sábado, 26 de septiembre de 2026

"EL OTRO RELATO", DE JOSÉ LUIS BURGOS. IMPRESIÓN LECTORA.

 



En los tantos foros sobre literatura que hay en las redes, y también en los mentideros, se usa bastante la palabra género. Se hace para luego referirse al thriller, la novela negra, la gótica, la romántica (de ahora), la de fantasía (de ahora), el romantasy y así. Vamos, en realidad aluden a subgéneros, y bastante pautados, los géneros son tres si hablamos grosso modo. Igual que cuando usamos calorías para las kilocalorías, hay prefijos que se sobrentienden y sobran.

     No me equivoco mucho si digo que uno de los puntos en común entre José Luis Burgos y yo es la despreocupación por que nuestras obras encajen en el molde (sub)genérico, y creo entender por qué. Y que conste que yo no tengo nada en contra de los subgéneros tal cual, han existido de siempre y lo he comentado ampliamente en otras ocasiones. Qué digo yo, la novela pastoril o la picaresca del XVI y el XVII o la realista del XIX, todos estos subgéneros han dado grandes obras. El mismo Cervantes estuvo en ello, con su Galatea, sus Novelas Ejemplares o su Persiles. Aunque, si bien lo piensas, triunfa con la parodia de uno de estos géneros en boga, y resulta que fue más que una mera parodia. Pero somos de la generación que somos, no creo que Camus con El extranjero, Benedetti con La tregua, Cortázar con Rayuela, como muchos otros, estuviesen demasiado preocupados con el encaje genérico de sus obras, ni tampoco que salirse de ningún molde fuera uno de sus objetivos al escribir. Escribieron, y ya está. A nuestro nivel y en nuestra época, toda una faena eso, especialmente a la hora de dar a conocer la novela y promocionarla.

     José Luis Burgos acaba de publicar El otro relato. Hace un día, ¡ayer!, el 25 de septiembre. En su pre-promoción, he creído verla clasificada como thriller, puede que me equivoque, no lo juraría pero estoy bastante seguro. En Amazon, se enmarca como de suspense psicológico y esta etiqueta, si hay que ponerle alguna, me parece mucho más acertada. Y no solo como etiqueta: lo psicológico es un elemento que José Luis Burgos maneja muy bien. Ya lo demostró con creces en La penumbra del eclipse. La memoria... La memoria, de otra manera, vuelve a ser un elemento fundamental en El otro relato. Y no solo la memoria: el efecto del paso del tiempo, las representaciones internas de uno mismo y los demás, la imaginación que suple identidades, momentos, intenciones, motivaciones, actos y los mismos recuerdos. También palabras desconcertantes, un tanto encriptadas, que deben ser descifradas en mensajes, llamadas, correos electrónicos y conversaciones cara a cara. 

     Una pregunta inquietante parece residir en estas páginas: ¿somos una historia que construimos nosotros mismos y también las historias que construyen los demás acerca de nuestra identidad?¿Lo que se deduce de nuestra imagen, de nuestras palabras, de lo que se consigue imaginar de nosotros atando, bien o mal, los cabos disponibles, en el tamiz de la personalidad y las vivencias de esos otros? ¿Somos lo que sentimos que somos en soledad y en nuestras interacciones?

     Espacios reales (Madrid, Montevideo, San Sebastián, ...) y uno virtual que parece engullirlo todo: un foro de internet donde sus integrantes charlan sobre música y literatura. Este foro será la raíz de gran parte de la historia de un Mario al que, en El otro relato, le vendrán de vuelta de manera a veces irreconocibles sus propias palabras que dejaron su rastro allí, casi como actas levantadas o un diario hecho público, no de hechos, sino especialmente de sensaciones y emociones que el tiempo difumina pero que regresan con distintos ropajes. Unas palabras que Mario conoce en su origen e intención, pero no en la interpretación, impacto y repercusión en los demás. Y los hechos, la realidad, ¿son lo que son, o son lo que vivimos, cómo lo vivimos?

