domingo, 29 de marzo de 2026

"CEMENTERIO DE FAVORES", DE FEDE MARTÍN ARROYO. IMPRESIÓN LECTORA.

 


Cementerio de favores, de Fede Martín Arroyo, es una novela de asuntos turbios cuyo protagonista, Miguel Santos, entre otros, pertenece al gremio de los conductores de ambulancias y a un tiempo representa a un tipo sin pareja que empatiza de buena fe con gente común del barrio y aparece esporádicamente en determinados ambientes un poco menos transparentes. Se trata de un thriller y, tal y como está contado, con ingredientes de acción del estilo de la novela negra. Aparece el contraste de la turbidez de telón de fondo, cierta niebla moral de decisiones y ambientes, con la claridad narrativa: con un narrador omnisciente y una estructura fundamentalmente lineal (de planteamiento a desenlace), con ciertos momentos de analepsis (flash-back), Fede Martín Arroyo va contando poco a poco cómo se resuelve un caso del que el lector es testigo desde su germen, mientras va describiendo ambientes y lugares y perfila personajes y sus relaciones.

El quid de la novela, sin hacer espóiler en ningún momento, es, desde mi punto de vista, que el personaje principal, Santos, tontea con cierta moderación y algo de disonancia cognitiva interna con actividades al margen de la legalidad y lo moralmente correcto, pero su fondo general es honesto y bienintencionado, como pasa también con varios personajes que se conocen desde dentro, en sus relaciones con él, pues desde fuera, sin saber biografía y trayectoria, echarían para atrás a más de uno. Esta condición personal de Santos le mueve a ayudar mediante métodos poco convencionales. El problema real viene con la intervención inesperada de personajes más oscuros. Como las fichas de dominó, la caída de la primera va a hacer que vaya cayendo toda la fila hasta la resolución final: una situación lleva inevitablemente a otra con intenciones muy distintas según quién. 

Cementerio de favores hace honor a su título, pero no lo desvelamos para que el lector lo descubra. Hospitales, partidas de póker, un tanatorio y pesquisas paralelas van creando el ambiente de una novela de investigación, de confesiones reales o de farol y de decisiones. ¿Una novela para leerse más con un whisky que con un café? Bueno, eso es ya decisión de cada uno.

sábado, 21 de marzo de 2026

"ISHQ. EL COLOR DE LAS GRANADAS", DE JUAN ANDRÉS MOYA. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Histórica, legendaria, ficticia, poética, humana, ensoñada, realista, vívida, sentida. Conmovedora, intensa, lúcida, dulce, desgarradora, amarga, inmensa. Por su título, ISHQ. El color de las granadas, parece apuntar a que su protagonista es Nuruddin, el que acabará siendo el emperador Jahangir, descendiente de Gengis Khan, hijo de Akbar, terrible gobernante del imperio mogol, como terribles fueron sus antecesores. Pero su humanidad y su alma sensible es lo que el lector va a encontrar en esta novela, cuando aún era Nuruddin. Sí, parece apuntar a que es el protagonista. Lo es. La figura central. Pero Anarkali, esa sirvienta del color de las granadas, de cuya existencia real se duda, considerándola legendaria, cuya existencia de brumas fue como las de tantos y tantos parias y gente común siempre anónima, sostén de tantos imperios, Anarkali será, como mínimo, la coprotagonista. Nuruddin me ha conmovido; Anarkali, por su parte, me estremece aún. La pureza de ambos corazones es transparente, y su divina ingenuidad y entrega. Pero los pasos de Anarkali lo superan. Ella ha sido la que me ha hecho llorar en mi lectura de ISHQ.

     Se trata de la primera novela de Juan Andrés Moya, un escritor sensible y exhaustivo, selectivo y lírico, narrativo con dosis de dramaturgia que modula a voluntad; ISHQ es su primera novela con todo el dominio del lenguaje, de la voz del narrador y de las palabras de cada personaje en sus diálogos: narrativa, una historia de principio a fin, pero lírica y yo diría que dramática a un tiempo. Finalista del Premio Vuela La Cometa 2015, se publica en marzo de 2016 por Arola Editors. La adquirí en su presentación de En el nombre del hijo en La Fábula Educa, en Espartinas (Sevilla), no hace mucho, y su lectura me impresionó y fascinó desde el primer momento.

