gloria se llama así por lo que podría representar para Agustín, la cual está enamorada de él, un él que siempre preferirá a su Soledad sin dudas de ningún tipo, ni nieblas ni brumas, y tampoco creo que el empresario se llamase Enrique porque sí. Total, él se mete en política y, por honesto, por no saber representar el papel de político, lo encarcelan. Su madre Sofía, presente desde el principio, acaba con demencia y ya se encuentra fallecida en el acto tercero. Ni empresario teatral ni político, sus supuestos amigos, están a la altura humana de Soledad y Agustín, no entienden nunca lo más importante. Sometido a un terrible insomnio, Agustín solo encuentra descanso en el regazo de Soledad, su matria.


Iba a plagar este artículo de citas de la obra, tengo llena mi libreta de ellas, pero para eso, fíjate, mejor léete Soledad. Es intensa en toda ella. Me ha vuelto a fascinar, me ha vuelto a calar.