     El otro relato nos sitúa ante un Mario ya maduro, con sus hijos ausentes, más o menos independizados, y en una relación matrimonial desgastada, que parece moribunda o, al menos, que pide auxilio. A medida que se desarrollan los acontecimientos, envueltos en un halo de misterio que, en cierto modo, sí provoca una atmósfera propia de los thrillers, esta relación con su mujer Elena se va desarrollando en ondulaciones, silencios y conversaciones, y no es un tema menor en la novela, está en primera línea. José Luis Burgos, en su ficción, nos hace reflexionar sobre esa etapa de la vida, el vacío de cuando los hijos se marchan y lo que queda, que podría ser la ausencia de una rutina que pareció sostenerlo todo y la ausencia en presencia de uno con otro. Confieso aquí, en la subjetividad que tanto caracteriza a este blog, que precisamente el capítulo 23 es el que más me ha gustado, algo muy previsible teniendo en cuenta lo que suele tocarme a mí, a mi sensibilidad lectora, mi tendencia a la vinculación del yo con las relaciones románticas y de pareja.

     Este Mario lleva años metido en el foro al que antes aludí. La escritura como forma de desahogo y de entenderse a sí mismo es una de sus mayores aficiones. Palabras para sí, pero también palabras que se comparten y que en el momento parece inofensivo hacerlo. Pero no lo es. Su relación laboral con Vera, los movimientos de una forera y lo que sabe y no sabe Elena se remueven en esta novela plagada de frases que te dejan pensando, como esta: Lo que decía no encajaba con nada de lo que él recordaba (p. 107), esta: ... hay cosas que terminan cambiando cuando se recuerdan demasiadas veces. Y algunas cambian precisamente porque necesitamos que lo haga (pp. 174, 175), esta: A veces hacer que algo encaje también tiene un precio (p. 187), y tantas otras. Frases de por sí preñadas de pensamientos evocadores en cada cual y que, en mi caso, muchas de ellas me han parecido resonantes con las mías propias, en otro estilo, en otro tono, que aparecen en mi novela Amae pop blue y que, al ser dichas por otro, con otras palabras, en otro estilo, en otro tono, me las devuelve con muchas más aristas. No puedo dejar pasar, aunque es solo una simple anécdota, que la alusión a El diablo cojuelo me ha trasladado a mi adolescencia, a cuando tomaba libros al azar de la biblioteca de mis padres, esta obra de Luis Vélez de Guevara fue una de mis primeras lecturas serias y si la mencionan a mí me alegran el día.

     El otro relato es otro relato de José Luis Burgos, y ese otro tiene mucho sentido. Reconoces su estilo narrativo, pero no se repite. Cada una de las obras de Burgos es diferente de las otras, todas sin género. Ha sido un placer inquietante haber podido leer El otro relato, un placer pensativo, un placer intelectual, psicológico y literario.




domingo, 6 de septiembre de 2026

"EN ALGUNA OTRA VIDA", DE DAVID J. CALZADO. INTRODUCCIÓN Y "POESÍA PRIMERA". IMPRESIÓN LECTORA.

 


PREÁMBULO PERSONAL

 Puedes saltarte esta sección, sin ningún recato, si lo que quieres es saber de En alguna otra vida, que comentaré en cinco artículos, este es el primero.

Acercarme de una vez a la poesía de David Calzado ha sido una espina que he tenido clavada durante unos seis o siete años. Mi situación de bloqueo ha sido bastante dura en sus causas, entre las que se encuentran, entre otras, la económica y, muy especialmente, la emocional. De un tiempo a esta parte, se me ve muy activo en redes sociales y en el ámbito literario, como escritor y como lector. Seguramente, a fecha de hoy ya habrá alguno que eche de menos un unboxing de los míos, y un simple vistazo a este blog dará cuenta de mi ritmo de publicaciones: aquí, sobre todo, impresiones lectoras y reflexiones varias. Y, precisamente, un vistazo a este blog también hablará de un hiato muy llamativo, un silencio de años por aquí que no es otra cosa que un reflejo de ese bloqueo, si es que la oscuridad y la ausencia tienen capacidad de reflejar algo. Internamente, esta oscuridad que, como un agujero negro, me absorbía energía y vida por momentos, me impulsó de una manera bastante extraña a escribir y, más tarde, publicar a coste cero por mi parte, una novela, aprovechando también el insomnio inmisericorde que padezco y que ahora ya soy capaz de mitigar poco a poco. Convivir con la tristeza, la soledad creciente, la culpa y, sobre todo, con un miedo perenne que enciende a diario la alarma de emergencia, no ha sido fácil; no he tenido más opción que priorizar batallas y mirar a otro lado ante eventos y comportamientos diarios de lo más normales que a mí me fueron vetados durante un tiempo muy prolongado y que, desde fuera, seguramente se habrán atribuido a un carácter desapegado o a una forma de ser demasiado distante o indiferente y no a mi sostenimiento en la cuerda floja de una psique en modo supervivencia.