     Cada capítulo va encabezado por versos, versos de poemas que ambos protagonistas conocen y comparten, y dan entrada al contenido de cada movimiento hecho episodio. El poeta Jalal ad-Din Rumi impregna la novela y es punto de conexión inexplicable de dos almas. En  mi ignorancia, me atrevo a decir que son suyos los versos que inician cada capítulo. Y es que ya en el mismo prólogo, antes del verdadero capítulo 1, parecen encontrarse ingredientes literarios muy llamativos y a un tiempo profundos. Es normal que por el tono y tema de estos versos de Rumi y por su forma de narrar un amor tan sorprendente y tan auténtico a mí me hiciera evocar ya en ese prólogo al Cantar de los Cantares, a la expresión del amor entregado del Medio Oriente, aunque en ISHQ el Este sea aún más Este. Un inicio que es muy lírico, las primeras palabras, descriptivas, desbordan de vocabulario escogido, preciso y precioso, y asimismo colmatan de imágenes bellas. Un primer plano que nos traslada al Oriente, con ingredientes históricos, muy documentados pero traídos de manera muy natural, todo cocinado; y un conflicto ya desde el principio, desde este antes del principio, entre razón y emoción, entre sentimiento e interés, entre alma y estatus, entre realidad y deseo, abriéndose así las puertas a una narración que ya se vislumbra que será tensa, intensa, conflictiva dentro y fuera y en todos, lírica, hermosa, fuerte y delicada. Si no puedo amar, entonces no tiene sentido vivir.

     Todo este pre-principio ya me hizo conectar con ISHQ. Mi ensoñación con el Cantar de Salomón, la poesía clásica japonesa, el Genji, ..., toda esa literatura de exquisitez en forma y fondo, los cantos orientales de amor, las moaxajas, el Abencerraje, ... que le dieron los toques más líricos y profundos a Amae pop blue (que combina tantos elementos...), me hicieron presagiar que ISHQ sería lo que yo llamo "libro amigo" de los que aparecen en la Bibliografía de mi novela, en el Volumen III. Es de estos que me llama en sí mismo y me absorbe luego. Ahora puedo confirmarlo.

     Todavía me pregunto por qué tomo tantas notas cuando leo. De ISHQ tengo una inmensidad de notas que desde el principio sabía que no iba a usar, y menos aquí, que quiero ofrecer una impresión y no un análisis. Paladearía con sumo gusto una especie de destripe gourmet de cada uno de sus veintitrés capítulos y su Epílogo. Con lo escrito hasta aquí ya he dicho todo lo que hay que decir en lo que algunos llaman reseña y yo llamo impresión lectora. Mi apetencia de desgranar todo un estudio analítico y progresivo de ISHQ se quedará en esa misma libreta, cuyas notas están para darme seguridad al redactar y para que las mire de reojo mientras me expreso aquí. Aparte de la historia en sí, una historia llevada desde antes del Planteamiento hasta después de su Desenlace, cada capítulo en sí mismo se disfruta muchísimo. Yo me he leído esta novela dos veces y lo leería gustoso una tercera vez, y aún más, sé que lo haré. Impresionante es, puesto a opinar, el capítulo 17 de principio a fin, apasionado y vívido, y el que ya va a darle otra velocidad a la novela. No voy a hacer ningún espóiler, pero sí diré que el capítulo 17 fue uno de los que me hizo derramar lágrimas. Si queréis amor, erotismo, alma y entrega, ahí lo tenéis. Ya desde aquí y hasta el epílogo la intensidad está en su máximo, como en un eterno apogeo. Por ejemplo, y para ir acabando, me centro en el capítulo 20. La intensidad del amor, la incertidumbre, el miedo, ... Juan Andrés Moya te hace sentir lo que siente cada personaje, lo lleva haciendo desde el principio; aquí, sentimientos y sensaciones externas e internas. Y como dije, la selección léxica, pero non solum: las construcciones de las frases, las metáforas y las imágenes, las sinestesias y los giros (sed etiam: Consternada y mugrienta, Anarkali era un cuerpo vacante de alma, p. 192, este es un sencillo ejemplo porque no quiero desincrustar gemas y joyas de una corona tan regia, solo es una invitación). 