    Más cerca del presente, también es que yo me emperré en comenzar por el principio con la obra poética de David Calzado, una decisión que ha retrasado más tener sus versos ante mis ojos. Y esta vez no ha sido por esta manía mía de pasar por lo anterior antes de llegar a lo siguiente; yo suelo ser incapaz de saltarme los preliminares, prólogos, introducciones y estudios previos de los libros que me leo, actitud que ayuda a desestimar la sugerencia de saltarme las palabras previas a esta obra, que el propio David Calzado hace, en Sobre esta poesía reunida, siendo mi interés por escuchar la voz de este autor el motivo principal para desoírla. En realidad, el título de su primera obra publicada, Planto de Gilgameš, ha sido el único motivo. ¿Y podría haber sido de otra manera? La cultura sumeria, tan estudiada por mí, esa gramática sumeria de Lara Peinado, el Gilgamesh de la edición de Mitchell y en sí mismo, arrastran mis ojos hacia ese poemario. ¿Cómo no, con ese título? De hecho, las alusiones a Sumer se dan cada cierto tiempo en mi novela, Amae pop blue; para empezar, en el título de sus segundas partes, Algunos viajes por el nam-tar, y si te fijas en la portada de su segundo volumen, verás tatuados en el brazo de la guitarrista caracteres cuneiformes. En otro blog, llamé la atención sobre el paralelismo y contraste entre Adán y Eva y Enkidu y Shamhat; en algunos de mis poemas tenéis a Humbaba o la Lilith sumeria. El caso, entre mi amor por los cabezas negras y su cultura, y que encima Planto de Gilgameš era difícil de conseguir, pues mi decisión de empezar por él se hizo más intensa: doble magnetismo, tener una edición “rara”, descatalogada, y el Poema de Gilgamesh de trasfondo. Se intentó, y ese intento llevó a una espera a la postre infructuosa. Así somos los Aries: impulsivos y con la necesidad de hacer las cosas solo a nuestra manera.

    Ahora, ¡al fin!, tengo en mis manos En alguna otra vida, que reúne sus cuatro primeras obras, todas las publicadas hasta 2022. Ya sabéis que, más que reseñar, traigo a este blog mis impresiones lectoras. Lo llamo así porque son eso: este blog es personal, ¡mirad cómo he empezado!, y traigo, por tanto, mis impresiones. En realidad, este nombre de impresiones lectoras, no del todo eufemismo de reseñas, lo provocó una "reseñadora profesional" que se quejaba en Instagram del mal uso que daban tantos a esa palabra. Era tan técnica en sus motivos que le di la razón pero, al mismo tiempo, se activó ese mi Unamuno interiorizado que sale en casos así: si él, ante críticas similares, llamó nivolas a sus novelas y drumas a sus dramas, pues yo llamo impresiones lectoras a mis reseñas, y ya vamos listos.

    Dado que En alguna otra vida reúne varias obras, no me ha parecido adecuado redactar una sola impresión de ella. Me parece más apropiado respetar cada trabajo poético y dar mi impresión de cada uno por separado. Así que, hoy, comentaré En alguna otra vida en general y después los poemas que hacen de apertura, Poesía primera. Nos centramos, entonces, y nos preparamos para mi deseado Planto de Gilgameš, mi siguiente lectura de la poesía de David Calzado que ya he comenzado. De alguna forma, en lo que hace a estas entradas de blog, inicio una serie. Si he esperado tanto para al fin leer a David Calzado, la lectura pausada y libro a libro de manera independiente me las va a hacer aún más deliciosas.


EN ALGUNA OTRA VIDA


    En alguna otra vida, de David J. Calzado (Editorial Alegoría, 2022), reúne su trabajo lírico hasta ese año. Aparecen sus obras ya publicadas previamente (Planto de Gilgameš, de 2011; Cuaderno de costa, de 2016; Malas artes, de 2017), precedidas por su Poesía primera, que comentaré más abajo, y culmina con la primera publicación de Los espinos (2022). Su subtítulo, Poesía reunida (2000-2022), nos da cuenta del carácter de un libro muy elegante en su edición, de aparente sencillez con bastante detalles muy cuidados por Alegoría, reflejo, sin ninguna duda, de su contenido. No todo es poesía en la acepción más común del término, la prosa poética y los aforismos tienen cabida aquí, pero sí es todo poesía en realidad, si bien se mira. Una poesía muy selecta y depurada, que además trae la emoción de poder contemplar todo un proceso de evolución poética en un solo libro. 