     Nosotros tenemos a nuestros poetas que ya nos dijeron que el amor es más poderoso que la muerte. Seguramente todos recordemos un soneto de Quevedo a este respecto, pero no es el único ni el primero. En esta gran cadena de referencias literarias de siglos y culturas, ISHQ se engarza como un eslabón de alta orfebrería. 

viernes, 20 de marzo de 2026

"ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO", DE MARÍA CESPÓN LORENZO. IMPRESIÓN LECTORA.

 



Si debo dirigirme a un público general, que tal vez no conozca a María Cespón, tendría que decir que Entre la tierra y el cielo es una novela espiritual y de crecimiento personal. Y es cierto, pero no me agrada empezar así. La clasificación genérica es una carta de presentación de cada novela, pero al mismo tiempo es un corsé que a mí no me gusta nada. Lo sufro en mis obras, que nunca se plantean desde un molde genérico (y menos el actual), y no todas las novelas tienen por qué ajustarse o pertenece a un subgénero predeterminado. Para mí, Entre la tierra y el cielo es, por encima de todo, una historia de amor, otra etiqueta que podría llevar a confusión, porque en ningún caso se trata de una novela romántica tal y como se suele entender en nuestros días: es un amor esencial y elevado, puro y revestido de sus más amplios sentidos, unificados.

Es la primera novela de María Cespón, de 2016, y por ello tiene todo el encanto de la primera vez. Comienza ya en los preliminares con un cierto tono confesional: ya habla la protagonista, Myriam, que es de inicio canalizadora, y que recibirá un repentino y extraño mensaje de Erick, en esa Barcelona que tan bien recrea María en sus novelas, y que por insistencia pero al mismo tiempo por una extraña conexión que Myriam, por más que se resista, percibe de él, la llevará a un viaje con diferentes escalas, todas sorprendentes, todas con aprendizaje, crecimiento y descubrimiento. Y no solo viaje literal, geográfico, y también interior: los viajes son multidimensionales. Tomando las palabras iniciales de la propia novela, decimos con todo el sentido: El tiempo del no tiempo pasa raudo, dejando una estela de recuerdos y experiencias, y te preguntas: "¿hacia dónde voy?" y Cuando te sumerges en las aguas de la consciencia, ya no puedes dar marcha atrás, la responsabilidad que asumes es inquebrantable.

Desde la fascinación por el mar en Barcelona, una Myriam con su sistema nervioso en un estado que podría electrocutar a cualquiera emprende un viaje repentino a La India junto a Erick, a la vez que va a ir descubriendo la experiencia del no tiempo y se va probando a sí misma, superando barreras de su propia resistencia interior, y se ponen de relieve las esencias de la verdad y el amor, y el despertar de conciencia. Lugares tan distintos como Delhi, Dharansala, McLeod Ganj o Tsuglagkhan Temple son escenarios del principio del removimiento interior de la protagonista y del descubrimiento de sí misma y del mismo Erick. El propio relato que hace Myriam de su vida y su posterior aprendizaje de paciencia y meditación son dos episodios que considero claves en una ya incesante novela, donde además el lector aprende conceptos como los sagrados masculino y femenino, la diferencia entre almas gemelas y llamas gemelas o el contraste entre experiencia y conciencia. Las hebras, los hilos de luz que conectan las cosas, llevan a la comprensión de la unión con el todo y el éxtasis del amor sagrado. Erick fue, en otra vida, Jesús de Nazaret, y Myriam, María Magdalena. Pasar de La India a Jerusalén es, por tanto, un siguiente paso natural y  también un recordar, recuerdos de vidas pasadas, pero al mismo tiempo una reformulación necesaria de todo lo que sucedió y por qué, y qué debe significar y cómo influir en el presente de Erick y de Myriam. Antes de ese salto geográfico, querría destacar el poema a La India que se nos regala en esta novela.

También el paso de Jerusalén a Egipto es lógico y tiene todo el sentido, pero esta vez no descubriremos nada para que el lector se adentre en Entre la tierra y el cielo sin más explicaciones. Es todo un proceso, una cadena de movimientos interiores y exteriores. Ahora, no me resisto a señalar la intensidad de lo que sucede dentro de las pirámides, la importancia que cobra Isis y la correcta comprensión del amor, intenso y verdadero, y la espiritualidad, ajena al negocio que algunos quieran hacer de ella. El viaje se cierra con una vuelta a Cataluña, a Montserrat, que acaba de arrojar luz a la historia de Myriam y Erick. Hay que aprender a ser lo que se es, a amarse a uno mismo en el buen sentido, para con uno mismo y para con los demás: No me necesites, ámame (p. 261). Viene, al fin, la verdadera liberación. Así que termino con estas dos frases de la novela: No tienes que expandir la luz, tienes que ser la luz y Enraízate a tu corazón.

Creo que he perfilado con cierto detalle esta novela de luz, de ser, de amor y de espiritualidad. Pero es solo eso, un perfil. He comentado en muchas ocasiones cuál es el estilo de María Cespón y aquí también se observa: singularidad de cada novela; variedad del lenguaje y la expresión según el tono, el episodio o si es que habla el narrador o los personajes; acción y reflexión; descripciones significativas del paisaje natural, urbano y humano; interacciones de contraposición; y María Cespón juega muy bien con cada registro según la conveniencia del relato. Y en el caso de sus novelas espirituales, además, aprendizaje a raíz de encuentros y sucesos. Tienes aquí, por tanto, una jugosa doble lectura: la de la novela en sí como tal y la que puedes hacer para ti mismo acompañando a Myriam en este intenso recorrido, y revelador.



domingo, 8 de marzo de 2026

"QUERIDA BESTIALIDAD", DE ALICIA ZAPATA GIRÓN. IMPRESIÓN LECTORA.

 


INTRODUCCIÓN

Hace apenas ocho días que vio la luz el número de marzo de este año de la revista digital Voces Errantes, y en ella aparece mi breve reseña sobre este impresionante poemario que es Querida bestialidad, de Alicia Zapata Girón (Editorial Páramo, 2023). Claro, para ti es muy reciente, es de este mes; para mí, con mis aportaciones para el número de abril pendientes de revisión, ya ha pasado un mes desde que escribí esas palabras sobre estos poemas en el formato que requiere una revista literaria de estas características. Y es todo cierto, lo que digo allí: que tenía muchas ganas de tener en mis manos Querida bestialidad. Tenía pinta de que me iba a gustar y así fue. La verdad, lo adquirí porque tenía esa intención, de reseñarla para Voces Errantes. Tras acabar su lectura y su reseña, sabía que iba a leérmelo de nuevo, de manera más pausada, y así ha sido. Lo lógico, tal vez, sería dejar pasar el mes para volcar de nuevo mis impresiones por escrito, que me mueven a querer hacer un análisis de esta obra, poema a poema, algo que, por supuesto, no haré, para alivio de la autora y de los lectores de este blog, pero sí doy una impresión lectora más extensa ya, al calor de unos versos que aún se encuentran acogidos en mí.

CARACTERÍSTICAS E IMPRESIÓN GENERAL

     Querida bestialidad resuena con verdades: verdades personales y generales, verdades poéticas en el uso del idioma muy particular, con juegos con el lenguaje que no son meros formulismos ingeniosos ni malabarismos impresionantes o impresionistas, aunque la impresión, en el buen sentido, sí se halla presente. Yo, a veces, he creído encontrarme con una voz impresionada, o post-impresionada. Alicia Zapata maneja muy bien el tiempo de cada poema, expresa certera y gratamente, sorprendentemente, las palabras, en su significación, en sus significaciones más bien, en las variantes de una posición junto a otras que la cambian por completo. 