    Voy a recalcar, como aviso, que lo que hago aquí es dar impresiones personales de mis lecturas, una advertencia que en el caso de la poesía se hace más necesaria que en el resto de géneros. Imagino que en mi expresión puedo tener cierta pose de experto, y no lo soy; comentar poesía entraña bastantes riesgos, soy consciente; algunos por omisión, al no percatarse uno de claves, tendencias, significaciones o intenciones, y también fallos de interpretación. Un riesgo que se transforma en temor si sabes que el propio autor puede estar leyendo esto. Además, si bien es cierto que he tratado de leer con sosiego, con reposo de ánimo, y con tiempo, y de manera reiterada cada poema, es patente que es necesario eso mismo más adelante en otras tantas ocasiones para llegar a ciertas cotas de profundidad de una poesía como la de David Calzado. Por eso no quiero que se pierda la perspectiva de que estas son palabras de un lector que gusta de la poesía y ha leído con ánimo de disfrute y nada más, y viene aquí con ánimo de expresar ese gozo, y nada más.

    Lo que llevo leído hasta ahora es Poesía primera y buena parte de Planto de Gilgameš, aparte del irresistible hojeo inicial, un ojeada también lenta y pausada, con paradas por llamadas de atención en esa aleatoriedad. Y mi impresión general acerca de su poesía, a la espera de mi artículo final donde hablaré de toda la obra con más conocimiento de causa, es que me encuentro ante unos poemas, de un lado, de referencias personales no del todo desveladas (no explicadas, asomadas) y, de otra, con capacidad concentrada de estimular sensaciones, percepciones e interpretaciones de la vivencia, pensamiento o emoción, o todo ello junto, así como el manejo de la sugerencia, de modo que su mejor lectura es pararse en cada poema un tiempo. Por ejemplo, y esta es sugerencia mía, leerlo, cerrar los ojos y dejar que evoque, volver a leerlo. O bien volver a él pasados varios días para permitir que te susurre. A esto me refería en el unboxing cuando mencioné que era poesía de calidad, sin que con ello la niegue a la poesía de impacto, más explícita o de cualquier otro tipo ditinta a la de calado.


POESÍA PRIMERA


    En alguna otra vida comienza con Poesía primera. No se trata propiamente de un poemario, sino de un total de seis poemas que "fueron publicados exentos en los libros colectivos Cualquier tiempo pasado fue (Igriega, 2001) y Aquí y ahora (Cronopio, 2008)", según nos revela el propio autor (p. 9). Al tratarse este libro de un volumen de poesía reunida, son por lógica las composiciones que deben aparecer en primer lugar al seguir un orden cronológico (al menos de publicación). Pero, dejando aparte esta razón tan obvia, funcionan como una verdadera apertura, contribuyendo así a que En alguna otra vida posea identidad propia. Sabemos que estamos ante los versos de un poeta joven, que funcionan como punto de partida y operan como presentación del autor aún en el zaguán, un autor selectivo y con un estilo marcado y consciente, elegante y sensible. Un estilo muy personal en el que se aprecia el influjo de Cernuda.

    Si en los dos primeros poemas y en el quinto la experiencia amorosa se proyecta a la de vivir, la de ser o, más bien, estar siendo, tanto esos mismos poemas como los otros tres nos traen impresiones y una multiplicidad de significados simultáneos en el uso medido de las palabras. No se puede afirmar que el amor no se halle en los poemas tercero, cuarto y sexto, pero entonces se estaría sugiriendo de manera muy sutil.

    Son seis poemas exquisitos, donde tanto la luz como el mar se hacen muy patentes, así como el sentir del tiempo en el presente (las estaciones, los momentos del día, los instantes o los ritmos). La luz llega muy blanca, y contrasta con la oscuridad o con lo gris. Me ha parecido que esa oscuridad se halla en lo interno, envuelta por una luminosidad cálida y fresca a un tiempo. Por otro lado, tienen la capacidad de hacer aparecer lo más cotidiano sin pérdida de esa exquisitez formal y conceptual, sonora y emotiva.

    En definitiva: poemas en conjunto de tono plácido en su apariencia, que revelan al trasluz inquietudes, contrastes, percepción de vibraciones externas e internas. Así empieza David Calzado su andadura poética, con versos evocadores de alta dotación de significados, un manifiesto de los pies en la tierra de quien ya sabe volar.