     Te sientes, por otro lado, una especie de acompañante lejano. No un observador imparcial, porque sí te hace implicado en la recepción de su voz, pero sientes una soledad (Siempre se abandona al que va acompañado, p. 21) y un paso a paso en su transitar por momentos, por lugares, por decepciones, por descubrimientos. Los poemas se agrupan en tres secciones: Goteras, Licencias y contornos, y Verde es el olor de la verdad.




GOTERAS

     Vibro con versos de expresión inicial de la decepción, los significados que se da esta poeta a experiencias que no se cuentan pero se proyectan, a esas asunciones y ese caminar. También sus definiciones de sí misma y sus sorprendentes y elegantes juegos de palabras y sus vocablos propios, creados por ella misma. Y el mar, en sí y en lo que significa, ¡tanto!, en estos poemas. Y toda su lucidez metalingüística.

     Me estremece todo el mensaje dado en esos intercambios de palabras, de paralelismos donde la pequeña variación marca una tremenda diferencia, un recurso que Alicia Zapata usa con una intención y una claridad excepcionales (Dos vidas paralelas viven: / la de sus vidas sin mí, / la de mi vida con ellos, p. 38). Por lo general, llevan al estremecimiento (como si equivocarme conmigo / no hubiese sido el mejor de mis aciertos, p. 40). 

     No es cuestión de expoliar su obra trayendo aquí sus versos, pero con estos pocos que tratan de ilustrar lo que torpemente trato de decir creo que se atisba algo todo lo que llevo dicho, tanto en el contenido, como en su uso lingüístico: el uso de una u otra preposición, la posición intercambiada de una misma palabra, la antítesis inesperada, la sinestesia original, ...

LICENCIAS Y CONTORNOS

... o la paronimia, un recurso un tanto minusvalorado y que a mí me vuelve loquísimo cuando se usa bien (carencias/querencias), con todo el sentido. La voz de Alicia Zapata sigue sonando calmada y tormentosa, sincera y poética, intérprete de las realidades que ve y que vive, y de metáforas intensas, especialmente de (re)ubicación vital (El único sitio donde quiero vivir soy yo). Y es que en Licencias y contornos la metáfora se hace resplandeciente, abundante, como espigas en un campo fértil, para entender, para encontrarse: Suerte que todo lo que necesito lo llevo dentro. / Así es un gusto compartirme contigo.

     El poema TO:FROM: me parece muy llamativo, pero no te digo por qué, quiero que lo descubras tú. A cambio, mira, un pequeño ramillete de este campo de espigas, perdón por arrancarlas así, para que entiendas mejor esto del uso del lenguaje y el descubrirse (reconocerse, desnudarse): Un marcapáginas se muda / a páginas que no conoce (p. 61); A diferencia de otros, yo siempre muero (p. 62); ... ahora que ya no elijo desconocerme (p. 70). ¡Imagínate estos versos en su poema! ¡No puedes!


VERDE ES EL OLOR DE LA VERDAD

      Y aquí llegamos a la irreversible conexión-fusión con la naturaleza, y un revelador descubrimiento de sí misma. Se confunden de forma consciente geografía y cuerpo, que se hacen metáforas recíprocas. Y el placer de la vida, la vida como placer máximo. Lo que yo intuyo en Verde es el olor de la verdad es la aceptación consciente y la consciencia bien recibida.

     Aparecen impresiones interiores de viajes, que la experiencia impide el retroceso y la verdad huele a verde. ¡Qué encanto de pareidolias sonoras provocadas a propósito, sinestesias con sentido(s)! Y los choques sonoro-conceptuales no paran: Recuerdo cómo es el placer / de querer lo que se tiene (p. 89). Sí, claro, pero no, no es ninguna obviedad que al sur solo se vuelve desde el norte, que muy pocos buscan respuestas que se sabe que no se van a encontrar, despertando un día como despierta un día.





domingo, 1 de marzo de 2026

A TRAGEDIA CADA "X": "SOLEDAD", DE MIGUEL DE UNAMUNO




Comienzo con algo de polémica, tal vez como le gustaría al propio Unamuno: ¿quién dice que estas piezas suyas no son tragedias? Alguno, sin faltarle razón, me dirá que no lo son. Que son dramas, especialmente Soledad, y le daría la razón, pero como aquí, en esta misma obra, se discute eso mismo... ¿Que no es tragedia? ¿Que tampoco es drama? ¡Pues vale!, es druma, como Agustín, su protagonista, llama a sus piezas teatrales, paralelo a la nivola en narrativa. Y, como tantas veces me veo obligado (por mí mismo) a aclarar, no, no me arrepiento de empezar con trazas personales esta impresión lectora, que es como voy a empezar ya mismo, en el párrafo siguiente. Pero es que este es un blog personal y, además, ¡Unamuno! De todas formas, si avanzas, ya tomo una postura más objetiva. ¡Unamuno! ¿Has visto esto de druma, tan unamuniano como su nivola? Y es que aquí, en Soledad, ¡hay tanto de ese Unamuno que nos explicaban en el Instituto, de mi Unamuno! Y me va a costar todo aquí, es una avalancha de información la que desea salir por mis dedos a este blog. Por si no me has seguido en esta serie de artículos sobre tragedias, estoy enredado ahora en el teatro de Unamuno porque terminé el Prometeo encadenado de Esquilo y quería pasar a Sófocles, pero con la transición de la Raquel encadenada de don Miguel, y ya ha sido un inevitable placer no dejar pasar Fedra, en el artículo anterior, ahora Soledad, ...

     En 2º de BUP quedé impresionado por las clases sobre la Generación del 98 de mi maestra Emilia. Eso me llevó a acercarme, muy joven (¿16, 17 años?) a Niebla de Unamuno, y poco después a su teatro, al encontrarlo en la Biblioteca Pública de Sevilla, entonces en la calle Alfonso XII, una calle que muchísimos años después pasearían varias veces Paula y Rodrigo, personajes de mi Amae pop blue. Con sinceridad: Fedra, bien, no ha estado mal en mi segunda lectura de más de treinta años después, pero Soledad... Soledad me ha parecido impresionante, y me ha explicado muchas cosas, muchas. Me ha impresionado en sí misma, me ha impresionado lo que acabo de comentar, que el Unamuno que tengo interiorizado, sus rasgos creativos y humanos más básicos, están todos en esta obra de teatro, y me ha impresionado toda su influencia en mí. Que con el pasar de los años, y todos mis cambios, incluidos los de gusto lector, todo eso lo he llevado y lo llevo ahí; que lo asumí para vivir, soñar y tomar decisiones y que aparece más que como un telón de fondo en mucho de mi poesía, de mi cosmovisión y de Amae pop blue, que está en su bibliografía sin estar listada en ella. 

     Esta tragedia, drama o druma empieza visceral y acaba visceral, empieza auténtica y acaba auténtica, y no da un respiro, para bien. Para según qué, el teatro de Unamuno es muy sencillo, como él mismo defendió. Es de contenido y lenguaje directo, con mucha significación en sus palabras y los juegos a los que pueden dar lugar.

     En tres actos, está muy cargada de referencias bíblicas. Aparte de Cristo, un Cristo que se reevalúa según quién y cómo lo mencione, tenemos al principio a Agar (un personaje con una historia escalofriante, desde mi punto de vista, no sé por qué no la mencioné más en mi otro blog, el de temas personales y espirituales, Job ya me tenía muy metido en él), pues sobre ella quiere inspirarse Agustín, el protagonista masculino, para hacer su siguiente druma (es dramaturgo), y casi al final tenemos el Cantar de los Cantares muy sentido en palabras de Soledad, su mujer: Es mío... mío... mío... solo mío. Y yo suya, solo suya, solo de él, de mi Agustín. Tanto las referencias mitológicas y a los clásicos como las bíblicas son típicas de Unamuno, así como al Quijote (¡por supuesto!), pero no como apoyo o para demostrar su conocimiento, ni como adorno, él les otorga un significado intrínseco a la acción y también en su interpretación. Por supuesto, se encuentran palabras del terruño, como murria, así como juegos de espejos (El drama de un drama) y de palabras (Más vale ser un enajenado que un ensimismado).

     ¿Soledad es la protagonista? Sin duda, aunque especialmente desde el punto de vista de Agustín. La maternidad es un factor clave en la obra de Unamuno y aquí está en primera línea, desde el principio, con el caballito de juguete que recuerda al hijo fallecido siempre recordado, y al final, con ella tomando en su regazo al propio Agustín y llamándole "hijo". Este amor tan de las entrañas entre Agustín y Soledad creo que es uno de esos elementos que dije que debió metérseme muy adentro en mi vida y mi obra. Y la matria, que aquí aparece como término propio del bilbaíno y salmantino a la par, aparece como palabra y su concepto aún más veces, impregna toda Soledad. Esta palabra y lo que significa la usé en uno o varios poemas y textos míos, y ahora la (re)descubro en Soledad, que estaba en Soledad: Pero la tierra no es patria, la tierra es matria, como tú, Soledad de mi vida, matria... madre... La tierra es carne. "Patria" es una palabra grandilocuente mal usada, especialmente por los políticos (la política se critica bastante aquí, da igual la ideología y, ¡mira por dónde!, el tema de España, ¿no os decía yo que aquí hay densidad unamuniana muy concentrada?): el verdadero lugar al que uno pertenece es la matria, que es de carne: Y yo quiero dormir sin soñar..., dormir en tu regazo, en tu regazo de carne, mujer, Soledad. Ven.

     Agustín y Soledad son esposos. Han perdido a su hijo pequeño, algo que tiene, como es lógico, a Soledad muy triste y a Agustín, escritor de teatro, muy enfrascado en su creatividad, un poco en parte para sobrellevar esa pérdida. La idea de que las obras literarias se "paren", que son hijos, es muy de Unamuno también, ya lo he dicho, sería un no parar si quisiera enumerar elementos, aparte de que es una alternativa a la maternidad para los hombres, que no parimos. Enrique, empresario teatral, desea que haga comedia, que complazca al público, mientras que Pablo le quiere convencer para que se meta en política, a la que le empuja la propia Soledad, que quiere verle fuera de ese estado creativo-compulsivo, un tanto espoleada por celos de la actriz Gloria, quien encarna a sus personajes femeninos, y para verlo más en la realidad, algo muy debatido en toda la obra, qué es la realidad, qué es teatro, si es que todo no será teatro, la política aún más, si la vida no es sueño, no es niebla (¡la niebla!, que no solo da título a una de sus nivolas, también aparece en su poesía y en más lugares). La famosa "duda" de Unamuno; no es duda, es niebla, es bruma, es cuestionamiento, es redefinición. Por cierto, el que piense que los nombres de los personajes, sobre todo de los femeninos, son casuales, va listo. Gloria se llama así por lo que podría representar para Agustín, la cual está enamorada de él, un él que siempre preferirá a su Soledad sin dudas de ningún tipo, ni nieblas ni brumas, y tampoco creo que el empresario se llamase Enrique porque sí. Total, él se mete en política y, por honesto, por no saber representar el papel de político, lo encarcelan. Su madre Sofía, presente desde el principio, acaba con demencia y ya se encuentra fallecida en el acto tercero. Ni empresario teatral ni político, sus supuestos amigos, están a la altura humana de Soledad y Agustín, no entienden nunca lo más importante. Sometido a un terrible insomnio, Agustín solo encuentra descanso en el regazo de Soledad, su matria.


Iba a plagar este artículo de citas de la obra, tengo llena mi libreta de ellas, pero para eso, fíjate, mejor léete Soledad. Es intensa en toda ella. Me ha vuelto a fascinar, me ha vuelto a calar.